viernes, 29 de abril de 2016

2035

2035



Salgo a la calle, está casi desierta. La temperatura es elevada, 55 grados centigrados. Es la temperatura más fresca durante esta temporada invernal.  La mayoría de las personas han construido refugios en el subsuelo, es la única forma de evitar el intenso calor de la superficie de la tierra. Soy de las pocas personas que todavía recorren estos caminos. No hay nada que la gente pueda ver en el exterior, lo que queda es un desierto inhóspito.



Hace no mucho tiempo,ésto era una enorme ciudad sobrepoblada, llena de bullicio, de autos, de enormes edificios, una de las tres más grandes del mundo.No, yo nunca pude ver eso, apenas tengo 15 años, es lo que he oído decir a mis padres. Hoy no queda ninguna ciudad, ni grande, ni pequeña. Todas fueron deshabitándose rápidamente. Al inicio, la gente  trataba de vender sus propiedades ofreciendo muy bajos precios, pero nadie podía comprarlas, la economía estaba colapsada.




Ellos todavía tienen fotos sobre esa gran metrópoli que parecía no terminar nunca. Y se conservan varios archivos en imágenes sobre la forma de vida de este lugar. Las he visto varias veces, enormes autopistas, edificios que parecían tocar el cielo, teléfonos celulares, computadoras eran los artefactos más usados por los jóvenes. Todos ellos dejaron de usarse. Los sistemas cibernéticos también colapsaron. Las fuentes de energía eléctrica fueron destruidas por diversos cataclismos naturales. Con ellos todos los artefactos que habían sido creados para la comodidad y diversión dejaron de funcionar.

Demasiados terremotos en distintos lugares del planeta, se movió el eje de la tierra en más de una ocasión. Erupciones volcánicas que devastaron ciudades.  Tormentas que parecían no terminarse nunca, tornados, inundaciones, huracanes. Todos los fenómenos climáticos se sucedieron uno tras otro de manera extrema. Las ciudades, destruidas como en una guerra. Todo era un caos, la gente  ya no tenía  modo de comunicarse o de viajar grandes distancias. 


Desde antes del año 2000,  los científicos y ambientalistas, comenzaron a alertar al mundo sobre el calentamiento global. A nadie le importó. Diversos estudios demostraron que, más de una vez el planeta había atravesado por cambios drásticos. Se predijo que habría una gran escasez de agua, pues desde algunos años atrás, los mantos acuíferos no se estaban recargando. La contaminación, la erosión, la tala de bosques, la construcción de más y más complejos habitacionales y los incendios, habían hecho que el agua no pudiera ser absorbida por la tierra y llegara a las profundidades. El agua se seguía derrochando sin ningún control. Se perforaban pozos cada vez más profundos en los lugares en que se sabía que el agua era abundante. Los gobernantes que otorgaban los permisos para las perforaciones, se justificaban diciendo que el agua corría en enormes ríos en el subsuelo, y que aunque no se usara el agua se iría a los lugares de menor altura. Pero el gua no corría  ríos, se estaba agotando rápidamente. Mantos acuíferos que tardaron miles de años en acumularse, se consumieron rápidamente.


A pesar de que los estudios de eminentes biólogos demostraron que el agua se agotaba con gran rapidez. Ninguno de sus estudios fueron considerados al permitir a las empresas mineras consumir tres veces más la cantidad de agua, de la población en las que se establecían sus empresas mineras. En su afán de riquezas el gobierno, favoreció concesiones a empresas mineras extranjeras para la explotación de metales preciosos, principalmente oro y plata. Empresas que no sólo utilizaban una gran cantidad de agua, sino que también la contaminaban, con desechos tóxicos altamente peligrosos.



Se demostró que también la eras glaciares, podrían ocurrir súbitamente. Restos de civilizaciones sumergidas en el agua, indicaban el sorprendente incremento del nivel del mar. Pero nadie hizo caso de esto, como si se tratará de algo que ocurrió en otro planeta.

Los gobiernos de los países más avanzados, estaban ocupados creando más tecnología de destrucción para someter a los países más pobres. Los grandes empresarios y políticos nunca pudieron saciar su hambre de poder y dinero. Esa es la peor de las hambres que puede azotar a cualquier civilización. La producción y distribución de drogas se convirtió en un fuerte pilar de la economía mundial. Religiones ultra-fundamentalistas se expandieron como un paliativo a la desesperación de la gente. Los países más dominantes, sometieron aún más a los pobres, para continuar su estilo de vida consumista y de derroche. La pobreza se extendió a más del 95% de la población. Nunca hubo ricos más ricos, ni pobres más pobres.


Los líderes mundiales trataron de mantener el control y forma de vida a toda costa. Presionaron a los gobiernos para que impidieran rebeliones en los países pobres. Hubo de todo, gobernadores corruptos, desaparición, tortura y muerte de quienes se atrevían a denunciar la verdad o a cuestionar el sistema. Gobierno y narcotráfico se volvió la misma cosa en éste país. Al inicio la policía simulaba perseguir y atrapar a los delincuentes, pero las alianzas entre ellos cada vez se hicieron  más evidentes, hasta que el presidente se convirtió sólo en un títere del máximo jefe.

En la mayoría de las ciudades, la población se manifestaba en contra del abuso, del crimen, de las desapariciones, de las injusticias, de la falta de empleo. Pero los gobernadores simplemente no escuchaban las protestas. La policía a cargo del estado se infiltraba en los grupos y  desaparecían a los líderes. Vinieron comisiones internacionales a supervisar y asesorar las investigaciones, pero esto, no implicó un avance en el esclarecimiento de la verdad. Los muertos eran sólo muertos, y los desaparecidos continuaron siendo desaparecidos. Nunca más fueron ciudadanos mexicanos con derechos. Sólo eran los sin nombre, de los que  el gobierno se deshace sin ningún atisbo de remordimiento.

