Es el título de la historia que
relata las memorias de un esqueleto. Los sucesos dentro del panteón en que fue
enterrado y de lo que ve a través de un ojo de cristal que en vida nunca le fue
útil para ver.
Este libro de Castelao, particularmente
me ha resultado no sólo muy divertido, sino muy inspirador. Es de los pocos que
leo continuamente, a veces, hasta dos veces en un mes. Es un libro del que he
aprendido tanto, que me es difícil comentarlo, porque un pequeño párrafo trae a
mi mente más ideas de las que puedo manejar. Lo que más me ha gustado es el
estilo en que fue escrito que para mí es desenfadado, a veces sutil y a veces
completamente irónico.
No pretendo analizar un libro
que ya ha sido perfectamente analizado y comentado por escritores de
renombre.Lo único que quiero es
compartir algunos fragmentos que en lo particular a mí me han servido para generar
ideas, moldear mi escritura, hacer transiciones, o a veces incluso poder
encontrar un final a mis historias.
Algunos de los fragmentos son:
“cierto día me miró una vaca. “¿Qué opinará de mí?”, pensé yo, y en
aquél momento la vaca bajó la cabeza y siguió comiendo hierba. Ahora ya sé que
la vaca solamente dijo: “Bueno, total un hombre con anteojos”. Y a lo mejor yo
no soy más que lo que opinó la vaca”. Pág. 35.
“para mí
todos los esqueletos son lo mismo. Me pasa en este mundo de huesos lo que me
pasaba en el otro con los negros, que todos me parecían iguales. En cambio
ellos, entre sí, se conocen muy bien. Debe ser porque ellos son ciegos y yo
veo”. Pág. 41.
El último párrafo:
“los vampiros existen; pues entonces, por si sí o por si no, se debía
quemar a todos los caciques. Los caciques son capaces de hacerse los muertos
para seguir viviendo a costa de los desgraciados”.Pág. 60.
Luis
era un joven callado, introvertido que convivía con muy pocas personas. Desde
niño había sido distinto a los demás, tanto que parecía que no fuera de este
planeta. Los niños no querían jugar con él, sentían algo extraño en la forma en
que los miraba, pero además él tampoco quería jugar con ellos. Solía pasar las
largas horas dela tarde caminando por el campo. Miraba los árboles con
detenimiento, se paraba frente a ellos y les platicaba de los sueños que tenía
por las noches.Después se quedaba sentado apoyándose en algún tronco y sonreía
inesperadamente o hacía gestos de desagrado. Sucedía que dentro de su cabeza los
sonidos, y las palabras se transformaban en colores. Ante sus ojos aparecía una
mezcla de colores que explotaban o se diluían lentamente pasando por diversas
tonalidades hasta desaparecer o transformarse en otro color. También ante su
mirada aparecían colores que sin que se pudiera explicar cómo, le resultaban
asquerosos.
Alguna vez cuando era niño trató de explicar a
sus padres la manera tan peculiar en que percibía los sonidos y las palabras,
ellos lo llamaron fantasioso y creyeron que en cuanto creciera se olvidaría de
ello, pero lo cierto es que Luis, siguió percibiendo los colores y sonidos de
la misma manera. Todos en su familia creían que estaba loco, porque cuando lo
escuchaban hablar en voz alta ellos creían que hablaba solo, sin imaginar que
él hablaba con seres que los demás no percibían.
Un día
muy caluroso cuando apenas tenía diez años, fue a refrescarse en un manantial.
En el lugar había otros niños tomando un baño. Sabiendo que su presencia no era
del agrado de los demás, se sentó a la sombra de un árbol en espera de que
terminaran de bañarse para poder entrar al agua. Pronto a su lado se sentaron
dos duendes con los que frecuentemente platicaba. Los demás niños al escucharlo
hablar, aparentemente solo, se asustaron y se fueron del lugar tan pronto como
pudieron. Luis entró al agua acompañado de los duendes y como muchas otras
veces, jugó con ellos, quienes al terminar el baño pidieron al niño que les
comprara un helado.
Aquellos duendes además de ser amigos de Luis,
en algunas ocasiones también lo habían curado cuando se encontraba enfermo.
Incluso habían curado a otras personas que el niño les pedía que curara y
cuando eso ocurría en pago lo único que pedían era alguna golosina. Así que no
era la primera vez que Luis les concedía un gusto.
Acompañado
por sus amigos invisibles Luis encaminó sus pasos hacia la paletería. Ahí pidió tres helados, uno para él y dos
para sus amigos. En la mano derecha tenía el helado suyo y en la izquierda los
de ellos. Poco a poco él fue terminándose su helado en tanto los de la mano
izquierda se derretían rápidamente. Por supuesto, sólo él podía ver a sus
amigos acercándose a comer sus helados, en tanto la gente murmuraba que Luis
era un tonto que dejaba escurrir dos helados en su mano en un día tan caluroso.
Esa era
la expresión más común sobre Luis, que era un tonto, él la había escuchado
tantas veces desde que era niño, que ahora ya no le importaba. Durante mucho tiempo él llegó a pensar de sí
mismo que estaba loco por la manera que veía y escuchaba los sonidos y las
palabras, pero poco a poco se fue dando cuenta que solamente era distinto a los
demás. Al paso de los años renunció a su intención de explicar a los demás la
manera tan peculiar en que percibía el mundo, y comprendió que lo mejor era no
hablar con nadie de lo que le ocurría. Finalmente, la gente era incapaz de
imaginarse lo que él les platicaba.
La
primera vez que vio y escuchó seres que eran invisibles para los demás tuvo
mucho miedo, corrió a su cuarto y se escondió entre las cobijas de su cama. Por
varios días no salió de su casa. Pero una voz le dijo que no debía de tener
miedo, que los seres que había visto eran amigables y sólo querían ayudarle a
él y a los seres humanos, pero dado que las demás personas no podían verlos, era
él quién debía comunicarse con ellos.
