lunes, 30 de marzo de 2015

EL CLIMA




EL CLIMA

 
Los días se volvieron grises. ¿Desde cuándo? No lo sé. Pero sucedió que el clima de súbito se volvió loco, inestable. A días extremadamente calurosos, de pronto, le siguieron días lluviosos y muy fríos. El cielo antes lleno de vapores calientes, se volvió de un azul intenso y lleno de nubes como borregos. Las lluvias cayeron intensas, y a veces, con mucho granizo. Aguaceros, como en pleno temporal de lluvias.

En las calles de la ciudad, la gente no sabía cómo sentirse. Al principio se les veía agotados por el calor extremo, como muñecos desmadejados. Molestos por los desagradables olores de los cuerpos sudorosos hacinados en el transporte público de las horas pico. Después, las lluvias sorpresivas causaron desconcierto, pero también un poco de alivio. Llegó la frescura del viento libre del polvo.



Pero el clima seguía cambiando, dos o tres días de calor intenso, después, lluvia, frío. Había días en que la gente estaba especialmente irritable. Todos parecían tener prisa de llegar a no sé dónde, o de escapar de no sé qué. Veía a gente trasgrediendo reglas, conductores de automóviles rebasando en lugares inapropiados y por el lado derecho. Conductores del transporte público haciendo lo imposible por arrebatarse a los pasajeros, en una batalla que implicaba recorridos a toda velocidad. O en retrasar su recorrido para esperar la mayor cantidad de pasajeros antes de que el siguiente transporte lo alcance.

¿Se trata de escapar de algo?  O, de evitar que algo se escape a como dé lugar. Tal vez escapar de los cambios súbitos, de los efectos inesperados que sentían en el propio cuerpo. O de evitar que se fuera aquello que había sido estable hasta hace algún tiempo. De preservar aquello que brindaba seguridad. Los comentarios en la calle son muy parecidos: no hay trabajo, las jornadas laborales son esclavizantes, de doce horas, los salarios extremadamente bajos. El sueldo de una persona no es suficiente para cubrir las necesidades más elementales.

El malestar general es enorme, las cuotas por servicio de energía eléctrica se triplicaron desde el año pasado, mientras el gobierno sigue publicitando, los miles de pesos que las familias se ahorran en este servicio. Las ejecuciones públicas siguen ocurriendo a plena luz del día. El tiempo de parada ante un semáforo es aprovechado para ajustar cuentas por los distintos bandos. La gente que tiene la desfortuna de estar en el momento equivocado, trata de evitar el horror huyendo de prisa o mirando a otro lado.

Y las manifestaciones públicas se volvieron algo demasiado cotidiano. Lunes, miércoles, sábados, y a veces, hasta los domingos. Incluso el gobernador las tiene ya agendadas, su reacción es muy simple. No está en el palacio de gobierno en los días en que sabe, le harán una manifestación, se traslada a los municipios en lo que él mismo, impuso al presidente municipal. Lo que reclamen a gritos en las calles o le escriban en las pancartas para nada es de su incumbencia. Con ayuda de los presidentes municipales y de los medios de publicidad, sigue pintando la fachada del progreso. Se colocan mantas que anuncian la inversión de millones de pesos en obras de rehabilitación y re-encarpetamiento de carreteras en dónde no se ha invertido un solo peso, o en las que apenas se colocaron algunos señalamientos o taparon algunos baches, que por supuesto no justifican el gasto millonario que pretenden.

La gente ve las mantas, su enojo es manifiesto, las rompe. Comentan el robo tan descarado en las calles, en el transporte, o aún en el facebook. Se enteran que en aproximadamente, dos o tres poblaciones por cada municipio del estado, se han colocado mantas sobre esta clase de “obras públicas”. Algunas de estas acciones se denuncian en programas de protestas, pero no se ejecuta ninguna acción legal sobre las personas que las realizan. Como si nada, algunos presidentes municipales siguen preparando su carrera política. Inician su campaña para lanzar su candidatura a diputados federales. Los puestos políticos son un buen negocio, permiten el enriquecimiento rápido e ilícito. De esto hay muchos ejemplos, el más conocido ahora, el del anterior presidente de Iguala. La impunidad es otro de los privilegios de los políticos poderosos. Ahora la gente se pregunta, ¿cuánto tiempo estará Abarca en la cárcel?, ¿dos, tres años? ¿En qué condiciones?, ¿como un rey, con todas las comodidades que el dinero le puede comprar? ¿Cuántos estudiantes desaparecidos hacen falta para aplicar la justicia? Cuarenta y tres, ¿no son suficientes?

