lunes, 28 de abril de 2014

UN OJO DE VIDRIO






UN OJO DE VIDRIO

Es el título de la historia que relata las memorias de un esqueleto. Los sucesos dentro del panteón en que fue enterrado y de lo que ve a través de un ojo de cristal que en vida nunca le fue útil para ver.
Este libro de Castelao, particularmente me ha resultado no sólo muy divertido, sino muy inspirador. Es de los pocos que leo continuamente, a veces, hasta dos veces en un mes. Es un libro del que he aprendido tanto, que me es difícil comentarlo, porque un pequeño párrafo trae a mi mente más ideas de las que puedo manejar. Lo que más me ha gustado es el estilo en que fue escrito que para mí es desenfadado, a veces sutil y a veces completamente irónico. 

 
No pretendo analizar un libro que ya ha sido perfectamente analizado y comentado por escritores de renombre.  Lo único que quiero es compartir algunos fragmentos que en lo particular a mí me han servido para generar ideas, moldear mi escritura, hacer transiciones, o a veces incluso poder encontrar un final a mis historias.
 
Algunos de los fragmentos son:

“cierto día me miró una vaca. “¿Qué opinará de mí?”, pensé yo, y en aquél momento la vaca bajó la cabeza y siguió comiendo hierba. Ahora ya sé que la vaca solamente dijo: “Bueno, total un hombre con anteojos”. Y a lo mejor yo no soy más que lo que opinó la vaca”.  Pág. 35.



 “para mí todos los esqueletos son lo mismo. Me pasa en este mundo de huesos lo que me pasaba en el otro con los negros, que todos me parecían iguales. En cambio ellos, entre sí, se conocen muy bien. Debe ser porque ellos son ciegos y yo veo”. Pág. 41. 




El último párrafo:
 “los vampiros existen; pues entonces, por si sí o por si no, se debía quemar a todos los caciques. Los caciques son capaces de hacerse los muertos para seguir viviendo a costa de los desgraciados”.  Pág. 60.


martes, 1 de abril de 2014

EL NIÑO Y LOS DUENDES


EL NIÑO Y LOS DUENDES


Luis era un joven callado, introvertido que convivía con muy pocas personas. Desde niño había sido distinto a los demás, tanto que parecía que no fuera de este planeta. Los niños no querían jugar con él, sentían algo extraño en la forma en que los miraba, pero además él tampoco quería jugar con ellos. Solía pasar las largas horas dela tarde caminando por el campo. Miraba los árboles con detenimiento, se paraba frente a ellos y les platicaba de los sueños que tenía por las noches.Después se quedaba sentado apoyándose en algún tronco y sonreía inesperadamente o hacía gestos de desagrado. Sucedía que dentro de su cabeza los sonidos, y las palabras se transformaban en colores. Ante sus ojos aparecía una mezcla de colores que explotaban o se diluían lentamente pasando por diversas tonalidades hasta desaparecer o transformarse en otro color. También ante su mirada aparecían colores que sin que se pudiera explicar cómo, le resultaban asquerosos.

 Alguna vez cuando era niño trató de explicar a sus padres la manera tan peculiar en que percibía los sonidos y las palabras, ellos lo llamaron fantasioso y creyeron que en cuanto creciera se olvidaría de ello, pero lo cierto es que Luis, siguió percibiendo los colores y sonidos de la misma manera. Todos en su familia creían que estaba loco, porque cuando lo escuchaban hablar en voz alta ellos creían que hablaba solo, sin imaginar que él hablaba con seres que los demás no percibían.

Un día muy caluroso cuando apenas tenía diez años, fue a refrescarse en un manantial. En el lugar había otros niños tomando un baño. Sabiendo que su presencia no era del agrado de los demás, se sentó a la sombra de un árbol en espera de que terminaran de bañarse para poder entrar al agua. Pronto a su lado se sentaron dos duendes con los que frecuentemente platicaba. Los demás niños al escucharlo hablar, aparentemente solo, se asustaron y se fueron del lugar tan pronto como pudieron. Luis entró al agua acompañado de los duendes y como muchas otras veces, jugó con ellos, quienes al terminar el baño pidieron al niño que les comprara un helado.

 Aquellos duendes además de ser amigos de Luis, en algunas ocasiones también lo habían curado cuando se encontraba enfermo. Incluso habían curado a otras personas que el niño les pedía que curara y cuando eso ocurría en pago lo único que pedían era alguna golosina. Así que no era la primera vez que Luis les concedía un gusto.

Acompañado por sus amigos invisibles Luis encaminó sus pasos hacia la paletería.  Ahí pidió tres helados, uno para él y dos para sus amigos. En la mano derecha tenía el helado suyo y en la izquierda los de ellos. Poco a poco él fue terminándose su helado en tanto los de la mano izquierda se derretían rápidamente. Por supuesto, sólo él podía ver a sus amigos acercándose a comer sus helados, en tanto la gente murmuraba que Luis era un tonto que dejaba escurrir dos helados en su mano en un día tan caluroso.

Esa era la expresión más común sobre Luis, que era un tonto, él la había escuchado tantas veces desde que era niño, que ahora ya no le importaba.  Durante mucho tiempo él llegó a pensar de sí mismo que estaba loco por la manera que veía y escuchaba los sonidos y las palabras, pero poco a poco se fue dando cuenta que solamente era distinto a los demás. Al paso de los años renunció a su intención de explicar a los demás la manera tan peculiar en que percibía el mundo, y comprendió que lo mejor era no hablar con nadie de lo que le ocurría. Finalmente, la gente era incapaz de imaginarse lo que él les platicaba.