Después
de algunas semanas Luis venció su miedo y decidió volver al bosque, su lugar
favorito y el sitio en donde habitaban los seres que según supo cuando habló
con ellos, eran los duendes. Estos seres se encargaban de hacer prosperar el
bosque y en los últimos años habían estado muy ocupados, porque cada vez el
hombre ocasionaba más incendios que acababan en pocos días con grandes
extensiones de vegetación.
Los
bosques, plantas, barrancas, montañas y todo lo que existe en este planeta
posee su propio campo energético que los conecta unos con otros y los hace ser
más fuertes, pero cuando los incendios destruyen la vida, se rompe también el
campo energético y esto hace que sobrevivir sea más difícil para los árboles que
no se quemaron.
Los
duendes se encargan de unir los campos energéticos, de tal modo que la vida
vuelva a renacer lo más rápido posible, pero es un trabajo arduo y cada vez más
difícil de cumplir, porque los incendios son cada vez más continuos
y devastadores.
Un día,
los duendes dijeron a Luis que era el momento de enseñar a los hombres lo
importante que era el cuidar el planeta y mantener los campos energéticos que
permiten el renacer de la vida. Por lo que pidieron a Luis que ofreciera una
sanación a un hombre, que sabían que estaba enfermo desde hacía mucho tiempo y
que los médicos no habían podido curar. Aunque
el propósito de ellos no era curar enfermedades, solamente querían hacer
evidente que existían, y que en el mundo invisible hay energías muy poderosas
capaces de sanar o cambiar la materia de cualquier ser. Querían que el hombre
comprendiera que dentro de sí existe esa energía capaz de modificar el cuerpo.
Aquél
hombre fue curado por los duendes y en cuanto se sintió sin ningún malestar
volvió a la vida de excesos y desorden
que había tenido siempre. No comprendió el cuidado que debía tener para sí
mismo y para los demás. En pocos años, tal vez meses, volvería a desarrollar el
mismo problema de salud.
En
ciertas ocasiones a ciertas personas se les hace algún regalo de este tipo. Es
una oportunidad para comenzar a trabajar en eso que es invisible dentro de sí
mismos. Algunos comprenden el mensaje y lo agradecen cambiando su actitud, otros
simplemente retoman su vida de antes.
Luis
siguió siendo amigo de los duendes el resto de su vida, ellos le enseñaron
miles cosas que los demás humanos no sólo no podían ver, sino tampoco imaginar.
Le obsequiaron con el don de dibujar y pintar. Los cuadros y paisajes que
alguna vez Luis pintó son extraordinariamente hermosos. Para la gente, él
siguió siendo una persona extraña que por largas temporadas se adentraba en el
bosque sin que nadie pudiera encontrarlo. Después de un tiempo volvía a su casa
y seguía pintando como si nada. Pero lo cierto es que durante sus
desapariciones, él se encontraba de visita en el mundo de los duendes, los
únicos amigos que había tenido siempre.
La noche se terminó demasiado pronto. Ella había
estado esperando esta fecha con gran expectación. No podía haberse imaginado
que la felicidad pudiera durar apenas unas horas. Su vestido de color lila que
había sido comprado desde un mes anterior, ahora estaba tirado sobre el piso de
su habitación, lleno de polvo, con los bordes rasgados de tanto ir de un lado a
otro. Un hermoso vestido largo, corte princesa como el de su historia favorita;
la cenicienta.
Estaba cansada, demasiadas horas para estar de pie,
los invitados llenaron cada uno de los rincones del jardín, todo fue decorado
con globos y flores, las mesas con sus manteles largos, al centro de cada una
de ellas un arreglo floral combinado con dulces artísticos y una manzana con
chamoy. Toda la ceremonia se llevó a cabo como se esperaba de principio a fin.
Aquél día desde muy temprano Rosalía se levantó para
bañarse, a las nueve de la mañana,una estilista llegó para transformarla en una
hermosa mujer, la más hermosa de todas por un día. Después a las doce del día, en
la iglesia del pueblo se celebró la misa, una ceremonia imprescindible para dar
gracias al creador. La decoración también se realizó con esmero en ese lugar. Ella,
salió caminando desde su casa acompañada por seis chambelanes, ellos eran sus
primos, hermanos, amigos desde su más tierna infancia, creció con ellos, jugó
con ellos. Caminó sonriente y ligera mientras los mariachis iban detrás suyo, tocando las
canciones que les pidieran.
En la iglesia se encontraban reunidos los parientes
más cercanos y algunos amigos, todos elegantemente vestidos. Como en ocasiones
anteriores, el cura no llegó a tiempo, los invitados miraban con cierto
disimulo e impaciencia su reloj. No había nada que hacer, sólo esperar. Después
de cuarenta minutos el padre Miguel llegó apresuradamente, la gente lo miraba
desaprobatoriamente por su retraso, él simplemente los ignoró, un sacerdote no
acostumbra pedir disculpas. Comienza la ceremonia, el sermón se dirige a
invitar a la jovencita a ser obediente con sus padres que se han esforzado en
darle todo cuanto necesita y en seguir el recto camino que le señala la iglesia
de Dios.
Al finalizar y a la entrada del templo, los familiares
y amigos se toman fotografías con la festejada, primero los padres,
chambelanes, tíos, abuelos, sobrinos, hermanos, padrinos, primos, en fin nadie
puede faltar en la foto del recuerdo. Los mariachis la acompañan a su casa,
detrás le siguen algunos invitados, en el camino se hicieron más. Es la hora de
la comida y los que no pudieron llegar a tiempo a la misa se incorporan
directamente al festejo. Rápidamente se llenan todos los lugares en las mesas,
parece que son demasiados invitados, algunos tienen que esperar a que haya
espacio para poder comer. Los meseros van de un lado a otro llevando las
charolas llenas de platos con comida, cerveza, refrescos y todo lo que les
pidan.
