domingo, 19 de diciembre de 2021

CARTA A MIS LECTORES

CARTA A MIS LECTORES X

Diciembre de 2021

 




Un año más en este planeta, sobreviviendo a las circunstancias. Un año que se pasó mientras resolvía las cosas urgentes de la vida, y aunque escribí un poco, no lo publiqué, me digo que fue por falta de  tiempo, pero no, no es así, fue porque me habitaba el desencanto, el hastío, la frustración, la falta de opciones para mejorar la economía,  para poder adquirir una computadora que no tengo, y que llegado este fin de año sigo sin tener. No quise transmitir esos sentimientos, alguna vez, escuche decir, que; si no hay nada bueno que decir, entonces no hay que decir nada, es mejor guardar silencio. Y me he quedado en silencio por mucho tiempo.

Con esto no quiero decir que no hay nada bueno en estos tiempos y en este mundo, no lo pienso así, aunque por momentos todo lo que acontece parezca demostrar que nada está bien. 

Hace años fui una niña solitaria que se sentaba en una roca en las noches tibias a mirar tintiliar las estrellas, en esa lejana luz que se tornaba por momentos rojas, imagine otra niña mirando hacia mi estrella. Y estoy segura que no era sólo una niña la que miraba mi estrella, sino tantas niñas como estrellas hay en el universo. Esa certeza que he encontrado en un lugar dentro de mí, es la que me dice que este planeta está cambiando para ser mejor, un cambio lento y quizás esto es lo que confunde a muchos, incluida yo misma, el ver que las cosas no son como antes y seguimos tratando de retomar la vida tal como siempre había sido.

Para algunos ha habido cambios drásticos, la pérdida de familiares, amigos, trabajo, y el desencanto ha sido tal que hay quienes no lo soportaron más, otros se llenaron de pánico ante un virus que muta constantemente y se han quedado encerrados con el propósito de evitar el contagio, algunos más, salen al mundo, usando, máscaras, cubrebocas,  guantes, y esterilizando constantemente manos, dinero, cubrebocas. Pero creo, una mayoría, acepta la vida como es, como lo que siempre ha sido, pero de lo que no teníamos conciencia, un regalo que en cualquier instante podemos perder, pero que al final esto, no depende por completo de nosotros, sino de un poder superior.

Y mientras he visto morir a gente más joven y que parecía más sana que yo, me pregunto, ¿para qué, estoy aquí? Las respuestas llegan de distintas fuentes, para ser una motivación, un ejemplo, para levantar al mundo con la magia de mis palabras, para sanar el alma de algunos seres, para compartir mis palabras, mis ilusiones, mis historias, para crear mundos fantásticos, para ver los milagros que dios hace en mÍ cada día y para seguir caminando mientras literalmente, él me sostiene (de verdad, no pueden imaginar cuan literal esto es).

Y mientras sé que en la lejana distancia, las sensaciones de las palabras escritas tocan en lo profundo del corazón de quienes requieren de esas palabras, agradezco  a dios  por permitiré ese don y esa magia, y a pesar  de no haber publicado, mis lectores siguen leyendo lo ya escrito. Así que sí volveré a escribir. Pero quiero compartirles que me he iniciado en el arte del dibujo y la pintura,  aún y cuando apenas estoy conociendo este mundo, les mostraré mis dibujos. Como todo, comencé sin saber si tenía talento para ello, aún no sé si lo tengo, pero como la escritura la inicie también como un recurso que me permitiera aclarar mis ideas y expresar mis pensamientos, sin imaginar ni remotamente con toda la gente que un día me leería y apreciaría mis escritos, la pintura es otra forma de expresión y más allá de ser o no una buena pintora, es un modo de conectar conmigo misma.

Les mando mis mejores deseos, y mucha fortaleza para todos los momentos dificíles que la vida nos pone.   Deseo que puedan encontrar en sus corazones el amor de dios, porque entonces no importará lo que pase fuera, sabrán que todo está bien a pesar de todo.

 

Gracias, gracias, gracias.  Atenea de bosque

 

 

 

 

EN LA CIMA

 

EN LA CIMA

 


 

Camino a paso regular, tratando de mantener un ritmo, no puedo ir más rápido, es esfuerzo es continuo. Me dirijo a la cima de un cerro alto para tomar fotos del atardecer, antes podía llegar hasta arriba en cuarenta minutos, ese era mi record, hoy tengo que ir más lento. De hecho no estoy segura de poder llegar hasta arriba, el dolor en la columna en los últimos días fue muy intenso e incapacitante.


