lunes, 30 de junio de 2014

EL ÁRBOL DE CUATECOMATE


EL ARBOL DE CUATECOMATE


Cuentan que hace muchos, muchos años,en el principio de los tiempos, cuando Dios creó todas las plantas y animales del  planeta, este era un lugar muy hermoso. Se crearon los distintos climas y hábitats para cada uno de los seres vivos. Los mares para  los peces, las montañas para los jaguares, los altos riscos para las águilas, los árboles para las aves, las flores para los insectos, los lugares helados para el gran oso blanco, incluso para los lugares más inhóspitos de la tierra se crearon los animales más extraordinarios.

Todos los animales parecían vivir muy contentos en el hogar que Dios creó para ellos. Pero hubo un ser, que aunque al principio permanecía en un sólo sitio lo mismo que los otros seres vivos, al paso de miles de años comenzó a aventurarse más allá del lugar que originalmente fue su hogar. Conoció los distintos hábitats y eligió aquéllos en los que le resultaba más fácil vivir. Construyó herramientas y modificó su medio. Se trataba del hombre, quien con su inteligencia iba conociendo las plantas y frutos que podía comer y cultivar.

Llegó el día en que el hombre fue capaz de vivir en  los distintos habitáts. Aprendió a conocer los ciclos de cada año y se adaptó a vivir en ellos.
En la maravillosa y sorprendente selva baja caducifolia, el paisaje cambia drásticamente según la temporada sea o no de lluvias. Durante los meses de julio, agosto, septiembre y octubre todos los árboles y plantas son exuberantes y muy verdes. Pero durante marzo, abril, mayo y junio los días son intensamente calurosos. El paisaje es seco, casi desolado y desértico.Los árboles sin follaje, no ofrecen un lugar donde refugiarse.

El creador veía que el hombre que vivía en la selva baja caducifolia trabajaba duramente cultivando sus alimentos bajo los ardientes rayos del sol.Al mirar su gran empeño y dedicación pensó en hacerle un regalo.  Y fue cuando decidió hacer una nueva creación: un árbol que tuviera hojas muy verdesy abundantes,que brindaran una sombra bajo la cual el hombre pudiera guarecerse en esos días de mayor calor y pudiera tomar un descanso.

Entonces fue creado el cuatecomate. Un árbol con frutos en forma de calabazasredondas, cuyas semillas sirven para curar algunas enfermedades respiratorias.  Las calabazas secas yhuecas también se usan para hacer maracas, un instrumento musical ancestral.Dios estaba complacido de su creación, un árbol frondoso en la época en que los demás no tenían follaje, un fruto medicinal y que además podía servir para crear música.

Pero sucedió que un día,cuando Dios estaba de visita en la selva, se dio cuenta que el hombre no podía descansar bajo la sombra del árbol, que había creado para él.  Quien en realidad pasaba las horas más calurosas del día debajo de la sombra, era el diablo, que plácidamente se recostaba a dormir.  Y así era un día y otro.Porque es bien conocido por todos, que el hombre sabe muy bien quién es el diablo y tiembla de miedo, sólo de pensar en encontrarlo. Razón por la cual, nunca se acercaba al lugar en que el diablo solía descansar.

Viendo Dios que el diablo no se iría de un lugar en el que estaba tan a gusto, pensó en la manera cómo podría hacer para que no volviera más. Después de pensar y pensar, finalmente encontró la solución.Para dar su protección al hombre hizo que las hojas del árbol tuvieran la forma de cruz, la cual como todos sabemos, ahuyenta a los seres del mal.

Al otro día, cuando el diablo venía puntualmente a tomar su descanso, ni siquiera pudo acercarse, el poder de las hojas en forma de cruz, lo hacía sentirse como si mil serpientes estuvieran dentro de él agitándose. Salió huyendo despavorido tan rápido como pudo y nunca más intentó siquiera acercarse a uno de esos árboles.

Desde entonces, el hombre no tiene que preocuparse por el diablo,quién nunca más ha vuelto ni volverá a sentarse debajo de un árbol de cuatecomate. Ahora él puede descansar tranquilamente bajo su sombra. Y las hojas en forma de cruz, no sólo son una protección para el hombre, sino un recordatorio del amor de Dios hacia él.