La primera vez que vio y escuchó seres que eran invisibles para los demás tuvo mucho miedo, corrió a su cuarto y se escondió entre las cobijas de su cama. Por varios días no salió de su casa. Pero una voz le dijo que no debía de tener miedo, que los seres que había visto eran amigables y sólo querían ayudarle a él y a los seres humanos, pero dado que las demás personas no podían verlos, era él quién debía comunicarse con ellos.

Después de algunas semanas Luis venció su miedo y decidió volver al bosque, su lugar favorito y el sitio en donde habitaban los seres que según supo cuando habló con ellos, eran los duendes. Estos seres se encargaban de hacer prosperar el bosque y en los últimos años habían estado muy ocupados, porque cada vez el hombre ocasionaba más incendios que acababan en pocos días con grandes extensiones de vegetación.

Los bosques, plantas, barrancas, montañas y todo lo que existe en este planeta posee su propio campo energético que los conecta unos con otros y los hace ser más fuertes, pero cuando los incendios destruyen la vida, se rompe también el campo energético y esto hace que sobrevivir sea más difícil para los árboles que no se quemaron. 

Los duendes se encargan de unir los campos energéticos, de tal modo que la vida vuelva a renacer lo más rápido posible, pero es un trabajo arduo y cada vez más difícil de cumplir, porque los incendios son cada vez más continuos y devastadores.

Un día, los duendes dijeron a Luis que era el momento de enseñar a los hombres lo importante que era el cuidar el planeta y mantener los campos energéticos que permiten el renacer de la vida. Por lo que pidieron a Luis que ofreciera una sanación a un hombre, que sabían que estaba enfermo desde hacía mucho tiempo y que los médicos no habían podido curar. Aunque  el propósito de ellos no era curar enfermedades, solamente querían hacer evidente que existían, y que en el mundo invisible hay energías muy poderosas capaces de sanar o cambiar la materia de cualquier ser. Querían que el hombre comprendiera que dentro de sí existe esa energía capaz de modificar el cuerpo.

Aquél hombre fue curado por los duendes y en cuanto se sintió sin ningún malestar volvió  a la vida de excesos y desorden que había tenido siempre. No comprendió el cuidado que debía tener para sí mismo y para los demás. En pocos años, tal vez meses, volvería a desarrollar el mismo problema de salud.

En ciertas ocasiones a ciertas personas se les hace algún regalo de este tipo. Es una oportunidad para comenzar a trabajar en eso que es invisible dentro de sí mismos. Algunos comprenden el mensaje y lo agradecen cambiando su actitud, otros simplemente retoman su vida de antes.

Luis siguió siendo amigo de los duendes el resto de su vida, ellos le enseñaron miles cosas que los demás humanos no sólo no podían ver, sino tampoco imaginar. Le obsequiaron con el don de dibujar y pintar. Los cuadros y paisajes que alguna vez Luis pintó son extraordinariamente hermosos. Para la gente, él siguió siendo una persona extraña que por largas temporadas se adentraba en el bosque sin que nadie pudiera encontrarlo. Después de un tiempo volvía a su casa y seguía pintando como si nada. Pero lo cierto es que durante sus desapariciones, él se encontraba de visita en el mundo de los duendes, los únicos amigos que había tenido siempre.

PRINCESA POR UNA NOCHE




PRINCESA POR UNA NOCHE



La noche se terminó demasiado pronto. Ella había estado esperando esta fecha con gran expectación. No podía haberse imaginado que la felicidad pudiera durar apenas unas horas. Su vestido de color lila que había sido comprado desde un mes anterior, ahora estaba tirado sobre el piso de su habitación, lleno de polvo, con los bordes rasgados de tanto ir de un lado a otro. Un hermoso vestido largo, corte princesa como el de su historia favorita; la cenicienta.

Estaba cansada, demasiadas horas para estar de pie, los invitados llenaron cada uno de los rincones del jardín, todo fue decorado con globos y flores, las mesas con sus manteles largos, al centro de cada una de ellas un arreglo floral combinado con dulces artísticos y una manzana con chamoy. Toda la ceremonia se llevó a cabo como se esperaba de principio a fin.

Aquél día desde muy temprano Rosalía se levantó para bañarse, a las nueve de la mañana,una estilista llegó para transformarla en una hermosa mujer, la más hermosa de todas por un día. Después a las doce del día, en la iglesia del pueblo se celebró la misa, una ceremonia imprescindible para dar gracias al creador. La decoración también se realizó con esmero en ese lugar. Ella, salió caminando desde su casa acompañada por seis chambelanes, ellos eran sus primos, hermanos, amigos desde su más tierna infancia, creció con ellos, jugó con ellos. Caminó sonriente y ligera mientras los mariachis iban detrás suyo, tocando las canciones que les pidieran.

En la iglesia se encontraban reunidos los parientes más cercanos y algunos amigos, todos elegantemente vestidos. Como en ocasiones anteriores, el cura no llegó a tiempo, los invitados miraban con cierto disimulo e impaciencia su reloj. No había nada que hacer, sólo esperar. Después de cuarenta minutos el padre Miguel llegó apresuradamente, la gente lo miraba desaprobatoriamente por su retraso, él simplemente los ignoró, un sacerdote no acostumbra pedir disculpas. Comienza la ceremonia, el sermón se dirige a invitar a la jovencita a ser obediente con sus padres que se han esforzado en darle todo cuanto necesita y en seguir el recto camino que le señala la iglesia de Dios.

