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domingo, 1 de septiembre de 2019

MARTHA




MARTHA

El corazón está roto, no es fácil sanar un corazón lastimado. En unos días será el aniversario de la pérdida de su hija, de ese nuevo ser que esperaba con mucha ilusión, y que de no ser por la negligencia de los médicos tal vez, estaría con ella.

Hace tres años Martha estaba embarazada, treinta y un semanas de gestación, se suponía que aún no era tiempo de dar a luz, pero el seis de septiembre comenzó a tener los síntomas del parto, a las nueve de la noche sus familiares la llevaron al hospital de Pahuatlán de Valle, en el estado de Puebla, fue recibida, pero se le comunicó que tendría que ser trasladada a otro hospital, debido a la falta de ginecólogo, anestesiólogo y pediatra en esa unidad.

Se solicitó el servicio de ambulancia para trasladarla de emergencia al Hospital General de Huachinango, ubicado en el estado vecino de Hidalgo, para ese momento Martha había perdido mucho líquido, pues se había roto la fuente. Pero la respuesta a la solicitud de emergencia, fue que no había ambulancia, ni chofer. Ante esa situación, un empleado llamó por teléfono a la comandancia de policía de Pahuatlán para pedir ayuda y realizar el traslado, pero una vez más, no hubo ayuda, la respuesta fue que no había gasolina ni chofer.

Martha, estaba ya en labor de parto, y la familia desesperada por la falta de atención de las instituciones,  decide llevarla por sus propios medios al hospital de Huachinango, llegando a él en la madrugada del siete de septiembre. Martha es ingresada y es revisada por personal médico a las dos de la mañana, en ese momento se solicita un ultrasonido para saber las condiciones en que se encontraba el producto, sin embargo, el mismo no se realizó de inmediato. Ella estuvo ahí, sin recibir la atención profesional que el caso requería, tomando en cuenta que sólo tenía treinta y un semanas de gestación, por lo que el bebé sería prematuro, requiriendo atención especializada.

Fue hasta las 8:57 de la mañana, momento en que fue atendida nuevamente, habían pasado casi siete horas desde su ingreso, tiempo en que las condiciones del producto se habían complicado.



El ultrasonido que debió ser tomado urgentemente, se realizó hasta las diez de la mañana, ocho horas después de haber sido ordenado. Mismas horas que el bebé llevaba sufriendo oligohidramios severo, poniendo en riesgo su vida. Además de la disminución importante del líquido amniótico, había compresión del cordón umbilical, poniendo en alto riesgo la vida del bebé. Es hasta ese momento, después de ocho horas de asfixia por el cordón umbilical, que los médicos, deciden realizar una “cesárea urgente”. Y a pesar de tener conocimiento del sufrimiento fetal, la cesárea se practicó hasta las 12:30 de la tarde y no de manera urgente como correspondía.

La bebé nace y sobrevive apenas dos horas y media, el reporte médico señala: muerte por “asfixia perinatal severa” y “síndrome dismórfico”. Situación que pudo evitarse de haber recibido una atención médica a tiempo. La recomendación de la CNDH para el entonces gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle fue que proveyera de servicio de ambulancias y chofer disponible todo el año. Cabe señalar que este gobernador tenía su servicio particular incluso un helicóptero, mismo que pagaba con dinero del erario público. Y mientras él y su familia disfrutaban de todos los privilegios que otorga el dinero, en los servicios públicos del estado no había ni siquiera lo más indispensable.

Pero ¿quién es responsable de todas las negligencias? Es cierto que, Martha no recibió una atención adecuada y a tiempo en un hospital al que llegó de otro estado. En realidad no se trata sólo de negligencia sino de una gran corrupción y desvió de fondos del erario, pues si el gobernador tiene para su uso personal un helicóptero, los hospitales deberían tener todo lo necesario para la atención no sólo de las mujeres, sino de todos los usuarios, dinero hay, y mucho, tal como lo ha demostrado la estafa maestra, sólo que está en donde debiera sino en las cuentas de los políticos y “servidores públicos” de esta nación.



Pero la historia no termina ahí, Martha una mujer indígena, que no habla el idioma español, según hacen constar sus familiares, fue obligada a ponerse un Dispositivo Intrauterino (DIU), como método anticonceptivo. Ella misma denunció ante la CNDH que una doctora le dijo que “no saldría de ahí hasta que le pusieran en DIU”. Situación que no fue para nada tomada en cuenta por el obispo de Puebla, monseñor Víctor Sánchez Espinosa, quien le negó toda atención y la acusó de haber provocado, la pérdida de la vida de su hija, con el pretexto de la pobreza y la condenó a la excomunión por no oponerse a la colocación del DIU.

La CNDH emitió sus recomendaciones para los gobernadores de ambos estados, pero este caso no es el único, de hecho, las negligencias médicas en la labor de parto son reiterativas, según lo reporta el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), en un informe que va de todo el año del 2014 a junio de 2015, donde 266 mujeres denuncian violencia obstétrica,  en los hospitales estatales de Guerrero, Morelos, Ciudad de México, Puebla, Hidalgo, etc. Denuncias que, la mayoría de las veces, quedan en el olvido.

Ser pobre, ser mujer y ser indígena en este país, no es fácil. La violencia, el abuso golpea a los más vulnerables. Y la vida sigue, a pesar de las heridas y del dolor, la vida tiene que continuar.

ELEUTERIO



ELEUTERIO

Eleuterio es un hombre mayor, su vida no ha sido nada fácil, de niño tuvo poliomielitis, sus piernas resultaron afectadas, debido a ello camina usando dos bastones, una de sus piernas es más corta que la otra y usa un aparato ortopédico en ellas para poder movilizarse.  No es fácil desplazarse de un lugar a otro en estas condiciones, pero él lo hace siempre con determinación. Va de su casa a su trabajo y en general a todos lados, pues esto no ha sido un limitante en su vida. Desde pequeño tuvo una gran fortaleza para sobreponerse a las adversidades que la vida le iba presentando.



No tiene lástima de sí mismo y toma su dificultad de locomoción como lo que es, una dificultad de locomoción. Y se sobrepone a ella de la misma forma que se sobrepuso a las burlas de algunos compañeros cuando fue niño y estuvo en la escuela, con coraje, un coraje que le da fuerza, que lo sostiene y que en toda su vida le ha servido para salir adelante. Su vida ha sido una batalla constante para ganar un lugar que en esta sociedad no es fácil tener para personas con determinadas dificultades.

Su condición no le impidió tener una pareja, contraer matrimonio y tener hijos. Hijos a los que ama y a los que desea hacer fuertes, por lo que constantemente les dice lo que él considera es su filosofía de vida, de manera dura y a veces despiadada. Que la vida no es fácil para los débiles, que, la vida no es un cuento de hadas, que tienen que luchar por sí mismos, sin esperar nada de nadie, ninguna ayuda, pues para él, ni dios, ni la magia de la vida existen. Nunca existieron él lo dice siempre la vida es cruel, por eso hay que ser fuerte y no dejarse engañar por las mentiras de la religión y de la existencia de dios.
Para él dios no existe, es sólo una invención del hombre débil, una invención de un ser superior que le ayude a resolver los problemas que por sí mismo no puede resolver, una invención que le ayude a enfrentar sus miedos y las religiones usan esta invención para manipular a las masas. La religión es un medio para controlar a la gente, para volverla sumisa, obediente por lo que hay que alejarse de las religiones, que están basada en mentiras.