JACINTA

JACINTA


Jacinta una mujer adulta, de origen otomí. Como millones de indígenas en México no sabe leer ni escribir.El analfabetismo ha sido impuesto socialmente por cientos de años debido a la incapacidad de los padres para comprar a sus hijos cuadernos, uniformes, zapatos, pago de cuotas escolaresetc, en un país donde constitucionalmente la educación se supone laica, obligatoria y gratuita. Como todos los indígenas de esta tierra, que desde niños aprenden a ganarse la vida trabajando, a los siete años de edad ella vendía chicles por las calles del Distrito Federal, la ciudad capital del país. Trabajó también cuidando borregos hasta que cumplió los diez años. Desde siempre ha tenido que aprender muchas cosas para sobrevivir en un mundo que parece estar en contra.

Vive en un pueblo de clima semidesértico, y el día es caluroso desde muy temprano. Su principal fuente de ingresos proviene de un puesto ambulante de nieves con el que recorre la plaza todos los días.Desde las primeras horas de la mañana ya está atendiendo su puesto. A sus cuarenta y cinco años tiene seis hijos y otros tantos nietos. Y a veces sus hijas le ayudan a vender nieves.

Aquél día, siguiendo una tradición de muchos años fue a la misa de once de la mañana. Un sentimiento de agradecimiento al creador está profundamente arraigado en su corazón. Después volvió a su puesto a pedirle a una de sus hijas que la acompañara a ponerse una inyección a la farmacia. Ella habla muy bien su idioma natal, pero del español sólo sabe unas cuantas palabras y con frecuencia se sienteapenadacuandootras personas la escuchaban equivocarse, porque ello es motivo de burlas o miradas reprobatorias. Por eso es que lleva a su hija, para que ella explique lo que necesita.

Después de administrarse el medicamento, iba de regreso a su puesto cuando se dio cuenta que en un lado de la plaza se había iniciado un zafarrancho. Policías sin uniformes ni placas  que los identificaran,habían llegado de improviso al mercado para “decomisar mercancía pirata”. Pero los locatarios no estaban dispuestos a dejarse amedrentar, así que hicieron frente  a las fuerzas del orden, quienes finalmente perdieron la batalla.

Los locatarios indignados exigieron el pago por los destrozos ocasionados durante el asaltopoliciaco, setenta mil pesos en total. Para asegurarse de que les sería entregada la suma acordada, retuvieron  a uno de los agentes hasta que se cumplió el trato. Dentro de la plaza muchas personas curiosas se acercaron a mirar, entre ellas Jacinta, quien al igual que otros fue retratada por un fotógrafo en tercera o cuarta fila.

Aquél día terminó como muchos otros, Jacinta volvió a su casa con su familia sin que nada extraño ocurriera por tres meses, hasta que en la tarde del mes de agosto al llegar a su hogar los policías ya la estaban esperando.Dijeron su nombre y al confirmar que era ella, la detuvieron de inmediato en medio de un operativo policiaco con armas y camionetas. Con la conciencia tranquila de no haber cometido ningún delito, ella fue con los policías esperando que el equívoco se aclarara en poco tiempo, pues le dijeron que la llevaban a declarar por la tala de un árbol.

Se la llevaron sin decir más y después de un buen tiempo, al ver una serie de procedimientos y papeleo que ella no entendió, tuvo el valor para preguntar la razón de que la estuvieran custodiando elementos armados. La respuesta que le dieron no estaba del todo a su alcance comprenderla, pero sí supo de inmediato que se le acusaba de un delito que ella jamás cometió.

Si algo es común en el sistema de justicia mexicana es la fabricación de pruebas y testigos, irregularidades en los procesos, una mala integración de la averiguación previa y falta de pruebas. Y estos fueron precisamente los elementos por lo que Jacinta fue acusada de ser la líder del secuestro de los  seis  miembros de la AFI (Agencia Federal de Inteligencia), aquél día del mes de marzo en que tuvo el desatino de pararse a mirar el zafarrancho y ser fotografiada.  Ella y  dos mujeres más fueron acusadas también, todas indígenas y  otomíes.

Fueron sentenciadas a veintiún años de prisión y una multa de noventa y un mil pesos por perjuicios a los funcionarios secuestrados. En la prisión la situación de ella y las otras acusadas no fue mejor, su dificultad para entender y hablar el español fue motivo de marginalidad por parte de sus mismas compañeras, quienes las rechazaban por considerarlas como“indias”. Fueron tres largos años en los que gracias a la intervención y presión de organizaciones no gubernamentales (ONG) y de Amnistía Internacional (AI),  se logró la revisión del caso. Finalmente fueron declaradas inocentes y puestas en libertad.