Al finalizar y a la entrada del templo, los familiares y amigos se toman fotografías con la festejada, primero los padres, chambelanes, tíos, abuelos, sobrinos, hermanos, padrinos, primos, en fin nadie puede faltar en la foto del recuerdo. Los mariachis la acompañan a su casa, detrás le siguen algunos invitados, en el camino se hicieron más. Es la hora de la comida y los que no pudieron llegar a tiempo a la misa se incorporan directamente al festejo. Rápidamente se llenan todos los lugares en las mesas, parece que son demasiados invitados, algunos tienen que esperar a que haya espacio para poder comer. Los meseros van de un lado a otro llevando las charolas llenas de platos con comida, cerveza, refrescos y todo lo que les pidan.

Se preparó en barbacoa una res, arroz, verduras, salsas. Refrescos, cervezas y tequila circulan sin césar. La cantidad de gente es notoria durante las tres horas en que se sirve la comida. Un cantante fue contratado para amenizar el momento. Entre canciones y bromas hace participar y reír a la concurrencia. Imita a varios cantantes populares, el público se anima y participa con él. Después de dos horas viene la participación de la banda, se trata de un grupo de la localidad que toca con gran profesionalismo y se ha destacado fuera de la población. Las canciones de moda están a la orden y también el tradicional brinco del chinelo,  propio de los carnavales anuales que se realizan en todo el estado y que le ha dado fama internacional. En este baile la mayoría de la gente participa en el brinco, es un llamado que los identifica como parte de un pueblo, que les hace sentir su fuerza y su alegría por la vida. Niños, jóvenes, adultos y ancianos, todos hermanados por la música.

Más tarde viene el grupo musical y comienzan los preparativos para el número más importante de la fiesta: la presentación de la quinceañera. Los chambelanes y ella se ajustan sus trajes, retocan sus peinados y se colocan en los lugares indicados para hacer una presentación con música. Previamente durante días han ensayado los pasos y la coreografía, pero ahora un manojo de nervios los hace titubear, todas las miradas están puestas en ellos. La timidez sale a relucir en miradas hacia el piso y en posturas encorvadas. No obstante hacen su mejor esfuerzo. La reina de la fiesta está radiante, verdaderamente luce como una princesa. Después de la entrada, viene la coronación de la festejada, le dan el último juguete, le ponen su primera zapatilla, los padres le dirigen unas palabras, y un tío se anima a cantarle una canción de Roberto Carlos, llamada:De niña a mujer. Todo es muy emotivo. Por fin bailan el vals, así lo llaman, aunque en realidad hace años que no se trata de un vals. Las jovencitas suelen elegir alguna música de moda y la presentan con algunos pasos de vals. A poca distancia y al mismo tiempo, se hacen estallar cohetes y luces de bengala. En medio de este estallido y con luces pirotécnicas aparece en un costado del jardín con letras grandes el nombre de ella. Toda la concurrencia aplaude y se escuchan porras. El conjunto musical hace su presentación y la quinceañera y los chambelanes aprovechan para cambiar su vestuario antes de presentar un baile moderno.

Después de esto, se parte el pastel y la música sigue hasta las doce de la noche. Esta es una noche especial, donde una chica de pueblo, es presentada por sus padres a la sociedad como la princesa de un cuento de hadas. Los padres no escatiman en gastos,  familiares y amigos suelen apoyar económicamente para realizar el festejo. Es la forma de hacer frente a los elevados costos de un festín de esta naturaleza, ayudarse unos a otros en los momentos en que lo necesiten.

Al siguiente día, lo único que queda son los regalos, que por lo general se abren en compañía de algunos familiares y amigos. El recuerdo del festejo se guarda en la memoria, en fotografías y en una película. La vida seguirá su curso normal, hasta que algún día, si la joven decide casarse de la manera tradicional, volverá a ser la reina de la fiesta.

UNA VIDA, UNA MENTIRA



UNA VIDA, UNA MENTIRA


Tengo que reconocer, aunque me avergüence decirlo, que una gran parte de mi vida ha estado equivocada. Por muchos años pensé que mis decisiones eran acertadas, que todo estaba bien y es sólo hasta que tengo veinte años de casada que me he dado cuenta, que desconozco al hombre con quien me casé. Bueno, es mejor darse cuenta ahora que nunca. Durante los primeros años de mi matrimonio creí que había hecho una buena elección. Aunque más que una elección,  Flavio en realidad fue la tabla de salvación a la que me aferré después de que me lancé a las cascadas de Agua Azul, dispuesta a morir con y por el hombre de mi vida, que desde luego, no era Flavio. Desde ese día en que yo salvé la vida milagrosamente él estuvo a mi lado, dispuesto a ser mi paño de lágrimas y mi esclavo, al menos eso fue lo que él me hizo creer hasta hace pocos días.

Veamos en retrospectiva. Aquél día, como muchos otros, Pablo, el chico de la escuela que era mi novio, estaba deprimido. No era la primera vez que le pasaba, de hecho durante el tiempo que duró nuestra relación, él continuamente se deprimía. Y entonces yo, en mi papel de super-novia quería salvarlo. Salvarlo de su tristeza, de su dolor, de todo lo que hiciera perder el brillo a sus ojos.  Constantemente decía que nadie lo quería y que hubiera sido mejor no haber nacido. Y cuanto más decía que nadie lo quería, mayores eran mis esfuerzos por demostrarle que yo estaba dispuesta a dar la vida por él.

En aquélla ocasión habíamos ido en una excursión con los compañeros de la escuela. La belleza de las cascadas y la selva no lograron ahuyentar los zopilotes negros de su depresión.Sin ánimo de convivir (ni de vivir) con nadie, salió a caminar rumbo al río. Él ya había tenido tres intentos de suicidio, así que decidí acompañarlo en su caminata a pesar de que no me lo pidió. Me dijo que estaba harto de todo, incluso de mí. Harto de mis consejos. Que finalmente yo era como todo el mundo que le decía que le echara ganas, cuando de lo único que a él le sobraban ganas era de morirse. Quería escaparse del dolor, pero todo dentro de él, era sólo dolor.