Se preparó en barbacoa una res, arroz, verduras,
salsas. Refrescos, cervezas y tequila circulan sin césar. La cantidad de gente
es notoria durante las tres horas en que se sirve la comida. Un cantante fue
contratado para amenizar el momento. Entre canciones y bromas hace participar y
reír a la concurrencia. Imita a varios cantantes populares, el público se anima
y participa con él. Después de dos horas viene la participación de la banda, se
trata de un grupo de la localidad que toca con gran profesionalismo y se ha
destacado fuera de la población. Las canciones de moda están a la orden y
también el tradicional brinco del chinelo,
propio de los carnavales anuales que se
realizan en todo el estado y que le ha dado fama internacional. En este baile
la mayoría de la gente participa en el brinco,
es un llamado que los identifica como parte de un pueblo, que les hace sentir
su fuerza y su alegría por la vida. Niños, jóvenes, adultos y ancianos, todos
hermanados por la música.
Más tarde viene el grupo musical y comienzan los
preparativos para el número más importante de la fiesta: la presentación de la
quinceañera. Los chambelanes y ella se ajustan sus trajes, retocan sus peinados
y se colocan en los lugares indicados para hacer una presentación con música.
Previamente durante días han ensayado los pasos y la coreografía, pero ahora un
manojo de nervios los hace titubear, todas las miradas están puestas en ellos.
La timidez sale a relucir en miradas hacia el piso y en posturas encorvadas. No
obstante hacen su mejor esfuerzo. La reina de la fiesta está radiante,
verdaderamente luce como una princesa. Después de la entrada, viene la coronación
de la festejada, le dan el último juguete, le ponen su primera zapatilla, los
padres le dirigen unas palabras, y un tío se anima a cantarle una canción de
Roberto Carlos, llamada:De niña a mujer.
Todo es muy emotivo. Por fin bailan el vals, así lo llaman, aunque en realidad
hace años que no se trata de un vals. Las jovencitas suelen elegir alguna
música de moda y la presentan con algunos pasos de vals. A poca distancia y al
mismo tiempo, se hacen estallar cohetes y luces de bengala. En medio de este
estallido y con luces pirotécnicas aparece en un costado del jardín con letras
grandes el nombre de ella. Toda la concurrencia aplaude y se escuchan porras. El
conjunto musical hace su presentación y la quinceañera y los chambelanes
aprovechan para cambiar su vestuario antes de presentar un baile moderno.
Después de esto, se parte el pastel y la música sigue
hasta las doce de la noche. Esta es una noche especial, donde una chica de
pueblo, es presentada por sus padres a la sociedad como la princesa de un
cuento de hadas. Los padres no escatiman en gastos, familiares y amigos suelen apoyar
económicamente para realizar el festejo. Es la forma de hacer frente a los
elevados costos de un festín de esta naturaleza, ayudarse unos a otros en los
momentos en que lo necesiten.
Al siguiente día, lo único que queda son los regalos,
que por lo general se abren en compañía de algunos familiares y amigos. El
recuerdo del festejo se guarda en la memoria, en fotografías y en una película.
La vida seguirá su curso normal, hasta que algún día, si la joven decide
casarse de la manera tradicional, volverá a ser la reina de la fiesta.
Tengo que reconocer, aunque me
avergüence decirlo, que una gran parte de mi vida ha estado equivocada. Por
muchos años pensé que mis decisiones eran acertadas, que todo estaba bien y es
sólo hasta que tengo veinte años de casada que me he dado cuenta, que
desconozco al hombre con quien me casé. Bueno, es mejor darse cuenta ahora que
nunca. Durante los primeros años de mi matrimonio creí que había hecho una
buena elección. Aunque más que una elección, Flavio en realidad fue la tabla de salvación a
la que me aferré después de que me lancé a las cascadas de Agua Azul, dispuesta
a morir con y por el hombre de mi vida, que desde luego, no era Flavio. Desde
ese día en que yo salvé la vida milagrosamente él estuvo a mi lado, dispuesto a
ser mi paño de lágrimas y mi esclavo, al menos eso fue lo que él me hizo creer
hasta hace pocos días.
Veamos en retrospectiva. Aquél
día, como muchos otros, Pablo, el chico de la escuela que era mi novio, estaba
deprimido. No era la primera vez que le pasaba, de hecho durante el tiempo que
duró nuestra relación, él continuamente se deprimía. Y entonces yo, en mi papel
de super-novia quería salvarlo. Salvarlo de su tristeza, de su dolor, de todo
lo que hiciera perder el brillo a sus ojos. Constantemente decía que nadie lo quería y que
hubiera sido mejor no haber nacido. Y cuanto más decía que nadie lo quería,
mayores eran mis esfuerzos por demostrarle que yo estaba dispuesta a dar la
vida por él.
En aquélla ocasión habíamos ido
en una excursión con los compañeros de la escuela. La belleza de las cascadas y
la selva no lograron ahuyentar los zopilotes negros de su depresión.Sin ánimo
de convivir (ni de vivir) con nadie, salió a caminar rumbo al río. Él ya había
tenido tres intentos de suicidio, así que decidí acompañarlo en su caminata a
pesar de que no me lo pidió. Me dijo que estaba harto de todo, incluso de mí.
Harto de mis consejos. Que finalmente yo era como todo el mundo que le decía
que le echara ganas, cuando de lo único que a él le sobraban ganas era de
morirse. Quería escaparse del dolor, pero todo dentro de él, era sólo dolor.