El descontento es en todos los ámbitos. Se acercan nuevas elecciones. El INE, trabaja ya en los procesos para la elección. Los capacitadores que se encargan de notificar a los ciudadanos que han sido electos para ser funcionarios de casilla, se encuentran con la negativa de los ciudadanos a participar. El sentir es, ¿para qué participar en un proceso, que ha sido y puede ser fraudulento?, ¿Cómo se puede elegir a un buen presidente, cuando todas las opciones que ofrecen los partidos, de antemano, se sabe que son sólo malas y peores?, ¿para qué jugar a elegir un presidente, cuando con anticipación se sabe, que ya ha sido electo en los altos mandos?

¿Para qué participar en el juego de las apariencias? Las elecciones se han convertido en un pretexto para dar a los partidos políticos presupuestos millonarios. Las campañas son la oportunidad de negociar con los pobres su hambre. El voto a cambio de una despensa, de cien pesos, de un puesto de trabajo, de recibir ayuda a través de algún programa social, que por supuesto, se dice es ajeno a cualquier partido político. En algunas comunidades esta práctica se ha arraigado tanto que ya no se preguntan ¿cuál es el partido?, ¿Quién es el mejor candidato? No. La única pregunta es ¿quién da más? Y los militantes, desde luego, van de un partido a otro, según les convenga.

Durante sus campañas los políticos, llevan consigo toda una comitiva dispuesta y entrenada en aplaudirles sus huecos e incoherentes discursos, llenos de palabras rimbombantes, cuyo significado, ellos mismos ignoran. Algunas personas se acercan esperando alguna dádiva, que puede ser, una gorra, una bolsa, un paraguas, una pluma, una camiseta, un vaso de refresco, o una torta. Los candidatos saludan a los pobladores con una amplia sonrisa y de mano, mostrando el afecto e interés casi de un hermano. Una actitud contrastante con la indiferencia con que los tratarán, el día que soliciten una ayuda o que cumpla las promesas hechas, una vez que llegue al puesto aspirado.

Pero algunas personas atrevidas, le cuestionaran si parte de su política, también será desaparecer a los estudiantes de la única escuela preparatoria de la localidad. Momento que los políticos, aprovechan para manifestar su total repudio y desaprobación a este tipo de actos. Su propósito es sólo uno: ganar adeptos, sin importar lo que tengan que prometer. Después de todo, ellos mismos dicen: “prometer no empobrece”



Este es el clima, de descontento, de inseguridad, de hastío, de desesperanza. Un clima gris, inestable, que promete no mejorar por mucho tiempo.

sábado, 28 de febrero de 2015

INCENDIES







INCENDIES


En las guerras entre los países y las personas, cada uno defiende sus creencias, ideas, poder, posesiones, derechos o territorios. Quien se encuentra en territorio de batalla está obligado a pertenecer a un bando si es que pretende sobrevivir de alguna manera. Pero en las guerras que han durado generaciones, a veces las circunstancias colocan a ciertas personas en el lado contrario al que estuvieron inicialmente.

Aunque en cualquier guerra se pretende vencer al enemigo, a veces sucede, que a quién se destruye es a sí mismo. Hombres y mujeres son víctimas del poder, la violencia, la tortura, el encarcelamiento y quienes logran sobrevivir a ello, deberán emplear muchos años de su vida para sobreponerse a lo vivido. 

La protagonista de esta película, Nawal, es una mujer que siempre se mostró silenciosa y retraída en el trato con sus hijos gemelos Jeanne y Simon. Ellos sólo comprenderán ese silencio cuando al morir ella y leer su testamento, reciban unas cartas que deberán entregar a un hermano que ignoraban que tenían y a un padre que creían muerto. En la búsqueda del padre y el hermano, realizaran un recorrido por el pasado de su madre, descubriendo a una mujer totalmente desconocida para ellos. Conocerán su insospechado origen y saldrá a la luz una verdad escalofriante.  

Este film dirigido por Denis Villaneuve está lleno de suspenso, y el horror supera en mucho cualquier verdad imaginable.