A pocos minutos encontramos el sendero que conducía a la cascada, la fuerza que provocaba la caída del agua hacia cimbrar el piso y el ruido casi no permitía escuchar las palabras. Dijo que estaba muy cansado de no ser nada en la vida, que siempre había sido un estorbo para sus padres y que no quería ser un estorbo para mí.  Se quedó mirando fijamente el chorro de agua durante algunos minutos y sin decir nada, de improviso saltó hacia la corriente. Con desesperación miré cómo era arrastrado rápidamente.Y sin pensarlo me levanté y me lancé también con la intención de salvarlo. El golpe de la caída me aturdió, la turbulencia del agua me llevó hasta el fondo y sentí que el enorme peso del agua me impedía respirar. Mientras la corriente me arrastraba sentí un duro golpe en la cabeza,debí haber perdido el sentido, cuando desperté estaba en el hospital.

Lo primero que hice al abrir los ojos fue preguntar por Flavio. Un pesado silencio y miradas evasivas me dijeron al instante lo ocurrido. Él no había sobrevivido, como no lo hacen la mayoría de las personas que se lanzan a la cascada. Tres días habían pasado desde aquel suceso, mismos que estuve inconsciente. Una manera abrupta de terminar un viaje. El recuerdo amargo de no haber podido hacer nada. Un salto al vacío persiguiendo un amor que tal vez para él, nunca existió.

Sólo hasta una semana después de mi estancia en el hospital reparé en que Flavio había estado durante todo ese tiempo pendiente de mí. Solícito, silencioso, imperceptible, casi como una sombra. Quizás por comodidad, porque no tenía ni siquiera ánimos de correrlo de mi lado o porque no quería hundirme en el vacío que dejó en mí la muerte de Pablo, permití que permaneciera junto a mí. Me fui acostumbrando a su presencia. Sumida en mi tristeza no me interesaba nada y cuando no quería ni comer, estaba Flavio para traerme un delicioso platillo, para acompañarme, para ofrecerse a llevarme a un paseo que me hiciera distraerme  y olvidar mi pena. Siempre tan amable y complaciente conmigo y con mi familia,quienes rápidamente lo aceptaron como mi ángel de la guarda y después de un tiempo; como el hombre que me convenía por su amor incondicional.

El vacío emocional que dejó en mí la muerte de Pablo, la aceptación de mi familia hacia el dispuesto y comprensivo Flavio, el tiempo, y un poco mi estupidez, fueron las razones que me convencieron de que había encontrado al hombre que estaba dispuesto a morir por mí, lo mismo que yo por mi anterior novio. Convencida de su bondad y devoción, me embarqué en la aventura del matrimonio con él.

Los dos primeros años su actitud solícita se mantuvo, vino nuestro primer hijo y con él desapareció mi profunda tristeza por no haber podido salvar al amor de mi vida. Todo marchaba a la perfección, él era un buen agente de ventas, viajaba constantemente  por la república y siempre que podía lo acompañaba en sus viajes. Y fue en uno de esos días que salió a provincia que al regresar me dijo que había vivido una experiencia única, algo que dudaba en decirme porque temía que yo lo tomara por loco. Incapaz de imaginarme a lo que se refería y llena  de curiosidadle pedí que me explicara a qué se refería. Entonces, de su portafolio sacó una fotografía en donde aparecían tres luces alineadas en triángulo, después me mostró dos fotografías más y me dijo que eran unas naves espaciales, que los seres que viajaban en ellas se habían comunicado con él y le habían dado un mensaje de paz para la humanidad. Me relató que se le habían aparecido una mañana en una carretera hacia un pueblo y que incluso lo habían llevado en un viaje interestelar al planeta en donde ellos habitaban. Con sus propios ojos había visto su avanzada tecnología y era testigo de lo maravilloso que puede ser un mundo en donde todos trabajen para el bien común.

Al principio me pareció extraño su relato, pero su entusiasmo y su labia me convencieron de que decía la verdad. Me dijo que tenía una petición que hacerme. Lo cual no era usual en él. Al mirar mi sorpresa dijo, como si pudiera saber lo que yo pensaba, que nunca antes me había pedido nada, que complacerme y cuidarme eran las dos cosas que lo habían hecho feliz en su vida. Pero que ahora necesitaba mi ayuda para poder realizar la misión que le había sido encomendada por aquéllos seres de otro planeta.

A los pocos días comenzó a contactar a acaudaladas personas de la ciudad. A todos les contaba de su experiencia y de la misión que tenía que realizar. La mayoría de ellos lo ignoró pero hubo algunas personas que estuvieron dispuestas a financiar su proyecto, el cual consistía en realizar giras en distintos estados de la república dando conferencias para difundir el mensaje de amor que le había sido transmitido. Se abrió una página en la internet en donde publicó las fotografías de las naves interestelares que él había fotografiado (las cuales por cierto sólo se mostraban como enormes luces  brillantes sobre el fondo oscuro de la noche).

Pronto se convirtió en un hombre famoso, y su popularidad rebasó las fronteras internacionales. Su capacidad innata de contar historias le había ganado el apoyo de reconocidas personalidades del mundo artístico. Contaba su experiencia una y otra vez, dando una serie de detalles y pormenores ante las preguntas curiosas de sus seguidores. Muchas personas quedaron plenamente convencidas de la veracidad de sus relatos, entre ellas yo. Quien por veinte años fui su compañera y la traductora de sus conferencias en los países de habla inglesa.

