Ella es una pequeña hada,
como todas las hadas es muy laboriosa y alegre. Cada mañana recibe de sus
pequeñas haditas colaboradoras, los miles de dientes que recogen de debajo de
las almohadas de los pequeños niños en todo el mundo. Son tantos dientes, que
tienen que ordenar, y algunos de ellos estan realmente muy, muy maltratados,
son los de los niños que comen muchos dulces y olvidan cepillarlos, o que no
comen sanamente.
En realidad su trabajo es muy
díficil de realizar, pues tienen que desplazarse a los lugares más distantes.
Aunque para un hada esto no es un trabajo imposible, pues viajan tan rápido
como la luz, aunque algunos dicen, que lo hacen más rápido.
Pero desplazarse a los
lugares más lejanos no es lo más díficil de su misión, en realidad el problema
mayor puede ocurrir al tratar de llegar al lugar en donde se encuentra el
diente. Primero, deben esperar a que el niño duerma, y a veces, tienen que
esperar por horas. Después, deben sortear algunos peligros, por ejemplo, a
veces se topan con las mascotas de la casa. Y vaya qué se han llevado buenos
sustos, y tremendas correteadas de los gatos y los perros, principalmente.
Afortunadamente, las hadas
son muy veloces y ágiles y jamás ha ocurrido que un hada sea atrapada o dañada
por ninguna mascota. Pero lo que sí ha ocurrido, son algunos olvidos en su
prisa por ponerse a salvo a sí mismas. Algunas veces tienen que huir tan de
prisa, que les es imposible dejar el pago al niño del que han tomado el diente.
Pero, no, no crean que las
hadas toman las cosas sin dar nada a cambio. No, eso no es así, cuando las
hadas no pueden volver a tiempo para entregar el pago, entonces hacen al niño
otro tipo de regalo.
Sí, esa clase de regalos que
la mayoría de la gente no puede ver con los ojos, y que no imagina que se lo
otorgó un hada. Por ejemplo, a veces le otorgan a un niño el don de dibujar
cosas muy hermosas, la habilidad para trepar árboles, o de tener una voz
privilegiada para cantar, o de bailar armoniosamente, o de hacer feliz a las
personas, o de escribir historias maravillosas, e incluso en algunas ocasiones
le protegen de grandes peligros, o le ayudan a curarse de alguna enfermedad.
Pero, algunas hadas son muy
ingeniosas, también suelen susurrar al
oído de los padres o parientes del niño la idea de comprar un regalo o darle un
paseo. En fin, siempre se las arreglan para hacer llegar su pago.
Así, que si alguna vez no
encontraste debajo de la almohada tu pago por un diente. No te preocupes, te
llegará de cualquier forma. Sólo tienes que tener un poco de paciencia, y estar
muy atento, pues tal vez recibiste o recibirás algo mucho mas valioso, que el
resto de los demás niños.
En un lugar del planeta,
en donde se encuentran los hielos del origen de los tiempos, el hombre puede
estudiar la historia de su propia evolución y de la tierra.
Ahí, entre las distintas
tonalidades del hielo, se encuentran registrados todos los eventos que alguna
vez ocurrieron y que moldearon este planeta.
Desde el hielo de un azul
intenso, hasta el más blanco de los hielos, tienen muchas cosas que decir a los
hombres.
¿Cómo se formaron, desde cuando? Es una historia que puede ser
leída en sus grietas más profundas. Sólo ahí en los más gigantes bloques de
hielo.
Pero ¿hasta cuando?
Si ese lugar más alejado
no ha escapado de la destrucción del hombre,no es invulnerable a sus acciones,
A pesar de ser el lugar
más inhóspito de la tierra, en donde el
hombre no es apto para vivir, tiene un papel esencial en la existencia de la
humanidad.
Pero el hombre no mira,
se siente tan lejano, tan ufano. Capaz
de hacer grandes modificaciones al planeta sin pagar las consecuencias.
El hombre, tan
desinteresado de ese lugar que no ha podido explotar, que no ha logrado
subyugar. Piensa para sí mismo, que
es sólo hielo, hielo, hielo.
¡Qué importa si ya no
está!
Quizás es por eso que el
hombre no escucha, porque no produce riquezas. Porque parece tan vacío de todo.
Pero esos grandes
bloques de hielo, son parte imprescindible del equilibrio que sustenta nuestras
vidas.
Hoy, los gigantes de hielo, gritan y lloran su
propia historia de la extinción.
Caen los gigantes que
por millones de años estuvieron de pie. Caen uno al lado del otro, tan rápido
como el efecto dominó.
Esos enormes gigantes
congelados, guardianes de la vida del planeta que miraban majestuosos sobre un extenso
horizonte blanco, hoy se derriten.
La historia se derrite
con ellos, sus secretos se van para siempre.
Se rompen, se derumban en pequeños cristales que chocan entre sí.
La corriente los
arrastra a los grandes mares, agonizan
lentamente ,hasta disolverse por
completo en la nada.
Caen los últimos
gigantes, con ellos cae la vida.
Sólo es cuestión de
tiempo.
El hombre no sobrevivirá…no
sin sus gigantes de hielo
Ella es originaria de uno de los
estados más pobres de la república. Tiene seis hermanos. Es la mayor de las
mujeres, dos hermanos varones le anteceden. Su madre es una mujer dedicada principalmente
a sus hijos, que elabora pequeñas y curiosas artesanías que vende en el mercado
local, para colaborar en el sustento familiar. Cuando hay oportunidad trabaja
en alguna casa realizando trabajo doméstico.
