¿Cuándo se busca el sentido de la vida? ¿En dónde hay que buscarlo?
Preguntas que alguna vez nos planteamos ante la pérdida de un ser querido. Ayer,
mientras la tierra comenzaba a cubrir tu ataúd, me preguntaba, qué pensabas
mientras elegías esa profesión con tantos riesgos. Querías acabar con ladrones
y delincuentes, con asesinos y narcotraficantes o simplemente querías sacar
toda esa rabia que acumulaste contra tu padre, contra la vida. No pude
encontrar la respuesta a pesar de darle tantas vueltas, pero esa reflexión me
permitió comprender que, esa había sido una decisión muy personal y que tú
tenías todo el derecho de hacerla, como todas las personas que deciden vivir su
vida al máximo.
Un hijo rechazado, humillado, abandonado, que se cansó desentirse vulnerable, lastimado y herido.
Tomaste la decisión de ser fuerte, valiente, arriesgado, de entregar tu vida al
combate de la maldad y la codicia, del abuso y del crimen. Tenías muy claros
los riesgos a los que te exponías, pero no te importó, sabías que con tu muerte
dejabas asegurada económicamente a tu familia. Lo sabías muy bien, varías veces
lo dijiste, que habías ido a comprar tu muerte o hubiera sido mejor decir, a
vender tu vida. Tu vida, lo más valioso que tenías, la única mercancía que
podías cambiar. Tu vida a cambio de la seguridad económica de tu familia.
Tu madre se sentía profundamente orgullosa de cuanto habías logrado en el
ámbito profesional, y se sentía tan orgullosa de tu presencia imponente, se
sentía tan orgullosa de lo guapo que te veías dentro de tu uniforme militar.
Era un orgullo y una satisfacción que no le cabían en el alma, se le
desbordaban las palabras de orgullo cuando hablaba de ti: que habías ascendido
rápidamente hasta el rango más alto, que tu puntería con las armas era
inigualable, que eras quien capacitaba a los muchos batallones que combaten en
este país, que viajabas de ciudad en ciudad dando cursos. Que eras de las
fuerzas especiales. Que eras, lo mejor de lo mejor.
Tu vida intensa, breve, sólo tenías veintidos años, fue la vida de una
persona que decide por sí misma, que no espera a que las circunstancias la
arrastren. Eras muy joven cuando te enrolaste en el ejército, fue la única
solución que tu madre encontró para evitar que cayeras en el vicio de las
drogas. Y tú, encontraste allí un lugar para crecer, un lugar para ser tú, sólo
tú.
Pero el riesgo cobró su precio y tu muerte fue sorpresiva, impactante, dolorosa.
Sí, se sabía que podía ocurrir en cualquier momento, pero nadie esperaba que
así fuera. La noticia causó conmoción en el pueblo entero, no sólo en tu
familia. Este pueblo se duele de la pérdida de uno de sus hijos que mueren por
su tierra, por su gente, por su patria. Todos lo supieron, que luchabas por
mejorar esta patria, que hoy se cae a pedazos en manos del narcotráfico y la
corrupción.
Tus funerales fueron los correspondientes a un héroe, a un hijo de la
patria. Cuando entraste al pueblo, las campanas tañeron por todo lo alto. Mucha
gente te estaba esperando. Llegaste custodiado por dos batallones. Y tu casa
estuvo custodiada todo el tiempo que duró el funeral. A cada lado de tu féretro
se apostó un soldado que cada dos horas era relevado de su guardia. La bandera
nacional cubría tu ataúd y así fue hasta el momento del entierro, entonces, la
bandera fue puesta en manos de tu madre, que por supuesto, no le sirvió de
consuelo.
Este pueblo entierra a un héroe anónimo, cuyo nombre no figurará jamás en
la historia. Como muchos de los héroes que en nuestro país tienen que trabajar de forma anónima. Un joven que no buscaba el reconocimiento, ni los honores, un
joven que luchó por hacer de este un país mejor. Este pueblo te lo reconoce,
este pueblo se enorgullece de ti. Del ejemplo que has dado a los hombres, a las
mujeres, a los jóvenes, a los niños. Es
verdad, tu muerte es una gran pérdida, pero es también una gran esperanza, el
ver que sí hay gente honesta, sí hay gente que lucha y trabaja por construir una
gran nación.
Este pueblo, esta gente, este país, deberá seguir su lucha por crear un
mejor lugar para vivir, libre de violencia, libre de hambre, libre de miseria,
libre de funcionarios y presidentes corruptos.
Hoy este pueblo, esta nación, requiere de gente como tú, gente valerosa,
gente que luche, gente que no se rinda.