Desde que sus hijos eran muy pequeños, decidió mostrarles, lo que él cree la realidad de la vida: dios no existe, ni ninguno de los seres mágicos, ni los milagros, ni santa Claus, ni las hadas, ni los duendes, para Eleuterio, todos son invenciones de gente débil. Constantemente repite esto, pero en su voz no hay un convencimiento. En su voz, que lucha por mantener fuerte para que no se quiebre, lo que se escucha es mucho enojo, mucha frustración, porque en su vida dice todo ha sido muy duro, no existió nada de magia. Lo que su voz esconde es mucho dolor. Un dolor que no quiere reconocer, porque no quiere reconocer su vulnerabilidad. Y va por la vida con una coraza de fortaleza que cuesta trabajo sostener.

Lo he escuchado muchas veces, al igual que todas las personas que lo conocemos, porque a él le gusta mucho hablar de sí mismo, de lo duro que es su vida, de la lástima que la gente le tiene y que él no acepta. De la lástima que le tenía su propia madre, por la que él aún está enojado. El habla, habla y habla pregonando su sabiduría que él siente está por encima de los demás, pocos se atreven a debatirle algo, pues su memoria es privilegiada y ha leído miles de libros, una persona muy ilustrada, sus argumentos se acompañan siempre de alguna cita de algún filósofo o escritor reconocido. Se solaza de cuanto ha leído y toma esos argumentos como propios, apoyados en la lógica irrebatible de la ciencia y el conocimiento.
Lo escucho, entiendo su enojo, su frustración, su dolor, su desilusión, no tengo nada que debatir con él. Es su realidad, la que él ha conocido, la que le enseñó la vida. Tal vez, algún día la vida le muestre algo más, como me lo mostró a mí. Llegará su tiempo, en que él pueda descubrir que hay mucho más, de lo que el ser humano puede concebir, pero este no es el momento todavía. Lo sé porque estuve ahí, en ese momento en que no podía mirar más allá.

Es cuestión de tiempo, y aunque él no pueda verlo, un ser superior vela por él, un ser superior lo acompaña cada día de su vida, como a todos los humanos. Un ser que lo mira con infinito amor y vela su sueño, un ser que tiene la paciencia de la eternidad para esperar que él lo note y solicite su ayuda.

No hay prisa, es cuestión de tiempo.


miércoles, 31 de octubre de 2018

QUE NO FUERA ELLA


QUE NO FUERA ELLA



I

Su cuerpo estaba sobre el pavimento de la calle. La reconoció de inmediato a pesar de que sólo podía mirar la cabeza, pero su cabello era inconfundible. Corrió hacia ella con el corazón latiendo aceleradamente. Tan rápido era su latido que le costaba respirar y sentía un golpe continuo, rebotando en el pecho. Miró hacia adelante mientras corría tanto como le permitían sus piernas y deseando con todo el corazón que no fuera ella, que todo fuera una equivocación. Pero dentro de sí, sabía que era ella, sólo que deseaba estar equivocada, deseaba que todo fuera un mal sueño, aunque sabía que era ella.


Ahí estaba con su cabello recién teñido, su cabello largo y ondulado de color castaño. Por un momento la recordó pequeñita, con sus rizos en la frente y sonriendo mientras jugaba sobre el pasto del jardín o cuando al llegar del trabajo ella venía corriendo a abrazarla. No había momento más feliz en el día que ese, cuando sus pequeños brazos la rodeaban en el cuello y le daba un beso.




El corazón se le rompía y el aliento le faltaba a cada paso que se acercaba a ese cuerpo inmóvil, vio la blusa que se había puesto ese mismo día muy temprano, apenas dos horas antes. Ella se levantó muy temprano porque ese día tenía una misión que cumplir, era un día especial y estaba orgullosa de participar en ese evento. Ella quería un lugar mejor para vivir, un país mejor con gente honesta y valiente. Por lo que ella no hizo caso de no ir ese día, cuando aquél hombre se presentó en la casa en que ella vivía con su familia. Aquél hombre dijo saber todo sobre ella, sobre sus hijos y sus padres y le dejó dicho que no tenía que ir ese día, que la tenían vigilada.


Pero ella no tenía miedo, no tenía por qué tenerlo, sólo era una joven estudiante y sólo trataba de cumplir con su responsabilidad ciudadana. No era militante de ningún partido, pero quería participar en el proceso electoral, ser partícipe de ese momento crucial en la historia de su país. Sus padres tenían miedo y le insistieron que desistiera de su decisión de participar en el proceso electoral, la situación de violencia, amenazas y extorsión en el estado en que vivían era algo de sobra conocido por todos. Pero ella había tomado una decisión.


Cuando la llamaron por teléfono, ella sintió un sobresalto, ni siquiera puede recordar quién le llamó, pero escuchó las palabras que nadie quiere escuchar: “su hija fue baleada”. Sí, le dijeron otras cosas, sólo que ella no puede recordar más, la primera frase fue suficiente, en ese momento en que sentía como si le clavaran un cuchillo en el corazón, esa única frase, era lo que se repetía en su mente. No lo pensó, salió de inmediato hacia el lugar en que estaban las casillas de la que su hija era presidenta, de camino, llamó a su esposo, le dijo que tenía que venir de inmediato con su hija, que había habido problemas, no podía decir más, no quería tampoco hacerlo.



II



Él dejó lo que estaba haciendo en el trabajo sin decir nada a nadie, salió corriendo, sólo quería llegar junto a su hija, verla, saber que estaba bien, ponerla a salvo, cuidarla como lo había hecho cuando era pequeña, su hija mayor, la más querida, la que lo motivaba a ser mejor, la luz de su casa, la que siempre estaba alegre y le enseñaba a ver el lado bueno de todas las cosas. Esa hija que amó profundamente desde antes de nacer, apenas supo que venía en camino y que sintió como una bendición de dios cuando la miró por primera vez y la tomó en sus brazos.


El tiempo que tardó en llegar se volvió una eternidad, nunca el tiempo fue más largo, mientras pedía a dios que ella estuviera bien. La angustia se reflejaba en ese hueco que de pronto sentía en el estómago. Faltaba poco más de una cuadra para llegar al lugar de votaciones cuando vio que mucha gente se había reunido en la calle, cuando estuvo más cerca, miró que alguien estaba sobre el piso, no pensó en su hija, creyó que alguien había sido atropellado, pero de pronto alcanzó a oír la voz de su esposa, su llanto. Todo comenzó a suceder como lejos de él mismo, como si estuviera dentro de una película, escuchaba las voces de las personas, aunque no pudiera distinguir lo que decían.