 Inflamación y contracturas me obligaron a descansar y tomar terapia de rehabilitación. Ahora el dolor que se irradiaba por las piernas y hasta las rodillas casi ha desaparecido, pero no estoy segura de poder ascender por una pendiente tan pronunciada. De cualquier modo lo intentaré, la vista, vale el esfuerzo, no estoy obligada a llegar hasta la cima, si en algún momento siento que es demasiado para mí, no continuaré. A donde pueda llegar, tendré una vista del atardecer mejor que la que tengo desde la parte baja del pueblo.

 

Me estoy ajustando a los nuevos límites que me pone mi cuerpo, debo hacer el suficiente ejercicio para mantener mi salud, mi flexibilidad, mi resistencia, fortalecer mis músculos, mis pulmones. El ejercicio es vital en el mantenimiento de la salud y de la calidad de vida, más aún en mis  condiciones. Cuando inicié la serie de ejercicios que me enseñó el terapeuta, tuve mucho dolor en el cuerpo, me pregunté si realmente eso me serviría, hoy, después de un par de meses, mi mejoría es notoria. He visto pacientes con un gran deterioro y pérdida de la movilidad, no me gustaría llegar a ese punto, así que, disciplinadamente haré mi rutina si con ello ayudo a retrasar un mayor deterioro en mi columna. Han cambiado algunas cosas con estos ejercicios, mi marcha es distinta y ha mejorado, la gente lo ha notado.

 

Me alegro de poder encontrar alternativas para las situaciones que se me presentan, esos momentos de dolor intenso en la columna, lograron hacerme dudar por un breve tiempo de que esto podía mejorar. Lo cierto es que mi cuerpo ha experimentado tantos cambios y las terapias que encontré me han permitido mejorar lo que parecía inmejorable, soy consciente de ese poder que tengo como hija de dios de participar en mi sanación…así que aplico todo lo que he aprendido a lo largo de estos años.

 

La mayoría de las personas no están listas para comprender esto, yo lo entiendo, porque tampoco lo entendería sin todo lo que he vivido en los últimos doce años. A veces, también el dolor, casi  me hace olvidarlo, y entonces me digo; es mi cuerpo, sólo es mi cuerpo, nada más, sólo es dolor en mi cuerpo. El mismo me lo dijo, sí, él mismo: no le hagas caso, y eso trato de hacer, no hacerle caso al dolor. He aprendido a relajarme con la respiración y meditación, no obstante, a veces, también tengo que tomar alguna pastilla, y está bien, es parte de sobrellevar las dificultades de la vida.   



 

Asciendo sin mucha dificultad, tomando descansos continuos para poder oxigenarme bien, pero  sí, a pesar de mis reservas, aún puedo llegar hasta la cima, una vez más en la cima. Cada que regreso me digo que tal vez, sea la última vez que lo hago. No importa, lo he hecho tantas veces y siempre es maravilloso estar hasta arriba y tener esa vista de los cerros, las nubes tiñéndose de colores conforme se mete el sol. ¿Quién pinta y despinta ese paisaje en instantes? Sólo dios. Yo apenas puedo captar algunos fragmentos en fotos, y hay destellos de luz que no pueden ser captados por las cámaras. Por eso es que estar en la cima y ver este espectáculo siempre será especial.

 

Respiro ese aire fresco que mueve mis cabellos y hace danzar las flores rosas del pasto, las flores amarillos que inundan los campos en la época de muertos y su aroma tan peculiar, esos colores vistosos de las flores que inundan estos cerros después de la temporada de lluvias, porque esta es la primavera en este lugar. La naturaleza tiene su propio orden y no es el que me enseñaron en la escuela. La escuela dice primavera, verano, otoño e invierno, pero aquí yo he visto a la primavera florecer entre el verano y el otoño por siempre. Los ciclos de la vida, de la naturaleza y las costumbres heredadas de mis ancestros profundamente ligadas. Porque esas flores amarillas y blancas las usamos para las ofrendas del día de muertos



 

Los zopilotes revolotean muy cerca, pues más bien, este es su territorio, desde aquí ellos planean continuamente aprovechando las altas corrientes de aire, adheridos a las paredes de las rocas se encentran sus nidos y también los de los cuervos. Algunas otras aves también se posan sobre las ramas de los árboles, los hay con hermosos cantos y al poco tiempo se comienza a escuchar el canto de la lechuza y el búho. Estos dos generalmente no se dejan ver, y en cuanto perciben la cercanía de un humano se alejan.