EL COMANDANTE Y EL DIABLO



EL COMANDANTE Y EL DIABLO


Hace algunos años, en un pequeño pueblo alejado de las grandes ciudades, los habitantes se organizaban para su propia seguridad. Eran los años postrevolucionarios. La mayoría de los pueblos eran pequeños y aislados. La falta de carreteras y medios de transporte, hacía que la comunicación con las ciudades fuera muy lenta.

Los pueblos indígenas tenían sus propias formas de organización social, las cuales por cierto, eran muy eficientes. La seguridad era algo muy importante, en un lugar en donde el gobierno federal no tenía alcance. Todavía existían bandoleros que iban de pueblo en pueblo robando y matando gente, por lo que era necesario protegerse de ellos.

En este pequeño pueblo, existía un comandante que había sido elegido en una asamblea general por mayoría de votos. Él estaba a cargo de organizar a los hombres del pueblo para salvaguardar la seguridad de los pobladores. Todos los hombres mayores de dieciocho años debían prestar un servicio de ronderos periódicamente.  Su trabajo consistía en realizar recorridos nocturnos y dar la voz de alarma en caso de que algún bandido estuviera en el pueblo, hubiera algún pleito entre los hombres o sucediera alguna fechoría.

Después de hacer su recorrido nocturno, los ronderos se dormían en la comandancia, prestos a cualquier emergencia. Y así eran todas las noches. El comandante, por su parte, antes de irse a descansar a su casa, revisaba que los ronderos estuvieran de guardia en la comandancia. Así que ese día, como siempre fue a saludarlos antes de retirarse. Pero al acercarse al lugar en donde dormían, vio que alguien caminaba alrededor de ellos. No alcanzaba a distinguir quién era, sólo veía un hombre encapuchado.

El encapuchado daba vueltas alrededor de los hombres dormidos. El comandante trataba de saber quién era, pero en aquella época no había luz. Lo único que alumbraba el interior de la comandancia era la claridad de la luna. A pesar de su miedo, con gran valor se plantó frente a él y le preguntó:
-¿Quién eres tú?
Por respuesta, sólo escuchó como el encapuchado le hacía burla, repitiendo sus propias palabras. El comandante le volvió a preguntar dos veces más y la única respuesta fueron las burlas.


La noche era muy fría, pero al comandante, eso no le importó, lanzó su sarape sobre el encapuchado y en un intento por atraparlo, se le fue encima. El encapuchado salió huyendo velozmente de la comandancia, mientras el comandante corría tras de él con el machete en la mano. Lo correteo por la calle, y cuando estaba a punto de alcanzarlo, se metió a la iglesia, El comandante recogió piedras y se las lanzó con fuerza, pero extrañamente, era como si algo las desviara de su blanco. A pesar de esto, le gritó que no le tenía miedo y que quería saber quién era.

El comandante seguía lanzándo piedras y gritándole, y a pesar de todo el ruido que hacían, ningún rondero vino a ayudarle, pues misteriosamente, todos dormían profundamente. El comandante correteo al encapuchado por el atrio de la iglesia por mucho tiempo. Y cada vez que estaba a punto de alcanzarlo, un fuerte viento lo aventaba lejos de él. Estaba muy cansado de corretearlo, pues lo había perseguido toda la noche, pero no quería dejar que se le escapara. Entonces vino a su mente un pasaje bíblico, y le dijo:
-En el nombre de Dios, yo te voy a vencer aunque seas el diablo.
Al momento de pronunciar estas palabras, el encapuchado se convirtió en una bola de fuego, que explotó con un gran trueno. Cuando el humo se hubo disipado, no quedaba rastro alguno de aquél ser, pero sí se percibía un fuerte olor a azufre. En el lugar en donde fue la explosión, tiempo después los pobladores pusieron una cruz de piedra.

Pasaron los días, y desde aquella noche de la persecución, el comandante perdió el apetito, no comía casi nada, y pronto estuvo en los puros huesos. Fue con el sacerdote y le contó todo lo que había pasado. Le dijo que había sido golpeado tres veces por aquél ser encapuchado, y que sentía un profundo asco por cualquier comida, porque sentía que el olor de azufre se le había quedado impregnado en el cuerpo.