Corrió sin saber cómo, pues a cada paso sentía que las piernas no lo sostendrían más, ahí en medio de todos los curiosos yacía su esposa hablándole a su hija que no podía escucharla. Arrodillada sobre el piso pedía ayuda para su hija, pero no había nada que pudiera hacerse. Ella yacía inmóvil mientras la sangre brotaba de las heridas causadas por las balas. Un nudo en la garganta le impidió hablar sin poder creer lo que estaba viendo. Apenas un par de horas antes, estuvieron en casa juntos y aunque él sabía de las amenazas, no pensó que fueran a cumplirlas. No porque aquéllos hombres dijeron ser de un partido político. Ni su hija, ni nadie de su familia habían estado involucrados en asuntos de política, a pesar de haber sido invitados por algunos familiares y amigos, ellos jamás quisieron afiliarse con ningún partido. Su hija había sido elegida como todos los funcionarios de casilla, por sorteo, como cualquier otro ciudadano mexicano.


Su hija tirada sobre el pavimento en medio de su propia sangre derramada y él, parado a un lado de ella, impotente, completamente impotente, no había nada que pudiera hacer. Los responsables habían huido. Después… todo lo que vino después, se sucedió como en un mal sueño. El velorio, el entierro, ese entierro donde se le fue una parte de sí mismo, una parte de su fe. El dolor profundo de perder a ese ser que cuidó con amor y que le fue arrebatado sin ninguna razón. No había respuestas para todos los 
cuestionamientos que, en ese momento, la pérdida de su hija le planteaba.


Y qué iba a hacer ahora con ese dolor tan grande, con esa ausencia, con ese vacío en la casa, con esos niños pequeños que preguntaban por su madre. Qué podía decirles, si él mismo no encontraba respuestas. Ahora su hija era uno más de los miles de inocentes masacrados, masacrados sin razón. Desaparecidos porque le estorbaban a alguien, porque su mera existencia le estorbaba a alguien. Quizás porque no formaban parte de la corrupción, porque no se les podía comprar con dinero, pero tampoco se les podía intimidar con amenazas.


En la casa no había modo de escapar del dolor, todo le recordaba a ella, y los niños, esos niños que no podían entender que su madre no estuviera, que clamaban por su presencia. Cómo podía darles consuelo, si él mismo no lo hallaba. Era insoportable llegar a una casa donde ella no iba a estar más, él no podía con eso. No tenía la fortaleza para continuar, sólo quería huir de ese dolor y ahora su casa era el infierno en donde todos los recuerdos se agigantaban y le hacían más notoria la ausencia. No podía con ello, sólo quería salir corriendo lejos, muy lejos, donde el dolor no pudiera alcanzarlo.


Sí, los niños lo necesitaban más que nunca, él lo sabía, pero qué podía ofrecerles, si su corazón estaba lleno de dolor, de impotencia, si cada día sentía que se hundía en el más oscuro y hondo de los pozos.  Todo ahora carecía de sentido, a ¿qué sabe la vida cuando los seres amados son arrebatados de esa manera?, ¿cómo calmar ese dolor? Nada podía dolerle más que perder a su hija de esa manera. Todos sufrían, su esposa, sus demás hijos y él no podía verlos sufrir de esa manera. Necesitaba irse, alejarse con esa oscuridad que le crecía en el corazón, con ese dolor para el que no hallaba consuelo. Quizás eso era lo mejor, irse, para no ser una sombra más en esa casa, para no tocar con su oscuridad a lo demás, así que se fue de la casa.
   


III


Todo había ocurrido muy rápido, aquéllos hombres llegaron y se la llevaron a jalones, nadie supo que hacer, la fila de personas que esperaban para emitir su voto no pudo hacer nada. La subieron al coche y a escasos metros la hicieron bajar, la empujaron sobre el piso y le dispararon dos balas. Ella solo escuchó el trueno y sintió un dolor agudo en el lugar de impacto, apenas unos instantes, después nada.


Su cuerpo estaba tirado en el pavimento de la calle, ella lo vio bajo sus pies, podía verlo, ahí estaba su propio cuerpo tirado mientras la sangre brotaba de las heridas. Los hombres volvieron a subir al coche y se alejaron sin que nadie les dijera nada. Ahora ella miraba todo, en medio de una sensación muy extraña, no podía sentir el dolor, veía su propio cuerpo, desconcertada, era la primera vez que lo veía desde fuera. Entonces escuchó que alguien dijo:” está muerta, unos hombres en un carro le dispararon”. La gente comenzó a acercarse.


Entonces pudo ver a su madre dentro de su casa, vio incluso cuando la llamaron por teléfono, cuando su madre le llamó a su padre, sus hijos, la gente rodeando su cuerpo baleado. el caos que se originó en la calle, la llegada de los funcionarios del INE, la prisa de sus padres tratando de llegar a ese lugar, su desesperación, su llanto, su dolor, ella podía verlo todo. Y entonces lo comprendió, la habían matado. Pero estaba ahí, viendo todo, incluso abrazó a sus padres cuando los vio estallar en llanto, mientras les decía al oído que ella estaba bien, que no le había pasado nada, pero ellos no podían escucharla ni verla, lloraban desesperadamente delante de su cuerpo tirado en el piso. Ella intentaba tocarlos y lo hacía, sólo que ellos no podían sentirla.


A un lado de ella se encontraban unos seres luminosos muy altos, ella los conocía, eran de su familia, no de la familia que acababa de perder, de la que fue arrancada violentamente, no, esta era una familia más antigua, de la que también sus padres que ahora lloraban ante su cuerpo formaban parte. De súbito era como si muchas cosas que antes no podía saber ni ver, se le mostraran con claridad. Ella miró a los seres de luz, y al instante lo comprendió todo, estaban ahí para acompañarla en su viaje de regreso. Dentro de ella había un gran gozo por haber vuelto, era como haber despertado de un oscuro sueño, eso había sido su vida, ahora estaba en un lugar sin dolor, empezaba a recordar más cosas y veía el sufrimiento de sus padres y eso, le hacía sentir ganas de quedarse, aunque sabía que no debía hacerlo.


Los seres de luz se lo confirmaron, ella había cumplido su tiempo de encarnación en esa vida, ese era el momento en que ella debía irse, pero no pudo evitar pensar en sus pequeños hijos, en cómo estarían sin ella, quién los cuidaría. Sus padres estaban devastados, veía y sentía su dolor. Ella no quería irse, quería volver para cuidar a sus hijos, entonces uno de los seres de luz le dijo que no se preocupara que todo estaba bien, ellos saldrían adelante, eran almas valientes, almas viejas que tenían los recursos para continuar su camino. Ella sabía que era cierto, pero, aun así, tenía un fuerte deseo de volver.


Uno de los seres de luz, paso una mano frente de sus ojos y ella pudo ver a sus hijos siendo personas mayores, ellos estarían bien. Pero su padre, aquél hombre que siempre la había apoyado y amado incondicionalmente, sufría lo indecible, su dolor tan profundo lo había hecho huir de la casa familiar, sufría porque la creía muerta y ella le susurraba al oído que no estaba muerta, al contrario, estaba más viva que nunca, siendo capaz de ver y sentir lo que los humanos sólo consideraban creencias, suposiciones, ella quería decirlo, que no se preocupara, que volverían a verse, una y muchas veces más, pero él no podía escucharla, a pesar que se presentó en sus sueños, tan concentrado estaba en su dolor, que no escuchaba nada.