 

A mis espaldas un cerro aún más alto refleja los rayos del sol. A medida que el sol desciende, las sombras se alargan y la luz va desapareciendo, por instantes se ven rayos de sol alrededor de alguna nube, rayos de colores, entre nubes rosadas, violetas y naranjas. Colores extendidos en el cielo como finos velos que rápidamente cambian de color haciéndose más intensos lo mismo que el sol al irse perdiendo en el horizonte.

 

La oscuridad se hace presente, generalmente no me quedo arriba hasta este momento. El descenso es un tanto riesgoso, debido a la pronunciada pendiente, y a las pequeñas rocas que se desprenden con cada paso y sin luz, hay que poner mayor atención. A pesar de haber recorrido ese camino tantas veces, con la oscuridad debajo de los árboles no se pueden ver los puntos de referencia que indican a dónde ir. Me digo que no debo de pensar, sólo debo dejar que el instinto y la intuición me guíen, hay en ellos una sabiduría que no hay en la mente. Sin prisa camino, tengo la luz de mi teléfono móvil. Sé que debo ser cuidadosa, personas experimentadas han caído en esta zona y no es fácil rescatar a alguien en este lugar, así que me desentiendo del tiempo, no hay prisa, sólo hay que dar un paso a la vez.

 


A medio descenso, hace su aparición la luna, ha tardado un poco en llegar, creo que tampoco tiene prisa, ahora estoy bajo su cuidado. Sin mayor problema, he descendido, mis rodillas han soportado bien, apenas una pequeña molestia que aliviaré con algo de calor y alguna pomada. Todo ha ido bien, nuevamente siento la confianza de que todo está bien, incluido mi cuerpo, a pesar de algunos dolores. Como siempre, haré o que tenga que hacer, lo que está en mis manos. La vida sigue y la viviré lo mejor posible.   

 

viernes, 25 de diciembre de 2020

CARTA A MIS LECTORES IX

 

CARTA A MIS LECTORES IX

DICIEMBRE DE 2020


 

Se acaba el año, de la manera que nadie esperaba, con medidas estrictas para evitar contagios del más famoso de los virus, aunque en un algunos lugares esas medidas no son tan tomadas en cuenta. La gente de campo sigue en sus labores sin muchos cambios y en realidad no se ven tan afectados, debe ser que el trabajo tan duro de muchos años, los ha hecho fuertes, que el contacto con la tierra, la naturaleza, el viento, el sol tenga más beneficios de los que jamás nos han dicho o que no nos habíamos dado cuenta. Levantarse con el sol, trabajar en las cosechas todo el día, no da mucho tiempo para estresarse por un virus, la sobrevivencia diaria es más importante.

 

Sin embargo la intuición desarrollada, hace percibir que hay algo diferente, una energía, que crea sensaciones distintas, para algunos, ansiedad, miedo, insomnio, algo que remueve por dentro las emociones, los recuerdos. Algunos se hacen preguntas que antes jamás se hubieran hecho, se dan cuenta de cosas de su vida que no les gustan pero que nunca se habían atrevido a decirlas, por miedo, por costumbre, por no faltar el respeto a sus padres, por callar para evitar problemas. Surge una incomodidad consigo mismo, por haber sido algo de manera obligada, por haber perdido la alegría, de hacer algo sólo por el gusto de hacerlo, por distracción. La  pregunta es, ¿dónde está la persona que se quería ser? 

 

Por lo demás no hay tanto pánico por la muerte, será que la gente de campo, está más acostumbrada a ver los ciclos de la vida, ver nacer, crecer, reproducir y morir. La muerte como parte del ciclo de la vida, no como un castigo, la aceptación de que todo tiene un final, algo que es natural, no una tragedia. En este lugar en donde vivo, se acepta la muerte y muy pocos la temen. La gente no quiere encerrarse, quiere seguir su vida lo más normal posible, disfrutar todos los momentos, sin encerrarse a morir lentamente de hastío. Se escuchan las historias de gente que muere por el virus, pero no son historias tan cercanas y los pocos que han muerto, eran personas con enfermedades crónicas o personas muy mayores.

 

Un motivo más de alegrarme por haber nacido en este lugar, donde puedo disfrutar de la naturaleza, del viento, de hermosos paisajes. Hablando con gente mayor, cuya memoria es privilegiada, me cuentan de años atrás, cuando hubo verdaderas epidemias, la gente moría rápidamente, tres o cuatro por familia en un mismo día, por lepra o viruela, no había medicamentos, ni vacunas. Pero claro, esto no está registrado en la historia como epidemias, solo existe en la historia oral de los padres a hijos. Esa gente mayor, vio morir a familias enteras, son sobrevivientes y gracias a ellos podemos saber de lo ocurrido. Ha de ser por eso que estamos aquí, sin enfermarnos, porque heredamos su fortaleza,  sus genes.