Pero retomar la vida tranquila que antes tuvo con su familia no es fácil. En un pueblo pequeño no es común que alguien sea metido a la cárcel, y menos si es mujer. Continuar la vida ahí implica soportar los señalamientos de quienes ahora la ven, como la mujer que estuvo en la cárcel. La vida ya era difícil siendo mujer, pobre e indígena y ahora lo es más, siendo una exconvicta.

EL TUNEL

EL TUNEL

Empieza a caer la noche. Las lechuzas se posan en los árboles. Las sombras parecen moverse con vida propia. Camino lentamente por este callejón. De pronto algo se derrumba. Miro hacia mi derecha y entonces noto al descubierto una entrada nueva. Entre dos rocas,justo en medio de ellas estaba un enorme árbol, que se vino abajo con la intensa lluvia y el fuerte viento. Una cortina densa y oscura lo cubrió todo por más de una hora. Una cortina que sólo era interrumpida por los relámpagos rojos que parecían querer incendiar el cielo. La tierra fue arrastrada por el agua entre restos de plantas y piedras.

Después llegó un gran silencio. Ningún animal se atrevía a hacer ni un susurro, como si temieran que su existencia fuera descubierta. Apenas se escuchaban las últimas gotas de agua resbalando de las laderas, como un sollozo lento y suave. Un silencio con aroma  a miedo flotaba en el aire.

Camino lentamente y paso entre las dos rocas, descubro frente a mí, un largo pasillo muy alto y muy amplio. Una construcción muy antigua con paredes grises y verdes, avanzo entre medio, una luz opaca se abre a mi paso. Escucho el eco de mis pasos, parece ser un túnel muy largo. Veo el piso desgastado y húmedo. Ante mis ojos, como si fuera una película veo mucha gente caminando por el mismo lugar a mi lado. Gente extraña, con vestimentas que no parecen de mi época y de ninguna que yo conozca. Caminan sin verme, como si yo no estuviera ahí. Parece un sueño. Pero un sueño ¿de quién?, ¿de ellos o mío?

Todos parecen llevar prisa, se mueven ágilmente, se dirigen al frente. Todos parecen saber a dónde ir. Se mueven con la prisa de la gente de una gran ciudad. Hablan en un lenguaje cuyo significado literal no entiendo, pero de alguna manera sé lo que dicen.

Sigo caminando por un largo trecho, en un túnel que parece no tener fin. No comprendo de dónde viene esta luz que lo ilumina tenuemente a simple vista no se ven lámparas, es como una luminosidad que surge a mi paso. ¿Desde cuándo está esto aquí?, ¿quién lo hizo?, ¿cómo funciona? Los muros hablan de un tiempo muy remoto, pero el funcionamiento de las luces muestra una tecnología más avanzada que la actual. ¿Qué tipo de energía puede hacerlas funcionar a través de tanto tiempo?

Sigo caminando, lo he hecho por más de una hora. De pronto observo una luz más brillante, más intensa,como la claridad del medio día. La vida de la gente de una enorme ciudad se muestra ante mis ojos. Figuras humanas van y vienen delante de mí. Puedo ver como realizan distintas actividades. Puedo verlos trabajando, construyendo, comerciando, haciendo tantas cosas. Me quedo mucho tiempo mirando. Y entonces, me percato de algo. Sí, es como una película, son imágenes que de alguna manera se ven tridimensionales, pero son proyectadas desde algún lado. Me muestran la forma de vida de una gran civilización.

Estoy dentro de una enorme sala redonda, como atrapada entre rayos de luces, como un personaje dentro de una película. Todo esto parece haber sido creado para que alguien algún día lo viera. Preparado desde hace mucho tiempo. Puertas disimuladas en los muros que se abren a mi paso. Luces que se encienden automáticamente. Me quedo de pie, mirando cosas impensables. Aparatos enormes que no sé para qué sirven, pero que parecen funcionar por sí mismos. Ante mis ojos como en una escena de teatro aparecen momentos cruciales de la historia de esta civilización. No comprendo todo, pero parece que muchos de sus conflictos son los mismos por los que ahora atravesamos. Algunas cosas están escritas, otras representadas con imágenes. Se ve que hubo una gran guerra, de consecuencias devastadoras. Imágenes de ciudades destruidas por bombas lo confirman.