Uno de los seres de luz le dijo que no se preocupara que todo estaba bien, pues su padre también recibiría la ayuda que necesitara y todo lo que sucedía, le llevaría a un conocimiento profundo, a desarrollar su parte espiritual, a ser una mejor persona, si bien eso requería un poco de tiempo, pero siempre tendría la guía y protección que necesitara. Algo dentro de ella le decía que lo que le estaban diciendo era verdad, y le dijeron también que una parte de ella misma podría quedarse a ser la guía de sus seres queridos. Esto al principio le pareció absurdo, pero no lo era, pues ahora sólo era un ser espiritual y sin que ella supiera cómo, podía estar en distintos sitios a la vez, sin importar si era lo que ella consideraba pasado o futuro.


Poco a poco iba recordando los conocimientos que había adquirido a lo largo de sus vidas anteriores y que había olvidado al momento de nacer en aquélla familia a la que ahora había dejado. Era necesario dejarlos, pues así había sido convenido por todos, ninguna cosa era accidental, aunque todo pareciera caótico, en realidad formaba parte de un plan mayor para el mejor bien de todos. Se sintió tranquila cuando pudo recordarlo y comprenderlo, tenía que dejar que todo sucediera de acuerdo a lo previsto, después de todo ella también debía continuar su camino, en algún momento volvería a encarnarse en un nuevo cuerpo y volvería a vivir dentro de una nueva familia, quizás en esa misma familia, pero en un momento futuro.


La familia que recién había dejado estaría bien y como un ser espiritual, ella podía volver a verlos cuando así fuera necesario y algunas veces, alguno de ellos la escucharía en sueños, una parte de ella estaría siempre a su lado. Ella iría a un mejor lugar, por un tiempo, antes de encarnar un nuevo cuerpo.   

jueves, 31 de mayo de 2018

KASHI & LEIDA



Kashi, se levanta del piso sobre el que duerme, una alfombra vieja es su cama.



Leida se despierta sobre su amplia cama con dinteles de oro y sábanas de seda.




Kashi mira a su lado a sus dos hermanos pequeños que aún duermen.

Leida toma una campana de oro que está sobre la mesa al lado de su cama y la hace sonar

Kashi se acerca a la vieja estufa buscando algo de comida…no hay nada

Leida pide el desayuno a su chef particular.

Kashi sale a la calle, pide dinero a los turistas que encuentra para comprar comida.

Leida se baña y escoge en una enorme habitación llena de ropa nueva y cientos de zapatos lo que usará este día.




Kashi deambula por las calles hasta conseguir algo para comer, usa la misma ropa desde hace varios días.

Leida llama a su chofer que la llevará a un exclusivo colegio particular.




El padre de Kashi gana tan poco dinero que no es suficiente para alimentar a su familia cincuenta rupias.

El padre de Leida es un empresario y posee una fortuna de seis billones de dólares.

Kashi juega en la calle con sus hermanos y vecinos fútbol soccer con una botella de plástico.



Leida juega con su muñeca Barbie y le pone su collar de diamantes valuado en trescientos mil quinientos dólares.




El día del cumpleaños  número diez de Kashi, sus padres lo venden como esclavo para trabajar en los talleres de costura de una gran ciudad.

El día del cumpleaños número seis de Leida, sus padres le regalan una casa de doce mil dólares.




Kashi trabaja de diez de la mañana a nueve de la noche todos los días en un taller clandestino ubicado en un sótano.



Leida va a la escuela, toma clases particulares de música, practica deportes, va de compras, juega.

Kashi elabora bordados para ropa de marcas costosas y exclusivas en occidente y europa.




Leida va de paseo en el nuevo coche deportivo recién comprado para ella por su padre.

Kashi enferma por la escasa e insalubre comida que le proporcionan una vez al día.

Leida juega con una exótica mascota en el enorme jardín de la mansión en que vive.

Kashi trata de escapar de su dueño durante la noche, lo encuentran y le dan una brutal paliza.




Leida celebra una fiesta con sus amigos en el más lujoso hotel.
Después de dos años, 

Kashi es rescatado del taller prisión, junto con otros cuarenta niños.



Leida se prepara para un viaje con sus padres a varios países del mundo.

Kashi vuelve a su casi destruida casa por la última inundación, sólo les queda una habitación con techo.

Leida es la heredera del empresario que compra a muy bajo costo los productos a los esclavistas de niños en uno los países más pobres del mundo.

Kashi, tal vez, vuelva a ser atrapado por la red de esclavistas al no tener sus padres, opciones para ganar suficiente dinero para comprar comida a sus hijos.




lunes, 30 de abril de 2018

LETO



Leto


En una pequeña casa muy cerca de la montaña, con un enorme árbol de amate sobre un peñazco vive una hermosa familia desde  hace mucho tiempo. Si bien la casa, apenas tiene lo necesario para vivir, el ambiente es muy agradable. Pues esa pequeña casa parece haber sido esculpida para  encajar perfectamente dentro del paisaje. Y a pesar del escaso terreno que conforma el patio ahí se dan cita toda clase de animales silvestres.



Por entre las ramas de los árboles los pájaros, palomas y colibríes, entre las flores, las abejas, avispas, mariposas y otros insectos, entre las rocas las lagartijas, iguanas, quijis, salamandras, serpientes y aún insectos muy venenosos como araña capulina, violinista,  alacranes, vinagrillos, cienpies y hormigas. Entre las plantas han constuido su hogar grillos, tijerillas, grillos, saltamontes. Y una ardilla voladora, muy pequeña de color amarillo se pasea entre las ramas de los distintos arboles. Las iguanas toman el sol recostadas en el peñazco o comen los frutos de los arboles.

Y por la noche, llegan los tlacuaches, hurones, mapaches, tejones, y conejos. Todos ellos se acercan furtivamente y en silencio, buscando beber agua y comer los restos de verdura que todos los días los habitantes de la casa, les dejan en un rincón del patio. Así que ellos esperan con paciencia, cuando la quietud del sueño mantiene el silencio en toda la casa. Y los murciélagos sobrevuelan entre las ramas del amate, atrapando tantos insectos como pueden, pero también cuando hay fruta en los árboles la muerden.

Por la mañana, muy temprano, aún antes de que el sol se asome, los pájaros llegan y se posan sobre el árbol del mora a recoger los jugosos y dulces frutos. Los pequeños pajaros verdines que han construido su nido en las ramas de bambú revolotean y cantan alegremente durante todo el día, ellos son los habitantes permanentes. Un osado pájaro saltaparedes entra despreocupadamente a las habitaciones de la casa, buscando un lugar en donde construir su nido, pero no encuentra un lugar adecuado y las hojas y ramas que trae para su construcción se cae una y otra vez, hasta que finalmente desiste de instalarse dentro de la casa.

Un par de palomas cafés, constantemente bajan y caminan en el patio, su objetivo, es el plato de comida de la única mascota de la casa, un perro amarillo y de ojos verdes, llamado leto. Sí su nombre proviene del protagonista de la novela de ciencia ficción, Dune. Es un guardián feroz, todos lo han visto corretear a los tlacuaches, las ardillas, los pollos, las iguanas, los gatos y cualquier otro perro que ose acercarse.