Gracias por tu ejemplo, gracias por tu valor, gracias por no estar del lado
de los que oprimen y destruyen este país.
“porque donde dos o tres se hallan
congregados en mi nombre, allí me hallo
yo en medio de ellos”
Son las
seis con quince minutos, es viernes por la tarde en San Ignacio, el día y hora
de la misa semanal.
En la
iglesia algunas personas esperan pacientemente la llegada del sacerdote de la
parroquia para escuchar a través de él, la palabra de Dios.
El cura
llega quince minutos retrasado, no es la primera vez que así sucede, en otras
ocasiones, ha llegado tarde hasta una hora. Pero un sacerdote no puede pedir
disculpas ¿por qué?, si él viene en nombre de dios. Apresurado se pone sus
sagrados hábitos.
Entra a
la iglesia, de inmediato ve la poca audiencia, se molesta, reclama a las dos
personas presentes por la ausencia de los demás. El servidor de dios, el
soldado de cristo, que hizo un voto de humildad, decide cancelar el oficio.
Para
Dios es suficiente que dos personas se reúnan en su nombre para estar presente,
pero un sacerdote requiere de la iglesia llena, para transmitir la palabra de
su dios.
Fosas
comunes, es el título del relato del escritor colombiano Roberto Burgos Cantor.
Es aquí, en donde sin duda miles de personas de este país y de otros, pueden
ver reflejada la tragedia de perder a un ser querido, y vivir la búsqueda desesperada
que en la mayoría de los casos, no tiene fin.
La tragedia
de la muerte, de las desapariciones no es privativo de una ciudad, de un país.
Es la tragedia de la guerra, es el modo de mantener el control, de someter a la
población, de permanecer en el poder el gobierno.
Las fosas
comunes brotan como un cáncer para esconder la inmundicia, para aniquilar la
disidencia y la rebeldía, para encubrir culpables, para seguir pretendiendo que
no pasa nada.
En este libro,
el autor recoge con maestría sin igual, el calvario por el que pasan familiares
de muertos y desaparecidos en su búsqueda incansable, la impotencia y
desesperación de no ser respaldados en su búsqueda por un sistema de justicia,
el dolor constante de vivir la ausencia de un ser querido, la imposibilidad de
encontrar paz.
El autor
nos pone tan cerca, en el centro mismo de la tragedia que viven hoy miles de
personas en este país. La misma tragedia que hay vivido en otros países como
Colombia, Argentina y muchos más en igual o mayor proporción.
Un libro que
muestra lo que otros quieren callar, lo que es mejor no decir. Un libro que
habla por los que son obligados a guardar silencio.
He aquí,
algunos fragmentos:
Fosas comunes
Decir,
decir y decir. Decir lo que el gobierno no quiere que se . diga. Decir lo que
ningún padre quisiera decir. Decir lo que más duele decir, que se ha perdido a
un hijo, una hija, que se sabe sólo el día que se fue, nada más, nada que
indique si ha de volver.
“Es horrible.
¿Para que decirlo otra vez? Decir y decir las palabras.
Rajarse la boca de tanto decir: es horrible, y decirlo y decirlo sin cansancio,
con dolor. Decirlo. Aquí no les gusta que uno diga. Que uno vuelva a decir. Que
uno se raje la boca de decir y decir. No. Aquí es esta tierra de desgracias.
Este pueblo de ausencias. Este país donde prefieren que uno se calle hasta que
reviente de palabras atoradas. De dolores podridos. De llagas en las que supura
el dolor o la rabia. De nunca decir.
Yo digo: es horrible.
Y no se me cura el llanto. No se me alivia el dolor. Este
suplicio de ausencia por quien no está. Por quien no volvió. Por quien se
convirtió en abandono. Por quien no me contesta.
Es horrible.” Pag.
27.
Un día,
todo es como siempre, las noticias hablan de tragedias, tragedias en el
mundo,en el país. Sí, tragedias, que a pesar de saber que son horribles, parecen
ser tan distantes, tan lejanas. Ocurren en algun sitio, que no es aquí, en un
lugar que no me alcanza. Este tipo ideas pasan por la mente de muchas personas,
hasta que un día la tragedia llega a casa, en forma de ausencia, de alguién muy
cercano, de quien se sabe que salió; pero no ha vuelto. Y desde entonces, las
horas corren lentas, acompañadas de angustia, desde entonces el sueño no vuelve
a los ojos y las lágrimas brotan interminables de los ojos que no pueden
cerrarse.