Pero los salarios tan bajos que percibían ella y su esposo campesino,
eran insuficientes para mantener a una familia tan numerosa.
El padre de Elena emigró a los E.
U. cinco años atrás, llevando con él al mayor de sus hijos. Desde entonces se
ha ido llevando a sus hijos apenas cumplen quince años, ahora le llegó el turno
a su hija. Ella se va con un tío y el mayor de sus hermanos que había venido a
su casa de visita. Cruzan la frontera por el cerro, caminando a través del desierto.
A lo largo del recorrido, continuamente puede ver algunos restos de esqueletos
humanos, personas que nunca llegaron a su destino. La travesía no es fácil,
caminan toda la noche sin descanso, aprovechando la oscuridad para evitar ser
descubiertos por la guardia fronteriza.
Son aproximadamente veinte los
inmigrantes que componen el grupo. Y a pesar de todo lo que han caminado, cuando
el día llega, aún están en el desierto, el calor es intenso. Ese camino ha sido
recorrido por millones de personas que ingresan al país buscando una
posibilidad de mejorar sus propias vidas y la de sus familias. Testigo de ello
son los restos de huesos humanos diseminados por el campo, de aquéllos que por distintas razones no
alcanzaron su objetivo. Prueba de ello son también las botellas de agua debajo
de los arbustos, que han dejado quienes les anteceden en el recorrido en un
gesto de solidaridad y humanismo. Botellas
de agua que les sobran a los que llegan al final y que dejan de manera visible,
pues saben que con ello pueden salvar la vida de personas que se extravían en
medio de su huida de la guardia fronteriza.
A pesar del duro recorrido Elena
no se rinde. Otras personas, al no resistir más, se entregan a las autoridades
que constantemente patrullan la ruta en su intento de atrapar a las personas que cruzan la frontera de
manera ilegal. Por fin, salen del desierto, llegan a un camino en donde una camioneta los aguarda para trasladarlos a una casa en donde son alojados,
ahí tienen que esperar hasta que les avisen que pueden continuar. Una mujer les
lleva comida y agua, por su apariencia y forma de hablar puede notarse que es
mexicana. Discretamente se acerca a
Elena y le dice que no se aparte del grupo, que no deje que se la lleven a
ningún lado.
Poco después llega un hombre, que
les da instrucciones, y le dice a Elena que la va a llevar a otra habitación,
con otras mujeres para que esté más cómoda, y pueda bañarse, puesto que es la única mujer en ese grupo.
Elena se niega a irse a ningún lado,
responde que ella va a quedarse donde esté su tío y su hermano. El hombre
insiste, pero ella se niega rotundamente, finalmente la dejan quedarse. Tiempo
después Elena se entera que de esa forma se llevan a muchas mujeres para abusar
de ellas o meterlas en redes de prostitución, si es que van solas.
Por la tarde continúan su recorrido,
y en el camino muchos de los inmigrantes se van quedando con familiares y
amigos en las distintas ciudades. Algunos, aunque muy pocos, ya tienen un lugar de
trabajo. Entre los que se quedan, está
su hermano, quien trabaja en unos campos de cultivo. Es un lugar en donde sólo
hay hombres por lo que Elena no puede quedarse con él. El destino de ella es
Pensilvania, el lugar en donde trabaja su padre en una granja. Ella sigue al
lado de su tío hasta donde es posible, pues llega el momento en que él también
se queda en una ciudad. Conforme avanzan
hacia el norte, el grupo se reduce,
hasta que finalmente sólo queda ella y el hombre que la llevará con su padre. Alertada por el comentario de
la mujer que les llevó comida, no tiene confianza en el “coyote” (traficante de
personas) que la acompaña, pero no tiene ninguna otra opción.
Elena tiene miedo de que ahora
que está sola, éste hombre la lleve a otro lugar, pues sabe que está
completamente indefensa ante él. Ella está en un país extraño, con un idioma
distinto al suyo, pero no es una chica que se deje amedrentar fácilmente. Todo el tiempo se mantiene alerta, cuando se
detienen a cargar gasolina, y a comprar algo para comer , ella compra café y lo
bebe constantemente para no dormirse. Mira muy atenta los lugares por donde
avanzan y pone mucho cuidado en los letreros que indican hacia donde van las
carreteras. En una de las tiendas compra
un mapa del estado, en donde estan detalladas las autopistas, lo revisa con
mucho detenimiento para saber por dónde tiene que ser su recorrido. En un
momento dado, se da cuenta que el hombre
la lleva por un camino que no es el indicado. Exige al “coyote” que se regresen
y que tomen la ruta correcta, él dice que es un atajo, pero ella no le cree e insiste
en que se regresen, amenazando con bajarse de la camioneta aunque esté en
movimiento. Ante su determinación e insistencia el hombre regresa y retoma el camino.
Ella esta muy agotada, pues desde
que cruzaron la frontera no se ha dormido, tiene más de treinta y seis horas despierta.
Pero no está dispuesta a dejarse vencer por el sueño, aún cuando el hombre se detiene para dormir un
rato dentro de la camioneta, ella sigue despierta tomando café. Siguen
avanzando y entonces se da cuenta que está toda mojada, y ha manchado el
asiento de la camioneta, de manera
inesperada le ha venido su periodo menstrual. Ella no sabe que hacer, el hombre
le dice que no se preocupe, que mandará lavar la camioneta y en la primera
tienda, le compra ropa y compresas sanitarias. En uno de los baños públicos se
detienen para que ella pueda tomar un
baño y cambiarse.