Leto es un animal muy fiel y cuidadoso de su familia. Está siempre pendiente de sus amos y a dónde ellos van, él va detrás cuidándolos, y toma su papel muy en serio, como ninguna otra mascota antes lo ha hecho. A veces, tiene problemas para cuidar a sus tres amos, sobre todo cuando van a caminar al campo y se apartan momentáneamente, siguiendo distintas bifurcaciones del camino. Leto se angustia terriblemente, de no poder tener a los tres en el mismo sitio, para vigilarlos al mismo tiempo, entonces, corre con uno y con otro, tratando de no perder de vista a ninguno, va y viene continuamente, intentando estar con los tres a la vez.

Es cómico la desesperación del perro, por cuidarlos a todos, está con uno, y ve a los otros insistentemente. Y entonces manifiesta su desaprobacion, con gruñidos que intentan ser un lenguaje, o una forma de comunicación, llama a uno y a otro,   y sobre todo cuando alguién se aleja un poco más, quedando fuera de su vista. Todo parece indicar que Leto, en lugar de sentirse la mascota de la familia, se siente en jefe, pues parece regañar a todos por separarse o alejarse.

Todos los días se levanta temprano y va al campo con su dueño, es su actividad favorita. Moviendo la cola alegremente camina al lado del caballo. Como un buen perro, cuida también de los animales domésticos de la casa. Durante el día es común verlo echado sobre la tierra vigilando a los borregos o el caballo. Por la noche, cuando su pequeño amo sube a su habitación, él sube detrás de él y se acuesta a la entrada de su puerta. Se duerme, pero siempre está alerta, si escucha algún ruido de algún animal acercándose de inmediato sale a ladrar y si se ha acercado demasiado lo ahuyenta.

Cuando la familia sale de la casa, él se queda a la entrada y si alguién se acerca, de inmediato se hiergue en franca postura de ataque y gruñe y muestra los dientes para advertir que nadie pasará mientras esté él. Ahí se queda, esperando el regreso de sus amos y en cuanto los ve acercarse, sale corriendo a recibirlos con elocuentes gestos de alegría, saltando y moviendo la cola y juntos llegan todos  a la casa.

Es  un perro feliz, que ama y cuida a su familia, que la defiende de los peligros. Alguna vez, al acompañar a una caminata por el cerro a su dueña, ella estuvo a punto de ser atacada por un par de perros que parecían ir solos. Pero leto, está siempre alerta, en cuanto escuchó el gruñido de los perros, llegó corriendo velozmente y se lanzó con ferocidad sobre los agresores, los correteó y pudo escucharse que los mordió mientras los obligaba a irse. De inmediato volvió con su dueña a verificar que todo estuviera bien. Generalmente cuando salen a caminar por el campo, él va delante de ella, vigilando que no exista ninguna amenaza. Si escucha aproximarse a alguna persona, se coloca frente a su dueña para protegerla y lanza un gruñido, espera un gesto que le indique si tiene que atacar o no. El obedece a su dueña, pero se echa sobre el suelo, cerca de ella, alerta siempre.



Leto cuida a toda la famila, pero en especial a su dueña a quien sigue cuando la ve dirigirse al campo. No está dispuesto a compartir el cuidado y cariño de sus amos, cuando alguna otra mascota se acerca a sus amos, él se atraviesa y se coloca al lado de ellos, para demostrar su pertenencia. Alguna vez, otro pequeño perro fue llevado  a la casa, desde entonces, él se negó a entrar, estuvo muy enojado por mucho tiempo. Seguía cuidando a sus amos cada vez que salían, pero se negaba a entrar a la casa y a comer. Así estuvo por muchos días, hasta que finalmente aceptó al otro perro.

Así es leto, un perro amarillo de ojos verdes, cuidadoso y defensor de sus amos, pero que no está dispuesto a compartirlos con nadie.


miércoles, 28 de febrero de 2018

LIBRE DEL DOLOR




LIBRE DEL DOLOR


Siempre fui un bicho raro, alguien que no encajaba en ningún lugar. Ese  alguien que no tiene un sitio propio ni en su familia. No importaba que estuviera en silencio para no molestar, mi sola presencia resultaba impertinente.  Había algo en mí, aunque no sé yo en dónde. Tal vez en mi cara, en mi voz, en mis ojos, o en mi semblante. Algo que parecía desagradar a los demás, aún a los que no me conocían. Algo que parecía alejar de mi cualquier persona.  

Al principio no lo sabía, pero poco a poco fui notando que no me trataban del mismo modo que a los demás. Siempre era relegada al último lugar.

Mi padre por  una razón que desconozco y que tal vez ignore para siempre, nunca pudo quererme. Cuando era pequeña lo veía tratar con ternura y generosidad a mi hermana menor. La cargaba frecuentemente entre sus brazos, aún cuando ella no se lo pedía. Y no importaba cuantas veces, o de qué manera yo le suplicara, a mí no me cargaba nunca. Para mí nunca tuvo una caricia ni dulces palabras.  Yo quería sentirme querida, protegida, mirar desde lo alto, a través de sus ojos. Pero lo cierto, es que nunca logre no sólo ganar su amor, ni siquiera pude llamar su atención una sola vez.

No entendía, y no entiendo aún, el por qué nunca tuve un lugar en su corazón. Su distancia, su indiferencia en todo lo relacionado conmigo me lo confirmaron a través de los años. Ni siquiera puedo decir que haya sido un mal padre, porque nunca me trató mal. Me dio comida, alimento, ropa, educación, todo lo que un padre da a sus hijos. Pero no recibí nunca de él un abrazo, una felicitación o su presencia en mi ceremonia de graduación de la universidad. Ni siquiera alguna respuesta a mis preguntas por su trato hacia mí.  Parecía tener un especial empeño, en mantener un muro que nos alejara.

Mi madre, una mujer hacendosa, que se levantaba cada día a las seis de la mañana para preparar el almuerzo para todos sus hijos antes de que se fueran a la escuela. Me enseñó con gran exigencia las tareas que una mujer debe saber. A los diez años dijo, no se encargaría más de mi ropa, tendría que hacerlo yo; lavarla y plancharla. Las cosas debían hacerse bien y puntualmente, tal como ella decía. No de otra forma, sólo como ella decía. No había lugar para las equivocaciones, cualquier cosa que perturbara su orden era motivo de castigo y reproches. La escuché miles de veces, quejarse, enojarse, gritarme. Pero nunca se atrevió a golpearme, mi mirada desafiante la asustaba. Yo era la única de todos sus hijos que no me asustaba con sus castigos, que no tenía miedo de desobedecerla. La única que se atrevía a cuestionarla a decirle un rotundo no cuando estaba en desacuerdo con ella. Llegó el día en que comprendió que sus castigos no podían doblegarme, ni sus palabras detenerme. Sólo entonces, me dejó en paz.

Mi hermano mayor tuvo una especial deferencia hacia mí, su continuo maltrato y desprecio eran completamente manifiestos en cada una de las palabras que salieron de su boca. Un odio que le nacía desde lo más profundo de su ser lo llevaron no sólo a humillarme continuamente, sino incluso a golpearme siempre que le era posible. La única vez que no fui objeto de su furia y arrogancia fue aquél día que estaba postrado mal herido en una cama de hospital.