Su popularidad rebasó las fronteras, nuestro matrimonio y mi propia vida. En todos estos años, transmitir su mensaje al mundo se convirtió en la prioridad de nuestra familia. Los viajes a distintos países fueron continuos, poniendo en nuestra vida un orden en el que cualquier otra cosa carecía de importancia. Fue en una de sus conferencias en E. U., donde conoció a Karla, una rubia alta de ojos azules que se convertiría en su  sombra y poco después en su amante. Una mujer que astutamente fue ocupando un lugar que por muchos años fue mío. Pero la infidelidad descarada de Flavio no ha sido la peor decepción de mi vida. Lo que realmente me asombra es descubrir que estuve casada con el mejor mentiroso que haya existido.

Después del horroroso y frustrante juego de las peleas, reconciliaciones, promesas al aire, revanchas y reproches que duró más de dos años, finalmente convenimos en una separación voluntaria, a fin de salvar y poder repartirnos lo único productivo de nuestra sociedad conyugal: los bienes materiales. A mí me tocó la casa en donde vivíamos, apremiada por mi necesidad de rentar parte del inmueble, me dispuse a desalojar el lugar que había sido la oficina de mi exesposo.

Por primera vez en muchos años entré en la habitación. Al remover las cosas y los papeles, encontré varias fotografías en donde se veían luces en distintos ángulos, entonces me di cuenta que, varias de las fotografías habían sido superpuestas y modificadas. En unas cajas, encontré también un equipo muy sofisticado de reflectores que permitía iluminar a grandes distancias con efectos muy singulares. Pude reconocer que de ahí habían salido las fotografías de naves espaciales que Flavio mostraba en sus conferencias.

Enmudecí de sorpresa al tiempo que comprendía lo que esto implicaba. Una mentira perfectamente planificada y de la que yo fui colaboradora sin saberlo por años. Una mentira sobre la que giró toda nuestra vida.


Por mi mente jamás cruzó la más mínima sospecha y le brindé todo mi apoyo en transmitir un mensaje que creí crucial para la humanidad. Por muchas horas me quedé sentada en el piso, mirando la evidencia mientras en mi mente miles de preguntas pululaban. Tratando de adivinar cuántas de las cosas que creí genuinas en Flavio eran sólo una gran mentira.

viernes, 28 de febrero de 2014

CORDURA O LOCURA


CORDURA O LOCURA


LA CONFERENCIA


Todos los alumnos están sentados en donde han podido encontrar un lugar. La conferencia del maestro en literatura se retrasó por motivos personales un día. Así que el salón que anteriormente había sido designado para el evento no estuvo disponible al siguiente día. Muy amablemente el maestro preguntó a su público si estaban dispuestos a escucharlo en el único espacio posible: el jardín. Todos dijeron que sí, de por medio iba su calificación. Debían hacer un trabajo sobre la conferencia.

Un lugar muy amplio. Eran las nueve de la mañana cuando inició. La mayoría se sentó sobre el pasto enfrente del maestro. El clima era agradable. Pero de súbito las nubes despejaron el cielo. Un sol abrasador,  tomó posesión como el asistente más allegado. En pocos minutos todos sintieron los efectos. Algunos pudieron colocarse bajo la sombra de un árbol, pero no había suficiente cobijo para todos.

Era temporada de lluvia, Sofía sacó de su bolsa un paraguas, los estudiantes la miraron son extrañeza. Era la única que tenía uno para protegerse. El maestro hablaba sobre el tema de la normalidad. Tomó el ejemplo, dijo: lo normal es lo que hace la mayoría. En este momento la mayoría está asándose, bajo el sol. Bajo este argumento podíamos decir que esto es lo normal,  y que la única persona que se cubre del sol con un paraguas, por estar fuera de la norma, está loca, desadaptada, o fuera de lugar.

 


LUCRECIA


Lucrecia camina por el pueblo durante los días calurosos con un sombrero sobre su cabeza y lentes obscuros. Ella nació y creció ahí, sabe que su forma de vestir confronta a los demás pobladores. El sombrero y lentes son propios sólo de los turistas. Cuando ella pasa, las miradas y sonrisas burlonas la siguen, a  ella no le importa. Hace mucho que aprendió a ignorar los comentarios que no conducen a ningún lado. No necesita la aprobación de nadie, así que sale a la calle como le place, la gente la juzga, la llaman presumida, pero lo único que ella hace es protegerse del sol.

Lucrecia encuentra a su tía en la calle, se saludan. La señora va de casa en casa, vendiendo tamales, el sudor le escurre por la cara, su piel esta requemada, dice a su sobrina que se ve muy fresca, ella le dice que sí, que está muy a gusto con su sombrero y a su vez, le pregunta por qué ella  no usa uno para cubrirse del sol mientras vende. La tía responde que le da pena, que le preocupa lo que digan de ella, que van a decir que es gringa.

Lucrecia sonríe ante la respuesta y le dice: bueno, pues entonces siga vendiendo así.


VANESSA


Vanessa tiene doce años, desde muy pequeña cuando aún no sabía hablar, le gustaban las zapatillas con adornos y muy altas, el maquillaje y el cabello pintado.  Frente al televisor mirando un video de una popular cantante de música pop, bailaba todas las mañanas imitando sus movimientos y vistiéndose con la ropa de su madre.

De pronto se pusieron de moda unos zapatos de plástico y tela con flores, muy angostos y con la punta levantada. En realidad son muy incómodos para caminar, pero ella de todos modos los usa. A Vanessa le gusta siempre vestir a la moda. Al final del día tiene los pies ampollados y doloridos. Se pone un poco de aceite y se los masajea al tiempo que dice: sólo hay una cosa peor que el dolor…perder el glamour.