Después de muchas horas de camino
llegan al lugar donde se encuentra su padre. Él vive en un departamento que
comparte con un compañero de trabajo. Apenas el “coyote” baja de la camioneta,
lo toman por sorpresa y lo meten dentro de la casa. El padre de Elena no es
ignorante de todas las cosas a las que
se expone una mujer al entrar de manera ilegal a ese país. Y aunque el acuerdo
fue que no pagaría un centavo hasta que le entregaran a su hija, bien sabe que
podían haber abusado de ella.
Dentro del departamento, los dos
hombres inmovilizan al “coyote” , en
tanto el señor pregunta a su hija, si aquél tipo le ha hecho algún daño, porque
si es así, en ese momento se hará justicia por su propia mano. Le dice que no
le importa que lo metan a la cárcel o que le pase cualquier cosa, él cobrará
esa deuda. Elena sabe que su padre habla con la verdad, y que cumplirá su
palabra. La gente de los poblados de la sierra en México tienen un dicho al
respecto: “el mal debe cortarse de raíz”. Ese tipo de deudas se sanjan a
machetazos, pues el sistema de justicia, muchas veces deja impunes esta clase
de delitos. Por lo que, en algunas comunidades, los indígenas se hacen justicia por su propia mano.
Sin dudar, Elena confirma que el
hombre no le ha hecho ningún daño, aunque no le dice que trató de apartarla del
grupo y de llevarla por otro camino. Dicho esto, el padre libera al tipo y le
paga lo acordado por llevarle a su hija. Reiterándole que cualquier daño sobre
su hija no viviría para contarlo.
Elena se queda a trabajar en la
casa de los patrones por algún tiempo, pero como al año y medio de haber
llegado, comienza a enfermar. Ellos viven en el campo, muy alejados de
cualquier ciudad para ir a un médico. Por un tiempo ella resiste con algunos calmantes, pues en verdad ha
venido dispuesta a trabajar y ahorrar lo suficiente para ayudar a su
familia. Sabe lo peligroso y costoso que le ha sido llegar hasta ahí, pero
no tiene acceso a atención médica y su condición empeora cada día.
En ese lugar trabaja a un joven
que también es mexicano y de su misma edad, pronto se enamoran y viven en unión
libre, pues ahí no tiene manera de casarse. El padre esta de acuerdo pues
conoce a ese joven desde que llegó a ese lugar y es una persona responsable y
honesta. Pero la salud de Elena no mejora, al contrario, cada vez se siente
peor y se ve muy pálida y demacrada. Por lo que, finalmente deciden que tiene
que regresar a México para atenderse y recuperar su salud. Pues aunque no ha
recuperado la inversión que su padre hizo para llevarla ahí, es más
importante su vida, que cualquier otra cosa.
Debido a la condición de su salud
se regresa a México, pero no con su familia que vive en la sierra, sino con la
de su pareja. La familia de él habita en un pueblo muy cercano a una gran
ciudad y con acceso a médicos y hospitales donde ella pueda ser atendida rápida
y eficientemente. Si bien el servicio de hospitales públicos está saturado y es
muy lento. Hay una gran oferta de servicio privado, y después de todo, ella
cuenta con el apoyo económico de su pareja, lo que hace posible que ella pueda
tener acceso a ese tipo de servicio.
Así, Elena llega a una familia totalmente
desconocida para ella. Los padres de su pareja, al tanto de la situación, la
esperan en el aeropuerto y la llevan a su casa. Tan pronto como es posible la
llevan al médico y después de un tratamiento, ella se recupera completamente. Para ella es
difícil estar con esta familia, aunque sea la familia de su pareja, pero sabe
que esa es su mejor opción. Cada seis o siete meses su pareja vuelve a México. Él como la mayoría de los hombres de su pueblo
va a Estados Unidos a trabajar por contratos, por lo que su estancia allá es legal.
En cuanto él vuelve, ellos se casan por
las leyes civiles. Al poco tiempo forman una familia, y van construyendo poco a
poco su casa.
Elena ahora esta en la casa que
ha construido con su esposo y a cargo de sus dos hijos. Ella sigue trabajando
en lo que encuentra para ayudar a la economía familiar, pues ella proviene de
una familia muy trabajadora. No tiene un trabajo fijo, pero ella sigue luchando
por su familia. El esposo va y viene de
Estados Unidos por temporadas. Esta es
la forma de vida en que muchas familias mexicanas logran salir adelante y dar
una vida modesta, pero con lo necesario para los hijos.
El día es caluroso
con un cielo azul claro. Un cielo que ha sido lavado por las copiosas lluvias
de temporal. Las nubes blancas como el algodón se miran sobre nosotros. En un
pequeño pueblo, varias personas se han reunido en el atrio de la iglesia para
recibir una delegación de Ayotzinapa. Sí, familiares y compañeros de los
estudiantes muertos y desaparecidos desde el 26 de septiembre de 2014. La
mayoría de los presentes son nativos de este lugar, pero otros vienen de fuera.
Entre ellos, miembros de organizaciones no gubernamentales, organizaciones de
pueblos indígenas, reporteros y gente que viene a mostrar su solidaridad con
esta delegación. Algunos de ellos, portan las camisetas solidarias alusivas al
tema de Ayotzinapa, otros llevan una camiseta de su organización o trabajo, que
los identifica.
Fuera de la iglesia
se instalaron bancas y sillas. Una mesa está al frente con un jarrón de flores
al lado. Alrededor de ella, se colgaron las fotografías de los estudiantes
desaparecidos, de los que murieron, y de los que están muy gravemente heridos.
En la calzada principal que lleva a la
entrada del edificio se colocó una manta de bienvenida, con una leyenda que se
ha hecho famosa: “Nos enterraron, sin saber que éramos semilla”, va acompañada
de un dibujo de un árbol en cuyas raíces se distingue una figura humana
encogida.