Pero, no bastaba con someter  por la violencia a los pueblos. Los gobiernos cada vez más perversos, quisieron aligerar de pobres al planeta. Usaron armas biológicas. Experimentaron con bacterias y virus que liberaron  en el ambiente para distraer a la población, para manipularla, para someterla, para evitar que se rebelara.  Pero las bacterias  y virus no tienen ataduras, en ambientes que les eran propicios progresaron y  mutaron por si solos para adaptarse . Entonces, aparecieron nuevas y letales enfermedades que se transmitían fácilmente. La más común, la gripe. Nadie creyó que esta enfermedad que no se consideraba mortal, pudiera ser la causa más importante de millones de muertes.

El cambio climático aceleró el proceso, las estaciones de tiempo cambiaron drásticamente. El plena primavera llovía o nevaba, y en pleno invierno había olas del calor. Climas cambiantes de un día para otro. Hubo ciudades en donde una vez que comenzó a nevar no dejó de hacerlo por una muy larga temporada. Al inicio fue divertido tener un invierno, con la nieve para para jugar, pero cuando ésta situación se extendió a casi un año, los daños fueron terribles, la ciudad no había sido construida para soportar esto, casas con techos colapsados por el sobrepeso de la nieve y hielo. Además no se tenía el combustible y las provisiones para soportar largas temporadas de escasez de alimento. Las carreteras se volvieron inaccesibles. Varios ciudades quedaron aisladas, intentando sobrevivir con sus propios recursos. Vino el hambre, la desesperación y la muerte.



En muchos lugares del mundo la gente comenzó a enfermar súbitamente de nuevas enfermedades. los gobiernos pretendieron dar protección a la población, ordenaban lotes enteros de vacunas contaminadas a través del sistema de salud pública. La población más vulnerable era vacunada, y eran precisamente ellos,  quienes caían enfermos más pronto. Gripes con temperaturas muy elevadas, tos y flemas que llenaban los pulmones hasta reventarlos, llevaban a la muerte con gran rapidez si no había un antibiótico fuerte que contrarrestara la infección. El contagio era rápido, los hospitales públicos estaban saturados, y los medicamentos escasos. La gente comenzó a morir rápidamente, el terror se apoderó de la  población.



Fue la formula perfecta para los gobiernos más dictatoriales, cuando las protestas del pueblo se intensificaban por cualquier motivo, se desataba deliberadamente una epidemia de muerte por gripe. Por la noche, cuando la mayoría de la población dormía, la ciudad era contaminada por aviones que la sobrevolaban, dejando detrás de sí, halos de virus altamente contagiosos.  Al principio nadie notó que ésto se realizara intencionalmente, y la mayoría de la gente no creía que fuera verdad. Se decía en las redes sociales, que por las mañanas, se veían líneas rectas pintadas en el cielo y que eran los restos de la polución de la noche anterior, incluso se publicaban las fotografías tomadas en distintas ciudades. Muchos creyeron que se trataba de cuentos alarmistas. Pero cuando la aparición de epidemias de gripe coincidía siempre en el momento más conveniente para algún grupo político dominante, se hizo evidente, que no se trataba de una casualidad.



Por algunos años los gobiernos se enriquecieron aún más, con los pueblos totalmente sometidos, no hubo freno a su codicia. Con dinero pudieron comprar medicinas y vacunas, protegerse de los cambios extremos del clima. La pobreza y tragedia parecía no tocarlos nunca. Pero olvidaron que ellos también estaban en este planeta, olvidaron que eran parte de lo mismo.

A los virus y bacterias no se les puede sobornar para que no muten y se hagan más resistentes. La vida y la naturaleza se abren camino por sí solas, eso fue lo que ocurrió.  Mutaron y prosperaron en los ambientes más propicios. Las vacunas y medicamentos con que se les combatía,  se volvieron inútiles.


Cuando en una familia alguien enfermaba, era tan previsible que contaminaría a los otros miembros. Gripes recurrentes, al inicio, cada mes, fueron presentándose. Pero cuando la frecuencia se hizo permanencia, la enfermedad se convirtió en un miembro más de la familia. Siempre había alguien enfermo. Tras su fuerte dosis de antibiótico sanaba temporalmente, en tanto alguien más recaía. Un enfermo en la familia, dos tres y en ocasiones todos. Virus y bacterias cada vez más resistentes, individuos con sistemas inmunológicos devastados.


Los pobres siempre habían tenido su miseria para compartirla con su familia, pero con las enfermedades epidémicas, muchos se quedaron sin familia.La soledad se volvió común.Era como si todas las epidemias de todos los tiempos y ciudades en la historia de la civilización ocurrieran a la vez.  Enfermedades nuevas y letales para las que no hubo curación. Algunas de ellas acabaron con poblaciones enteras en pocas semanas, sin dar tiempo a a buscar una cura. Comenzaron a aparecer cientos de pueblos fantasmas, totalmente deshabitados, pues los pocos sobrevivientes, emigraban buscando un mejor lugar para subsistir  muchos morían en el intentos. Todo fue demasiado rápido.


El círculo de la enfermedad, era un buen negocio para los empresarios, millones de medicamentos vendidos sin ningún problema. Sin importar el hambre o la miseria, quienes tenían un poco de dinero, lo gastaban en lo que creían podía curarles. Hasta que fue imposible comprar nada.

La mayoría de los países habían unificado  su forma de gobierno: la sobre-explotación del ambiente, del hombre, de todo lo que pudiera explotarse. El abuso de poder se convirtió en la regla. Ningún gobierno tenía límite a su codicia. El hambre generalizada hacía que las personas buscaran un empleo desesperadamente, sin importar las condiciones en que fuera. Todas las garantían laborales y los derechos individuales que se conquistaron a través de años de luchas en la historia de la humanidad  fueron pisoteados. Ante una mínima protesta un empleado era despedido de inmediato.  Se veían obligados a laborar en condiciones inhumanas por sueldos miserables, o, a ser arrojados sin miramientos a la nada. Se exprimió la vida en todas sus manifestaciones.