ARIADNA




Ariadna es una joven delgada y un poco alta en relación al promedio de las chicas de su pueblo. Pero en la ciudad su estatura no sobresale. Siempre ha querido ser diferente, destacar, brillar como una estrella. No quiere ser como las demás pueblerinas.

Se compra zapatillas muy altas y cada que va al pueblo, es un reto a su equilibrio transitar por las calles empedradas, disparejas, llenas de hoyos y polvo. Se contonea tanto que su andar pareciera el de una mujer borracha.

Siempre a la moda con ropa muy entallada para lucir su cuerpo. Pero en su cintura se nota ya, las primeras “llantas” por tanta comida chatarra y refrescos.

Su maquillaje exagerado la hace ver grotesca y su cabello rubio con raíces muy negras sólo la hace ver  más morena de lo que en realidad, es.  Se decolora las cejas, pero sus ojos y pestañas tan negros no pueden ocultarse ni con los pupilentes verdes.

Algunos la miran compasivamente, otros ríen a sus espaldas cuando comprenden que vive cada segundo de su vida, tratando de ser lo que no es. Como prisionera de un disfraz, que solamente ella no es capaz de notar.



LALITO



Dicen que es el loco del pueblo, siempre viste playera de algodón, pantalón corto a la rodilla y una cinta atada a su cabeza de la misma tela del pantalón que deliberadamente rompe hasta hacerlo del tamaño que le agrada.

Por las mañanas suele ir a caminar al cerro, desde ahí ve los amaneceres de cada día. Los contempla tranquilamente, sentado sobre el suelo, pero su mirada se ve más lejana que el horizonte. Callado, apoyando el cuerpo sobre su brazo izquierdo, mientras con el otro brazo abraza su rodilla derecha doblada a la altura de su pecho. La cabeza ligeramente inclinada a la izquierda en actitud contemplativa. Así puede pasar mucho tiempo.

Después de una hora y media regresa al pueblo, no tiene prisa. Llega y se sienta a la entrada de alguna tienda. La gente lo conoce desde hace años, siempre hay alguien que al ir de compras le ofrezca algo de la tienda, él acepta y da las gracias. Espera pacientemente una hora, dos, tres, lo que sea necesario.

A veces espera mucho tiempo y cuando el hambre lo apremia, suele decir a quien atine a pasar por ahí: “acompletame para unas papas”. Cuando le preguntan cuánto necesita, él responde: “todo”. Toda la gente del pueblo sabe que cuando Lalito se sienta en frente de algún lugar en donde se vende comida, es porque quiere comer y es común que cualquier persona le compre sus tacos, su agua o lo que sea que se venda, una vez que come se va del lugar.

Lalito esta siempre en alguna calle del pueblo sentado, viendo pasar a la gente. Los niños le suelen preguntar cosas sobre sus tareas, les divierte preguntarle las tablas de multiplicar, que él responde siempre correctamente. Dicen que de joven era muy  brillante, un excelente estudiante.   

Las personas acostumbran saludarlo por su nombre, él responde con el nombre de la persona, o con el de algún familiar cercano o bien con uno distinto. Por ejemplo a algún niño pequeño puede llamarle como a su abuelo o tío, parece que usa el nombre de la persona con quien le encuentra más parecido. A una señora llamada Juana siempre le dice Inés y cuando ella le preguntó por qué le llamaba así, el respondió que por Sor Juana Inés de la Cruz.

Lalito es una persona pacífica que le gusta caminar por el campo, subir a las montañas y que jamás agrede a nadie, por lo cual es bien aceptado por todos. A veces coincide con otras personas que también gustan de las caminatas, entonces se mantiene a una distancia prudente, si son mujeres generalmente va adelante y si ve que se retrasan se detiene a esperarlas, una vez que llegan al pueblo a salvo, él toma su camino.

En algunas ocasiones la gente suele emplearlo en algún pequeño trabajo, le dan comida y dinero. Aún en las fiestas siempre es bien recibido, se sienta en las mesas como cualquier otro invitado. Después de comer a veces se queda un rato mirando a la gente divertirse o escuchando la música.

Así es su vida desde hace más de 30 años, con caminatas por el pueblo y el cerro. No tiene ninguna preocupación ni prisa de nada. Tranquilamente espera cada día. Sin miedo, sin angustias, sin envidias, sin frustraciones. Tiene siempre todo lo que necesita.

ADELINA


ADELINA


Adelina es la tercera hija de una familia de cinco hermanos. Antes de ella tiene dos hermanas, le sigue otra y por último un hermano. Viven en un pueblo en el que su padre se dedica a la agricultura y su madre doña Licha ha sido ama de casa desde que se casó. Una mujer sumisa, temerosa, incapaz de levantar la voz ni la mirada ante nadie, menos ante un hombre, ni siquiera ante su hijo  

Don Julián es un hombre que piensa que las mujeres no tienen derecho a opinar nada menos aún a tomar alguna decisión, ni siquiera sobre sus propias  vidas. Exige su derecho a ser atendido de inmediato por su esposa e hijas. Nada en su casa se hace sin su consentimiento y cualquier desacato, por pequeño que sea, es severamente castigado. Adelina y sus hermanas mayores le tienen mucho miedo, saben que si no es obedecido puede castigar no sólo a una sino a todas.

En cuanto don Julián llega del trabajo, ellas tiemblan de miedo apenas oyen su voz. Su llegada a la casa no se acompaña de un saludo, sino de palabras altisonantes: “¿dónde están pinches viejas güevonas?”.  Guarda su caballo y sus aperos de labranza. Mira a sus hijas y si falta alguna de ellas de inmediato pregunta a dónde está. Su esposa responde con voz apenas audible y con la mirada hacia abajo. Ella ha sido golpeada por su esposo incontables veces aún sin motivo, sólo porque don Julián esta borracho, o por defender a sus hijas.