A pocos minutos encontramos el
sendero que conducía a la cascada, la fuerza que provocaba la caída del agua
hacia cimbrar el piso y el ruido casi no permitía escuchar las palabras. Dijo
que estaba muy cansado de no ser nada en la vida, que siempre había sido un
estorbo para sus padres y que no quería ser un estorbo para mí. Se quedó mirando fijamente el chorro de agua
durante algunos minutos y sin decir nada, de improviso saltó hacia la corriente.
Con desesperación miré cómo era arrastrado rápidamente.Y sin pensarlo me
levanté y me lancé también con la intención de salvarlo. El golpe de la caída
me aturdió, la turbulencia del agua me llevó hasta el fondo y sentí que el
enorme peso del agua me impedía respirar. Mientras la corriente me arrastraba
sentí un duro golpe en la cabeza,debí haber perdido el sentido, cuando desperté
estaba en el hospital.
Lo primero que hice al abrir los
ojos fue preguntar por Flavio. Un pesado silencio y miradas evasivas me dijeron
al instante lo ocurrido. Él no había sobrevivido, como no lo hacen la mayoría
de las personas que se lanzan a la cascada. Tres días habían pasado desde aquel
suceso, mismos que estuve inconsciente. Una manera abrupta de terminar un
viaje. El recuerdo amargo de no haber podido hacer nada. Un salto al vacío
persiguiendo un amor que tal vez para él, nunca existió.
Sólo hasta una semana después de
mi estancia en el hospital reparé en que Flavio había estado durante todo ese
tiempo pendiente de mí. Solícito, silencioso, imperceptible, casi como una
sombra. Quizás por comodidad, porque no tenía ni siquiera ánimos de correrlo de
mi lado o porque no quería hundirme en el vacío que dejó en mí la muerte de
Pablo, permití que permaneciera junto a mí. Me fui acostumbrando a su
presencia. Sumida en mi tristeza no me interesaba nada y cuando no quería ni
comer, estaba Flavio para traerme un delicioso platillo, para acompañarme, para
ofrecerse a llevarme a un paseo que me hiciera distraerme y olvidar mi pena. Siempre tan amable y
complaciente conmigo y con mi familia,quienes rápidamente lo aceptaron como mi
ángel de la guarda y después de un tiempo; como el hombre que me convenía por
su amor incondicional.
El vacío emocional que dejó en mí
la muerte de Pablo, la aceptación de mi familia hacia el dispuesto y
comprensivo Flavio, el tiempo, y un poco mi estupidez, fueron las razones que
me convencieron de que había encontrado al hombre que estaba dispuesto a morir
por mí, lo mismo que yo por mi anterior novio. Convencida de su bondad y
devoción, me embarqué en la aventura del matrimonio con él.
Los dos primeros años su actitud
solícita se mantuvo, vino nuestro primer hijo y con él desapareció mi profunda
tristeza por no haber podido salvar al amor de mi vida. Todo marchaba a la
perfección, él era un buen agente de ventas, viajaba constantemente por la república y siempre que podía lo
acompañaba en sus viajes. Y fue en uno de esos días que salió a provincia que
al regresar me dijo que había vivido una experiencia única, algo que dudaba en
decirme porque temía que yo lo tomara por loco. Incapaz de imaginarme a lo que
se refería y llena de curiosidadle pedí
que me explicara a qué se refería. Entonces, de su portafolio sacó una
fotografía en donde aparecían tres luces alineadas en triángulo, después me
mostró dos fotografías más y me dijo que eran unas naves espaciales, que los
seres que viajaban en ellas se habían comunicado con él y le habían dado un
mensaje de paz para la humanidad. Me relató que se le habían aparecido una
mañana en una carretera hacia un pueblo y que incluso lo habían llevado en un
viaje interestelar al planeta en donde ellos habitaban. Con sus propios ojos
había visto su avanzada tecnología y era testigo de lo maravilloso que puede
ser un mundo en donde todos trabajen para el bien común.
Al principio me pareció extraño
su relato, pero su entusiasmo y su labia me convencieron de que decía la
verdad. Me dijo que tenía una petición que hacerme. Lo cual no era usual en él.
Al mirar mi sorpresa dijo, como si pudiera saber lo que yo pensaba, que nunca
antes me había pedido nada, que complacerme y cuidarme eran las dos cosas que
lo habían hecho feliz en su vida. Pero que ahora necesitaba mi ayuda para poder
realizar la misión que le había sido encomendada por aquéllos seres de otro
planeta.
A los pocos días comenzó a
contactar a acaudaladas personas de la ciudad. A todos les contaba de su experiencia
y de la misión que tenía que realizar. La mayoría de ellos lo ignoró pero hubo
algunas personas que estuvieron dispuestas a financiar su proyecto, el cual
consistía en realizar giras en distintos estados de la república dando
conferencias para difundir el mensaje de amor que le había sido transmitido. Se
abrió una página en la internet en donde publicó las fotografías de las naves
interestelares que él había fotografiado (las cuales por cierto sólo se
mostraban como enormes luces brillantes
sobre el fondo oscuro de la noche).
Pronto se convirtió en un hombre
famoso, y su popularidad rebasó las fronteras internacionales. Su capacidad
innata de contar historias le había ganado el apoyo de reconocidas
personalidades del mundo artístico. Contaba su experiencia una y otra vez,
dando una serie de detalles y pormenores ante las preguntas curiosas de sus
seguidores. Muchas personas quedaron plenamente convencidas de la veracidad de
sus relatos, entre ellas yo. Quien por veinte años fui su compañera y la
traductora de sus conferencias en los países de habla inglesa.