Las ciudades están en ruinas, incluida la ciudad de los archi-millonarios. Sí aquélla que fue construida sin escatimar un centavo. Robándole territorio al mar, modificando valles y montañas con las más avanzadas maquinarias. Aquélla en donde los poderosos emigraron cuando todo empezó a colapsar. Por algunos años les sirvió de refugio. Cuando la pobreza y la enfermedad se extendieron en el planeta y el agua dulce se volvió tan escasa, fue el principio del fin de su imperio.  Pudieron por un tiempo, acaparar el agua,  construyeron el más grande depósito tratando de aprovisionarse de ella. Custodiaron con ejércitos los pocos mantos acuíferos que quedaban. Y cada vez, hubo que buscarlos más lejos, pero finalmente se acabaron. Entonces su dinero, ya no pudo comprar nada. El agua, elemento esencial para la vida, dejó de ser mercancía.  Se iniciaron las guerras  a muerte por el agua.



Hoy es todo desértico, dicen que alguna vez, en éstas tierras existieron unos hermosos bosques de pinos. Antes de que los sistemas de comunicación colapsaran, se supo que en lugares distantes, el invierno perduraba por más tiempo del jamás visto. Las ciudades congeladas también fueron abandonadas, y los pocos sobrevivientes son los que han relatado su historia. Hoy pueden escucharse historias de destrucción de lugares lejanos de este planeta. Pero son historias que parecen pertenecer sólo a la imaginación, y al ser imposible constatarlas, resultan increíbles. Yo he vivido siempre en este calor  intenso, en esta tierra árida, que no puedo imaginar aquél frío invernal de las ciudades heladas.

Se habla de distintas y modernas ciudades que fueron los modelos a seguir, incluso hay revistas y fotos de ellas,  algunas personas mayores vivieron ahí y relatan su forma de vida, pero ahora se escucha como si hablaran de un planeta distinto. Como si las historias hubieran sido construidas a partir de los  vestigios y recuerdos que quedan, para tratar de darle un sentido a esta vida, para explicar el modo en que vivimos, o para imaginar un lugar hermoso que mantenga vivo nuestro instinto por sobrevivir.

Las personas mayores dicen, que en algún lugar del mundo, aún tiene que existir un hermoso lugar para ser habitado. Tienen la ilusión de que si el clima deja de ser tan caluroso puedan organizar expediciones en su búsqueda. Dicen que debe de estar en lo que fueron enormes e inexploradas selvas con enormes ríos o quizás en una de las altas montañas que estaban cubiertas de glaciares. Pero la tierra se ha movido tanto con los terremotos, que parece imposible.



Muy cerca de aquí, dicen que hubo también una ciudad construida sobre un lago. Pero la enorme metrópoli fue consumiendo con gran rapidez los mantos acuíferos, cuando no hubo más, construyeron sistemas para traer el agua desde miles de kilómetros. El agua de la ciudad se volvió una prioridad. A muchos pueblos cercanos se les arrebató el preciado recurso. Los pobladores tuvieron que emigrar al país del norte, en aquélla época era una opción. Hoy no hay donde huir.

La gente dejó las ciudades, las casas, en busca del agua, miles de personas murieron por falta de ella. Hubo que emigrar a lugares lejanos. Las grandes metrópolis dejaron de tener agua mucho antes, pero habían tenido sistemas acuíferos que las proveían del vital líquido, que era traído por cientos de kilómetros. Después de un tiempo, no hubo manera de proveer de agua a ninguna ciudad. Ahora esos acueductos, son canales secos, llenos de basura.

Un gran terremoto destruyó un país que se veía invencible, lo partió en dos. El mar les arrebató el territorio que ellos habían arrebatado a otros. Enormes ciudades quedaron sepultadas en montañas de tierra o debajo del mar. Los tsunamis hicieron los suyo. Desde entonces la tierra sigue moviéndose. Olas de destrucción modificaron la geografía de varios países.

Sólo entonces, los países de oriente que habían sido atacados constantemente tuvieron un respiro. Años de guerra hicieron a los hombres y mujeres nacidos ahí, fuertes. Sus ciudades principales ya habían sido bombardeadas y destruidas algunos años antes de la gran catástrofe. Ellos habían construido refugios bajo tierra antes para sobrevivir a las guerras, eran expertos en ese arte.

Los países más industrializados han perdido sus grandes construcciones, sus sistemas cibernéticos dejaron de funcionar. Los combustibles que dieron origen a la era más moderna, desaparecieron. La modificación de la geografía terrestre destruyó también los depósitos naturales de donde se extraían.  Grandes redes subterráneas construidas para el abasto seguro de combustibles de uso doméstico, cobró su precio. Hubo enormes explosiones en distintos puntos, algunos dicen que fueron explosiones provocadas. Nunca se aclaró el punto. Pero lo cierto es que la ciudad fue devastada desde las profundidades.

Ruinas quemadas, cuerpos calcinados, nadie pudo detenerlo. Un proceso en serie como todo lo que se producía en la moderna ciudad. Millones de muertos



El planeta está desértico en todos los sentidos, sin agua dulce, con un clima extremadamente caluroso, tanto que sólo puede sobrevivirse bajo el subsuelo. Por eso, lo que un día fueron ciudades, está abandonado, vacío de gente. Durante el día la temperatura es tan elevada, que sólo las tribus que históricamente vivieron en zonas desérticas están preparadas para sobrevivir. Los demás huyeron hacia adentro de la tierra.