Adelina tiembla ante su padre y obedece de inmediato todas sus órdenes, pero ni así se ha salvado de su furia cuando por alguna situación inesperada se le hace tarde para llegar a casa después de salir de la escuela. Entonces no hay explicación que valga. Para don Julián existe sólo su voluntad que debe ser obedecida en todos los casos.

Pero a diferencia de sus hermanas mayores, Leticia la más pequeña no se doblega con golpes. Ella no tiene miedo, el dolor simplemente no le importa. No sólo es desobediente, sino también desafiante. La única que le contesta a su padre y lo mira a los ojos retadoramente. Leticia llega tarde todas las veces que quiere aunque sabe lo que le espera. Una golpiza con el cinturón de cuero de su padre, a veces incluso con la hebilla metálica,  a pesar de ello de sus ojos no sale una sola lágrima. Tiene la espalda marcada por todas las veces que ha sido castigada.

Julián es el único hombre de la familia. A pesar de ser el menor de todos es a quien su padre  concede derechos sobre sus hermanas por el único motivo de ser hombre. El derecho a mandarlas y a ser atendido por ellas. Pero desde los diez años, su padre decidió que era el momento de enseñarle a mandar a las mujeres, a dominarlas por completo y empezó a ordenarle que las golpeara cuando no obedecieran. Que las golpeara sin piedad, tan fuerte como sus fuerzas se lo permitieran, so amenaza de golpearlo a él si no lo hacía bien. Julián no tuvo reparo en hacerlo, disfruta y se ufana de lo que cree es su derecho natural. A la que más ha golpeado es a Leticia

Por la tarde don Julián se va a la calle, en una esquina junto con otros hombres juega a la baraja, apuesta dinero y con frecuencia pierde. Se va a tomar cerveza con sus amigos y los fines de semana se pone borracho en alguna fiesta. Su vicio no le resta ninguna autoridad. Al llegar a su casa se tira en la cama mientras su esposa o hijas le quitan las botas y el sombrero y lo cubren para que duerma. En cuanto despierta exige a gritos su café y sus chilaquiles.

Adelina está harta de su situación. No quiere volver a sentir miedo, escenas como las de su casa las ha visto con frecuencia en las casas de sus tíos. Está convencida de que todas las familias son así, y de que todos los hombres son violentos.  No quiere verse algún día en la misma situación de su madre a quien no sabe si compadecer a reprochar por tanta sumisión. No sueña con casarse y tener una familia. Sólo quiere irse lejos, lo más lejos posible de los hombres. Irse lejos de su casa y de sus padres, pero no tiene demasiadas opciones. La decisión de su padre de permitirle estudiar sólo para terminar la escuela secundaria no habrá quien la cuestione. Para él una mujer no necesita estudios, su destino es el cuidado del hogar y los hijos. Adelina lo sabe, en su interior un deseo de rebelarse crece. Sólo el tiempo dirá si encontrará dentro de sí la fuerza y la manera de escapar del muro que su padre le pone.

LA ROSA BLANCA


LA ROSA BLANCA



He leído este libro varias veces, como muchos de mis libros favoritos. Este es uno de los autores que más me gustan, por su estilo sencillo, directo y  claro, porque puede pintar con palabras las imágenes de las que habla con gran exactitud. Bruno Traven, recurro a él cuando necesito despejar mi mente y relajarme, olvidarme de las complicaciones de la vida y recuperar el camino que me lleva sólo a mí.


Además sus textos son todos tan recientes, como si hubieran sido escritos, hoy mismo. Hablan de las cosas que veo casi a diario en mi país, mi gobierno, mi pueblo. Su mirada observadora muestra con gran detalle formas de vida y de pensamiento vigentes. Comparto un fragmento:


“Los hombres y las mujeres civilizados, todos esos tan orgullosos de su alta cultura y avanzadas ideas, gozan de los complicados aparatos de estos días, gozan de las complicadas máquinas que parecen tener cerebro humano y se creen felices porque poseen una radio de onda corta, un aparato de televisión o aviones gigantescos en los que pueden viajar con la comodidad y lujo de un hotel de primera clase y llegar de New York a Londres en veinticuatro horas. Nosotros admiramos y gozamos de los hermosos y maravillosos productos de estos tiempos, porque hemos perdido nuestra verdadera patria. La pérdida de nuestra patria nos deja tan lisiados que podemos soportarla nada más porque nuestra mente se ha vuelto tan perezosa que no le es dado reconocer su magnitud. Para poder olvidar nos intoxicamos, tratamos de borrar nuestras penas, nuestras tristezas, con gasolina que se traduce en velocidad, en rapidez. Tan intoxicados estamos, tan nublada se encuentra nuestra mente, que cada vez necesitamos de mayor velocidad para huir de las interminables penas de nuestro corazón y de nuestra alma”.  (pág. 287-288).



La lectura me remite inevitablemente a mi propia vida. ¿Cuántas de las cosas que poseo en esta que es mi casa me son imprescindibles para vivir y ser feliz? Si soy honesta conmigo misma debo decir que  no muchas. La mayoría de ellas están aquí por la comodidad que me proporcionan, por el esfuerzo físico que me ahorran o simplemente porque me gustan.


¿Cuando empecé o codiciar tener una computadora, una casa, ropa, dinero, viajes? Sí, no hay duda, en aquél momento en que vi que otros lo tenían. Porque de algo estoy segura en el mundo en que viví de niña todo esto no era importante.