El sacerdote dijo que había luchado con el diablo y que era muy afortunado de haberlo vencido.
-Tienes que comer, aunque tengas asco, porque si no lo haces te vas a morir.
Desde ese día, el sacerdote hacía oración por él. Y el comandante siempre leía su biblia y hacía oración antes de comer. Y así, poco a poco, con determinación y pidiendo la ayuda de Dios, venció el asco y volvió a tener ganas de comer. El comandante vivió muchos años todavía, y murió cuando estaba ya muy viejo.  

lunes, 2 de febrero de 2015

NESTORA SALGADO





NESTORA


Nestora, es una mujer indígena, nació y creció en el pequeño pueblo de Olinalá Guerrero. Ella es la sexta de siete hermanos. Mujer fuerte y luchadora, nunca cejó en su empeño de salir adelante, de buscar una mejor vida de la que podía tener en su lugar de origen. Como millones de mexicanos pobres y marginados, a los veinte años emigró a los Estados Unidos buscando la única posibilidad que podía cambiar su vida.

En el país vecino trabajó duramente como empleada doméstica, niñera y mesera. Allá se casó, formó una familia, y finalmente se hizo ciudadana. Ella es de los mexicanos que dejan su patria por falta de oportunidades en su país. Y aunque vivió allá por muchos años, nunca dejó de amar y extrañar su tierra. Con el tiempo, sus hijas crecieron e hicieron su propia familia. Sin las responsabilidades de la crianza y con la posibilidad de entrar y salir libremente de Estados Unidos, comenzó a realizar frecuentes viajes a su pueblo natal. Sólo para confirmar con sus propios ojos el aumento de la pobreza extrema y el hambre de sus paisanos. La misma hambre, que años atrás, la movió a irse.

Quién ha pasado hambre y frío alguna vez en su vida, no es insensible al hambre de sus hermanos de sangre.  Comenzó a viajar más frecuentemente de Estados Unidos a Olinalá, para traer ropa y alimentos a sus paisanos. Poco a poco, un sentimiento de solidaridad y justicia la llevó a involucrarse en el movimiento indígena de su comunidad.

Guerrero es uno de los estados más violentos del país. La extrema pobreza en que viven los indígenas, ha hecho que históricamente en este lugar surjan líderes que encabezan la lucha por la justicia y el derecho a una vida digna. El gobierno ha respondido desapareciendo o matando a los líderes en un intento por apagar las protestas y mantener el control. Las masacres de campesinos indígenas han sido parte de la historia de este estado. La desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, es un hecho que al hacerse público, ha indignado a la comunidad mundial, pero que, no es el único.  En los últimos cinco años la violencia, pobreza, corrupción y criminalidad ha aumentado, no sólo en Guerrero sino el todo el país. En carne propia, estos pueblos han experimentado en repetidas ocasiones, la represión gubernamental.

Conscientes de su vulnerabilidad ante el gobierno y la criminalidad, algunas comunidades de los estados de Guerrero, Michoacán y Oaxaca, han optado por organizarse y protegerse a sí mismas, formando una Policía Comunitaria. Derecho, que constitucionalmente está fundamentado en el  artículo 2º de nuestra ley magna, y, además en la Ley 701 de Reconocimiento, Derechos y Cultura de los Pueblos y Comunidades Indígenas del estado de Guerrero. Una de las funciones de la Policía Comunitaria, es proteger a los residentes contra el crimen organizado. Su propósito no es delinquir, sino colaborar en la seguridad de las poblaciones.

La población de Olinalá había sido víctima de grupos criminales organizados que secuestraban mujeres para la trata y explotación laboral, mientras a los hombres los obligaban para el trasiego de la droga o como sicarios. En este pueblo, fue el asesinato de un taxista que se negó a pagar el dinero para su “protección” a un grupo criminal, lo que motivó a la formación de la Policía Comunitaria.  Como mujer luchadora y líder natural, Nestora encabezó y dirigió la manifestación de los pobladores para expulsar al grupo criminal de su localidad y se establecieron retenes para impedir que regresaran.
En la primavera de 2013, Nestora fue electa comandante de la Policía Comunitaria de Olinalá. En sus inicios pidió ayuda al gobernador de Guerrero, quien se comprometió a proporcionarles una fuerza armada, entrenamiento y algunas armas. El impacto que tuvo la Policía Comunitaria, que operaba con base en medios tradicionales de responsabilidad y control social fue asombroso: la disminución de la tasa de criminalidad en un 90% y ningún homicidio en los 10 meses en que estuvo operando. Un logro que ni remotamente ha logrado el gobierno federal en todos estos años en su lucha contra el narcotráfico.