Los nuevos asentamientos se ubican en terrenos rocosos, tratan  de estar cerca de alguna fuente de agua, aunque casi no las hay. Sólo en algunas profundas cavernas puede encontrarse goteaderos de agua potable, pues la mayoría esta contaminada. El agua es usada únicamente para beber. No se usa más para bañarse, ni limpiar. Para ello se crearon desinfectantes en polvo y gel. Se usan trajes para mantener recuperar la humedad del cuerpo y recuperar y reciclar los fluidos una y otra vez.  Antes de que todo colapsara ya se usaban estos productos. Los que ahora hay, son los que quedaron en los enormes almacenes de las metrópolis. De esos enormes supermercados se tomó lo que podía usarse, no demasiado. Pues la mayoría de las cosas se echaron a perder sin sistemas de refrigeración.

La tecnología de la era digital no tiene sentido ahora. No es posible derrochar nada, ni consumir vorazmente. Las grandes ciudades en donde ocurría la vida en todo su glamour no están más. La tecnología está ahora al servicio de la sobrevivencia. Los robots y drones que ya existían, ahora son usados para buscar los sitios más adecuados para la sobrevivencia de los humanos. Sólo los artefactos tecnológicos que se crearon para funcionar con energía solar, son los que prevalecen.

Los animales salvajes casi desaparecieron, al desaparecer sus fuentes de alimentos. Insectos es lo que prolifera, la dieta humana se compone de ellos. Se cree que tal vez, en las zonas más elevadas del planeta pueda existir un poco de la naturaleza y los animales de antes, pero no hay manera de comprobarlo, hasta ahora no ha habido manera de llegar allá. Hoy no sabemos de las ciudades del clima helado. Aquí, el calor es tan intenso que nadie se aventura a largos recorridos, el cuerpo humano no puede soportarlo. Y sobre la superficie de la tierra, hace algunos años que ya no se han encontrado abastecimientos de agua.

Los veloces y complicados medios de transporte que elevaron la temperatura del planeta, dejaron de funcionar al extinguirse el combustible que los movía. Eso, forma ahora el mar de chatarra  más grande que pueda imaginarse, en lo que fueron las grandes ciudades.



La medicina como la ciencia que tuvo un gran desarrollo no existe más. Las empresas farmacéuticas que produjeron millones de medicamentos también están destruidas. Pero además, los medicamentos que alguna vez aliviaron muchas enfermedades, no resultaron útiles, para las nuevas cepas de bacterias y virus que surgieron. Antiguas formas de curación que habían sido olvidadas fueron recuperándose. Sanación con energía, de la cual se dice, usaron civilizaciones importantes como la egipcia. Sanación con piedras, cuarzos, reiki. Y sobre todo sanación son seres de luz, maestros ascendidos y ángeles.

Dentro de los sobrevivientes, se encuentran maestros que antes del colapso total, habían iniciado a trabajar con estas formas de sanación. Maestros que parecen rescatar conocimientos ancestrales, no de ésta era, sino de civilizaciones más antiguas, anteriores incluso a la era de los dinosaurios. Niños especiales, capaces de ver más allá de lo físico son quienes han guiado a los sobrevivientes a establecerse en lugares que por sí solos, los hombres, no habrían encontrado nunca. Ellos son los nuevos guías, sin ellos la especie humana se extinguiría en este planeta. Los niños llamados índigo, cristal, niños con capacidades y conocimientos especiales, los únicos capaces de dirigir a la humanidad.



Caminar sobre la superficie terrestre es exponerse a morir por insolación y deshidratación, las horas menos calurosas son un poco antes del amanecer, pero la temperatura no es menos de 50 grados. Las viejas generaciones se niegan a aceptar esta forma de vida. La desesperación de algunas personas es tal, que cometen suicidio, pues no hay otra forma de vivir ahora. Ese hermoso planeta verde, exuberante, de inmensos bosques, lagos e incontables animales que parecía inagotable, ahora es un sueño que ha escapado de las manos. Para los más jóvenes como yo es sólo una leyenda, una historia de la que sabemos por lo que nos cuentan las personas mayores y que en parte es corroborada por los restos de lo que fueron las modernas ciudades.

Pero ahora, no hay nada...sobrevivimos en la profundidad de  la tierra y arriba, en la superficie, sólo hay desierto, una inmensidad que arde.





jueves, 31 de diciembre de 2015

EL AMANECER



EL AMANECER


Son las cinco de la mañana, la oscuridad es total. Me levanto y me abrigo, tomo mi lámpara y comienzo a caminar por un sendero serpenteante que se eleva sobre la ladera del cerro. Camino sin prisa, me detengo constantemente para recuperar el aliento. Sonrío para mí misma. Voy a lograrlo una y muchas veces más. Aquél médico que dijo que no había cura para mí, ahora me parece la persona más estúpida e ignorante del mundo. Su limitado conocimiento le impide ver la infinidad de posibilidades de sanación que hay en nuestro universo.


Me detengo brevemente durante el ascenso, cada uno o dos minutos, cuando siento que el oxígeno me es insuficiente. Tengo conmigo un gotero de oxígeno líquido, un terapeuta de medicina alternativa me lo recetó. Y en verdad es efectivo. Tomo diez gotas debajo del paladar y casi instantaneamente, siento mi cuerpo recuperarse.


Después de aquélla bronquitis de más de dos meses, mi capacidad respiratoria era insuficiente. Pero poco a poco, el oxigeno líquido, mis ejrcicios de yoga y muchas cosas más me permitieron recuperarme, contra todo pronóstico médico.


Después de cinco años de haber recibido ese terrible diagnóstico, mi salud está mucho mejor que antes. Ahora no enfermo más de bronquitis, apenas si tengo uno o dos resfriados leves al año, puedo comer nieve o tomar bebidas frías aún cuando el clima es frío sin enfermarme. Resisto los cambios bruscos de temperatura sin problema.