Yo sólo era una  niña indefensa, que desaté la furia de mi hermano por el sólo hecho de existir. Me odió hasta que ya no pudo odiarme, hasta que la muerte silenció para siempre su boca.

Fueron los días grises, largos, dolorosos, sin sentido. Sin entender el para qué de la vida. Sin conocer el gozo de la existencia. Sobreviviendo apenas, sin la promesa de algo mejor, sin la ilusión de que las cosas mejoraran. Sí, él me convenció de ser una basura, de no ser y no merecer nada. Me convertí en una autómata, cada día me levantaba para ir a la escuela sólo porque sabía que tenía que hacerlo, pero no tenía nada más que me interesara hacer.

Nunca había tenido la oportunidad de elegir nada, la vida decidió por mí. Y yo me sentí como una maleza que sólo estorba en un bello jardín. Como una semilla podrida de la que jamás brotará nada bueno. Como ese árbol estéril que jamás dará un fruto.

Por mucho tiempo, sus hirientes palabras se reprodujeron como un incesante eco desde lo más profundo de mi corazón. Derrame miles de lágrimas tratando de convencerme a mí misma que yo no era lo que él decía. Y entre  más trataba de convencerme  a mí misma, más  se enterraba la duda en mi corazón. Caminé dando tumbos, entre la certeza rotunda de no ser nadie para mi padre y de ser una basura para mi hermano mayor. Años de dolor, repitiéndome a mí misma sus crueles palabras. Deseando morirme cada día apenas llegaba la mañana. No tuve el consuelo de nadie. Ni siquiera el de mi creador, pues ante todas las dolorosas situaciones que atravesaba me convencí de que no existía. Desee tanto la muerte, desee terminar mi miserable existencia, callar esa voz torturante de mi hermano.

Y, ¿quién quiere vivir en ese túnel oscuro?¿ Quién desea el desamor, el vacío, la desesperanza? Sólo se sobrevive un día y otro. Y  ahí estaba él, en esos momentos, presto a torturarme. Después de hacerme sentir una basura, me humillaba por mi falta de deseo de vivir. Me exigía que comiera, diciendo que si no lo hacía iba a morir. Si morir era lo que más quería, dejar de escuchar sus palabras hirientes. Terminar para siempre con el dolor. Desde luego nunca tenía apetito, probaba apenas dos o tres bocados, antes de que el llanto se desbordara de mis ojos. Sólo entonces mi madre intervenía diciéndole que me dejara en paz.  Siempre estuve a merced de sus hirientes palabras, temblando como una tierna hoja en medio de un feroz viento. Mis lágrimas jamás le conmovieron, muy al contrario, gozaba con mi sufrimiento.

La muerte, se convirtió en mi amiga, la única que tuvo piedad de mí, que me liberó de mi torturador, de mi verdugo. Dentro de mí, siempre supe que podía refugiarme en sus brazos para no escuchar más ninguna palabra hiriente, para no sentir más ningún dolor, para no albergar nunca más ningún miedo en mi corazón. Y ella llegó silenciosa, pero no me llevó a mí, se lo  llevó a él. Dejándome agonizante, malherida, cubierta en llanto.

Esos días se fueron. Por fin, cayó la última palada de tierra sobre su ataúd. No volveré a escuchar de su boca palabras hirientes, su voz fue silenciada por la muerte. Dentro de una tumba se ha podrido desde hace más de veinte años. He ido a pararme sobre su tumba, depositando en ella no flores, sino sus palabras crueles que he tenido que arrancar desde lo más hondo de mí. Las vuelvo a quien le pertenecen. Me libero del poder que ejercieron sobre mí. Nunca más sobre mí, soy libre.

Libre del dolor que me causó. Libre de su miseria y desamor. Su muerte es un gran regalo que me la vida me ha dado. Condeno sus palabras al olvido, a la nada. Su oscuridad no logró apagar la luz de mi corazón.

miércoles, 31 de enero de 2018

VICKY



VICKY


Es una mujer muy trabajadora, tiene muchos años dedicándose a la terapia múltiple en rehabilitación física, proviene de una familia numerosa, nueve hermanos. Su madre siempre fue una mujer sumisa, sometida, dedicada exclusivamente al cuidado del esposo y los hijos. Desde que era muy joven, Vicky soñaba con ser médico, pero sus padres no podían costearle la carrera, así que cuando llegó terminó la preparatoria, tuvo que elegir algo al alcance de la economía de la familia.  Cuando fue a la universidad del estado a pedir informes, le  hablaron sobre una carrera que iba a iniciarse ese año, aunque nadie supo explicarle con exactitud de qué se trataba, le dijeron que era algo intermedio entre enfermería y medicina, eso fue suficiente para llamar su atención y elegir esa opción.



Ella es una mujer fuerte, de constitución robusta, alegre, disciplinada y muy paciente. Desde que comenzó a realizar sus prácticas profesionales y su servicio social en el ISSTE (instituto de Seguridad Social de los Trabajadores del Estado), se sintió muy feliz de haber elegido esa carrera, tenía un gran deseo de ayudar a sus pacientes y empatizaba fácilmente con ellos,  por lo que se esmeraba en su trabajo.

A los 23 años terminó su carrera y consiguió empleo en el mismo lugar que hizo sus prácticas. También, realizaba trabajos a domicilio con algunos pacientes, entre ellos, atendía a un niño de 10 años que por un accidente sufrió un traumatismo craneoencefálico y perdió movilidad en sus extremidades. El padre del niño era político e instaló en su casa una clínica para que su hijo fuera atendido por todos los profesionales que fueran necesarios. Así que un día del mes de agosto, en que trabajaba con el niño, un médico la observaba, al finalizar la terapia se acercó y le dijo que tenían que hablar sobre el paciente, a lo cual ella accedió sin ningún problema

El médico que venía de otro estado y se hospedaba en un hotel se llamaba Ernesto, el padre del paciente puso a su disposición un coche y un chofer. Ernesto le dijo a Vicky que pasaría a las ocho de la noche a su casa, para platicar en un restaurante, ella estuvo de acuerdo. Desde el primer instante Vicky se sintió  muy extraña con el doctor, al llegar al restaurante, él ordenó varios platillos y comenzó a hablar de lo que él hacía, pero en ningún momento comentó nada sobre el niño. Ernesto, también ordenó dos tequilas, lo cual sorprendió sorprendio a Vicky, pues en ese tiempo, esa bebida no era popular en esa ciudad. Después de más de una hora de charla y de ver que no hablaba del paciente, se sintió preocupada porque él había bebido alcohol, entonces le dijo que la llevara a su casa. El aceptó, pero al despedirse le dijo: “Ya no te voy a dejar ir porque te he estado buscando por todo el mundo y ya te encontré”. Al escuchar esto, pensó: “Este viejo está loco y borracho”. Él le dijo: “Se ve tu luz impresionante, paso mañana por ti para ir a comer”

Al día siguiente, un viernes, Vicky se fue a la casa de una señora mayor a la que cuidaba desde que ella tenía 10 años, dijo a su familia que si alguien la buscaba no dijeran a dónde fue ni cuándo regresaba. Cuando volvió, le dijeron que todo el fin de semana el doctor estuvo llamando por teléfono para preguntar por ella. Después de eso, Vicky no volvió a ver a Ernesto y continúo trabajando olvidándose del asunto.