“Quedo constreñida a un día sin noches que aún no se
apaga. O una noche sin amanecer que me extravía en sus oscuridades. Pero mi
aflicción es de vigilia en una claridad que no me regala el sociego de un
momento de sombra. Estoy condenada a un día que aún no termina. No sé si este
día, desierto de ausencia, es consecuencia del amor o del deseo de justicia.”
Pág. 28
Es el
suplicio de los padres que buscan y buscan sin encontrar. Madres que son
capaces de cruzar a pie un país, reclamando justicia. Una fortaleza que surge
de esa herida abierta, les da la fuerza para cada paso que han de dar, para
tocar todas las puertas que haya que tocar,para hacer mil preguntas y recorrer
el camino una y otra vez, buscando pistas, indicios, algo que mantenga su
esperanza, su lucha.
“No puedo admitir
que me lo arrebaten, le roben la vida y me lo entierren por ahí. El por ahí que
estoy busca que rebusca con la brújula loca de un informante que me aseguró
dónde lo sepultaron. ¿Sepultar? Esconder un crimen no puede ser sepultar. No
hay sepulcro. El sepulcro tiene algo de sagrado: una cruz, unas piedrecitas, un
árbol, una fotografía, un epitafio, y la biografía esencial de cuándo llegó y
cuándo se murió. “ pág. 30.
Esas
muertes de sus hijos, muertes que no se han esclarecido, muertes que a los
grupos de poder les conviene mantener en silencio, y tratan por todos los
medios de dar carpetazo al asunto. Manipulan los hechos, infiltran a sus grupos
en las protestas, crean disturbios, realizan saqueos, para culpar a los padres
que exigen justicia. Se les hace pasar por vándalos.
Y ellos
sólo quieren encontrar a sus hijos, abrazar sus cuerpos o lo que queda de
ellos. Claman por justicia, pero esta simplemente no llega, tal vez, tendrán
que conformarse con la justicia divina, porque la del hombre, no existe para
los pobres..
“nadie puede aceptar que sus muertos queden perdidos.
Aceptarlo es ceder a la desvergüenza de los matones, a su desprecio por la vida
ajena, convertirse uno en auxiliar de la infamia que encarnan” pág. 31
Y los
medios de comunicación sugieren una vez,
y otra, que hay que dar vuelta al asunto, que hay que continuar la vida. Pero
un padre al que le han arrancado un hijo no puede continuar su vida como si no
hubiera pasado nada, como si su hijo nunca hubiera existido. En la casa y en la
vida de la familia hay rastros imborrables de su estancia en este mundo, de los
sueños que tenían, de las metas que esperaban alcanzar, de lo que les fue
arrebatado en un segundo. Y los familiares no pueden ser ajenos a su propia
tragedia. No pueden ser complicés del silencio que encubre, de la idiferencia
que les arrebata lo que son y lo que han sido.
“lo que más deseo
es enterrarlo….( )Lo quiero enterrar
porque tengo el derecho a despedirlo, a llorar delante de lo que quede de su
cuerpo, atravesar el silencio
indiferente de la muerte con palabras que salen de mi sufrimiento, del vacío,
de la soledad reciente, impuesta por su muerte,..” pág. 37
Encontrar
el cuerpo y enterrarlo, y enterrar también el dolor de la ausencia que no se
llenará jamás con nada. Que el cuerpo descanse al fin en el sitio que le
corresponde. Que descanse en paz, el alma de los que ahora sufren la tortura de
esa ausencia. Cerrar por fin la herida, saber que todo terminó aunque no haya
explicaciones para lo que sucedió. Por lo menos saber que ellos no sufren más.
...”ahora no echan los cadáveres al río. Parece que hoy
los matones leyeran teorías penales. El cuerpo del delito y esos conceptos. Si
no hay cadáver, no hay muerto. Si no hay muerto, no hay víctima. Si no hay
víctima no hay victimario. Si no hay victimario, no hay delito. Qué locura. Y
los vivos dedicados a armar esqueletos, atribulados, impotentes. ¿Cómo parar
esto? … “ pág 38
Buscar y
buscar y buscar, sin hallar. Pues en este país los que estan mas organizados
son los criminales. Saben dónde esconder, donde deaparecer, cómo callar.
Desaparecen
los cuerpos, como si con ello desapareciera el delito. En los noticieros no se
dicen los crimenes, las desapariciones, pero la verdad no puede ocultarse, el
mundo lo sabe. Las verdades se gritan en las calles, se leen en pancartas, se
escuchan de los testimonios directos de los familiares de las víctimas. Más de
veintiocho mil desparecidos en este país.