Después todo cambió, es como si su vida hubiese continuado en la oscuridad. Como si las cosas hermosas del planeta hubieran desaparecido. La gente también cambió,sus rostros pálidos parecen desconocer el asombro o cualquier otra emoción.  No se miró más la luz del sol, ni otras formas de vida. Sólo quedaron rostros sombríos. ¿Cuánto tiempo pasaron así? No lo sé, parece una eternidad. Fue la época de la austeridad, de las sombras.

Trataron de escribir su historia, durante años se esforzaron por conservar sus conocimientos, pero un conocimiento que no puede aplicarse no tiene sentido. Después, no sé qué pasó, no hay más imágenes, sólo siguió una gran oscuridad y un gran silencio.

THE GRAND BUDAPEST HOTEL


EL GRAN HOTEL BUDAPEST


Hay películas que cautivan por su historia, por su fotografía, por sus diálogos inteligentes, por las actuaciones etc. Pero ésta, será del particular agrado de quienes aprecian el arte de la música. De principio a fin es como asistir a una sala de conciertos.

La trama versa sobre la peculiar relación de amistad entre el conserjeGustave H. (Ralph Fiennes) del Gran Hotel Budapest y uno de sus empleadosZero Mustafá ( Tony Revolori), que es quien narra la historia de cómo el conserje pasó a ser el dueño del hotel.

El par de amigos atravesarán por una serie de eventos inesperados y divertidos que podrán de relieve su sentido de lealtad y aprecio de uno hacia el otro.El robo de una pintura de gran valor, la herencia millonaria de una anciana recién muerta, y el Gran Hotel Budapest son las causas de las aventuras en que se verán envueltos los protagonistas perseguidos por los codiciosos y posibles herederos.

Una historia ubicada durante la primera mitad del siglo XX, que muestra una Europa de transformación política, los años previos a la Primera Guerra Mundial.

Una película excelente, con un reparto muy selecto y personajes muy bien delineados. Llena de un humor fino y sutil.

viernes, 30 de mayo de 2014

EL SEMBRADOR





Quiero compartir un poema que conocí hace muchos años. Un  poema con el que me identifiqué y que me gustaba declamar en los eventos escolares. Una vez que lo aprendí lo conservé en la memoria y desde entonces hasta hoy me sigue pareciendo hermoso.



EL SEMBRADOR
M. R. Banco Belmonte

De aquél rincón bañado por los fulgores
Del sol que nuestro cielo triunfante llena
De la florida tierra donde entre flores
Se deslizó mi infancia dulce serena

Envuelto en los recuerdos de mi pasado
Borroso cual lo lejos del horizonte
Guardo el extraño ejemplo nunca olvidado
Del sembrador más raro que hubo en el monte

Aún no sé si era sabio, loco o prudente
Aquél hombre que humilde traje vestía
Sólo sé que al mirarlo toda la gente 
Con profundo respeto se descubría    

Y es que acaso su gesto severo y noble
A todos asombraba por lo arrogante
Hasta los leñadores mirando el roble
Sienten las majestades de lo gigante

Una tarde de otoño subí a la sierra
Y al sembrador sembrando miré risueño
Desde que existen hombres sobre la tierra
Nunca se había trabajado con tanto empeño

Quise saber curioso, lo que el demente,
sembraba en la montaña sola y bravía
El infeliz oyome benignamente
Y dijo con honda melancolía         

Siembro robles, pinos y sicomoros
Quiero llenar de frondas estas laderas
Quiero que otros disfruten de los tesoros
que darán estas plantas cuando yo muera

¿Por qué tantos afanes en la jornada
sin buscar recompensa? –dije. Y el loco
murmuró con las manos sobre la azada
¿Acaso tú imagines que me equivoco?

Acaso por ser joven te asombre mucho
el soberano impulso que mi alma enciende
Por los que no trabajan, trabajo y lucho
Si el mundo no lo sabe, dios me comprende

Hoy es el egoísmo,  torpe maestro,
a quien rendimos culto de varios modos
Si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro
Nunca al cielo pedimos, pan para todos
En la propia miseria los ojos fijos
Buscamos las riquezas que nos convienen
Y todo lo arrostramos por nuestros hijos
Es que los demás padres, ¿hijos no tienen?