En agosto de 2013 ocurrió una emboscada en la carretera a Olinalá, en donde murieron dos ganaderos y otro más, desapareció. Familiares de las victimas solicitaron ayuda al síndico procurador del municipio, quien los ignoró, por lo que, decidieron acudir a la Policía Comunitaria. Como dirigente de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria (CRAC-PC), Nestora detuvo al síndico procurador a quien encontró alterando pruebas de la escena del crimen y tratando de huir con una vaca propiedad de uno de los difuntos. El síndico fue trasladado a la Casa de la Justicia de El Paraíso, en Ayutla de los Libres, para que fuera juzgado conforme a la ley, o bien, conforme a las leyes de usos y costumbres de la CRAC-PC en el tribunal popular.

Cinco días después de este suceso, Nestora fue detenida por el ejército y la marina, policías federales, estatales y municipales, sin que hubiera una orden judicial en su contra. En el operativo se le informó que sería trasladada a la ciudad de Chilpancingo. El pretexto oficial de su detención fue el secuestro de unos adolescentes (a quienes arrestó porque vendían droga) y del síndico procurador. Hubo una segunda acusación por secuestro y lesiones contra otras cinco personas. Y una tercera acusación del gobierno federal por el delito de delincuencia organizada en la modalidad de secuestro. 

Parte del trabajo comunitario desarrollado por Nestora era fomentar el liderazgo de las mujeres indígenas y empoderarlas para defenderse de la violencia intrafamiliar y el abuso infantil. Como ciudadana estadounidense está considerada una defensora de los derechos humanos y de las comunidades indígenas. La Universidad Berkeley, de California, la apoyó con la contratación de un bufet de abogados para su defensoría, quién ganó la apelación contra el auto de formal prisión en marzo de 2014. La conclusión de los magistrados fue contundente: la fiscalía del estado de Guerrero no pudo acreditar que Nestora privó ilegalmente de su libertad a las personas para pedir rescate, porque ella era coordinadora de la Policía Comunitaria. Las detenciones que se hicieron estaban dentro de sus funciones como coordinadora, y las personas detenidas, siempre estuvieron dentro de las Casas de Justicia de la Policía Comunitaria.  

Los actos que se le imputaban a Nestora eran privación ilegal de la libertad de varias personas, pero esto, no puede considerarse como un delito, en tanto que la Policía Comunitaria forma parte de Sistema Estatal de Seguridad Pública y lo que se ha manejado como pago de rescate, en realidad es el pago de la fianza que se fijó de acuerdo a la gravedad del delito cometido por las personas detenidas.

Años atrás, Nestora sufrió un accidente automovilístico que dejó paralizada temporalmente del cuello hacia abajo. La terapia física le permitió recuperar casi todas sus funciones motoras, sin embargo, todavía requiere de tratamiento médico y terapia de rehabilitación. Pero ella fue trasladada a una prisión de máxima seguridad en agosto de 2013, siendo considerada por el Gobierno mexicano como un peligro para la sociedad, y desde las primeras semanas de su detención, se le mantuvo totalmente incomunicada.  Sin permitir la visita de familiares  que hicieron el largo recorrido para verla. Se le permitió hablar con su abogado, sólo después de pasada la fecha límite para la petición  de liberación durante la espera de juicio.


A pesar de que el auto de formal prisión fue revocado desde marzo de 2014, Nestora sigue encarcelada en la prisión de máxima seguridad El rincón en Tepic, Nayarit,  a varios días de viaje de Olinalá. No hay ningún sustento jurídico para privar de su libertad a Nestora, pero, ella ha cumplido año y medio, presa.

En la cárcel la mantienen completamente aislada, sin posibilidad incluso de participar en ninguno de los talleres que realizan al interior del penal.  La falta de ejercicio, atención médica, una buena alimentación y el contacto con sus familiares y amigos han deteriorado rápidamente su salud, ocasionando incluso, un problema en su riñón.  Una mujer que nunca tuvo antecedentes penales, que luchó para erradicar la violencia contra la mujer y los niños, que buscaba el bienestar de su comunidad y que se enfrentó a bandas de criminales, tratada como un criminal de alta peligrosidad.  