Su popularidad rebasó las
fronteras, nuestro matrimonio y mi propia vida. En todos estos años, transmitir
su mensaje al mundo se convirtió en la prioridad de nuestra familia. Los viajes
a distintos países fueron continuos, poniendo en nuestra vida un orden en el
que cualquier otra cosa carecía de importancia. Fue en una de sus conferencias
en E. U., donde conoció a Karla, una rubia alta de ojos azules que se
convertiría en su sombra y poco después
en su amante. Una mujer que astutamente fue ocupando un lugar que por muchos
años fue mío. Pero la infidelidad descarada de Flavio no ha sido la peor
decepción de mi vida. Lo que realmente me asombra es descubrir que estuve
casada con el mejor mentiroso que haya existido.
Después del horroroso y
frustrante juego de las peleas, reconciliaciones, promesas al aire, revanchas y
reproches que duró más de dos años, finalmente convenimos en una separación
voluntaria, a fin de salvar y poder repartirnos lo único productivo de nuestra
sociedad conyugal: los bienes materiales. A mí me tocó la casa en donde
vivíamos, apremiada por mi necesidad de rentar parte del inmueble, me dispuse a
desalojar el lugar que había sido la oficina de mi exesposo.
Por primera vez en muchos años
entré en la habitación. Al remover las cosas y los papeles, encontré varias
fotografías en donde se veían luces en distintos ángulos, entonces me di cuenta
que, varias de las fotografías habían sido superpuestas y modificadas. En unas
cajas, encontré también un equipo muy sofisticado de reflectores que permitía iluminar
a grandes distancias con efectos muy singulares. Pude reconocer que de ahí
habían salido las fotografías de naves espaciales que Flavio mostraba en sus
conferencias.
Enmudecí de sorpresa al tiempo
que comprendía lo que esto implicaba. Una mentira perfectamente planificada y
de la que yo fui colaboradora sin saberlo por años. Una mentira sobre la que
giró toda nuestra vida.
Por mi mente jamás cruzó la más
mínima sospecha y le brindé todo mi apoyo en transmitir un mensaje que creí
crucial para la humanidad. Por muchas horas me quedé sentada en el piso,
mirando la evidencia mientras en mi mente miles de preguntas pululaban. Tratando
de adivinar cuántas de las cosas que creí genuinas en Flavio eran sólo una gran
mentira.
Todos los alumnos están sentados
en donde han podido encontrar un lugar. La conferencia del maestro en
literatura se retrasó por motivos personales un día. Así que el salón que
anteriormente había sido designado para el evento no estuvo disponible al
siguiente día. Muy amablemente el maestro preguntó a su público si estaban
dispuestos a escucharlo en el único espacio posible: el jardín. Todos dijeron
que sí, de por medio iba su calificación. Debían hacer un trabajo sobre la
conferencia.
Un lugar muy amplio. Eran las
nueve de la mañana cuando inició. La mayoría se sentó sobre el pasto enfrente
del maestro. El clima era agradable. Pero de súbito las nubes despejaron el
cielo. Un sol abrasador, tomó posesión
como el asistente más allegado. En pocos minutos todos sintieron los efectos.
Algunos pudieron colocarse bajo la sombra de un árbol, pero no había suficiente
cobijo para todos.
Era temporada de lluvia, Sofía
sacó de su bolsa un paraguas, los estudiantes la miraron son extrañeza. Era la
única que tenía uno para protegerse. El maestro hablaba sobre el tema de la
normalidad. Tomó el ejemplo, dijo: lo normal es lo que hace la mayoría. En este
momento la mayoría está asándose, bajo el sol. Bajo este argumento podíamos
decir que esto es lo normal,y que la
única persona que se cubre del sol con un paraguas, por estar fuera de la
norma, está loca, desadaptada, o fuera de lugar.
LUCRECIA
Lucrecia camina por el pueblo
durante los días calurosos con un sombrero sobre su cabeza y lentes obscuros.
Ella nació y creció ahí, sabe que su forma de vestir confronta a los demás
pobladores. El sombrero y lentes son propios sólo de los turistas. Cuando ella
pasa, las miradas y sonrisas burlonas la siguen, aella no le importa. Hace mucho que aprendió a
ignorar los comentarios que no conducen a ningún lado. No necesita la
aprobación de nadie, así que sale a la calle como le place, la gente la juzga,
la llaman presumida, pero lo único que ella hace es protegerse del sol.
Lucrecia encuentra a su tía en la
calle, se saludan. La señora va de casa en casa, vendiendo tamales, el sudor le
escurre por la cara, su piel esta requemada, dice a su sobrina que se ve muy
fresca, ella le dice que sí, que está muy a gusto con su sombrero y a su vez,
le pregunta por qué ellano usa uno para
cubrirse del sol mientras vende. La tía responde que le da pena, que le
preocupa lo que digan de ella, que van a decir que es gringa.
Lucrecia sonríe ante la respuesta
y le dice: bueno, pues entonces siga vendiendo así.
VANESSA
Vanessa tiene doce años, desde
muy pequeña cuando aún no sabía hablar, le gustaban las zapatillas con adornos
y muy altas, el maquillaje y el cabello pintado. Frente al televisor mirando un video de una
popular cantante de música pop, bailaba todas las mañanas imitando sus
movimientos y vistiéndose con la ropa de su madre.
De pronto se pusieron de moda
unos zapatos de plástico y tela con flores, muy angostos y con la punta levantada.
En realidad son muy incómodos para caminar, pero ella de todos modos los usa. A
Vanessa le gusta siempre vestir a la moda. Al final del día tiene los pies
ampollados y doloridos. Se pone un poco de aceite y se los masajea al tiempo
que dice: sólo hay una cosa peor que el dolor…perder el glamour.