Vivimos siendo hermanos sólo de nombre
Y en las guerras brutales con sed de robo
hay siempre un fraticida dentro del hombre
Y el hombre para el hombre, siempre es un lobo

Hay que ser cual abejas que en la colmena,
fabrican para todos dulces panales
Hay que ser como el agua que va serena,
brindando al mundo entero frescos raudales

Hay que imitar al viento que siembra flores,
lo mismo en la montaña que en la llanura
Hay que vivir la vida sembrando amores,
con la vista y el alma  siempre en la altura

Dijo el loco y con noble melancolía,
por las breñas del monte siguió trepando
Y al perderse en las sombras aún repetía
Hay que seguir sembrando… siempre sembrando

NO, TODAVÍA NO




NO, TODAVÍA NO

Fue como entrar en otra dimensión, en una caída vertiginosa a un pozo oscuro. Mi cuerpo reaccionó como si hubiera recibido un golpe masivo. El corazón latió tan rápido que parecía a punto de romperse. Un dolor agudo en el pecho ante la incapacidad de respirar. Mis piernas temblaron y pensé que iba a caerme. Eso hubiera deseado, caerme, perder el conocimiento y después… simplemente despertar a mi vida de siempre.

Pero no caí, estaba parada frente a ese médico que sin piedad, sin consideración, sin ninguna sensibilidad humana me daba la noticia que nadie espera escuchar: que mi vida estaba acabada. Cada día sería peor al anterior, cada día me sentiría más agotada, cada día me volvería más incapaz de realizar las cosas más simples, cada día perdería las funciones más vitales. Y lo decía así, con la frialdad del hielo, como si hablara de un mueble inservible, viejo que hay que tirar a la basura.

Lo dijo con la soberbia de quién cree saberlo todo, de quién está acostumbrado a no ser cuestionado nunca en nada, de quién jamás se equivoca. En el tono de su voz no hubo ni siquiera un atisbo de compasión. No hay nada que hacer, no hay ningún remedio, reafirmó categóricamente. Sus palabras rebotaron en mi cabeza como un eco vibrante que aturdió todos mis sentidos. No hay nada que hacer, no hay remedio. Sus palabras me cimbraron en lo más profundo, me rompieron por dentro. Mis ojos parpadearon rápidamente en un intento desesperado de contener el llanto. Pero un dolor intenso me desgarraba hasta dejarme sin aliento. No pude evitarlo… de mis ojos brotó un río turbulento que ardía en mi rostro.

Respiré lenta y profundamente tratando de calmar el temblor de mi cuerpo, tratando de deshacer el nudo en mi garganta, tratando de controlar el mar que fluía de mis ojos. El médico seguía hablando, y lo que decía me era inconcebible. Dos frases habían llenado mi mente: No hay nada que hacer, no hay remedio. Dos frases que parecían circular por todo mi cuerpo, destruyéndolo. Entendía la lógica de su explicación, pero no me importaba. No necesitaba escucharla. Yo quería una solución, una posibilidad distinta, cualquiera, una esperanza.

Lo escuché como una autómata, obligándome a resistir, a estar de pie. Imprimió los resultados que tenía en su computadora, me mostró sus gráficas para reiterarme su resultado: No hay nada que hacer, no hay remedio. Gráficas que mostraban algo contundente, que daban la última estocada a mi corazón y a mi esperanza.

Tomé la carpeta, pagué la consulta. Las piernas me temblaban mientras me encaminaba a la salida. No quería mirar a nadie, ni que nadie me mirara a mí. Quería correr muy lejos, escapar de esas palabras. Pero las piernas se negaban a obedecer mis deseos, me temblaban. Las lágrimas que inundaban mis ojos, me impedían ver. Sentía mi corazón romperse y ese nudo enorme en la garganta no me dejaba respirar bien. Caminé tambaleante por la banqueta, asfixiándome. Caminé casi a ciegas, a punto de caerme, entonces decidí sentarme en el rellano de una puerta. Sentí el corazón a punto de estallarme. Y decidí que no, que no iba a derrumbarme.

Respiré profundamente, hasta que mi visión se hizo más clara, hasta que logré poner un dique a ese rio de llanto que luchaba por desbordarse. Obligué a mis piernas a ser fuertes, caminé sin prisa, tratando de calmar el dolor. Pero las palabras volvían, me incendiaban por dentro, una y otra vez. Volvían con esa fuerza demoledora, como olas feroces que arrastran todo a su   paso. Y el llanto amenazando otra vez con desbordarse.