Se esperaba la
llegada de la delegación a las doce del día, pero diez minutos después de la
hora, se recibe un mensaje de que vienen un poco retrasados. La gente aguarda,
salen a la calle para esperarlos por la avenida principal. En el kiosko de la
iglesia se encuentran lista la comida que ha de compartirse con ellos. Todo ha
sido donado voluntariamente por la misma gente del pueblo.
Después de veinte
minutos, se dice que ya vienen llegando. Pronto aparecen varios coches y
camionetas, de uno de ellos, bajan los delegados de Ayotzinapa. Se trata de la señora Berta Nava, su esposo
Tomás , ambos padres de uno de los estudiantes muertos a balazos en aquélla noche
del día 26. Y está con ellos, un estudiante de la normal, su nombre es Erick, un
joven de 19 años.
Apenas bajan de una
camioneta son recibidos por una de las señoras mayor edad en el pueblo. Les
pasa un sahumerio con copal alrededor del cuerpo, en tanto, les dice algunas palabras de bienvenida y de
consuelo. Ellos agradecen la bienvenida. Saludan a todos en voz alta, mientras
los flashazos de las cámaras no se hacen esperar. Se les indica que caminen
hacia la iglesia en donde se les dará la bienvenida formalmente.
Avanzan a paso
normal, en tanto toda la gente va al lado
y detrás de ellos. Por supuesto, alguien entre la gente grita la
consigna: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! Llegan a la entrada principal del atrio, a lo
largo de la calzada se han encendido veladoras y varios niños les esperan
formando una vaya. Ellos siguen avanzando entre gritos de consignas, hasta
llegar a la mesa en donde se han instalado los micrófonos.
En ese momento toma
la palabra una joven estudiante de la localidad, quien con palabras de
solidaridad reitera su apoyo a esta delegación y a los estudiantes de
Ayotzinapa, señalando lo lamentable que es que los estudiantes sean masacrados
no sólo en este país sino en otros lugares del mundo. Otra persona también dirige unas palabras, reseñando
brevemente la historia de esa localidad
y señalando que ahí también se ha luchado valientemente y ha habido
momentos críticos, por lo que apoyan su lucha contra esta injusticia y abuso de
poder del gobierno.
Enseguida se les
cede el micrófono a la delegación para que compartan su testimonio. Toma la
palabra la señora Berta señalando que si ellos vienen a compartir su testimonio
personalmente, es para que la gente sepa,
lo que el gobierno quiere ocultar. Porque para ellos, dice, ya no hay
nada que hablar, quieren dar carpetazo al asunto, que la gente olvide, para
seguir cometiendo actos ilícitos impunemente. Pero desde que los estudiantes desaparecieron
y hasta la fecha, los padres y los estudiantes han estado exigiendo que se les
diga dónde están los muchachos. Los padres piden al gobierno respuestas, en
base a sus derechos que, reiteran una y otra vez, han sido pisoteados.
El gobierno, les
han dado versiones de los hechos que no pueden sustentarse con pruebas. Les han
dicho que los estudiantes han sido masacrados, que los subieron a unas
camionetas para llevarlos a un determinado lugar y que muchos de ellos no
aguantaron, que no llegaron vivos.
En otra versión,
les dicen que los llevaron a un risco y que ahí les dieron un balazo. Pero
ellos mismos se contradicen, y los
padres piensan. ¿Para qué gastar balas
en alguien que ya está muerto? Y si los aventaron del risco, tampoco hay
pruebas de ello, no hay evidencias de su piel, de su ropa, de todas las cosas
que llevaban. Todas las versiones que se han dado, es sólo un teatro montado para no decir la verdad. Por
eso los padres siguen luchando y lo seguirán haciendo.
Como padres de los
estudiantes desaparecidos, describen su situación como estar muertos en vida.
Siempre en zozobra, preguntándose ¿cómo se puede vivir sin saber qué ha pasado
con sus hijos? Y no hay justicia para ellos. ¿por qué? Por el hecho de haber
nacido en un petate o en un cartón. ¿Es por eso que no tienen derechos? Declara
doña Berta, sin que pueda evitar derramar lágrimas de indignación, de
impotencia, de dolor.
Mira a los niños y
a los jóvenes presentes, y señala que su hijo no era distinto, habla de los
deseos que tenía de estudiar, de tener una profesión y una vida mejor, de los
sueños que ya no podrá alcanzar. Un joven sano de nobles ideales, que no estaba
involucrado en el crimen ni las drogas. Él y sus compañeros sólo trataban de ser
mejores personas. Su hijo soñaba con tener una profesión, para desempeñar un
trabajo honesto, para ahorrar dinero y poder comprar un pedazo de tierra en
donde pudiera construir su casa, para tener un lugar propio, un lugar de donde
nadie pudiera correrlo.
Escuchamos también
el testimonio de don Tomás, su sentir no es diferente, ni su dolor es menos que
él de su esposa. Aunque a él las palabras no le brotan con la misma facilidad.
Ellos dos, junto con otros padres y estudiantes normalistas han formado
delegaciones que se presentan constantemente en distintas localidades de la
república y aún fuera del país. Su propósito es ofrecer directamente su
testimonio sobre los hechos ocurridos. Han recibido el apoyo de asociaciones no
gubernamentales y de la misma población en los distintos lugares en que se
presentan.