Me alegro de no haberme dado por vencida, de buscar todas las opciones, hasta encontrar las que podían ayudarme. Y agradezco a Dios el haber puesto en mi camino a todas las personas sabias que tuvieron la disposición y generosidad para brindarme su ayuda. Mi situación era en verdad terrible, enferma, sin dinero y sin poder trabajar. Si es verdad que hoy no tengo riquezas, apenas lo necesario para vivir, pero estoy lo suficientemente fuerte para trabajar. No puedo trabajar demasiadas horas, pero puedo hacerlo. Estoy viva, mucho más de lo que ese soberbio e ignorante médico dijo que estaría.
Cada vez que subo una montaña lo pienso, pienso en que lo haré todavía muchas otras veces, hasta que verdaderamente no tenga el suficiente aliento para hacerlo. Haré las cosas que desde hace muchos me gusta hacer, y otras que no sabía que podía hacer tan bien. Como la escritura, ese talento que ni siquiera imaginaba que podía desarrollar tan rápidamente y que fuera a gustar tanto a tanta gente.


Hoy he venido a disfrutar el amanecer sobre el mar. Desde este cerro puedo ver hacia el este una playa, y a mi derecha el infinito mar. Las olas van y vienen con su ritmo tranquilo. La oscuridad es densa, pero esta bien para mí, puedo escuchar los ruidos de la naturaleza tal cual son, sin los ruidos humanos y de todos los aparatos que ha creado.


En el oscuro mar puedo mirar algunas luces de color azul fluorescente, se desplazan de un lado a otro. Imagino que es un pez desconocido para mi. El mar luce tranquilo, y a pesar de ello, las olas se estrellan con violencia en las rocas. Me gusta este sonido. Siento la brisa fresca y salada sobre mi rostro. Pienso que este es un buen lugar para encontrar a Dios. ¿Que prueba más grande necesito para sentir su presencia, aparte de esta belleza?



Anoche antes de dormirme, caminé por la playa. Mi alma nunca se llena de sentir mis pies hundirse en la arena tibia y mojada. La oscuridad, permitía ver las estrellas tan grandes y tan cerca como nunca antes las había mirado. Las miré por mucho rato, deseando que este momento durara para siempre, con una inmensa alegría y con tristeza también, porque no sé si algún día volveré a tener una oportunidad igual.


Poco a poco el día comienza a clarear, la oscuridad se difumina y aparece una ligera niebla. De pronto, todo se queda en silencio, las olas parecen estar en suspenso. Ni un solo sonido. El mar se queda quieto. Lo cual me sorprende enormemente. Sobre la cima del cerro que está al frente se comienza dibujar un resplandor rosado. Es el sol, que lentamente se asoma.
Primero un punto, después una línea, un medio arco que se eleva hasta convertirse en un medio círculo de un color rosa intenso. Finalmente se asoma todo el sol. Curiosamente, en ese momento vuelve a escucharse el vaivén de las olas. Y entonces lo entiendo…esa quietud, era una reverencia, un saludo ante la aparición del astro mayor.


Los rayos pintan las olas de color dorado. Me quedo mirando cómo se desplazan las olas siguiendo una linea lateral a la playa. Y entonces los reflejos dorados sobre las crestas dibujan una serpiente desplazándose hacia el este. Una serpiente dorada, nadando sobre las olas. De inmediato me viene a la memoria Quetzalcóatl, la serpiente emplumada que según una antigua leyenda se fue por el mar.
El sol sigue subiendo rápidamente, y en tanto se eleva sobre la montaña pierde su color intenso. Sus rayos comienzan a calentar mi piel, mientras el viento y la brisa mecen mis cabellos. Estoy aquí respirando la brisa salada, sintiendo el tibio calor del amanecer. Este es un momento que guardo en mi memoria con todo detalle. Sigo mirando la serpiente dorada, hasta que no se ve más, cuando el sol se eleva más alto, los reflejos se vuelven plateados y la serpiente ya no puede mirarse.

Guardaré este recuerdo, y si vuelvo a enfermar y estar en cama, esto será un aliento, para no vencerme. No es la primera vez que las cosas se ponen difíciles, pero ahora tengo una gran certeza. No es para siempre. Todavía me esperan nuevas playas y cientos de kilómetros de arena tibia mojada. No siento mas desesperación, dejo que las cosas sucedan,  tranquilamente. Toda enfermedad o mal momento, se irán a su tiempo. Sólo espero, con calma, espero que estas horas díficiles se vayan. Espero… aguardo por más momentos como éste.  

CARTA A LOS LECTORES IV



CARTA A MIS LECTORES IV

Queridos lectores, un año más de compartir con ustedes. Es cierto que es taI vez he escrito menos que los años anteriores y a pesar de ello, el blog sigue circulando alrededor del mundo. He recibido los más hermosos comentarios que jamás habría esperado recibir, desde los lugares más lejanos y en las más diversas lenguas.

Se bien que ustedes están pendientes de mis publicaciones y esperan con ansías las novedades. Pero, por motivos personales y económicos no me fue posible mantener el ritmo de mis publicaciones. No obstante, nuevos seguidores se unieron al blog. Agradezco la solidaridad de todos ustedes por la situación que atraviesa el país. Me agrada que me compartan algunos escritos que surgen cuando me leen. He recibido poemas, fotos, frases de contenidos sabios y profundos, mandalas, oraciones y la alegría que mis textos despiertan en uds. Recibí de una lectora unas palabras para Nestora Salgado, que quiero compartir aquí:

“Tu voz es un eco de sombras,
un reproche que me nombra.
En esta noche de llantos,
entre gritos silenciados
 y  giros de fantoches.
Tu voz es un punto y aparte
que se esconde de mis ojos”.

De la misma,  forma hubo una gran muestra de solidaridad para los padres de los estudiantes masacrados y desaparecidos de Ayotzinapa y para sus compañeros que continúan incansablemente su lucha y que no están dispuestos a rendirse hasta que se haga justicia.