Las amenazas de muerte y las represalias han impedido que reciba apoyo para su liberación. De la misma forma, se ha impedido la reorganización de la Policía Comunitaria. La persecución y encarcelamiento de líderes comunitarios como Nestora y la supresión de las fuerzas policiales comunitarias, obedece a intereses políticos ambiciosos. Por un lado, la concesión a empresas extranjeras para la explotación de los recursos naturales y metales preciosos de las montañas de Guerrero. Por otro, la desintegración de la organización de los pueblos indígenas y la supresión de cualquier protesta ante los abusos e injusticias de que históricamente han sido objetos.

En una de las prisiones de máxima seguridad de este país, algún preso encarcelado injustamente, escribió un día en la pared: “En este castillo fortaleza, no se castiga el delito, sino la pobreza”.  Es la historia de los pobres, de los marginados, de los luchadores sociales, de los que tratan de erradicar la corrupción. La razón por la que Nestora sigue tras las rejas.

EL FIN



EL FIN

Ella se quedó en silencio.
No quedaban ya palabras por decir.
Desde hace algunos meses, tal vez, años.
Había estado tratando de arreglar  los conflictos.
Había buscado la forma de poder hablar y entenderse
Pero cada vez que ella iniciaba un diálogo
Él se sentía ofendido, levantaba la voz y no escuchaba

Al principio hubo lágrimas y lágrimas
 Palabras, dulces, amorosas, mágicas
La miel que unía los corazones rotos.
Reconciliaciones felices…fugaces
Y promesas, muchas, muchas promesas.
Que al paso del tiempo no se cumplieron.
Llanto,  y corazones todavía más rotos.

Después vino el enojo, el dolor, el desencanto.
Las promesas vacías, las palabras sin sentido.
Las noches torturantes de insomnio.
El deseo obsesivo e que todo fuera como antes. 
Subirse al carrusel y llegar siempre al mismo punto.
Una y otra vez, como el sol de cada amanecer.
Hasta que comprendió que no habría cambio.



Todo seguiría como siempre.
Monótono, gris, largo, casi eterno.
 Pero ella estaba harta de ese juego.
Las palabras habían sobrado siempre
Y el amor se había agotado lentamente.
Se cansó de pelear contra la necedad.
Se cansó de hablarle a la nada.

El enojo y la desilusión también se fueron.
Se hizo un vació que no podía llenarse con quejas.
La realidad pesaba demasiado.
Atrapada en el silencio, llegó la indiferencia.
Se acumularon los días y los años.
No había más que hacer, ni más que decir.
Ella simplemente, se levantó y se fue.

    

lunes, 29 de diciembre de 2014

EL MÚSICO Y LAS SERPIENTES




EL MÚSICO Y LAS SERPIENTES
                                 

Cuentan que hace muchos años, cuando la era de la tecnología no había llegado, la gente solía convivir y pasar más tiempo con sus vecinos. Era la época en que, en la mayoría de los pueblos no existía el uso de la electricidad. Las horas de esparcimiento eran por completo distintas a las que ofrecen los aparatos electrónicos.

La gente solía visitarse y se sentaban por largas horas en sus patios, a la sombra de algún árbol. En los árboles había columpios que los mismos padres hacían para sus hijos. Para sus patios, los señores, elaboraban sillas muy rústicas con gruesos troncos de madera, o colocaban algunas piedras planas para sentarse. Los padres relataban a sus hijos hermosos cuentos y leyendas como La ciudad de los siete imperios, o bien,  relataban sucesos históricos de su pueblo y también cantaban.

En uno de esos pequeños pueblos existía una tradición musical que se había heredado de padres a hijos por muchas generaciones. Ellos mismos eran creadores de sus canciones y corridos en los que relataban alguna historia de un personaje o lugar. Había algunos hombres a los que les gustaba tanto la música que, a veces, se ponían de acuerdo para reunirse en algún sitio y dedicarse a cantar toda la noche, mientras bebían un poco de tequila o ron. Y así era que los músicos, cantantes y compositores de distintos pueblos se conocían y compartían su música con cierta frecuencia.