 

Sé que en el mundo hay mucha gente aterrada, que las noticias se encargan de alimentar el miedo, se habla hasta el cansancio de los contagios, de los muertos, pero no de los que se recuperan. Pero no, la mayoría de la gente a mi alrededor no tiene miedo, yo tampoco. Sobrevivimos a una economía en caída lo mejor que podemos, esperando a que esto pase, como todas las cosas en la vida que tienen que pasar, sabiendo de antemano que esto no es eterno y que de una manera u otra saldremos adelante. Como país lo hemos hecho tantas veces, sobrevivimos a la extinción hace quinientos años ante una invasión bárbara, nos hemos recuperado de catástrofes naturales, de terremotos, ¿por qué no habríamos de sobrevivir ahora?

 

Muchos sabíamos que estos tiempos vendrían, habían sido anunciados por una de las civilizaciones más avanzadas que alguna vez habitó nuestro territorio, el inicio de una nueva era, la repetición de ciclos, conocimientos que nos fueron dados como leyendas, verdades escondidas en historias, escritas en códices o grabadas en discos de piedras. Una era de cambio, el nacimiento de una nueva conciencia, el nacimiento de un nuevo ser humano, el cierre de ciclos, el desapego de cosas viejas.

 

Sé que muchos esperaban mis escritos cada mes y no pude cumplir la meta. Pero aún estoy aquí, haciendo cosas diferentes, trabajando para lograr cambios en el lugar donde vivo y empleando la mayor parte de mi tiempo en ello. Volveré a escribir, a contar historias, a crear mundos, a soñar con todos ustedes, porque más que siempre sé, que este es un momento de transición hacia cosas mejores, habitaremos en esos mundos fantásticos y volveremos a reír como en los mejores momentos de la infancia.

 

Les deseo, fortaleza, confianza y el amor incondicional del creador en su corazón. Un día, estos momentos serán sólo historia, muchos contaremos a nuestros nietos de cómo sobrevivimos a un virus. De la misma forma que se sabe de la lepra, de la peste o la viruela, será sólo un capítulo más en nuestra evolución. Mientras tanto, tratemos de ser nuestra mejor versión de nosotros mismos. Sólo eso, cada día.     

 

Gracias a todos los nuevos lectores y a los que releen mis textos una y otra vez, sé que si yo no estuviera más en este mundo, ustedes podrían encontrar parte de mi alma en esas historias, y todo el tiempo invertido en escribir ha valido la pena, sólo saber que les ha arrancado sonrisas, sueños, motivaciones, aunque el corazón me dice que aún estaré un tiempo más en esta vida para seguir compartiendo. Por eso puedo estar tranquila, mi corazón no se equivoca y en estos años aprendí a escucharlo y dejar que me guíe. He  pasado  por momentos oscuros tantas veces, que no puedo dudar ya, de que al final siempre está la luz. Espero que ustedes puedan sentir esa convicción en su corazón un día, porque entonces sabrán, que todo, está bien, aún en medio del caos.

 

Muchas gracias por seguir conmigo, a pesar de este largo silencio.

 

Gracias. Gracias. Gracias.

 

 

LOS HOMBRES PARADOS ESTAN MUERTOS

 LOS HOMBRES PARADOS ESTAN MUERTOS

 


Un año desde que esta sociedad comenzó a morir. Morir de hastío, morir de miedo, morir de aburrimiento. Morir sin saber qué hacer con el tiempo detenido. Morir al ser obligados a dejar de hacer lo que han hecho por mucho tiempo, aquello que por años se volvió rutina y que se hacía sin cuestionamientos, por inercia, porque era lo que todos hacían, sin opción, sin pensar, sólo hacer, hacer, hacer y nada más.

Pero la velocidad del tren de la vida se detuvo bruscamente, para dar lugar a lo inesperado. El encierro, el confinamiento, la sobrevivencia, lo mínimo de lo mínimo. Despidos del trabajo, reducción de horarios de trabajo, falta de ingresos. El acoso constante de la publicidad sobre una pandemia, que un después de un año de haber surgido no hay un concenso sobre su existencia real.

Un porcentaje de gente vive aterrada, sospechando que cada ser humano con que se cruza en su camino es un agente de contagio. Cubiertos con máscaras, guantes, gorras, cubrebocas, con frasco de gel desinfectante a la mano y de uso continuo. Hasta cinco veces en menos de diez minutos. Cuando se encuentran cerca de alguna persona, aun con la sana distancia (metro y medio) se sienten amenazados. Pero a pesar de su miedo salen al mundo.