Personalmente, tuve el honor de entrevistarme con una delegación de ellos, quienes nos compartieron directamente su testimonio sobre lo que aún sigue pasando en su lucha en Ayotzinapa. Y por supuesto también les hice llegar las palabras y muestras de solidaridad que se han dado en muchos países, y que ustedes mismos me han enviado.



Los recientes comentarios me hacen saber que en muchos lugares del mundo hay gente maravillosa que hace algo por sí mismo y por los demás, que tratan de crecer sanamente física y espiritualmente, que se reúnen para ayudarse, compartir y hacer oración para mejorar las cosas en el mundo. Cualquier cosa que cada uno haga, por insignificante que parezca puede llegar a tener una gran trascendencia.  

Este año se suman lectores de Polonia, Canadá, Chile, Paraguay, Argentina, Italia, Mali, Rusia, España, Perú, Brasil y Cuba, gracias por dejármelo saber a través de sus comentarios, fotos, poemas que me envían constantemente. 

Les mando saludos a todos mis seguidores junto con  mis mejores deseos, para este y los siguientes años por venir.

Atenea del bosque

LAS LUNAS



LAS LUNAS


Es el penúltimo mes del año. Se aproxima una reunión siempre esperada con mis amigas.  Un grupo al que me incorporé hace cinco  años. Tuve el honor de ser invitada a compartir en él por su propia fundadora.  Si bien la invitación la recibí en el mes de marzo de 2010, sólo pude coincidir en las fechas hasta el mes de diciembre para poder asistir.


Cuando recibí la invitación, no imaginé la grata sorpresa que me esperaba ahí: las amigas más maravillosas y queridas que he podido encontrar. Ellas se autonombraron a sí mismas las lunas, porque la reunión se realizaba el sábado más cercano a la luna llena.





Aquél diciembre en que acudí por primera vez, conocía únicamente a la fundadora y a dos de ellas las había saludado un par de veces. A las demás las fui conociendo con el tiempo. Todas ellas mujeres profesionistas y por cierto, muy exitosas. Una reunión sólo de mujeres, sin llevar hijos, ni esposos, esa era la única condición.


Un grupo en el que  no se trataba sólo de divertirse, sino también de compartir conocimientos, experiencias, ayudarnos en nuestros problemas, realizar meditacion. Comenzábamos a las cinco de la tarde con un ritual de apertura en el que nos integrábamos como grupo y como parte del universo. 


Reconociéndonos como seres únicos, especiales, espirítuales.


Después de esto, se iniciaba una actividad que alguna de nosotros ofrecía a las demás. Los temas  de lo más diverso. Yoga kundalini, lectura del I ching, risaterapia, clowns, el cuerpo físico, el cuerpo mental, el cuerpo emocional, el cuerpo psicológico, el cuerpo espiritual, lectura de cartas de ángeles, en fin muchos temas, los cuales todos estaban enfocados a mejorar nuestra vida.


La tercera parte de la reunión era para compartir aspectos de nuestra vida personal.  Cada una tenía un espacio de más o menos siete minutos para contar lo que quisiera compartir. Enseguida las que escuchábamos le hacíamos sugerencias, le dábamos nuestro apoyo o ayuda, según se requiriera.  Y la última parte estaba enfocada a degustar los bocadillos, ensaladas, pasteles, vino, postres que cada una una llevaba.


A lo largo de estos años hemos compartido mucha alegría, pérdidas, triunfos, cambios, dolor, enfermedad, siempre con un gran apoyo. Desde el año  pasado las reuniones han cambiado, sin que por ellos nuestro vínculo afectivo haya disminuido. No siempre podemos coincidir todas, aunque lo intentamos. La fundadora se ha mudado de la ciudad y no siempre nos acompaña, pero seguimos compartiendo con ella con el mismo entusiasmo.


En este grupo todas nos hemos sentido apoyadas y queridas. Cada una de nosotros ha  crecido notablemente en distintos aspectos de su vida. Algunas hemos hecho  cosas que antes eran impensables, por ejemplo, yo comencé a escribir y abrí un blog con la intención de hacerme un hábito de escritura. Mis demás compañeras también han hecho cosas muy distintas, siempre para bien.


En noviembre pasado fue nuestra última reunión. Por primera vez, decidimos hacer una fogata y cocinar en ella nuestros bocadillos. Como siempre todas llegamos muy entusiasmadas.  Notamos que faltaban algunas cosas para cocinar. Mientras tres de nosotras encendimos la fogata, dos de ellas fueron a la tienda.


Con el fuego encendido nos sentamos alrededor. Una de nuestras compañeras trajo una sorpresa. Un rebozo que desde la india comenzó a circular en un grupo de mujeres, para hacer una oración por una petición personal, familiar y mundial. Dicho rebozo lleva ya algunos años viajando por el mundo y llegó a nuestra ciudad en un grupo de meditación de una amiga luna, quien lo pidió para honrarlo en nuestro círculo.


El propósito era que cada una de nosotras lo tuviera entre sus manos en tanto las demás cantaban una oración, para hacer una petición personal, familiar y mundial. Tres vueltas dio el rebozo en nuestro circulo, para que cada una hiciera sus tres peticiones.


Las palabras que entonamos fueron: govinde, mukande, udare, pare, hariang, kariang, nirname, akame. Cuyos significados respectivos son sostenedor, liberador, iluminador, infinito, destructor, creador, sin nombre, sin deseo.  En este mes de diciembre, un lector de mi propio país me escribe las mismas palabras diciéndome que este es un lenguaje de hadas. Si esto es así, entonces me toca compartirlo con ustedes.