Y después
escuchamos al joven estudiante de segundo grado de la escuela normal. Tiene tan
sólo 19 años, en su rostro hay todavía muchos rasgos infantiles. Un joven
delgado y con una mirada llena de determinación. Nos relata cómo se enteraron
él y los alumnos de la escuela normal del ataque perpetrado a sus otros
compañeros de primer grado. A él, dice, no le tocaba ir porque ya está en
segundo grado y tiene responsabilidades diferentes. Sólo al primer grado le tocaba salir a botear
para reunir el dinero y conseguir los autobuses para ir a la marcha
conmemorativa en la ciudad de México por la masacre de los estudiantes del 2 de
octubre de 1968 en Tlatelolco.
Este joven se ha
presentado también en distintas localidades. Él como todos los estudiantes de la escuela normal, es de una
familia de bajos recursos. Esa escuela es su única opción para alcanzar un
futuro mejor. Desde niño ha tenido que trabajar para ayudar con la economía
familiar. Su juventud y su complexión delgada, podrían hacer pensar en una persona
frágil, pero en cuanto comienza a hablar, en sus palabras hay una rotunda
determinación a seguir luchando por saber la verdad sobre sus compañeros. A
pesar de lo que le hicieron a sus compañeros, él no tiene miedo, y reitera su
convicción de apoyar a sus compañeros,
ahora como antes de lo ocurrido en iguala.
Relata un poco la
forma en que se organizan los estudiantes de la escuela normal. Ellos son
educados en el compañerismo. Les enseñan a preocuparse por los demás, no sólo
por sí mismos. Para ellos la represión del gobierno no se estudia en los libros
de historia, ni se lee en los periódicos, es una realidad con la que se
encuentran con demasiada frecuencia como miembros de la escuela y de las
comunidades, en las que el gobierno les quiere expropiar (o
arrebatar) sus tierras. Ellos lo saben por su propia experiencia histórica,
siempre han tenido que defenderse del gobierno. Por lo que parte de sus enseñanzas, es que cuando
un compañero desaparece, deben buscarlo hasta encontrarlo.
Hoy, a poco más de
dos años del tiroteo de iguala contra los estudiantes, y en el que 43 de ellos
fueran desaparecidos, la situación no ha cambiado mucho. El gobierno quiere
imponer a toda costa su verdad histórica, aún y cuando tal verdad, es
insostenible. Si bien la ONU ha hecho presencia, esto tampoco ha implicado
ningún avance en el esclarecimiento de los hechos. Los dos jóvenes que
resultaron heridos aún no se recuperan, uno de ellos él más grave, Aldo aún se
encuentra hospitalizado y su recuperación que parecía imposible, hoy ha tenido
progresos. Cuando le hablan, él parece escuchar lo que le dicen, y tiene
algunos movimientos, por lo que, la esperanza de su mejoría crece.
Para la familia de
Aldo, sin embargo, todo este proceso ha sido díficil y costoso. Pues aunque el
gobierno presume de que le dan ayuda económica, en realidad no ha sido así. Los gastos de todo
su tratamiento han sido costeados por la familia, que ha podido hacerlo con la generosa ayuda
de muchas personas que los apoyan constantemente. Tal es el caso de Doña Bertha
Nava, que el día del cumpleaños de su hijo masacrado, quien tenía que haber
cumplido veinticinco años, organizó un evento para recabar dinero. Ocho mil
pesos fue lo que obtuvo y que entregó a la
familia, quienes tienen que comprar un medicamento que les cuesta tres
mil pesos y además, tienen que trasladarse continuamente de Oaxaca que es donde
viven, a la ciudad de México que es
donde se encuentra hospitalizado Aldo.
Edgar, otro de los
chicos que sobrevivieron aquella noche del 26 de septiembre, también ha hecho
lo posible por retomar su vida. Con gran orgullo para su familia y compañeros, acaba de graduarse de la
Escuela Normal, a pesar de que su recuperación todavía está en proceso, pues
recientemente también le hicieron una cirugía de la boca. Al igual que la
familia de Aldo, no ha recibido tampoco ninguna ayuda por parte del gobierno.
La lucha por los
jóvenes desaparecidos continúa, a pesar de que todo el proceso está estancado,
y el gobierno se mantiene en la misma postura de sostener su verdad histórica.
El reclamo es también por los jóvenes que fueron heridos y a quienes el
gobierno no les ha hecho justicia, pues no hay
nadie a quien se le haya responsabilizado por las condiciones en que se
encuentran, ni que pague por los
costosos tratamientos que necesitan. Hoy ellos requieren que su voz se escuche
y requieren también de la ayuda económica de quienes puedan y quieran apoyarlos.
Las distintas
delegaciones, siguen haciendo recorridos por todos los lugares que es posible,
y en todos lados la población se solidariza con ellos. La experiencia de los
padres, no es ajena al país, en el que se cuentan más de veintiocho mil
desaparecidos. ¿Dónde están? Esa es la pregunta que los familiares, esperan les
sea respondida. Hoy en la víspera de día de muertos, ellos siguen muriendo de
angustia, de zozobra, viviendo a medias. Sin su presencia, sin sus cuerpos, sólo les
quedan las fotos, los recuerdos, la añoranza de lo que ya no podrán ser sus
hijos.
jueves, 29 de septiembre de 2016
LOS PRIMEROS HOMBRES
Hace muchos años, muchos
más de los que el ser humano puede imaginar existió una vez una civilización en
donde habitaron los primeros hombres. Cuando ellos fueron creados, Dios los
hizo físicamente hermosos, tan hermosos y perfectos cómo nunca jamás lo han
vuelto a ser. Ellos fueron los primeros habitantes de un mundo recién creado,
lleno de abundancia, armonía y perfección. No requerían preocuparse por nada,
pues no tenían que trabajar para ganar
el pan de cada día, todo cuanto requerían en su vida simplemente les era
concedido.