ARIADNA
Ariadna es una joven delgada y un
poco alta en relación al promedio de las chicas de su pueblo. Pero en la ciudad
su estatura no sobresale. Siempre ha querido ser diferente, destacar, brillar
como una estrella. No quiere ser como las demás pueblerinas.
Se compra zapatillas muy altas y cada
que va al pueblo, es un reto a su equilibrio transitar por las calles
empedradas, disparejas, llenas de hoyos y polvo. Se contonea tanto que su andar
pareciera el de una mujer borracha.
Siempre a la moda con ropa muy
entallada para lucir su cuerpo. Pero en su cintura se nota ya, las primeras
“llantas” por tanta comida chatarra y refrescos.
Su maquillaje exagerado la hace
ver grotesca y su cabello rubio con raíces muy negras sólo la hace vermás morena de lo que en realidad, es.Se decolora las cejas, pero sus ojos y
pestañas tan negros no pueden ocultarse ni con los pupilentes verdes.
Algunos la miran compasivamente,
otros ríen a sus espaldas cuando comprenden que vive cada segundo de su vida,
tratando de ser lo que no es. Como prisionera de un disfraz, que solamente ella
no es capaz de notar.
LALITO
Dicen que es el loco del pueblo,
siempre viste playera de algodón, pantalón corto a la rodilla y una cinta atada
a su cabeza de la misma tela del pantalón que deliberadamente rompe hasta
hacerlo del tamaño que le agrada.
Por las mañanas suele ir a
caminar al cerro, desde ahí ve los amaneceres de cada día. Los contempla
tranquilamente, sentado sobre el suelo, pero su mirada se ve más lejana que el
horizonte. Callado, apoyando el cuerpo sobre su brazo izquierdo, mientras con
el otro brazo abraza su rodilla derecha doblada a la altura de su pecho. La
cabeza ligeramente inclinada a la izquierda en actitud contemplativa. Así puede
pasar mucho tiempo.
Después de una hora y media
regresa al pueblo, no tiene prisa. Llega y se sienta a la entrada de alguna
tienda. La gente lo conoce desde hace años, siempre hay alguien que al ir de compras
le ofrezca algo de la tienda, él acepta y da las gracias. Espera pacientemente
una hora, dos, tres, lo que sea necesario.
A veces espera mucho tiempo y
cuando el hambre lo apremia, suele decir a quien atine a pasar por ahí:
“acompletame para unas papas”. Cuando le preguntan cuánto necesita, él
responde: “todo”. Toda la gente del pueblo sabe que cuando Lalito se sienta en
frente de algún lugar en donde se vende comida, es porque quiere comer y es
común que cualquier persona le compre sus tacos, su agua o lo que sea que se
venda, una vez que come se va del lugar.
Lalito esta siempre en alguna
calle del pueblo sentado, viendo pasar a la gente. Los niños le suelen
preguntar cosas sobre sus tareas, les divierte preguntarle las tablas de
multiplicar, que él responde siempre correctamente. Dicen que de joven era
muybrillante, un excelente estudiante.
Las personas acostumbran
saludarlo por su nombre, él responde con el nombre de la persona, o con el de
algún familiar cercano o bien con uno distinto. Por ejemplo a algún niño pequeño
puede llamarle como a su abuelo o tío, parece que usa el nombre de la persona
con quien le encuentra más parecido. A una señora llamada Juana siempre le dice
Inés y cuando ella le preguntó por qué le llamaba así, el respondió que por Sor
Juana Inés de la Cruz.
Lalito es una persona pacífica
que le gusta caminar por el campo, subir a las montañas y que jamás agrede a
nadie, por lo cual es bien aceptado por todos. A veces coincide con otras
personas que también gustan de las caminatas, entonces se mantiene a una
distancia prudente, si son mujeres generalmente va adelante y si ve que se
retrasan se detiene a esperarlas, una vez que llegan al pueblo a salvo, él toma
su camino.
En algunas ocasiones la gente
suele emplearlo en algún pequeño trabajo, le dan comida y dinero. Aún en las
fiestas siempre es bien recibido, se sienta en las mesas como cualquier otro
invitado. Después de comer a veces se queda un rato mirando a la gente
divertirse o escuchando la música.
Así es su vida desde hace más de
30 años, con caminatas por el pueblo y el cerro. No tiene ninguna preocupación
ni prisa de nada. Tranquilamente espera cada día. Sin miedo, sin angustias, sin
envidias, sin frustraciones. Tiene siempre todo lo que necesita.
Adelina es la tercera hija de
una familia de cinco hermanos. Antes de ella tiene dos hermanas, le sigue otra
y por último un hermano. Viven en un pueblo en el que su padre se dedica a la
agricultura y su madre doña Licha ha sido ama de casa desde que se casó. Una
mujer sumisa, temerosa, incapaz de levantar la voz ni la mirada ante nadie,
menos ante un hombre, ni siquiera ante su hijo
Don Julián es un hombre que
piensa que las mujeres no tienen derecho a opinar nada menos aún a tomar alguna
decisión, ni siquiera sobre sus propiasvidas. Exige su derecho a ser atendido de inmediato por su esposa e
hijas. Nada en su casa se hace sin su consentimiento y cualquier desacato, por
pequeño que sea, es severamente castigado. Adelina y sus hermanas mayores le
tienen mucho miedo, saben que si no es obedecido puede castigar no sólo a una
sino a todas.
En cuanto don Julián llega del
trabajo, ellas tiemblan de miedo apenas oyen su voz. Su llegada a la casa no se
acompaña de un saludo, sino de palabras altisonantes: “¿dónde están pinches
viejas güevonas?”. Guarda su caballo y
sus aperos de labranza. Mira a sus hijas y si falta alguna de ellas de
inmediato pregunta a dónde está. Su esposa responde con voz apenas audible y
con la mirada hacia abajo. Ella ha sido golpeada por su esposo incontables
veces aún sin motivo, sólo porque don Julián esta borracho, o por defender a
sus hijas.