Así pues,  en nuestra reunión de lunas, después de hacer nuestras peticiones con el rebozo, compartimos algunas experiencias personales, más tarde la comida y finalmente cantamos y bailamos hasta que llegó la hora de irse.
El rebozo que estuvo en nuestras manos es una muestra de que en diferentes lugares del mundo hay grupos de mujeres creciendo. Así como el año pasado, que en España un grupo celebró su reunión y cerró su circulo con la música del blog.


Prueba de ello, es también un poema que escribió una lectora y que quiero compartir, especialmente a los círculos de mujeres de todo el mundo y que particularmente a mí, me remite al libro de Clarissa Pinkola, “Mujeres que corren con lobos”:


“ Soy la hija de un pasado de mujeres que encendieron el fuego,
que regaron la tierra con su sangre,
que parieron con placer y nutrieron con sus pechos.
Soy hija de los hombres que honraban el vientre de mis abuelas
Y nos sabían serpientes, lobas, hermosas
Soy hija de las mujeres-bosque
Que corrían desnudas por la tierra mojada y mojaban sus vientres con ella
Soy hija de las mujeres-madre
Que amaban a los árboles como a sus hij@s
Y ofrecían su cuerpo como alimento
Soy la mujer que recuerda
Soy la mujer que corre desnuda por el bosque
La loba
La que se arranca la ropa
Y se da cuenta que también respira por el útero
Y por los brazos
Y por los pies
Y por el pecho
Y que la ropa es la red, la trampa
Soy la que sabe que la tierra cura
Y abre las piernas y se cura con ella
Ungüento sagrado
Mujer sagrada mujer de luz
Mujer de sombra
Diosa de la muerte y de la vida
Que lleva en su vientre el recuerdo
Recuerda en tu vientre, mujer
Recuerda en tu vientre
Recuerda en tu vientre
Y enciende la hoguera… “


Un año más, que cierra la navidad con una hermosa luna llena, con algunas lobas que dejan crecer y crear a su fuerza, a su pensamiento, a su imaginación,  a los deseos del corazón y a los sueños. Como el círculo de lunas que nació del sueño de la fundadora. Un sueño en donde podía tener a sus mejores amigas juntas, un sueño al que yo llegué y del que aún formo parte. Un sueño que se mezcló con el sueño de otras mujeres que mandaron un rebozo al mundo para hacer oración.



Por eso quien quiera que seas, escucha dentro de ti, los deseos de tu corazón y realiza tus sueños, porque juntos haremos el más grande y hermoso sueño que pueda haber. Ni siquiera… puedes imaginarlo.

lunes, 30 de marzo de 2015

AFUERA




AFUERA


Afuera había una claridad que yo nunca había visto. Era como miles de diminutos reflejos de luz de las estrellas, todos parpadeando al mismo tiempo, creando una luminosidad intensa. La luminosidad más intensa que pudiera imaginarse. Pero extrañamente, la intensidad de la luz no lastimaba en absoluto mis ojos.



Caminé lentamente, y entonces me di cuenta de algo en lo que no había reparado: mis pies no tocaban el piso. Pero… tampoco había piso. Miré hacia abajo, y a los lados, no había nada sobre lo cual pudiera apoyarme…pero, tampoco necesitaba apoyarme. Mi cuerpo, o yo, o la imagen de mí, en realidad no  lo sé, parecía no tener ningún peso. Traté de tocar mi cuerpo, mis manos, mi cara y encontré algo distinto a lo que siempre había sentido. No sentía la textura de mi piel. En absoluto, no había nada de lo que yo había conocido en mí misma. Ahí, en el lugar en donde se suponía debía estar mi cara, apenas sentía algo delicado, fino, como la espuma del mar. Y un calor, un calor muy tibio, apenas como un susurro.

¿En dónde estaba? Todo parecía vacío, ni un ruido, ni un árbol, ni  una casa, ni un animal, ni una persona, no había nada que indicara la presencia de alguien. Ningún indicio de algún ser vivo. Tampoco podía sentir el viento o el calor del sol. Pero es que, no había sol tampoco. Jamás había escuchado un silencio tal. Un silencio perfecto, un silencio que no era interrumpido por el ladrido de ningún perro. Sin ruidos de personas, animales, carros o del viento.

Quise hablar, llamar a alguien, pero, de mi boca no salió ninguna palabra. Acaso en este lugar de silencio, no podía existir tampoco mi voz. ¿Dónde estaba mi voz?, pero ¿qué era yo? Sin voz, y sin cuerpo. Y si no tenía cuerpo. Entonces, ¿de dónde venían mis pensamientos?, ¿cómo podía saber que yo era o había sido alguien? Miré hacia abajo, todo vacío, tampoco tenía sombra. Y aquí, ¿es de día, de noche, o  tarde?, ¿cómo saberlo? No tengo ningún punto de referencia para saber del tiempo. ¿Desde cuándo estoy aquí?

Escuché una sonrisa que llamó mi atención. Miré hacia todos lados y no vi a nadie. ¿De dónde viene?, ¿acaso de mí misma? No. Yo no puedo hablar y tampoco hay ningún sonido. Pero esa respuesta llega, de algún lado. Una respuesta para mí. Las respuestas vienen de algún sitio. Como si alguien escuchara mis pensamientos.

Sigo mirando hacia los lados, parece no haber nadie, y sin embargo, siento como si alguien estuviera junto a mí. Algo me dice que me tranquilice, que todo está bien. En verdad lo dice con un tono tranquilo, sin prisas, con una certeza implícita. Una certeza que no sé cómo llega muy profundo dentro de mí. Hay algo frente a mí, como una silueta, apenas dibujada como con un reflejo del agua. Algo que parece moverse. Lentamente mis ojos aprenden a mirarlo. Entonces su cuerpo empieza a tomar forma, pero no es una figura completamente definida, a veces, parece a punto de diluirse y cuando está a punto de desaparecer,  vuelve a formarse.  Me parece conocido, aunque no recuerdo haberlo visto jamás. Hay algo demasiado familiar en él. Me produce la sensación de alguien que conozco de toda la vida. A la vez, me mira también como si me conociera de siempre. Como si adivinara cada uno de mis gestos y preguntas que me produce su presencia.