Otros, aún mas aterrados, ni siquiera se asoman a la puerta de su casa, hacen las compras por teléfono y las recogen en su puerta, no dejan entrar a nadie y no salen a menos que sea por un asunto médico, pero sólo a eso, y después a continuar el encierro. Aislados del mundo, sin contacto social con nadie, encerrados porque pueden hacerlo, tienen una fuente de ingreso segura, aun sin trabajar, pero estos son los menos. Sin darse cuenta que afuera la vida continúa a pesar de todo. Los que tienen que trabajar el día a día para poder alimentar a su familia no tienen opción, sólo trabajar en medio de las restricciones.

Pero el miedo no se ha generalizado, un alto porcentaje no le teme al tal virus más que a cualquier otra gripe. En este grupo se encentran los que están seguros que la pandemia es una exageración, llamándola plandemia, es decir, un plan orquestado para manipular a la población a través del miedo. Siguen las restricciones cuando no les queda otra alternativa, porque se ha hecho condición obligatoria el uso del cubrebocas para acceder a bancos, tiendas, lugares cerrados, pero fuera de eso viven una vida normal, sin miedo ni restricciones, salen a caminar, hacen deporte, e incluso fiestas. Están también los que están seguros de que una vida sana con una alimentación equilibrada, ejercicio, y alimentos que alcalinicen el cuerpo, se puede sobrevivir a este virus. Gente convencida que tarde o temprano todos nos contagiaremos del virus y desarrollaremos las defensas que nos permitan seguir nuestra vida. En este grupo se encuentra gran cantidad de gente que usa para el cuidado de su salud diversas terapias alternativas, la mayoría desacreditada por la medicina ortodoxa, pero que de acuerdo a la experiencia y testimonio de ellos mismos, han resultado eficientes para sanar enfermedades que la ciencia médica ha considerado incurables.

Un grupo más, con una fuerte convicción espiritual, con la firme creencia de que no se mueve la hoja de un árbol sin que dios lo sepa. Y que con este virus se irán las personas que tengan que irse, ni más ni menos, se encierren o no en sus casas. Con la certeza de que más  allá de que pueda existir una manipulación con este virus, de cualquier modo hay un propósito superior que no podemos comprender pero que debe de estar bien. Y aunque hay cierto temor, la vida continúa, apoyados en la creencia de que dios sabe por qué suceden las cosas.

También hay un grupo que ve en este virus el fin apocalíptico de la humanidad, que lo ven como un castigo divino y que la única posibilidad de salvarse es el arrepentimiento por todos los pecados cometidos, son los que se pasan el día enviando cadenas de oración a familiares y amigos con el temor de que si cortan las cadenas serán castigados. Más que antes tratan de convencer a sus allegados de que asuman su religión o culto que para ellos es la única y verdadera salvación.

Son tiempos difíciles para la economía, los ingresos no son constantes ni seguros, algunos negocios han fracasado ante el cierre y las demás restricciones, personas y familias que no han podido pagar sus rentas han sido lanzados a la calle, algunos encuentran refugio con familiares y amigos, otros viven como y donde pueden, y a pesar de todo, la vida sigue, para algunos sin muchos cambios, para otros con mayores complicaciones.

Algunos aprovechan para tomar cursos en líneas, para aprender a cocinar cosas nuevas, más económicas, para reinventar otros modos de hacer las cosas, desarrollando nuevas habilidades, ofreciendo servicios a domicilio, llevando la vida lo mejor posible.

El mundo desaceleró el ritmo apabullante que llevaba, muchas cosas dejaran de ser, algunas se reorganizaran  de una nueva forma, al nuevo modo de vida,  tendrán que hacerse de un modo diferente a todo lo anterior. Es un tiempo para mirar con calma y repensar, reorganizar para recomenzar en un modo más compatible con el respeto a la vida y la naturaleza. Un pequeño virus, invisible al ojo humano a simple vista, muestra al ser humano su vulnerabilidad, muestra lo que aun muchos no quieren ver, que todos estamos interrelacionados, que lo que afecta a uno, afecta a todos, que no se puede estar bien, sin que los otros lo estén también.

 ¿Será este virus, lo que muestre a la humanidad lo que realmente importa en la vida?, ¿es este el inicio de una nueva forma de vivir?, o, ¿pasado el peligro, dentro de algunos meses, seremos los mismos de siempre?