Caminé a punto de diluirme, como una muñeca de ceniza, con el alma perdida, tratando de afianzarme a mí misma. Caminé con un sólo objetivo, llegar a casa, llegar a salvo, antes de perderme en mi propio llanto.

Subí al autobús con la mirada ausente, tratando de parecer normal, de no llamar la atención con mi llanto. Huir de las miradas curiosas. Deseando no encontrar a nadie conocido, a nadie que me interrogase. Me recargué en la ventana cerrando los ojos y de vez en cuando las lágrimas escapaban. Me urgía llegar a casa, tirarme en la cama, llorar lejos de las miradas curiosas. Un retorno demasiado lento para encontrar un lugar en donde refugiarme.

Después de una hora llegué a casa. Demasiado triste y agobiada para explicar nada. Repetir las mismas palabras que escuché era como confirmar mi propia sentencia de muerte. Necesitaba tiempo para recuperarme, para encontrar la fuerza que me permitiera hablar sin derrumbarme. Necesitaba calma para pensar, para encontrar una luz, por pequeña que fuera, una chispa, algo que pudiera mantenerme de pie. Pero eso era imposible en ese momento, dentro de mí ocurrían todos los maremotos del mundo al mismo tiempo.

Siguieron horas de llanto, de incredulidad, de desvelo, de tristeza. Las horas amargas en que la mente piensa una y otra vez lo que hasta hace poco era impensable: la muerte. Y después de eso, ¿qué sigue? No importa ya nada, es como si me hubiera muerto en el mismo momento en que escuché esas palabras. La más pesada oscuridad cayó sobre mí, me rompió en pedazos. Un sentimiento de derrota me aplastó el alma. Un dolor agudo de dejar lo que más amo. Una lucha desesperada, ¿contra quién? ¿Contra quién hay que luchar para conseguir más tiempo? No hay a quién recurrir. No hay nadie que me escuche. Sólo yo misma escucho mi propio llanto.

El dolor es demasiado agudo para desvanecerse. Empieza la cuenta regresiva. Cada día, es un día menos en mi cuenta por vivir. ¿Cómo puedo decirle a mi hijo que pronto no estaré con él? Es sólo un niño. ¿Cómo puedo hacerme a la idea que no veré crecer? No podré cuidarlo más. Nunca veré si será tal como lo he imaginado. No estaré para apoyarlo. No podré jamás celebrar sus triunfos. Este es el final que no imaginé nunca para mí. No quiero irme tan pronto, no ahora. No ahora que él es tan pequeño.

Sólo quiero abrazarlo y que ese abrazo dure hasta la eternidad, más allá de todo lo posible. Quiero darle en ese abrazo la fuerza para continuar, para vivir. Toda la fuerza que rápidamente se va de mi cuerpo. Sólo quiero que sienta que este amor lo cobije cuando yo… ya no esté.

LOS HIJOS DEL SOL




LOS HIJOS DEL SOL

En un lugar muy remoto, a miles de años luz de distancia. Más allá de todo lo que nuestros ojos pueden ver, existe una de las estrellas más enormes de nuestro universo, es quizás la más vieja de todas. La madre de todas las estrellas.  El lugar en donde se empezó a escribir la historia de la vida. Su brillo intenso puede apreciarse incluso desde otros  sistemas planetarios.  Aunque desde la lejanía parece una estrella como cualquier otra, no lo es. Porque el gas que compone su atmósfera es desconocido en nuestro planeta. Es un compuesto que se genera solamente a muy altas temperaturas y después de varios millones de años.


Desde los planetas en que es visible, toda la estrella parece estar siempre ardiendo, exactamente como el sol alrededor del que gira nuestro planeta. Pero su propia luz intensa capaz de iluminar varios planetas impide cualquier atisbo a su interior, que por cierto no es de fuego. Posee una corteza compacta y la temperatura no es tan distinta de la del planeta tierra.  Y tal como aquí, ahí también la vida fue posible desde hace miles de millones de años. Formas de vida que dieron origen a la vida en los demás sistemas planetarios, entre ellos, el nuestro. Ahí habitan aún los seres más antiguos e inteligentes del universo.