…” no dejaré de buscarlo. La misma determinación tienen
las otras mujeres que van conmigo. Es raro cómo un acto de esos cambia tanto la
vida. Es lo que los matones nunca piensa: el significado infinito de matar a un
semejante. No son capaces de vislumbrar que más allá de la muerte está la vida
que espera y sigue y sigue y no se va a dejar destruir. La prueba irrefutable
de la torpeza, de la indolencia imbécil de los matones, de su insignificancia,
está en su ceguera para lo sencillo y obvio, para lo imposible de su motivo”…
pág. 40
Una vida
cuyo valor de cambio, son unos cuantos pesos. Es lo que importa el momento de
ejecutar una orden, las ganancias. Dinero que se esfumara de las manos tan
pronto como llegue. Por unos cuantos pesos. “la vida no vale nada” dice una
canción popular.
… “yo no tengo esperanza de hallarlo, me habita la
certeza de que lo voy a desenterrar para darle sepultura. Han desenterrado como
dos mil y de algunos nadie vio cuándo se los llevaron o cuando los mataron o
cuando los ocultaron. El fiscal asevera que es díficil porque los verdugos,
cuando alguien los delata, desentierran a sus víctimas y las cambian de fosa.
¿Qué hacer con una tierra de cadáveres? ¿Qué? ¿Qué? “ pag. 44
Miles de
muertos también en las calles, entre tiroteos. La muerte se convirtió en una
visitante puntual y frecuente, en todos los sitios. Los niños son educados para
tirarse sobre el piso cuando inicie un tiroteo, como en zona de guerra. Esta
guerra no declarada que comenzó sin aviso, cuyas batallas ocurren en las calles
llenas de gente, a pleno día o a cualquier hora, no importa.
…”este mundo no es más que un desgraciado camposanto
cementerio lugar de reposo de los huesos tierra baldía letrina de crímenes
sanitario de venenos inodoro de mierdas de vergüenza y que ya no caben más
crímenes más muertos que son más y más que los vivos que el equilibrio se
perdió…” Pág 45.
¿Hasta
dónde llegará la masacre, el exterminio, las desapariciones?, sólo para tratar de ocultar lo que es
evidente: la corrupción, el abuso de poder y la codicia de la clase política
que no se llena con nada.
¿Tendrán
que convertirse las fosas comunes en agujeros negros? ¿Para tragarse a todos
los muertos y a todos los vivos sin dejar rastro? ¿Hasta cuándo y hasta dónde?
* Este relato se incluye en el libro El Secreto de Alicia.
Se fue un día,
sin decir nada, de la misma forma que llegó. No me dí cuenta, pero un día, simplemente
ya no estaba.
La busqué en el
atardecer, en mi libro favorito, en mi canción preferida, en ese vestido azul que
desee por mucho tiempo, en el delicioso helado de zarzamora con queso que disfrutaba
comer mientras me sentaba en el zócalo, en las cerezas rojas que pocas veces
podía comprar por tan caras que eran, en el pay de fresa con queso de esa
famosa panadería, en el aroma de los nardos y jazmines que compraba los fines
de semana, en el jugo de toronjas que bebía en los días calurosos de primavera,
en la exquisita lagosta que comía en la playa, en la cima de la montaña que
subía por las mañanas, en el hermoso lago donde se daban cita los patos y las
garzas.
Pero se fue
silenciosamente, sin dejar huella, sin avisar, sin extrañarme.
Y la he buscado
sin prisa, tranquilamente, segura de que en algún lado o en alguna cosa la iba
a hallar, pero se ha escondido bastante bien, quizás acecha trepada en un árbol
o en las aguas tibias del mar…pero en cada lugar en que pensé la hallaría, no
he encontrado nada, sólo un vacío, un vacío muy grande que sabe a hastío.
Y desde aquél
día, ha pasado mucho tiempo, un tiempo que es como si no hubiera pasado, porque sabe a nada, está
vacío de emociones, de sueños.
A veces, todavía
recuerdo aquéllos días en que los sueños parecían posibles con un poco de
esfuerzo, pero llevo mucho tiempo esforzándome, esforzándome mucho y es como si
una corriente contraria me arrastrara para no dejarme avanzar a pesar de todo
mi empeño. Ha sido agotador esforzarse demasiado para no tener nada.
En realidad
siempre fue así, nunca tuve nada. Si siquiera me he tenido a mi misma. Toda mi
atención estuvo siempre concentrada en cuidar mi salud, no podía ser de otra
manera, era estrictamente necesario e indispensable. Había que cuidar tantos
detalles, estar pendiente de realizar ciertas rutinas, ciertos ejercicios, tener
descansos suficientes para no agotar mi cuerpo, preparar comidas adecuadas,
mantener el equilibrio en todo momento, una pequeña omisión, un descuido, era
suficiente para echarlo todo a perder.