Algunos sienten morir por el confinamiento, porque las reuniones masivas se suspendieron, porque se prohibieron los festejos, la quietud, la inmovilidad no es la naturaleza de lo vivo, pero muchas veces la quietud es necesaria para mirar lo que en medio de la agitación no puede percibirse. Morimos lentamente y poco a poco, mientras una forma de vida a la que nos habíamos acostumbrado, ha dejado de ser posible y quizás no lo vuelva a ser jamás. Así son los cambios drásticos de la vida, todos los hemos tenido alguna vez, pero en esta ocasión, los vivimos simultáneamente una gran mayoría. Queremos el movimiento, nos duele dejar esa vida, adaptarnos a la nueva situación lleva tiempo, dejar ir lo que se tiene que dejar para poder seguir, volver a sentirnos vivos a pesar de estar de un modo distinto.

 ¿Qué, nuevas cosas descubriremos?, ¿cambiará nuestra visión de la vida y de la gente? O ¿seguiremos indiferentes a los demás?, creyendo que no tienen que ver nada con nosotros. Aferrándonos a lo viejo, sin ser capaces de mirar las posibilidades de lo nuevo.

Pronto lo descubriremos.

  

 

 

martes, 31 de diciembre de 2019

CARTA A MIS LECTORES VIII





CARTA A MIS LECTORES VIII
DICIEMBRE DE 2019


 A todos los lectores que han acompañado en este viaje y que son una continua motivación para esta escritora, mil gracias. El saber que en lugares lejanos, con costumbres y culturas muy diferentes, en medio de la enorme diversidad de nuestro universo, hay ideales comunes que nos unen, que nos motivan a ser mejores personas, llena de esperanza mi alma. Seres humanos, valientes, que trabajan y construyen un lugar mejor para todos con su propio esfuerzo, es la muestra más palpable de que como raza podemos evolucionar hacia ideales más nobles.


Diversas circunstancias me dificultaron tener una mayor continuidad en mi escritura para con ustedes, pero no me olvido de mi compromiso, pues se lo importante que es para muchos, que han convertido este sitio en su espacio de reflexión, de consuelo, de inspiración, de aprendizaje, de recreación. No es mi intención abandonarlos, simplemente las urgencias de la vida tienen que atenderse.


A escasos días de dar por terminado el año, sé que a pesar de que no me fue posible compartirles más textos, los lectores continúan en aumento, las recomendaciones que ustedes amablemente comparten sobre mi blog con familiares, amigos y conocidos tienen mucho que ver con ello. He recibido cartas de personas tan destacadas en su labor y que me confirman con sus propias palabras, que dejarse guiar por su propia sabiduría, ha sido lo que les ha dado mayor satisfacción, ser ellos mismos, hacer lo que les gusta, trabajar por el beneficio de todos. Personas que han encontrado el verdadero propósito de su vida y que prefieren ser solidarios, ayudar a otros en condiciones adversas. Objetivos que se mantienen a lo largo del año en sus distintas acciones y no solo como propósitos de temporada navideña.


A pesar de algunas circunstancias adversas que se me presentaron este año, tengo mucho por agradecer, pues lo más valioso está intacto, el cambio es lo único permanente en la vida y en ese devenir, algunas cosas y personas tienen que dejarse ir, pero todo es parte de una experiencia, de un aprendizaje. Nuevas cosas vendrán, algunas inesperadas y estoy segura que todo está bien, aún, cuando en ciertos momentos pareciera que no.


Gracias a Dios que permite cada uno de los latidos de mi corazón

Gracias al universo que me ama y me protege

Gracias a mi familia que es mi soporte

Gracias a mis amigos por su cariño

Gracias a mis lectores por ser una motivación

Gracias por toda la belleza que me rodea

Miles de gracias por tantas bendiciones que recibo cada día.

Gracias. Gracias. Gracias.

Que la luz y el amor llene sus corazones todo el año.


Atenea el bosque



domingo, 1 de septiembre de 2019

MARTHA




MARTHA

El corazón está roto, no es fácil sanar un corazón lastimado. En unos días será el aniversario de la pérdida de su hija, de ese nuevo ser que esperaba con mucha ilusión, y que de no ser por la negligencia de los médicos tal vez, estaría con ella.

Hace tres años Martha estaba embarazada, treinta y un semanas de gestación, se suponía que aún no era tiempo de dar a luz, pero el seis de septiembre comenzó a tener los síntomas del parto, a las nueve de la noche sus familiares la llevaron al hospital de Pahuatlán de Valle, en el estado de Puebla, fue recibida, pero se le comunicó que tendría que ser trasladada a otro hospital, debido a la falta de ginecólogo, anestesiólogo y pediatra en esa unidad.