En aquél tiempo, dios
dispuso que los ángeles tuvieran un contacto directo con los seres humanos para
ayudarles en su evolución, para guiarlos
y protegerlos. Así que una legión de ángeles fueron enviados a vigilar
su evolución. En este planeta convivieron juntos por única vez, ángeles y
humanos. Ángeles con los que podían hablar e interactuar, pues a
diferencia de nosotros, ellos eran capaces de ver a todos los seres existentes,
aún los que no poseían un cuerpo físico.No existía separación alguna entre las distintas
clases de seres.
Ángeles y humanos tenían
una prohibición: mezclarse entre ellos. Pues cada uno tenía su sitio: los
primeros eran los guías y maestros, los segundos, los seres que requerían
evolucionar para ser mejores, para perfeccionar su espíritu.
Los primeros hombres que
podían tenerlo todo, eran fuertes y muy
altos, al no requerir de realizar ningún esfuerzo para tener cuanto
necesitaban, dedicaban días y noches enteros al ocio y al placer. Nada parecía
imteresarles más en la vida, sólo la diversión. Ni se interesaban por aprender
nada, pues el conocimiento de cualquier cosa llegaba a ellos en el momento en
que lo necesitaran , una voz interna parecía ser la fuente de todas las
respuestas. Por lo que cualquier situación era demasiado fácil. No se requería
ningún aprendizaje, ningún esfuerzo, todo era simplemente concedido.
Aquellos humanos eran
increíblemente hermosos y saludables, pues poseían el total conocimiento de la
regeneración y rejuvenecimiento del cuerpo y por supuesto llegaron a vivir
hasta mil años en perfecta salud. Ellos construyeron alguna vez, el único
templo de regeneración y rejuvenecimiento que ha existido en nuestro planeta. Y
cada determinado tiempo acudían a él para recibir por tres días continuos un
tratamiento que les permitía estar jóvenes y saludables.
Poseían también el
conocimiento de la anti-gravedad, lo cual, les permitía edificar colosales construcciones
con enormes bloques que, aún hoy, los ingenieros de nuestra moderna civilización
son incapaces de mover, ni aún, con la
más avanzada maquinaria que se posee.
La trasmutación de los
metales y muchos otros saberes, que incluso para nuestra ciencia actual son
todavía un misterio, fueron parte de los conocimientos ,que hicieron posible
construir cualquier cosa de manera rápida y magnificente. Pero no tenían
ninguna idea de dónde les provenía su poder de creación, ni podían tampoco
valorar lo que esto implicaba, pues para ellos había sido siempre así.
Sus ciudades eran
increíblemente enormes, lujosas y
sofisticadas, pues nada parecía interponerse a sus deseos. Su vida era
completamente relajada, pero en sus corazones no existía el amor, ni el dolor,
ni la compasión, ni uno sólo de los sentimientos que caracteriza a la mayoría de
los seres humanos actuales. Ni uno sólo de los principios y valores propios que
el hombre aprende a través de su vida. Para ellos sólo existía la abundancia y
el placer, el ocio y la diversión, y jamás habían tenido que realizar ningún
esfuerzo de ningún tipo para gozar de todo cuanto tenían. Por lo que, no tenían
conciencia de sí mismos como seres humanos, menos aún como seres espirituales.
En cierto sentido, eran como niños que sólo pensaban en gozar del momento.
Muchos años pasaron en
esa vida trivial, superflua y enfocada a los placeres, tantos como ha vivido el
hombre de nuestra civilización moderna, sin que nada perturbara su orden. Pero
el gran creador miraba lo que ocurría, con infinita tolerancia y amor, sin ninguna prisa, pues para él todo
tiempo es eterno, dejó que el hombre viviera así. Le otorgó la oportunidad de
cambiar, de aprender, y de reconocer su naturaleza espiritual. Pero los años
pasaron y el hombre no cambió.
Los ángeles encargados
de guíar a los primeros hombres, sucumbieron al deseo de disfrutar de los
placeres terrenales. Mirando a las mujeres más hermosas que jamas hayan
existido, quisieron coexistir con ellas. Ángeles y mujeres procrearon hijos,
algo que nunca debió suceder. Aquéllos ángeles desobedecieron el mandato divino
de cuidar de los hombres y de revelarles un conocimiento que eran incapaces de
comprender y de usar con sabiduría.
Ángeles y humanos : se
mezclaron entre sí y entonces los ángeles revelaron a los humanos valiosos
secretos que les permitían tener poderes sobre todos los elementos y criaturas de la tierra. La vida de los
humanos se tornó demasiado fácil, pues
nada les impedía cumplir sus caprichos. La soberbia de los primeros hombres
creció como nunca antes, usaban los poderes indiscriminadamente, por la simple
vanidad de demostrar su poder.
Cuando nacieron los
hijos que eran la mezcla de humanos y ángeles la situación empeoró. Pues todos
ellos se sentían dioses a los que nada se les podía negar. Cualquier capricho
de ellos debía ser complacido. Entonces comenzó la guerra entre ellos, ciudades
y poblaciones enteras eran destruidas en segundos por aquéllos semidioses, sólo
para demostrar su poder. Truenos, rayos y explosiones iluminaban el inmenso
cielo. Provocaban terremotos, tormentas devastadoras, inundaciones intempestivas,
con el sólo propósito de demostrar su
supremacía.
Las batallas eran
interminables, pues los nuevos
descendientes de ángeles y humanos no tenían límite. Millones de los primeros
humanos murieron en las destrucciones masivas que ocasionaron las grandes
batallas y parecía que nada podría deterlas.