En uno de aquellos días, se supo de un señor que cantaba y tocaba la guitarra como nadie. Cada día, al terminar sus labores, con los últimos rayos del sol, tomaba su guitarra, salía a la calle, se sentaba en la esquina y comenzaba a cantar. Al momento, toda persona que estuviera cerca y lo escuchara se sentía atraída por su canto, sin pensarlo, dejaba lo que estuviera haciendo para sentarse cerca de él, solamente para disfrutar de la música.

Una y otra vez, le decían lo hermoso que era su música y canto, él sonreía complacido cada vez que lo escuchaba. Y así tarde, con tarde, la gente se sentaba a su alrededor a escucharlo. Pronto los demás hombres que también gustaban de la música, se preguntaban cómo era que podía ser tan buen músico. Porque ellos, por más que se habían esforzado practicando con sus guitarras, no lograban ser tan buenos como él.

Un día, uno de ellos dijo:
-¡Pero qué hermoso cantas y tocas la guitarra!
-¿Quieren aprender?
-¡Claro que queremos aprender!
-Entonces yo los llevaré al lugar en e pueden aprender.
- Sí queremos aprender tan bien, como tú.
-Voy a decirles lo que tienen que hacer.
-Dinos ahora, para hacerlo de una vez.
-Tendrán que esperar a que llegue el año nuevo.

Los días se hicieron largos para aquéllos hombres ansiosos de aprender. Cuando el día esperado estuvo próximo, el músico les explicó lo que tendrían que hacer. 

-Algunos kilómetros lejos de aquí, en la cima de la montaña se encuentra la entrada de una enorme cueva. Nadie sabe lo grande que es, pues nunca ha sido explorada en su totalidad. Pero algunos hombres curiosos han ido hasta allá, y desde la entrada, han arrojado una piedra para escuchar cómo cae por el fondo.  Dicen que se escucha el rebotar de la piedra  al ir cayendo, sin que se le oiga llegar al fondo. A esa cueva es precisamente a dónde iremos. Partiremos a las seis de la tarde, con los últimos rayos del sol. Y ustedes llevarán doce varas de membrillo.

El día tan esperado, por fin llegó. Tal y como lo acordaran, a las seis de la tarde comenzaron su ascenso por la montaña. En medio de la oscuridad total llegaron a la entrada de la cueva. Un sitio donde las piedras se apilaban una sobre otra, formando un montículo de más de tres metros. Entre los huecos de las enormes y rugosas piedras se insertaban las raíces de los árboles que cubrían la entrada. Sombras largas y fantasmales se dibujaban en las rocas, y un silbido que parecía venir de lo profundo de la tierra se escuchaba intermitentemente.



Cuando la media noche se acercaba, les dijo el músico:
-Aquí, canta una mujer muy bonito, en cuanto suene la primera campanada que anuncia el año nuevo, ustedes se pondrán cada uno a la entrada de la cueva, ella va a salir cantando.



Los hombres miraron el lúgubre lugar, y mirándose entre sí, se preguntaron si el músico no les estaba tomando el pelo. Pues ese, no parecía ser el mejor sitio en donde una mujer pudiera vivir. Pero ellos verdaderamente querían aprender a tocar bien y pensaron que, si ella les iba a enseñar, a ellos no les importaba el lugar. Pero lo que a continuación les dijo, los desconcertó más.

-Cuando ella salga, ustedes deben matarla de inmediato, sin darle tiempo de nada. Después deben tomar una tira de piel de su cuerpo y otra tira de piel de su cabeza.

A los hombres les horrorizó la idea, pero antes de que pudieran preguntar algo, se escuchó el primer tañer de la campana. Al instante empezaron a oír una suave voz, que poco  a poco se iba acercando. Con temor a ser descubiertos se quedaron en absoluto silencio. Entonces, del boquete de la tierra surgió una enorme serpiente. Al ver su  tamaño, la atacaron de inmediato con temor de ser devorados por ella. La golpearon con las varas de membrillo  hasta que comprobaron que estaba sin vida. Uno de ellos tomó las tiras de piel como le habían dicho, pero el otro, se alejó corriendo horrorizado.

El músico esperaba a corta distancia, cuando el hombre con las tiras de piel llegó con él, le dijo:
-Una de las tiras debes enredarla alrededor de tu cuello y la otra la pondrás en tu guitarra. Así lo harás siempre antes de comenzar a cantar. Al terminar, guardarás las tiras de piel en un lugar seguro y nunca se las deberás prestar a nadie. Dicho esto se despidieron para siempre.