Y me cansé, me
cansé de cuidar todo, se seguir todos y cada uno de los pasos, de estar atada a
todas esas rutinas, para conservar mi vida, para mantener mi salud. Y ¿para
qué? Si he perseguido los sueños sin alcanzarlos. Si mi estancia en este mundo
es irrelevante. A nadie le importa ahora y a nadie le importó nunca.
Lo supe desde
muy pequeña, nunca fui la preferida de nadie, sin importar cuánto me esforzara
no logré tener el afecto de nadie, vamos ni siquiera tener la atención. Y la
verdad es que entonces no me importó, como no me importa ahora. La vida me
dolía demasiado como para preocuparme por eso.
Mi atención y mi
esfuerzo estuvo centrado siempre en sobrevivir. Se convirtió en un reto. Cuanto
más difícil parecía mi existencia, más disfrutaba de contrariarla. Los médicos
decían que era imposible que yo estuviera viva, que físicamente mi cuerpo no estaba
preparado para sobrevivir, y yo me empeñaba en demostrar lo contrario. Y lo he
logrado tanto, que aún estoy viva, aún respiro, aún corro, como cualquier otro
ser humano.
Pero esta vida ya no me sabe a nada. Cómo si me
hubieran robado las emociones, la alegría y la tristeza principalmente.
Es extraño,
todos temen la muerte, pero yo la deseo, la espero con ansias. Quizás porque sé
que la muerte total no existe, que cuando el cuerpo deja de funcionar, le
sobrevive el alma, el espíritu. Y además porque estoy cansada, muy cansada de
habitar este cuerpo. Un cuerpo enfermo, que duele, que se agota fácilmente. He
vivido demasiado en él. Y no le veo el sentido de continuar en él, no cuando sé
que podría estar en otro, vivir en otro como ya lo he hecho.
Lo recuerdo,
aquél día que tuve aquélla visión, para algunos sería un sueño, un deja vú, o
una alucinación, pero yo lo sé con certeza, algo dentro de mí lo sabe, es un
recuerdo, un recuerdo muy lejano, no de esta vida. Pero fue muy claro, ahí
estaba, de pie, dentro de ese cuerpo grande, muy fuerte y muy alto. Un cuerpo
que es todo lo contrario de este. Podía sentir esa fuerza dentro de mi, sí, y podría decir esa expresión: “fuerte como un
roble”. Nunca me había sentido frágil o débil, pero en aquel momento, al
sentirme dentro de ese cuerpo y de pronto en un instante volver a este cuerpo
que es mío, pude notar esa diferencia abismal. Sí, ahora lo reconozco, ahora
puedo darme cuenta al comparar las dos sensaciones, éste cuerpo mío es frágil,
débil y muy vulnerable.
No, no me
preocupa la muerte, que sólo significa
irme de este cuerpo, salir de él, liberarme. Lo anhelo. Quiero ese día en que
no tenga que sentir este dolor, este cansancio, salir de esta prisión. A veces
lo he hecho, en sueños me fugo de él y entonces puedo estirarme completamente,
mover el cuello hacia todos lados, caminar ligera, sin esa tensión en la
espalda, sin ese dolor en el cuello, en la pierna. ¡Es maravilloso! Y es
increíble. No hay nada que temer, lo único que me espera es la liberación.
Sí, ya sé que
suena a locura, de hecho nadie lo cree, pero yo estoy segura de ello. Esta es
tan sólo una de mis vidas, distinta a otras anteriores que le tenido, de las
que puedo tener breves visiones.
Sin embargo,
cuando abro los ojos, aún estoy aquí, no sé para qué. Mi vida no parece
importarle a nadie y a mi tampoco me interesa ya importarle a alguien.
Aquél día en que
me importaba el amor de alguien quedó atrás, muy atrás. Si algún día quise ser
amada por mi padre, ser acurrucada entre sus brazos, hoy ya no importa. No
importa desde que me dí cuenta que su desamor no era culpa mía y que nada de lo
que hiciera me ayudaría a ganarme su
amor. Él no me quería y no podría haberme querido nunca, por una simple razón,
era incapaz de amar.
Aquél día que lo
supe se acabó el sufrimiento, entendí que no podía darme lo que nunca había
tenido. Él me dio lo que sabía dar y no otra cosa, y tal vez, eso que me dio
era una forma de amor que yo no supe entender. A veces, el amor se esconde
detrás de actos que parecen de indiferencia, de desatención, de frialdad o de
exigencia. En realidad esto no es tan extraño, hay quien relaciona el amor a la
violencia, al maltrato, a los celos o al acoso.