Cuando el creador miró
lo que había sucedido por el desacato de los ángeles, decidió exterminar a todos
los que habían desobedecido. Los ángeles caídos súplicaron perdón, enviaron al
único hombre en la tierra que no había sucumbido a la tentación. Y este hombre
imploró el perdón para los ángeles y los
hombres, pero la decisión había sido tomada.
A los hombres se les
había concedido mucho tiempo y oportunidades para enmendar su camino, y durante
ese tiempo no hicieron ningún cambio, pero el desacato de los ángeles los llevó
a la total perdición. Y por haber llevado a los hombres por el camino
equivocado, en lugar de ser sus guías y maestros, los ángeles caídos fueron
condenados al exterminio.
La milicia celestial al
mando del arcángel Miguel fue la encargada de la misión. La batalla entre
ángeles duró incontables días y noches, en el tiempo de los seres humanos,
parecía que duraría por toda la
eternidad. Los cielos se iluminaron con el fuego inmenso que ningún humano
puede imaginar. En la tierra la luz y el calor fue intenso por muchos años. Y
del cielo ardiente que se volvió de un
rojo intenso, llovió tanto fuego que
destruyó todo a su paso.
Ahí donde el fuego caía ,
todo moría, árboles, plantas, animales y hombres. Por muchos años, los pocos hombres
sobrevivíentes , huyeron tratando de encontrar un lugar a salvo. De las plantas
y árboles, sólo quedaron restos de cenizas. Hombres y animales salvajes huían de un lugar
a otro tratando de salvar su vida, pero no había en todo el planeta un lugar
seguro. Fue entonces que los primeros hombres comprendieron que todos sus
poderes juntos y todo el conocimiento que les habían dado los ángeles, no era
nada ante el poder ilimitado y supremo de Dios, su creador.
Los más terribles rayos
y truenos cruzaron el espacio, el estruendo fue tal, que se escuchó en los
confine del universo. El planeta se tambaleo sobre su eje como nunca antes. Los
mares furiosos arrasaron con todo lo que se encontraba a su paso. Fuertes y
continuos temblores sacudieron los valles y montañas incontables veces.
Y después de un tiempo
imposible de contar, por fin, terminó la batalla celestial. Los ángeles caídos
habían sido exterminados. Y a pesar de la conmoción que en el planeta causó la
más terrible e inimaginable batalla de todos los tiempos, algunos de los
primeros hombres aún sobrevivían.
El planeta todavía se
conmocionaba ante los fuertes impactos recibidos y los ángeles de la milicia
celestial preguntarón al creador qué deberían hacer con los pocos hombres que áun
sobrevivian, pues entre ellos estaba el único hombre que había sido justo
durante toda su vida y había suplicado el perdón para los ángeles caídos y los
hombres que se mezclaron entre sí.
Dios dijo, que todo el
planeta debía ser limpiado y renovado completamente. Así que para la tierra
siguieron millones de años entre mega-terremotos que renovaron toda la corteza
terrestre. Enormes montañas se elevaron desde las profundidades del mar y desde
inmensos valles. Al mismo tiempo, lo que antes habían sido valles y montañas se
convirtieron en abismos profundos. Lo que estaba en la superficie quedó
sepultado debajo de innumerables montañas de roca y piedra.
Millones de años
transcurrieron antes de que la corteza terrestre se renovara por completo. Y
millones de años más, antes de que la tierra recobrara su equilibrio y quietud.
Mientras tanto, se planificó y se preparó todo, para la creación de los
siguientes habitantes de la tierra. Un solo hombre sobrevivió a toda la
destrucción, el único hombre justo. La historia de ese hombre fue un misterio
para los hombres, pero alguna vez, será revelada.
Desde entonces, a todos
los hombres que fueron creados después de la renovación, no se les da todo el
conocimiento. La mayoría de las cosas deben aprenderlas por sus propias
vivencias. Y todas las situaciones complejas que se les presentan en la vida
tienen el propósito de motivarlos a aprender nuevos conocimientos y de
comprender su valor e importancia. Tienen que aprender que todos los hombres
son hermanos, hijos del único creador. Tienen la consigna de amarse los unos a
los otros, de crear el nuevo cielo en la tierra.
Desde entonces ángeles y
humanos no pueden vivir juntos, se encuentran en distintas dimensiones. Y
aunque los ángeles tienen todavía la
misión de guiar, proteger y ayudar al ser humano en su evolución. El hombre
tiene que conocerse a sí mismo, guardar silencio para poder escuchar en lo más
profundo de su ser, esa voz que lo guía, ese ángel que le habla para darle los
mensajes del creador.
Y como en aquéllos
tiempos de los primeros hombres creados, de los hombres modernos también se espera que
evolucionen a través del aprendizaje de
las experiencias terrenales y que algún día, dejen de mirar sólo afuera y vuelvan
los ojos y el corazón a su creador. De que alguna vez, todos vuelvan a ser uno
con dios.
Ella reposaba sobre el hombro izquierdo de él. Le gustaba el silencio de la noche oscura,
pero él no dejaba de hablar. Le repetía una y otra vez, cuánto la quería.
La respuesta de ella era una sonrisa irónica y maliciosa.
Hace muchos años, aunque no recuerda cuantos, dejó de creer en el amor. Una traición tras otra de cada uno de los
hombres que había amado, le dejaron en el alma un enorme pozo lleno de
desesperanza.
No creía más en las pálabras de nadie, menos aún, en las
promesas de amor de ningún hombre. Tenía la certeza absoluta de que si se
enamoraba volvería a ser traicionada.