El hombre hizo lo que le dijeron y desde entonces, su canto y su música eran de una belleza inigualable. No sabía cómo ni de donde le venían las canciones que tocaba, pero su éxito fue tal, que pronto se hizo famoso y recorrió pueblos y ciudades, ganando tanto dinero como nunca imaginó en su vida.

Este hombre se hizo famoso y rico, su felicidad era enorme, pues hacía lo que más le gustaba; cantar. Durante todo ese tiempo, había seguido al pie de la letra las instrucciones que le dieran sobre ponerse y quitarse las tiras de piel cuando cantaba. Jamás había tenido ningún problema.



Pero una noche, bebió demasiado tequila, agotado por llevar varias noches cantando, se quedó dormido sobre la mesa. Al otro día, muy temprano una señora lo despertó horrorizada.
-¡Mira las víboras que están en tu cuello y tu guitarra!

Las más enormes y horribles serpientes que puedan imaginarse lo rodeaban. Con profundo asco se apartó de ellas y huyó tan veloz como pudo. Este hombre no volvió a cantar jamás, su susto era tal, que se encerró en su casa y no salió nunca. Dicen que el apetito se le fue para siempre y en pocos días, murió en completa soledad.  

LOS HERNÁNDEZ



LOS HERNANDEZ


Cuentan que en tiempos postrevolucionarios, a lo largo y ancho del país prevalecía un gran caos. Había grupos guerrilleros que ocultos en la sierra, de vez en cuando realizaban incursiones a las ciudades para aprovisionarse de armas. De igual manera existían maleantes, quienes aprovechándose de la incapacidad del gobierno para restablecer el orden realizaban sus fechorías en los indefensos pueblos. Robaban y mataban  a la gente inmisericordemente.

Fue en esta época que existió una banda de maleantes muy conocidos como Los Hernández. Así los llamaban pues ese era su apellido, ya que todos eran hermanos. Estos hombres sembraban el terror, dejando  a su paso una estela de muerte.

Fue en una ocasión en que en uno de los pueblos se celebraba el carnaval, que Los Hernández hicieron una de sus tantas fechorías.  Los pobladores muy contentos estaban en su festejo, recorriendo las calles con el tradicional brinco del chinelo. Hombres, mujeres y niños se habían puesto su disfraz y cubierto la cara con la máscara y el sombrero. Había pasado ya mucho tiempo, desde que empezaran el recorrido de las calles, sin que nada extraordinario ocurriera. Cuando de pronto, de entre los disfrazados aparecieron Los Hernández, quienes de entre sus trajes sacaron sus armas y comenzaron a matar a mucha gente, que ellos sabían que no los querían. Fueron muchos los muertos, incluidos mujeres y niños.

Mucha gente les temía a estos maleantes, porque solían tomar venganza de quien se atreviera a denunciarlos ante las autoridades. En cuanto ellos se enteraban de que habían sido denunciados, buscaban a la persona, aún en su propia casa y la mataban.

En uno de los pueblos, la gente se dedicaba a la extracción de cal, la cual comercializaban en poblaciones aledañas. Para ello, tenían que mantener encendido el fuego durante tres días y dos noches en el horno en donde ponían a cocer las piedras. Los hombres cortaban leña y la traían durante el día, y por la noche, dormían cerca del horno, para cuidar de avivar el fuego. Fueron varias veces que los Hernández emboscaron a los hombres y los mataron mientras realizaban su trabajo.


Fue en este lugar que los hombres se organizaron para defenderse, y en grupos realizaban rondas en el pueblo. Hubo varios enfrentamientos con los maleantes, en los que algunos pobladores perdieron la vida, pero poco a poco, lograron que Los Hernández no entraran más al pueblo. Había un vigilante que se apostaba en lo alto de un cerro, desde donde podía mirarse hacia todos lados y cuando veía que se acercaban los maleantes, daba la señal de alarma y todos los hombres salían armados para enfrentarlos. 


Ante la organización de los pueblos para defenderse, los ataques de los maleantes fueron haciéndose menos continuos. Aunque fue el gobierno, quien finalmente mandó a perseguirlos hasta acabar con ellos.