Se solicitó el servicio de ambulancia para trasladarla de emergencia al Hospital General de Huachinango, ubicado en el estado vecino de Hidalgo, para ese momento Martha había perdido mucho líquido, pues se había roto la fuente. Pero la respuesta a la solicitud de emergencia, fue que no había ambulancia, ni chofer. Ante esa situación, un empleado llamó por teléfono a la comandancia de policía de Pahuatlán para pedir ayuda y realizar el traslado, pero una vez más, no hubo ayuda, la respuesta fue que no había gasolina ni chofer.

Martha, estaba ya en labor de parto, y la familia desesperada por la falta de atención de las instituciones,  decide llevarla por sus propios medios al hospital de Huachinango, llegando a él en la madrugada del siete de septiembre. Martha es ingresada y es revisada por personal médico a las dos de la mañana, en ese momento se solicita un ultrasonido para saber las condiciones en que se encontraba el producto, sin embargo, el mismo no se realizó de inmediato. Ella estuvo ahí, sin recibir la atención profesional que el caso requería, tomando en cuenta que sólo tenía treinta y un semanas de gestación, por lo que el bebé sería prematuro, requiriendo atención especializada.

Fue hasta las 8:57 de la mañana, momento en que fue atendida nuevamente, habían pasado casi siete horas desde su ingreso, tiempo en que las condiciones del producto se habían complicado.



El ultrasonido que debió ser tomado urgentemente, se realizó hasta las diez de la mañana, ocho horas después de haber sido ordenado. Mismas horas que el bebé llevaba sufriendo oligohidramios severo, poniendo en riesgo su vida. Además de la disminución importante del líquido amniótico, había compresión del cordón umbilical, poniendo en alto riesgo la vida del bebé. Es hasta ese momento, después de ocho horas de asfixia por el cordón umbilical, que los médicos, deciden realizar una “cesárea urgente”. Y a pesar de tener conocimiento del sufrimiento fetal, la cesárea se practicó hasta las 12:30 de la tarde y no de manera urgente como correspondía.

La bebé nace y sobrevive apenas dos horas y media, el reporte médico señala: muerte por “asfixia perinatal severa” y “síndrome dismórfico”. Situación que pudo evitarse de haber recibido una atención médica a tiempo. La recomendación de la CNDH para el entonces gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle fue que proveyera de servicio de ambulancias y chofer disponible todo el año. Cabe señalar que este gobernador tenía su servicio particular incluso un helicóptero, mismo que pagaba con dinero del erario público. Y mientras él y su familia disfrutaban de todos los privilegios que otorga el dinero, en los servicios públicos del estado no había ni siquiera lo más indispensable.

Pero ¿quién es responsable de todas las negligencias? Es cierto que, Martha no recibió una atención adecuada y a tiempo en un hospital al que llegó de otro estado. En realidad no se trata sólo de negligencia sino de una gran corrupción y desvió de fondos del erario, pues si el gobernador tiene para su uso personal un helicóptero, los hospitales deberían tener todo lo necesario para la atención no sólo de las mujeres, sino de todos los usuarios, dinero hay, y mucho, tal como lo ha demostrado la estafa maestra, sólo que está en donde debiera sino en las cuentas de los políticos y “servidores públicos” de esta nación.



Pero la historia no termina ahí, Martha una mujer indígena, que no habla el idioma español, según hacen constar sus familiares, fue obligada a ponerse un Dispositivo Intrauterino (DIU), como método anticonceptivo. Ella misma denunció ante la CNDH que una doctora le dijo que “no saldría de ahí hasta que le pusieran en DIU”. Situación que no fue para nada tomada en cuenta por el obispo de Puebla, monseñor Víctor Sánchez Espinosa, quien le negó toda atención y la acusó de haber provocado, la pérdida de la vida de su hija, con el pretexto de la pobreza y la condenó a la excomunión por no oponerse a la colocación del DIU.

La CNDH emitió sus recomendaciones para los gobernadores de ambos estados, pero este caso no es el único, de hecho, las negligencias médicas en la labor de parto son reiterativas, según lo reporta el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), en un informe que va de todo el año del 2014 a junio de 2015, donde 266 mujeres denuncian violencia obstétrica,  en los hospitales estatales de Guerrero, Morelos, Ciudad de México, Puebla, Hidalgo, etc. Denuncias que, la mayoría de las veces, quedan en el olvido.