Quiero hacerle mil preguntas, él sonríe con un gesto de comprensión. Como un padre que mira a su hijo pequeño descubriendo el mundo y preguntando el por qué, de todas las cosas. Quiero preguntarle, pero no le he preguntado nada y él me dice que tenga calma, que sabré todo a su tiempo. Pero cómo puede saber lo que quiero preguntarle. Él sonríe con benevolencia ante mi cara de asombro. Sin que yo diga nada, dice las respuestas a mis preguntas. O mejor dicho, no las dice, porque no se escucha de sus labios ni un solo sonido. Pero las respuestas llegan hasta mí.

Es demasiado extraño, en el lugar parece no haber nada, pero de alguna manera, también lo encuentro familiar, como si hubiese estado aquí antes, muchas veces, aunque no sé cuándo. Entonces me río yo misma. Recuerdo aquélla vez en que escuché música árabe por primera vez y comencé a bailarla como si la hubiera bailado toda la vida. Mi cuerpo comenzó a moverse siguiendo fácilmente el ritmo. Todas las personas que estaban presentes se quedaron mirándome con atención, con asombro, por lo bien que ejecuté esa danza árabe. ¿Cómo lo hice? No lo sé. Algo dentro de mí pareció despertarse al compás de la música. Algo dentro de mí parecía saber cómo hacerlo. Al final, todos me aplaudieron entusiasmados.  Una mujer lloró de emoción, corrió a abrazarme diciendo que era el baile más hermoso que había visto en su vida. ¿En qué parte de mí estaba ese conocimiento?, ¿dónde lo aprendí? Jamás había tomado clases de ningún tipo de danza. Alguien dijo que en alguna vida anterior yo había sido una gran bailarina. Por primera vez me pregunté ¿existen otras vidas?

Ahora, aquí en este lugar extraño, que me da una sensación de familiaridad, vuelvo a preguntarme ¿dónde estoy?, ¿por qué no hay nadie? Miro alrededor tratando de  explicarme lo que veo. Pero no puedo explicar nada. En medio de este absoluto silencio me desplazo lentamente tratando de encontrar algo conocido, pero esto no se parece a ningún sitio, a ninguna ciudad.

¿Y mi familia?, ¿mis amigos, dónde están?, ¿dónde están todos?, ¿qué pasó con ellos?, ¿a dónde fueron?, ¿cómo ha podido desaparecer todo? He caminado tratando de encontrar algo o alguien. Quiero volver con mi familia, pero no sé cómo. ¿Desde cuándo estoy lejos de ella?, ¿también me buscan?, ¿cómo puedo encontrarlos? He caminado mucho, pero no importa cuánto camine, todo sigue igual, vacío y silencioso.

Algo que parece ser una voz que se escucha dentro de mí me indica que avance pero no sé a dónde ir. Todo parece ir a ningún lado. Pero súbitamente algo aparece al frente, ante mis ojos. Hay una serie de imágenes, las miro. Hay una niña, corre a todo lo que pueden darle sus pies, corre entre mucha gente. Parece que huyen aterrados, se escuchan disparos de armas, el ruido de pisadas de caballo. Se escuchan gritos de gente y cuerpos que caen violentamente. La niña sigue corriendo, aun cuando siente que no puede más, le falta el aire y el corazón está a punto de estallarle. Da vuelta a la derecha, sigue corriendo, a su lado hay un cercado de piedra, tiene mucho miedo, están a punto de alcanzarla. Ellos vienen montados a caballo y otros corriendo, mientras disparan sus armas contra la gente. Ella se mete en la primera puerta que encuentra, trata de buscar un escondite; no hay nada. Sólo piedras y una cantidad incontable de cuerpos regados en el suelo. Cuerpos sangrantes, heridos, nadie se mueve. Yo siento miedo, el miedo de la niña, trato de buscar una salida, ellos ya están muy cerca. No hay a dónde ir. Ella se tira con la cara hacia abajo, entre los cuerpos inmóviles, quiere quedarse quieta. Pero respira agitadamente. Está oscureciendo, afuera la persecución, los gritos y los disparos continúan. Escucho los pasos de los hombres acercándose. Disparan a los cuerpos tirados, un hombre, los mueve con su pie, mira su cara, les dispara en la cabeza. Se escucha un hombre parado a un lado mío, estoy tirada en el suelo, se oye un disparo. Estoy aterrada. Después, no hay nada.

Mi corazón sigue latiendo aceleradamente, toco mi cuerpo, miro alrededor, mi respiración es muy rápida, me digo a mí misma que estoy bien, pero sigo teniendo miedo. Camino. Camino por mucho tiempo. No sé cuánto, las imágenes se diluyen lentamente. Creí que me mataron, pero estoy aquí. Vi todo, sentí todo. Estoy aquí, aunque no sé dónde.

No sé cuánto tiempo ha pasado, ni a dónde ir, siento que ha transcurrido mucho tiempo. Este no es un lugar tenebroso, pero parece no haber nada, sólo yo, mis recuerdos y las imágenes que surgen de no sé dónde. Sigo caminando, no siento hambre, cansancio, ni sed. Y mi espalda, tampoco siento el dolor de tantos años en mi espalda. Ese dolor que no conseguí aliviar con nada. Ningún tratamiento médico, ninguna medicina consiguieron liberarme de esa molestia de varios años. Un dolor que se hizo crónico y más intenso cada día. Pero ahora mi cuerpo se siente ligero, como si fuera una pluma. Aquí todo es tan sutil.  Tan silencioso. Tan vacío.