No persigo el
amor, no persigo los sueños, estoy tan cansada de esforzarme tanto para estar
viva y saludable. Ya no quiero perseguir nada. Sólo quiero estar tranquila, en
paz, sin exigirme lo que no puedo dar. Tal vez, estoy cansada porque me he
exigido mucho más de lo que podía dar. Finalmente, este cuerpo tiene límites,
muchos límites.
Tampoco quiero
perseguir la felicidad, esa especie de locura, de euforia que todo el mundo
desea, pero que es tan breve. Creo, es mejor
estar en paz, sin pretender nada. Lo que ha de llegar a mi vida,
simplemente ha de llegar.
De niña sabía
que no era nadie, que no era importante y siempre quise pasar desapercibida,
que nadie me notara, ser invisible, que nadie me viera. Así era mejor, ser
ignorada, eso era mucho mejor que las miradas morbosas y malintencionadas. En
un principio esas miradas fijas, dolían, lastimaban, después no importaron,
como muchas cosas no importan más.
Hoy he
conseguido de verdad ser nadie para mí misma y para los demás. Sin sueños que
perseguir, sin metas que alcanzar, los días pueden sucederse uno tras otro sin
ningún sentido. Sólo sigo mi propio ciclo, como el árbol que tira sus hojas
cada cierto tiempo. Los ciclos que están inscritos en mi cuerpo, en la vida, en
el tiempo. Así pasan los días.
Pero no, tampoco
estoy triste, pues sólo he reconocido lo que soy: nadie. No importa tener nada,
pues nunca tuve lo que quería. Hoy simplemente, no quiero nada. Acepto,
solamente acepto lo que la vida me ofrece. Y tampoco puedo decir que la vida
sea miserable, tengo más de lo que es necesario. ¿Que hubiera querido tener
otras cosas?, sí. Pero no las tuve. Me cansé de poner todo mi esfuerzo en
tenerlas sin obtener resultados.
Quizás no las
tuve porque no me correspondía tenerlas o porque ya las tuve alguna vez, hace
mucho tiempo, tanto que no lo recuerdo. No ahora, sino antes, mucho antes de
ser yo. Mucho antes de estar en este cuerpo. Mucho antes de estar en esta vida.
Como ese cuerpo fuerte, grande, sano, que un día tuve y que por un breve
instante pude recordar.
Quizás ahora me
correspondía estar en este cuerpo, sentirlo, gozarlo, sufrirlo, disfrutarlo,
cuidarlo hasta el cansancio. Quizás ese era todo el sentido de esta vida,
sobrevivir a este cuerpo. Aprender todo a través de él y por él. Y por eso
estoy aquí, en este lugar, no en otro, porque este es mi lugar, el lugar en
donde debía estar.
Estoy aquí, en
este lugar, con este cuerpo, con esta vida aunque no me guste, aunque esté
cansada. Porque así tiene que ser, no de otra manera. Si me gusta o no, es
irrelevante, Dios no concede caprichos. Y la felicidad, dejó de ser, alcanzar
los sueños. La felicidad se convirtió en nada. Cuando se lucha tanto sin
alcanzar nada. Lo que queda es el cansancio, sólo el cansancio. No quedan
fuerzas, no quedan deseos. Sólo se sobrevive.
He llegado hasta
aquí, y es demasiado para una vida de dolor y de desencanto. No me quejo. ¿Con
quién habría de quejarme? Me fastidian
las quejas y las personas quejumbrosas. No quiero ser un fastidio para nadie,
menos para mí misma. Prefiero el silencio. El silencio es un buen compañero, me
lleva a mí misma. Ahí dentro, en lo más profundo, puedo encontrar un lugar
tranquilo donde el dolor no llega.
Por un instante,
muy breve, respiro profundo, cierro los ojos y en ese silencio, soy libre.
Queridos lectores, hemos
llegado a otro fin de año, compartiendo este espacio, que se ha vuelto no sólo
un sitio de contacto, sino de comunicación, de integración.
Esto que comenzó siendo
sólo un espacio de expresión, un compromiso personal, ha trascendido e
impactado de formas impensables. Seres distintos, de países lejanos, hombres,
mujeres, jóvenes y niños participan y disfrutan de la lectura, sobre temas que
son la vida misma.
Juntos, leemos, juntos
pensamos, juntos reflexionamos, juntos actuamos, juntos movemos y cambiamos
nuestro mundo. Pequeñas acciones que se conectan y se integran para lograr
grandes cambios, es algo que comenzó a ocurrir espontáneamente.