Ser pobre, ser mujer y ser indígena en este país, no es fácil. La violencia, el abuso golpea a los más vulnerables. Y la vida sigue, a pesar de las heridas y del dolor, la vida tiene que continuar.

ELEUTERIO



ELEUTERIO

Eleuterio es un hombre mayor, su vida no ha sido nada fácil, de niño tuvo poliomielitis, sus piernas resultaron afectadas, debido a ello camina usando dos bastones, una de sus piernas es más corta que la otra y usa un aparato ortopédico en ellas para poder movilizarse.  No es fácil desplazarse de un lugar a otro en estas condiciones, pero él lo hace siempre con determinación. Va de su casa a su trabajo y en general a todos lados, pues esto no ha sido un limitante en su vida. Desde pequeño tuvo una gran fortaleza para sobreponerse a las adversidades que la vida le iba presentando.



No tiene lástima de sí mismo y toma su dificultad de locomoción como lo que es, una dificultad de locomoción. Y se sobrepone a ella de la misma forma que se sobrepuso a las burlas de algunos compañeros cuando fue niño y estuvo en la escuela, con coraje, un coraje que le da fuerza, que lo sostiene y que en toda su vida le ha servido para salir adelante. Su vida ha sido una batalla constante para ganar un lugar que en esta sociedad no es fácil tener para personas con determinadas dificultades.

Su condición no le impidió tener una pareja, contraer matrimonio y tener hijos. Hijos a los que ama y a los que desea hacer fuertes, por lo que constantemente les dice lo que él considera es su filosofía de vida, de manera dura y a veces despiadada. Que la vida no es fácil para los débiles, que, la vida no es un cuento de hadas, que tienen que luchar por sí mismos, sin esperar nada de nadie, ninguna ayuda, pues para él, ni dios, ni la magia de la vida existen. Nunca existieron él lo dice siempre la vida es cruel, por eso hay que ser fuerte y no dejarse engañar por las mentiras de la religión y de la existencia de dios.
Para él dios no existe, es sólo una invención del hombre débil, una invención de un ser superior que le ayude a resolver los problemas que por sí mismo no puede resolver, una invención que le ayude a enfrentar sus miedos y las religiones usan esta invención para manipular a las masas. La religión es un medio para controlar a la gente, para volverla sumisa, obediente por lo que hay que alejarse de las religiones, que están basada en mentiras.

Desde que sus hijos eran muy pequeños, decidió mostrarles, lo que él cree la realidad de la vida: dios no existe, ni ninguno de los seres mágicos, ni los milagros, ni santa Claus, ni las hadas, ni los duendes, para Eleuterio, todos son invenciones de gente débil. Constantemente repite esto, pero en su voz no hay un convencimiento. En su voz, que lucha por mantener fuerte para que no se quiebre, lo que se escucha es mucho enojo, mucha frustración, porque en su vida dice todo ha sido muy duro, no existió nada de magia. Lo que su voz esconde es mucho dolor. Un dolor que no quiere reconocer, porque no quiere reconocer su vulnerabilidad. Y va por la vida con una coraza de fortaleza que cuesta trabajo sostener.

Lo he escuchado muchas veces, al igual que todas las personas que lo conocemos, porque a él le gusta mucho hablar de sí mismo, de lo duro que es su vida, de la lástima que la gente le tiene y que él no acepta. De la lástima que le tenía su propia madre, por la que él aún está enojado. El habla, habla y habla pregonando su sabiduría que él siente está por encima de los demás, pocos se atreven a debatirle algo, pues su memoria es privilegiada y ha leído miles de libros, una persona muy ilustrada, sus argumentos se acompañan siempre de alguna cita de algún filósofo o escritor reconocido. Se solaza de cuanto ha leído y toma esos argumentos como propios, apoyados en la lógica irrebatible de la ciencia y el conocimiento.
Lo escucho, entiendo su enojo, su frustración, su dolor, su desilusión, no tengo nada que debatir con él. Es su realidad, la que él ha conocido, la que le enseñó la vida. Tal vez, algún día la vida le muestre algo más, como me lo mostró a mí. Llegará su tiempo, en que él pueda descubrir que hay mucho más, de lo que el ser humano puede concebir, pero este no es el momento todavía. Lo sé porque estuve ahí, en ese momento en que no podía mirar más allá.

Es cuestión de tiempo, y aunque él no pueda verlo, un ser superior vela por él, un ser superior lo acompaña cada día de su vida, como a todos los humanos. Un ser que lo mira con infinito amor y vela su sueño, un ser que tiene la paciencia de la eternidad para esperar que él lo note y solicite su ayuda.

No hay prisa, es cuestión de tiempo.