El primero de diciembre de ese año, Vicky fue voceada en su trabajo para que atendiera una llamada telefónica, era Ernesto, quien la saludó y le dijo que en su ciudad se iba a dar un curso de terapia. Le preguntó: “¿no quieres venir?” Ella respondió  que salía de vacaciones justo al día siguiente, entonces él se ofreció: “Si quieres te inscribo”. Vicky aceptó, y al otro día consiguió su boleto de avión para ir al curso. Viajó el domingo y el doctor la esperó en el aeropuerto, la llevó al hotel y le dijo que la mañana siguiente pasaría  por ella a las ocho de la mañana.

El lunes ella estuvo muy arreglada para ir al curso, Ernesto llegó por ella y la llevó al centro de rehabilitación de la ciudad, el cual se consideraba el mejor y más avanzado del país, la presentó con la directora quien era  una amiga suya, y le dijo que Vicky estaba interesada en conocer cómo se realizaban las terapias de rehabilitación, en ese lugar. En ese momento Vicky se dio cuenta que Ernesto le había mentido, pues no había ningún curso. La directora la recibió amablemente, le mostró las instalaciones y le ofreció que podía ir cada día y ver las terapias que ahí realizaban. Ernesto la dejó ahí, y le dijo que la recogería a las dos de la tarde. Ella se quedó y conoció la forma de trabajo, que no le impresionó, pues no era tan bueno como ella se había imaginado.

A las dos de la tarde el médico la recogió del centro de rehabilitación, ella le dijo que eso no era ningún curso. Ernesto le dijo que se quedara y aprendiera lo que pudiera de ahí, y la invitó a que por la tarde lo acompañara a su consultorio y le ayudara a atender a sus pacientes. Vicky fue con él, les dio a los pacientes un pequeño masaje y platicó con ellos, al otro día, pidieron que estuviera ella cuando entraran a la consulta. Vicky se quedó una semana en la ciudad, cuando se iba a regresar a su ciudad, ya en el aeropuerto, Ernesto le dijo que se quería casar con ella.

En el mes de febrero volvieron a verse en un congreso y volvió a reiterarle su deseo de casarse con ella, aunque Vicky no tenía ningún interés ni sentía atracción por un hombre al que sólo había visto unas cuantas veces y que además era doce años mayor que ella. Pronto se vio involucrada, para sorpresa de todos sus amigos y familiares, en una relación que ni ella misma tenía prevista, con este hombre al que nunca fue capaz de oponerse, pues ella misma reconoce que en su familia todas las mujeres son sumisas,  miedosas y les es muy difícil tomar decisiones. Tuvo un padre muy autoritario, dominante y controlador, por lo que le era imposible defender su postura ante cualquier hombre.

Su familia alarmada ante la posibilidad de que estuviera tomando una decisión precipitada sobre un asunto tan importante, trató de hacerla reflexionar, sin que consiguieran hacerla cambiar de opinión. Ella misma no sabía por qué se dejaba llevar, pues dentro de sí, una parte estaba inconforme y quería decir su desacuerdo, pero parece que algo muy poderoso le impedía hacerlo. El mismo día de su boda, vestida con su traje de novia se miraba al espejo y se decía  así misma, que no quería casarse con un hombre a que no conocía, pero fue incapaz de decírselo  a él.   

Poco después Vicky se daría cuenta de que se había casado con una persona un tanto singular, su esposo estaba muy relacionado con personas que hablaban sobre temas esotéricos, hacían sanaciones energéticas, incluso, él mismo veía el aura de las personas y sanaba con reiki. Convivían con personas de diferentes países, que decían reconocer lugares sagrados donde se encontraban puertas a otras dimensiones, que se dedicaban de lleno a ese tipo de investigaciones y que incluso escribían libros sobre el tema.

Vicky no tenía queja de su esposo, pues él siempre fue un hombre, trabajador y cuidadoso que la apoyaba para que estuviera siempre actualizada en relación a la carrera que había escogido y parecía que realmente estaba enamorado de ella. Formaron una familia con dos hijos y la vida siguió su curso normal por 16  años. Una vida tranquila, sin sobresaltos, se habían adaptado muy bien.  Alguna vez, Ernesto le dijo que, desde que la vio supo que ella era la mujer con la que quería pasar el resto de su vida y que lo que le había atraído era el modo tan cuidadoso y paciente con que la miró atender al niño.

Un día sin embargo, él comenzó a estar enfermo, al realizarle estudios descubrieron que tenía cáncer, comenzaron con el tratamiento, pero la enfermedad estaba muy avanzada, así que en muy poco tiempo, él murió y ella quedó sola a cargo de sus dos hijos. En la misma semana en que murió su esposo Vicky volvió a su trabajo. Durante los años anteriores había trabajado sólo en las horas que sus hijos iban a la escuela, pues su esposo decidió que así fuera, por lo que en días festivos, cuando había junta en la escuela de sus hijos o alguno de ellos estaba enfermo, ella los atendía.

Desde que Ernesto murió Vicky se dedicó por completo al trabajo y a sus hijos. Siempre una mujer muy disciplinada y con dedicación y esfuerzo, fue sacando adelante a sus hijos. Establecida en un consultorio propio, trabaja todos los días e incluso, a veces, los domingos. Su trato profesional, amable, alegre, discreto y muy humano, pronto le ganó bastantes pacientes, de tal modo, que siempre tiene ocupada la agenda. Sus hijos crecieron y empezaron su educación profesional. Los dos son hijos muy disciplinados, ordenados y aplicados a su estudio. Ambos son conscientes del esfuerzo con el que su madre les proporciona cuanto requieren y sienten un gran respeto y admiración por ella.

Desde que se quedó sola, Vicky nunca pensó en la posibilidad de volver a casarse. En su familia todos han tenido sólo una pareja, misma con la que se han casado. Incluso, cuando ella era joven y asistía a las bodas de sus amigas, estaba segura que no se casaría nunca y probablemente, así hubiera sido, si no se cruza en su vida Ernesto.

A sus cincuenta años, sin embargo, era consciente de una cosa: no tenía seguridad social, ni tendría pensión a la edad de jubilarse. Su esposo siempre trabajó por su propia cuenta y tampoco le dejó ninguna pensión.  Y si bien aún era una mujer muy fuerte y saludable, era un asunto que le preocupaba. La reciente y súbita enfermedad de una amiga, le había hecho notar que si a ella le pasara  lo mismo, no tendría atención médica asegurada, ni tampoco el dinero propio para pagar los gastos de ningún tratamiento.