Muchos de sus
comentarios me hacen saber que estan siempre esperando los nuevos textos, pero
no siempre es posible cumplir la meta. Los textos relacionados a situaciones
reales, son los que han generado mayor reacción. Tal ha sido el caso del relato
sobre la situación de los migrantes, del que he podido constatar, muchas
personas se ven reflejadas en él.
Una de las cosas más
gratas que he recibido gracias a la escritura, aparte de poder compartir y
recibir sus comentarios es saber que hay organizaciones y personas que han
enfocado sus esfuerzos a ayudar a los migrantes. Sin duda alguna, esto es una
muestra de la concientización que hay sobre el problema y de la generosidad de
muchas. Felicito a las personas que estan siempre dispuestas a ayudar y que sin
ser parte de ninguna organización o asociación civil, con sus propios recursos
y con todo su entusiasmo brindan comida, un poco de descanso, un lugar para
bañarse o dormir a los migrantes que atraviesan por México.
Es estimulante saber que
este relato, fue básico para que una universidad abriera un foro sobre el tema
del abuso familiar y que tambien dio lugar a iniciar una investigación sistemática. Esta
clase de noticias, son las que me confirman que debo seguir escribiendo, aunque
no todos los temas sean alegres, fantásticos, relajantes o felices. Pues la verdad,
es que la vida tiene de todo. Y las cosas terribles es necesario conocerlas y
si es posible, contribuir para mejorarlas , y al msmo tiempo nos permiten apreciar
las cosas maravillosas e inesperadas que la vida nos regala.
2035, fue un texto de
gran impacto, llegaron comentarios de diveros países , y lo más impresionante,
ha sido corroborar el grado en que el planeta ha sido afectado en distintos
lugares. A muchas personas se les murió la ingenuidad y la ignorancia sobre el
tema, mientras contemplaban el mundo que hemos creado. Pero tengo la confianza
en que juntos encontraremos la solución. Entre ellas pequeñas acciones que
pueden crecer en grandes cambios: no usar más desechables de unicel, ni de
plástico, cuidar el agua, en fin, ustedes lo saben tan bien como yo.
Agradezco su confianza
por compartirme información sobre distintas situaciones por las que atraviesan,
como personas, como país, como trabajadores, como padres, como hijos. No me es
posible publicar todo lo que me mandan, algunas veces los datos son
insuficientes para crear un relato fidedigno, pero de cualquier modo, en algún
momento esa información será de utilidad.
Se que la vida es muy
complicada para muchas personas. Países en guerra, con violencia, con
narcotráfico, con extorsiones, sin empleo, con sueldos miserables, con trabajos
esclavizantes, miles de situaciones verdaderamente duras. Pero es precisamente
en esos momentos que dentro del ser humano, puede surgir el mejor ser humano
que cada uno puede llegar a ser, el
guerrero que hay dentro de cada uno.
Y todo comienza con
pequeñas acciones, con brindar ayuda, brindar una palabra de aliento, con
resistir la adversidad, con no rendirse, con levantarse una y otra vez, con
escribir una historia nueva, con un nuevo final, con un final escrito por
todos.
Saludos a los lectores
de China, Japón, Dubai, Escocia, Noruega, Australia, Suiza, Marruecos, Egipto, USA,
Tahilandia, turquia, Islas Griegas, República de Eslovaquia, Brasil, Argentina,
España, Chile, Honduras, Perú, Colombia, Alemania, Dinamarca, Groenlandia,
Nepal, España, Italia, Escandinavia, Francia, Israel, y muy especialmente a las
mujeres sobrevivientes del incendio de las maquiladoras en Bangladesh. Sin duda
alguna, mujeres guerreras que no se rinden ante la adversidad.
Gracias a todos, a pesar
de no nombrarlos, sus comentarios y cartas son muy valiosos. Espero que los
pequeños que no han recibido su pago por sus dientes, sean compensados de
alguna manera. Aquí en este mi país México, muchos niños reciben su pago del
ratón de los dientes, ojalá que ese ratón pudiera ir también a otros lados.
Un millon de gracias a
todos los lectores que siguen este blog desde sus inicios, seguiremos haciendo
y creando un mundo mejor. Un mejor año.
Ella es una pequeña hada,
como todas las hadas es muy laboriosa y alegre. Cada mañana recibe de sus
pequeñas haditas colaboradoras, los miles de dientes que recogen de debajo de
las almohadas de los pequeños niños en todo el mundo. Son tantos dientes, que
tienen que ordenar, y algunos de ellos estan realmente muy, muy maltratados,
son los de los niños que comen muchos dulces y olvidan cepillarlos, o que no
comen sanamente.
En realidad su trabajo es muy
díficil de realizar, pues tienen que desplazarse a los lugares más distantes.