Adelina tiembla ante su padre y obedece de inmediato todas
sus órdenes, pero ni así se ha salvado de su furia cuando por alguna situación
inesperada se le hace tarde para llegar a casa después de salir de la escuela.
Entonces no hay explicación que valga. Para don Julián existe sólo su voluntad
que debe ser obedecida en todos los casos.
Pero a diferencia de sus hermanas mayores, Leticia la más
pequeña no se doblega con golpes. Ella no tiene miedo, el dolor simplemente no
le importa. No sólo es desobediente, sino también desafiante. La única que le
contesta a su padre y lo mira a los ojos retadoramente. Leticia llega tarde
todas las veces que quiere aunque sabe lo que le espera. Una golpiza con el
cinturón de cuero de su padre, a veces incluso con la hebilla metálica,a pesar de ello de sus ojos no sale una sola
lágrima. Tiene la espalda marcada por todas las veces que ha sido castigada.
Julián es el único hombre de la
familia. A pesar de ser el menor de todos es a quien su padreconcede derechos sobre sus hermanas por el
único motivo de ser hombre. El derecho a mandarlas y a ser atendido por ellas.
Pero desde los diez años, su padre decidió que era el momento de enseñarle a
mandar a las mujeres, a dominarlas por completo y empezó a ordenarle que las
golpeara cuando no obedecieran. Que las golpeara sin piedad, tan fuerte como
sus fuerzas se lo permitieran, so amenaza de golpearlo a él si no lo hacía
bien. Julián no tuvo reparo en hacerlo, disfruta y se ufana de lo que cree es
su derecho natural. A la que más ha golpeado es a Leticia
Por la tarde don Julián se va a la calle, en una esquina junto
con otros hombres juega a la baraja, apuesta dinero y con frecuencia pierde. Se
va a tomar cerveza con sus amigos y los fines de semana se pone borracho en
alguna fiesta. Su vicio no le resta ninguna autoridad. Al llegar a su casa se
tira en la cama mientras su esposa o hijas le quitan las botas y el sombrero y
lo cubren para que duerma. En cuanto despierta exige a gritos su café y sus
chilaquiles.
Adelina está harta de su situación. No quiere volver a sentir
miedo, escenas como las de su casa las ha visto con frecuencia en
las casas de sus tíos. Está convencida de que todas las familias son así, y de
que todos los hombres son violentos. No
quiere verse algún día en la misma situación de su madre a quien no sabe si
compadecer a reprochar por tanta sumisión. No sueña con casarse y tener una
familia. Sólo quiere irse lejos, lo más lejos posible de los hombres. Irse
lejos de su casa y de sus padres, pero no tiene demasiadas opciones. La
decisión de su padre de permitirle estudiar sólo para terminar la escuela
secundaria no habrá quien la cuestione. Para él una mujer no necesita estudios,
su destino es el cuidado del hogar y los hijos. Adelina lo sabe, en su interior
un deseo de rebelarse crece. Sólo el tiempo dirá si encontrará dentro de sí la
fuerza y la manera de escapar del muro que su padre le pone.
He leído este
libro varias veces, como muchos de mis libros favoritos. Este es uno de los
autores que más me gustan, por su estilo sencillo, directo yclaro, porque puede pintar con palabras las
imágenes de las que habla con gran exactitud. Bruno Traven, recurro a él cuando
necesito despejar mi mente y relajarme, olvidarme de las complicaciones de la
vida y recuperar el camino que me lleva sólo a mí.
Además sus
textos son todos tan recientes, como si hubieran sido escritos, hoy mismo.
Hablan de las cosas que veo casi a diario en mi país, mi gobierno, mi pueblo.
Su mirada observadora muestra con gran detalle formas de vida y de pensamiento
vigentes. Comparto un fragmento:
“Los hombres y las mujeres civilizados, todos esos tan
orgullosos de su alta cultura y avanzadas ideas, gozan de los complicados
aparatos de estos días, gozan de las complicadas máquinas que parecen tener
cerebro humano y se creen felices porque poseen una radio de onda corta, un
aparato de televisión o aviones gigantescos en los que pueden viajar con la
comodidad y lujo de un hotel de primera clase y llegar de New York a Londres en
veinticuatro horas. Nosotros admiramos y gozamos de los hermosos y maravillosos
productos de estos tiempos, porque hemos perdido nuestra verdadera patria. La
pérdida de nuestra patria nos deja tan lisiados que podemos soportarla nada más
porque nuestra mente se ha vuelto tan perezosa que no le es dado reconocer su
magnitud. Para poder olvidar nos intoxicamos, tratamos de borrar nuestras
penas, nuestras tristezas, con gasolina que se traduce en velocidad, en
rapidez. Tan intoxicados estamos, tan nublada se encuentra nuestra mente, que
cada vez necesitamos de mayor velocidad para huir de las interminables penas de
nuestro corazón y de nuestra alma”.(pág.
287-288).
La lectura me
remite inevitablemente a mi propia vida. ¿Cuántas de las cosas que poseo en
esta que es mi casa me son imprescindibles para vivir y ser feliz? Si soy
honesta conmigo misma debo decir que no
muchas. La mayoría de ellas están aquí por la comodidad que me proporcionan,
por el esfuerzo físico que me ahorran o simplemente porque me gustan.
¿Cuando
empecé o codiciar tener una computadora, una casa, ropa, dinero, viajes? Sí, no
hay duda, en aquél momento en que vi que otros lo tenían. Porque de algo estoy
segura en el mundo en que viví de niña todo esto no era importante.