Estos seres son llamados los hijos del sol. Su cuerpo está compuesto de una materia que no es tan sólida como la nuestra. Las moléculas que conforman su estructura se mueven a una velocidad tal que la hacen menos densa, pero con la suficiente cohesión para mantener una forma definida y continua, y al mismo tiempo mutable en función de la temperatura a que se halle expuesto. Esto les permite viajar distancias imposibles para el hombre a velocidades jamás vistas por el ser humano.

La superficie de este sol ciertamente es más elevada que la de la tierra, pero ni remotamente se acerca a las altas temperaturas de la corona exterior. Una gruesa capa de un gas intermedio debajo de la atmósfera incendiada, actúa como aislante impidiendo que la temperatura  de la corteza se mezcle con la parte externa.  

A distancia pareciera que este sol está compuesto de un sólo gas que es el que continuamente desde hace millones se consume produciendo la luz y la elevada temperatura que llega a los planetas más cercanos que lo rodean. Pero lo cierto es que la corteza del sol está rodeada por un gas que le brinda una protección y estabilidad como no hay en otro planeta conocido. Ahí, surgieron las primeras formas de vida de todo el universo y aunque han pasado miles de millones de evolución, algunas de ellas han tenido muy pocos cambios.

Los seres que habitan éste lugar son capaces de moldear su apariencia física o su cuerpo con sorprendente facilidad y rapidez.  Por lo que, para ellos es de lo más simple tomar la forma de cualquier ser vivo, incluida la nuestra. Si bien en apariencia pueden llegar a ser iguales a nosotros, son muy diferentes en su funcionamiento interno y en su alimentación.  Ellos jamás consumen carne ni las proteínas que requiere el cuerpo humano. Los pocos alimentos terrestres de los que pueden alimentarse son las flores y algunos vegetales. Su organismo está adaptado para aprovechar directamente la energía solar. La luz les es tan indispensable que no pueden vivir sin ella, la requieren de la misma manera como los humanos necesitan el aire. Incluso en las noches que llegan a pasar en nuestro planeta necesitan de alguna fuente de luz mientras duermen.

Su tiempo de vida es mucho más largo que el nuestro. Son los viajeros continuos del universo, visitan los distintos planetas habitados, conocen todas las formas de vida de cada uno. Desde el origen mismo de la vida en la tierra, ellos la han estado visitando. La forma en que lo hacen, es y será todavía por mucho tiempo, un misterio.  Llegan, se mezclan e interactúa con el común de la gente, pasan completamente desapercibidos. Conocen al ser humano desde siempre, saben de su evolución, de sus grandes limitaciones y tratan de ayudarlo.  La misión de los hijos del sol en este planeta es principalmente de sanación. Para ellos es fácil relacionarse entre la gente, saben a quién dirigirse, su capacidad telepática les da ventaja para conocer planes y propósitos del hombre.

Durante su estancia, suelen establecerse con gente que se dedica a la curación a través de la transmisión de energía. Poseedores de técnicas y secretos milenarios son capaces de revertir enfermedades que los médicos consideran incurables. Lo hacen  por medio de vibraciones creadas por sonidos imperceptibles al oído humano. Vibraciones que equilibran el campo energético haciendo que todos los sistemas vitales del cuerpo humano vuelvan a funcionar eficientemente. 

Los hijos del sol pasan largas temporadas con nosotros. Pueden ir y venir a su planeta en fracciones de segundos y cuando les llega el tiempo de irse para siempre, simplemente desaparecen, como si la nada se los hubiera tragado. Mientras viven entre humanos no procrean familia, se mueven de una ciudad a otra con cierta frecuencia, nunca permanecen en un sitio por más de cinco años. En todos los lugares a los que llegan se presentan como si fueran originarios de otro país, para que a la gente que los conoce no le parezca extraño que sean diferentes a los demás.

La estatura normal en su planeta es de tres metros, no requieren comunicarse a través del lenguaje hablado entre ellos. Pueden acceder al conocimiento directo de las cosas, por lo que no requieren de años de aprendizaje escolarizado como los humanos, ni de complicadas explicaciones racionales. Millones de años antes de que los humanos existieran, alguna vez fueron los únicos habitantes de nuestro planeta por un muy largo tiempo. Desde entonces les gusta visitarlo con cierta frecuencia. Ellos van y vienen sin problema, en silencio sin dejar huella.