Aunque para un hada esto no es un trabajo imposible, pues viajan tan rápido
como la luz, aunque algunos dicen, que lo hacen más rápido.
Pero desplazarse a los
lugares más lejanos no es lo más díficil de su misión, en realidad el problema
mayor puede ocurrir al tratar de llegar al lugar en donde se encuentra el
diente. Primero, deben esperar a que el niño duerma, y a veces, tienen que
esperar por horas. Después, deben sortear algunos peligros, por ejemplo, a
veces se topan con las mascotas de la casa. Y vaya qué se han llevado buenos
sustos, y tremendas correteadas de los gatos y los perros, principalmente.
Afortunadamente, las hadas
son muy veloces y ágiles y jamás ha ocurrido que un hada sea atrapada o dañada
por ninguna mascota. Pero lo que sí ha ocurrido, son algunos olvidos en su
prisa por ponerse a salvo a sí mismas. Algunas veces tienen que huir tan de
prisa, que les es imposible dejar el pago al niño del que han tomado el diente.
Pero, no, no crean que las
hadas toman las cosas sin dar nada a cambio. No, eso no es así, cuando las
hadas no pueden volver a tiempo para entregar el pago, entonces hacen al niño
otro tipo de regalo.
Sí, esa clase de regalos que
la mayoría de la gente no puede ver con los ojos, y que no imagina que se lo
otorgó un hada. Por ejemplo, a veces le otorgan a un niño el don de dibujar
cosas muy hermosas, la habilidad para trepar árboles, o de tener una voz
privilegiada para cantar, o de bailar armoniosamente, o de hacer feliz a las
personas, o de escribir historias maravillosas, e incluso en algunas ocasiones
le protegen de grandes peligros, o le ayudan a curarse de alguna enfermedad.
Pero, algunas hadas son muy
ingeniosas, también suelen susurrar al
oído de los padres o parientes del niño la idea de comprar un regalo o darle un
paseo. En fin, siempre se las arreglan para hacer llegar su pago.
Así, que si alguna vez no
encontraste debajo de la almohada tu pago por un diente. No te preocupes, te
llegará de cualquier forma. Sólo tienes que tener un poco de paciencia, y estar
muy atento, pues tal vez recibiste o recibirás algo mucho mas valioso, que el
resto de los demás niños.
En un lugar del planeta,
en donde se encuentran los hielos del origen de los tiempos, el hombre puede
estudiar la historia de su propia evolución y de la tierra.
Ahí, entre las distintas
tonalidades del hielo, se encuentran registrados todos los eventos que alguna
vez ocurrieron y que moldearon este planeta.
Desde el hielo de un azul
intenso, hasta el más blanco de los hielos, tienen muchas cosas que decir a los
hombres.
¿Cómo se formaron, desde cuando? Es una historia que puede ser
leída en sus grietas más profundas. Sólo ahí en los más gigantes bloques de
hielo.
Pero ¿hasta cuando?
Si ese lugar más alejado
no ha escapado de la destrucción del hombre,no es invulnerable a sus acciones,
A pesar de ser el lugar
más inhóspito de la tierra, en donde el
hombre no es apto para vivir, tiene un papel esencial en la existencia de la
humanidad.
Pero el hombre no mira,
se siente tan lejano, tan ufano. Capaz
de hacer grandes modificaciones al planeta sin pagar las consecuencias.
El hombre, tan
desinteresado de ese lugar que no ha podido explotar, que no ha logrado
subyugar. Piensa para sí mismo, que
es sólo hielo, hielo, hielo.
¡Qué importa si ya no
está!
Quizás es por eso que el
hombre no escucha, porque no produce riquezas. Porque parece tan vacío de todo.
Pero esos grandes
bloques de hielo, son parte imprescindible del equilibrio que sustenta nuestras
vidas.
Hoy, los gigantes de hielo, gritan y lloran su
propia historia de la extinción.
Caen los gigantes que
por millones de años estuvieron de pie. Caen uno al lado del otro, tan rápido
como el efecto dominó.
Esos enormes gigantes
congelados, guardianes de la vida del planeta que miraban majestuosos sobre un extenso
horizonte blanco, hoy se derriten.
La historia se derrite
con ellos, sus secretos se van para siempre.
Se rompen, se derumban en pequeños cristales que chocan entre sí.
La corriente los
arrastra a los grandes mares, agonizan
lentamente ,hasta disolverse por
completo en la nada.
Caen los últimos
gigantes, con ellos cae la vida.
Sólo es cuestión de
tiempo.
El hombre no sobrevivirá…no
sin sus gigantes de hielo