Los niños de
hace algunos años, poseíamos tan pocas cosas, tan pocos juguetes, que teníamos
que inventar nuestra diversión, con las cosas simples que había en la
naturaleza. Si, parte de la diversión era crear las cosas con las que jugábamos.
Crear barcos de papel, autopistas de tierra, hacer ropa para las muñecas,
incluso hacer las muñecas. Ahora esto ya no es necesario, los carros caminan
con baterías, las muñecas se venden con todo su set de cocina, sala, ropa,
etc.No hay necesidad de crear nada. El
tiempo que los niños de mi generación empleaban en crear, ahora los niños lo
emplean sólo en exigir más y más, lo último en tecnología de diversión,
incluidos celulares y juegos de video. No hay necesidad de esforzarse todo está
hecho ya.
En 20 años la
vida dio un cambio tan veloz que es imposible estar al día en nada. Y muchas de
las cosas simples de la vida ya no existen. Por ejemplo, un niño ahora no puede
jugar a atrapar luciérnagas en las tardes de verano de julio y agosto, por una
sola razón, ya no hay. Hoy día los cultivos también se han modernizado. Anteriormente
no se utilizaban abonos químicos,pesticidas, herbicidas o fungicidas. Sin embargo, ahora tienen que ser aplicados en mayor o menor medida, si se
quiere obtener una cosecha. Colateralmente, esta práctica ha exterminado
algunas especies de plantas e insectos. Entre ellos las hermosas luciérnagas,
tras las cuales mis hermanos y yo corríamos cada tarde para atraparlas. De modo
que los niños hoy, no pueden maravillarse con esa luz que se encienda y
apagueentre sus manos. Tampoco podrán
jugar a cazar mariposas, porque si bien estas todavía revolotean por los
lugares húmedos, a las orillas de las barrancas que se desbordan de agua en las
temporadas de lluvias ya no lo hacen en demasía, hoy son muy pocas. Mucho menos
podrán jugar a dejarse mojar en el agua de las barrancas, porque la
desforestación ha hecho que el agua corra solamente cuando llueve y después
todo está tan seco como si la lluvia no hubiera caído jamás. Además la mayoría
de las barrancas están contaminadas por la basura que la gente arroja en ellas
y por las aguas negras que en ella se desechan.
Ya los niños
no acostumbran ir al campo, ahora se encuentran prisioneros de la tv, de la
internet, de los juegos 3D, de la exbox
o, de las películas cada vez más
avanzadas en efectos especiales y violencia ,y más recientemente de las redes
sociales virtuales como elfacebooky de los celulares. Ya no son capaces de vivir
la vida sin consumir lo que la tv., les anuncia, quieren siempre más de algo
que es completamente ajeno a ellos. No son capaces de contemplar la belleza de
un atardecer, de contemplar la enorme diversidad de insectos y plantas que a su
alrededor se encuentran. Menos aún pueden distinguir una planta de otra.
Confunden las moscas con las abejas, las arañas con las cucarachas. Han perdido
el contacto con la tierra, no pueden cultivar una planta, regarla, abonarla,
quitarle la yerba. Incapaces de ir a
campo traviesa, ni escalar una montaña, o de orientarse en la soledad del
campo, teniendo como única referencia el sol. Su diversión les exige únicamente
estar sentados o manipulando un control, la falta de ejerció físico les ha
hecho incapaces hasta de echarse una maroma en el pasto o trepar un árbol.
Primero
comenzamos a cultivar el campo con abonos químicos. Después a comprar cosas
artificiales para nuestra casa, trastes de plástico, manteles de hule, todo desechable.Enseñamos a nuestros hijos esa cultura del
consumismo, de la comodidad, del menor esfuerzo y ¿qué es lo que hemos
conseguido? Solamente niños débiles de cuerpo y de mente, niños que se enferman
por nada, niños que no saben afrontar retos, niños flojos que ni siquiera
corren para su propia diversión, niños obesos con pésimos hábitos alimenticios,
niños mal nutridos y poco aptos para sobrevivir el mundo adverso que estamos
creando con la falta de respeto a la vida y a la naturaleza.
¿A dónde nos lleva esta carrera contra nosotros
mismos? Corremos desesperadamente sin mirar atrás, sin mirar lo que dejamos.
Sin darnos cuenta de que tal vez estamos dejando lo más valioso para ir en pos
de algo que tal vez brille más pero que no puede llenar nuestro corazón de
satisfacción. Corremos viendo que el vecino está alejándose de nosotros, sin preguntarnos si queremos llegar a ese
lugar a donde la mayoría se encamina. Corremos para no quedarnos solos en un
lugar, pero no logramos escapar de la soledad,porque todos corren sin mirar ni esperar a nadie. Cada uno persiguiendo
un fin individual, un beneficio personal. Sin preguntarnos si será ese el mejor
lugar para nosotros, corremos porque los demás corren, sin escuchar la voz de
nuestro propio corazón.
Hay cientos
de personas con millones de “amigos” en las redes sociales, gente que nunca
sale de su casa, que ni siquiera saluda a su vecino, ni interactúa con familiares
ni amigos reales. Gente incapaz de socializar, que incluso al lado de su pareja
se encuentra absorto pendiente de los mensajes de su celular. Millones de
amigos en la red, tal vez uno, en la vida real. Inmersos en una vida de
apariencias en la que ocultan su enorme soledad.
Pero como
sociedad nos sentimos orgullosos de las maravillas de la tecnología, de la
rapidez con la que podemos comunicarnos con millones de personas en cualquier
parte del mundo, de la posibilidad de saber lo que ocurre al otro lado del planeta
en el momento mismo en que ocurre un evento. Una tecnología que nos lleva muy
lejos, cada vez más lejos, aún de nosotros mismos.