Hace mucho tiempo también, dejó de buscar el amor.Pero
no, no era una mujer amargada o resentida con la vida, ni buscaba venganza de
los hombres. Simplemente había aceptado que el amor no existía para ella.
A veces, cuando se sentía más sola que siempre iba a su
café favorito, que curiosamente y por ironía de la vida, se llamaba Amor. Iba
simplemente a estar sola, a ver pasar a la gente desde la terraza, a ver como
el amor hacía brillar intensamente los ojos de los enamorados.
Y de regreso a casa en un día de aquéllos, fue que
conoció a este hombre, que precisamente y por pura casualidad se llamaba Eros.
Aquél día él le sonrió abiertamente mientras trataba de
seducirla con su trato amable y su plática.
A ella, simplemente no le impresionó. Era una mujer
hermosa, quizás demasiado, que naturalmente la mayoría de los hombres que la
conocían trataban de seducir.
Había escuchado a lo largo de su vida, miles, o tal vez,
millones de palabras lisonjeras tratando de agradarla. Y como en un juego de
adivinanzas que de sobra conocía, podía anticipar cada una de las fases del
juego de seducción.
Sonreía para sí misma, cuando escuchaba las mismas
palabras repetirse una y otra vez, como la canción de un disco rayado de sus
tiempos de juventud. Hace mucho que ya nadie podía impresionarla.
Había decidio estar con este hombre, no porque la
ilusionara, no porque creyera en sus huecas palabras de amor, simplemente
porque se le dió la gana estar con alguién. Pero lo cierto es que no esperaba
nada de él.
Había decidido establecer una relación que no se basara
en el amor, sino sólo en el gusto de compartir un momento, un deseo, no más. Así
que mientras él le hacía repetidos juramentos de amor, ella simplemente pensaba
en sus próximas vacaciones, en las que, desde luego, él no estaría.
Él era casado, lo cuál a ella no le sorprendía en
absoluto, más bien, reiteraba una vez más, una comprobada certeza adquirida a
través de experiencias de años: los hombres casados son los más infieles.
A veces, él quería hablar de su esposa, ella le hacía un
gesto de que guardara silencio. Tampoco le importaba escuchar un drama más de
los que inventan los hombres para justificar su infidelidad.
Ella conocía todos los pretextos, que si la esposa era
muy controladora, que si le exigía mucho dinero, que si se había casado
demasiado joven, que si ella era infiel, que si era una neurótica que gritaba
todo el tiempo, que si nada podía satisfacerla, que si era una fodonga…
En fin, cualquier pretexto es bueno tras de un dedo
acusador de quien evade sus responsabilidades y su participación. Ella no
deseaba saber nada, lo único que quería, era pasar un buen rato. Las justificaciones
que él tuviera que inventarse para evitar la culpa, eran su asunto, de nadie
más.
No necesitaba justificar nada ante él ni ante sí misma.
Ni quería oír a éste, ni a ningún otro hombre, hablar mal de otra mujer. Lo que
podía sentir por la esposa, sólo era una profunda pena por vivir con un hombre
como éste: infiel.
Fuera de este momento breve y placentero que compartían,
a ella no le importaba nada de él, ni sus problemas económicos ni su impotencia
viril, ni siquiera que él tuviera otras amantes. Pues ella bien sabía, que un
hombre que traiciona a su esposa, no lo hace una vez, sino muchas.
Podía haber sido éste o cualquier otro hombre. En realidad
eso no importaba, bastaba con que le atrajera físicamente. Y tenía que
reconocerlo, este hombre tenía una voz grave y varonil que le gustaba.
Físicamente era el tipo de hombre que le atraía cuando
era adolescente, pero ahora no le atraía ningún hombre en particular. Se reía
de cómo había llegado a esa conclusión tan generalizada: “todos los hombres son
iguales”.
Pero luego, se reía mucho más para sí misma mientras se
decía: “no, no es verdad, algunos son peores”. Después miraba hacia el cielo y
decía: “dios mío, te perdono, pues ese fue tu primer intento de hacer algo
bueno”. Pues dicen que dios creó primero al hombre que a la mujer.
Él quería estar con ella cada semana, le mandaba mensajes
a diario por el celular. A veces, decía que se moría de ganas de verla, pero
que no tenía dinero. Ella soltaba la
carcajada mientras le escribía que no había prisa, que le llamara cuando
pudiera pagar las cuentas.
No, ella no estaba dispuesta a dejarse manipular con el
pretexto del amor. Si él quería estar con ella tenía que pagar las cuentas y si
no podía hacerlo, entonces tendría que buscar a otra que quisiera pagar por su
compañía, pero ella no.
No iba a gastar un centavo en un hombre que podía
sustituir fácilmente por otro, además, no creía que hubiera en todo el mundo,
un sólo hombre por el que valiera la pena pagar un centavo.
Y no, definitivamente no se trataba de una persona
tacaña. En realidad ella solía ser muy generosa con la gente que la rodeaba y
con las propinas a los meseros que la atendían. Es sólo que no creía que tuviera
que pagar por el amor de ningún hombre.
No, hace mucho que ella no creía en el amor ni en los
príncipes. Hace mucho que la vida le había demostrado que ella no era ninguna
princesa, sólo era una mujer como muchas, como millones que a diario son
traicionadas, engañadas y desilusionadas por los hombres.
Así, que despues de descansar un buen rato sobre su
hombro izquierdo
se levantó y salió a la calle sin
despedirse. Al final ella era sólo eso, una mujer como muchas mujeres, y él
simplemente, un hombre como muchos hombres. Sólo eso, no más.