El hecho de que en su familia de origen, todos hubieran tenido únicamente una pareja con la que habían contraído matrimonio, tal como ella lo hizo, quizás era la razón de que no hiciera ningún intento de encontrar una nueva pareja, a pesar de que era joven. Vicky decidió trabajar sobre ese aspecto de su vida en terapia  y ser capaz de superar ese patrón que se había repetido de generación en generación. Quería librarse de él por ella misma y porque sus hijos estaban ya en edad de tener también una pareja y no deseaba que ellos inconscientemente estuvieran presos del mismo patrón familiar. Después de abordar el tema en una constelación familiar en noviembre de 2016, decretó para misma, que encontraría un esposo que pudiera compartirle su pensión. Y ahí empezó la magia.

Dentro su trabajo, Vicky conversaba con todos su pacientes, algunos de ellos los atendía de varios años, y algunos también eran familiares entre sí. Un día, el señor Mauricio, al que conocía desde hace ocho años, le platicó que buscaba a una persona para casarse y heredarle su pensión, pues él estaba ya jubilado y consideraba que su pensión era muy buena, por lo que le parecía que sería un desperdicio que nadie pudiera beneficiarse de ella, cuando él ya no estuviera. Mauricio había estado casado,  su exesposa tenía la pensión de su actual marido. Además su actual pareja, con la que ya tenía algunos años de convivencia, no quería casarse con él debido a que ella disfrutaba de su pensión de viuda que era el doble de la pensión de Mauricio, por lo que vivían en una relación libre muy discreta.  Al escuchar esto, Diana,  la asistente de Vicky le dijo al señor Mauricio, en forma de broma, que se casara con Vicky para que le dejara la pensión. 

La familia del señor Mauricio estaba al tanto de la intención de heredar su pensión a alguien, y todos, le habían sugerido algunas personas para que contrajera matrimonio, pero, por distintas circunstancias  a él no le habían parecido adecuadas ninguna de las personas. El señor Mauricio tuvo una cirugía y un por unos meses no visitó el consultorio de Vicky, cuando volvió, Diana le dijo: “¡qué sorpresa señor Mauricio, creímos que ya se había muerto y que Vicky se había quedado sin la pensión!”.

A partir de entonces, siempre que el señor Mauricio iba a su terapia, bromeaban sobre el tema. Pronto, sus familiares también consideraban que Vicky era la persona ideal para casarse con él y  beneficiarse de la pensión. Una hija del señor Mauricio también era paciente de Vicky, así que en broma, comenzó a llamarla mamá, ella, desde luego continúo con el juego. Cada vez que la hija del señor Mauricio requería de alguna terapia al llamaba por teléfono decía: “Hola mamita, fíjate que tengo tal dolor en tal parte”. A lo que Vicky contestaba: “Pues no está bien que teniendo una mamá terapista, tengas ese dolor, vente acá para que te atienda”. El saludo y la conversación en la terapia eran en el mismo tono, aludiendo siempre al matrimonio entre Vicky y el señor Mauricio.

Así se siguieron los meses, en los que Vicky había decretado y visualizado cada día: “Va a llegar un señor mayor que se va a casar conmigo para dejarme su pensión”. Fue un día de enero de 2017  que el señor Mauricio le dijo: “¿Cuándo nos casamos? Ella respondió: “Cuando usted quiera”. Entonces él dijo que se casarían el mismo fin de semana. Así que al día siguiente acudió a la oficina de registro civil para averiguar los requisitos para su nuevo matrimonio. Entre los documentos requeridos se encontraba el acta de divorcio, lo cual era un problema, pues cuando el señor Mauricio se divorció, estaba tan enojado, que nunca se presentó a recoger su acta. Ahora tendría que hacer los trámites correspondientes para obtener ese documento.

Mientras tanto, en el consultorio Vicky, recibió la llamada de su nueva hija, pidiéndole una cita para su madre, quien había estado casada con el señor Mauricio. El día de la cita, la exesposa del señor Mauricio  se presentó a la consulta, y de la manera más cordial saludó a Vicky, agradeciendo el excelente trato que había dado a su hija y  dijo, que  le parecía la mujer perfecta para casarse con el señor Mauricio y heredar su pensión. Ya su hija, le había platicado un poco sobre la situación de Vicky, que era viuda y había trabajado mucho para sacar adelante a sus hijos.

Vicky no sabía cómo darles la noticia a sus hijos, pues no sabía cómo habrían de tomarlo. Su hija se sorprendió, pero estuvo de acuerdo en que era  algo bueno para su madre. Un día, Vicky se sentó con su hijo y le habló: ”Hay una persona que quiere hacerme un regalo, pero para poder recibir ese regalo, tengo que casarme”. Su hijo muy sorprendido le dijo: ”¿Te va a regalar un carro?” Ella le respondió, “no es algo mucho mejor”,  y le explicó, que su matrimonio era sólo para recibir la pensión cuando el señor Mauricio ya no estuviera, pero que en realidad su vida sería la misma, ella seguiría en su trabajo y en la casa con ellos, y el señor Mauricio con su pareja, con quien tenía una relación firme y estable. El hijo entendió que su madre tenía razón, pues en realidad le estaban haciendo un regalo, ella tendría una pensión y seguridad médica ante cualquier emergencia.
    
Un día, la exesposa del señor Mauricio llevó a consulta a su hija y  le preguntó a Vicky cómo iban los preparativos, ella le dijo que tenía que arreglar primero lo del acta de divorcio, pues el señor Mauricio no la había recogido cuando era el momento. Entonces la ex esposa, dijo que no había problema porque ella tenía su acta y se la haría llegar lo más pronto posible al señor Mauricio, para que pudiera casarse.

Cuando el señor Mauricio se volvió a presentar, Vicky le dijo que ya sus amigas le habían hecho la despedida de soltera, pero que él ya la había dejado como novia de rancho; vestida y alborotada. Por su parte el señor Mauricio, ya con el acta de divorcio en sus manos, continúo con los trámites para la boda, dejando en claro que el matrimonio era por bienes separados

Esa misma semana el señor Mauricio y Vicky se estaban casando. Ella por su parte, llevaba puestos unos aretes que la exesposa del señor Mauricio le había regalado para la ocasión. Diana y la hija de Vicky fueron los testigos de ella en la boda y al señor Mauricio, lo acompañaron dos de sus amigos.  

Así de una manera tan rápida y para júbilo de todos, el señor Mauricio y Vicky se casarón. Ninguna amiga de ella fue invitada, pues todo ocurrió tan rápido, que nadie se enteró sino hasta varios días después.  Después de la boda todo siguió como antes, con excepción de que el señor Mauricio, comenzó el proceso de registro de Vicky como su esposa, para asegurarle el derecho a atención médica y la pensión. Actualmente Vicky tiene su carnet en orden, para cualquier emergencia, aunque por fortuna, no lo ha necesitado.


Esta es una historia real, una historia de magia, en donde un hombre tuvo el deseo de compartir con una persona trabajadora y honesta, una pensión  que es el fruto de su trabajo. Un hombre que pensó en beneficiar a una mujer que mereciera ese regalo. La historia de una mujer que tuvo la confianza y la fe suficiente para crear y manifestar en la realidad lo que otros podrían considerar sólo un sueño o una ilusión. Quizás todos los seres humanos podemos crear una realidad mejor la que tenemos, realizando acciones, para ayudarnos los unos a los otros.