Los niños de hace algunos años, poseíamos tan pocas cosas, tan pocos juguetes, que teníamos que inventar nuestra diversión, con las cosas simples que había en la naturaleza. Si, parte de la diversión era crear las cosas con las que jugábamos. Crear barcos de papel, autopistas de tierra, hacer ropa para las muñecas, incluso hacer las muñecas. Ahora esto ya no es necesario, los carros caminan con baterías, las muñecas se venden con todo su set de cocina, sala, ropa, etc.  No hay necesidad de crear nada. El tiempo que los niños de mi generación empleaban en crear, ahora los niños lo emplean sólo en exigir más y más, lo último en tecnología de diversión, incluidos celulares y juegos de video. No hay necesidad de esforzarse todo está hecho ya.


En 20 años la vida dio un cambio tan veloz que es imposible estar al día en nada. Y muchas de las cosas simples de la vida ya no existen. Por ejemplo, un niño ahora no puede jugar a atrapar luciérnagas en las tardes de verano de julio y agosto, por una sola razón, ya no hay. Hoy día los cultivos también se han modernizado. Anteriormente no se utilizaban abonos químicos,  pesticidas, herbicidas o fungicidas. Sin embargo, ahora tienen que ser  aplicados en mayor o menor medida, si se quiere obtener una cosecha. Colateralmente, esta práctica ha exterminado algunas especies de plantas e insectos. Entre ellos las hermosas luciérnagas, tras las cuales mis hermanos y yo corríamos cada tarde para atraparlas. De modo que los niños hoy, no pueden maravillarse con esa luz que se encienda y apague  entre sus manos. Tampoco podrán jugar a cazar mariposas, porque si bien estas todavía revolotean por los lugares húmedos, a las orillas de las barrancas que se desbordan de agua en las temporadas de lluvias ya no lo hacen en demasía, hoy son muy pocas. Mucho menos podrán jugar a dejarse mojar en el agua de las barrancas, porque la desforestación ha hecho que el agua corra solamente cuando llueve y después todo está tan seco como si la lluvia no hubiera caído jamás. Además la mayoría de las barrancas están contaminadas por la basura que la gente arroja en ellas y por las aguas negras que en ella se desechan.


Ya los niños no acostumbran ir al campo, ahora se encuentran prisioneros de la tv, de la internet, de los juegos 3D, de la exbox o,  de las películas cada vez más avanzadas en efectos especiales y violencia ,y más recientemente de las redes sociales virtuales como el  facebook  y de los celulares. Ya no son capaces de vivir la vida sin consumir lo que la tv., les anuncia, quieren siempre más de algo que es completamente ajeno a ellos. No son capaces de contemplar la belleza de un atardecer, de contemplar la enorme diversidad de insectos y plantas que a su alrededor se encuentran. Menos aún pueden distinguir una planta de otra. Confunden las moscas con las abejas, las arañas con las cucarachas. Han perdido el contacto con la tierra, no pueden cultivar una planta, regarla, abonarla, quitarle la yerba.  Incapaces de ir a campo traviesa, ni escalar una montaña, o de orientarse en la soledad del campo, teniendo como única referencia el sol. Su diversión les exige únicamente estar sentados o manipulando un control, la falta de ejerció físico les ha hecho incapaces hasta de echarse una maroma en el pasto o trepar un árbol.


Primero comenzamos a cultivar el campo con abonos químicos. Después a comprar cosas artificiales para nuestra casa, trastes de plástico, manteles de hule, todo desechable.  Enseñamos a nuestros hijos esa cultura del consumismo, de la comodidad, del menor esfuerzo y ¿qué es lo que hemos conseguido? Solamente niños débiles de cuerpo y de mente, niños que se enferman por nada, niños que no saben afrontar retos, niños flojos que ni siquiera corren para su propia diversión, niños obesos con pésimos hábitos alimenticios, niños mal nutridos y poco aptos para sobrevivir el mundo adverso que estamos creando con la falta de respeto a la vida y a la naturaleza.  


¿A  dónde nos lleva esta carrera contra nosotros mismos? Corremos desesperadamente sin mirar atrás, sin mirar lo que dejamos. Sin darnos cuenta de que tal vez estamos dejando lo más valioso para ir en pos de algo que tal vez brille más pero que no puede llenar nuestro corazón de satisfacción. Corremos viendo que el vecino está alejándose de nosotros,  sin preguntarnos si queremos llegar a ese lugar a donde la mayoría se encamina. Corremos para no quedarnos solos en un lugar, pero no logramos escapar de la soledad,  porque todos corren sin mirar ni esperar a nadie. Cada uno persiguiendo un fin individual, un beneficio personal. Sin preguntarnos si será ese el mejor lugar para nosotros, corremos porque los demás corren, sin escuchar la voz de nuestro propio corazón.


Hay cientos de personas con millones de “amigos” en las redes sociales, gente que nunca sale de su casa, que ni siquiera saluda a su vecino, ni interactúa con familiares ni amigos reales. Gente incapaz de socializar, que incluso al lado de su pareja se encuentra absorto pendiente de los mensajes de su celular. Millones de amigos en la red, tal vez uno, en la vida real. Inmersos en una vida de apariencias en la que ocultan su enorme soledad.


Pero como sociedad nos sentimos orgullosos de las maravillas de la tecnología, de la rapidez con la que podemos comunicarnos con millones de personas en cualquier parte del mundo, de la posibilidad de saber lo que ocurre al otro lado del planeta en el momento mismo en que ocurre un evento. Una tecnología que nos lleva muy lejos, cada vez más lejos, aún de nosotros mismos.