martes, 26 de junio de 2012

GAME OF THRONES (PRIMERA TEMPORADA)



JUEGO DE TRONOS.

Una nueva saga llevada a la pantalla en escenarios extraordinarios, que nos transportan a un mundo épico donde la mitología tiene lugar en medio de la lucha por el poder. Una historia tejida entre guerras e intrigas, donde el amor solo tiene cabida como un medio de concertación de alianzas entre las grandes casas de los siete reinos. Como en todas las grandes luchas políticas, la astucia para mentir y guardar las apariencias puede hacer la diferencia entre la vida y al muerte, entre ser  un rey o un siervo, entre tener todo o no ser nada.

Sin embargo, más que un relato, son varias historias y mitologías entremezcladas. Por un lado, el largo invierno, que amenaza la vida misma y que poco a poco se extiende, arrasando con todo, a través de las criaturas sobrenaturales que en él existen: los lobos gigantes, los caminantes blancos que hacen de los hombres muertos vivientes, y otros cuya existencia se hace evidente conn la desaparición de aldeas enteras sin explicación aparente. Y al mismo tiempo el resurgimiento de la raza de los dragones,  de los cuáles se creía existían solo en las leyendas y creencias de la gente. Los dothraki, una raza fuerte e indómita, amante de los caballos y que es heredera de ésta tradición fantástica, verá nacer los dragones de los tres huevos que celosamente custodiaron por generaciones. Una historia fantástica como El señor de los anillos, donde el autor también crea un nuevo lenguaje para la raza de los dothraki.  Una mezcla de tradiciones y elementos fantásticos, donde la violencia es poder.

En el desarrollo de la historia cada uno de los personajes tiene una importancia central llegado el momento. No hay personajes pequeños, todos tienen una razón de ser. A lo largo de toda la trama logra mantenerse el suspenso y sorprende la singularidad de los acontecimientos, que rebasan la lógica común. Una gran habilidad para entretejer las historias personales y una imaginación sin igual para la resolución de los mismos. El juego del ataque y del contraataque inesperado, como en una buena partida de ajedrez, con el uso de la inteligencia. Por todo esto, la saga se coloca entre las mejores historias escritas y llevadas a la pantalla con gran éxito.

En esta primera temporada de Juego de Tronos, podemos deleitarnos con naturales y preciosos escenarios de Escocia, Irlanda y Marruecos. Disfrutar de la excelente fotografía y música. Admirar la fortaleza de los caballeros medievales, guerreros lasquenetes de porte feroz. Estremecernos con la crudeza de las batallas a muerte. Y sorprendernos con la inteligencia de los personajes. Porque esta saga, es mucho más que solo una historia de poder.


sábado, 23 de junio de 2012

EL ESPEJO DEL LAGO



EL ESPEJO DEL LAGO.

Había una vez, y también no había, en un lugar muy, pero muy lejano. Tan lejano que la gente creía que nunca había existido; el pueblo más hermoso que la mente humana jamás podría haber imaginado. Había sido creado por los dioses con todas las bendiciones, que nunca los dioses habían dado a ningún otro lugar. Este pueblo fue creado en el principio de todos los tiempos, es por eso que los hombres no pueden recordarlo. Porque el mismo hombre no tenía memoria. Todo era nuevo, y todo se creaba a cada instante. El Gran Dios, o Dios de todos los Dioses, decidió crear una criatura que algún día pudiera ser como él. Para ello abrió su corazón, que no era, como el corazón humano. No. Más bien, se trataba de una luz de la que todo emanaba y surgía a petición del Gran Dios. De ahí tomó una gran porción de energía luminosa y con fuerza, la lanzó al espacio. Entonces, surgieron las estrellas que rápidamente se distribuyeron en el infinito. Y para cada estrella creó varios planetas. Tomó otro puño de luz entre sus manos, sopló con fuerza su propio aliento y de ahí surgieron todos los dioses que le ayudarían a crear y cuidar las demás cosas de todos los planetas. Así nació el Dios del Viento, el Dios del Agua,  el Dios del Fuego, el Dios de las Plantas y el Dios del Tiempo. Después, tomó un poco del polvo de las estrellas y del aliento de los dioses,  y de esos dos elementos: formó al hombre.

Al principio de los tiempos, cuando el Gran Dios puso al hombre a vivir en este mundo, encargó a los dioses que cuidaran de él. Y ellos se esmeraban y lo protegían como se protege a un hijo, y al hombre no le faltaba nada. Todo era perfecto. Pero el Gran Dios, se dio cuenta de que la única manera de que el hombre algún día pudiera evolucionar, y tener las virtudes y la sabiduría de los dioses, era a través de su propia experiencia, a través de sus propias decisiones. Y entonces, decidió otorgarle la capacidad de elegir. Para ello, era necesario que aprendiera a cuidarse a sí mismo y a todo lo que él le había concedido, con el mismo amor que le debía al Gran Dios. Entonces envío a los dioses  a crear otros mundos, y dejó a cargo del hombre a un solo dios: el Dios del Tiempo. Nuevamente de su propio corazón, el Gran dios tomó una porción de luz y con la ayuda de los dioses, hizo algunos cambios al ser humano. Lo hizo fuerte y rudo porque en el recién mundo, todo aún se estaba creando. Le dio inteligencia para que aprendiera a cuidar a su mundo y a todos los seres vivos. Puso en su corazón una chispa de luz de su propio corazón, para que algún día el ser humano pudiera encontrar dentro de sí, su origen divino y se comunicara con el Gran Dios, y con todas las cosas y seres vivos de la creación, a través del amor. Y entonces se pudiera dar cuenta que todos tenían el mismo origen y que podría volver a ser parte del Gran Dios.

El Gran Dios creó un  mundo paralelo a este mundo material en el que puso a vivir al hombre. Sin embargo, este lugar no estaba a la vista de todos, y muy pocas personas llegaron a verlo alguna vez. Y con la ayuda del Dios del Tiempo creó en ciertos lugares especiales, algunos portales para acceder a este mundo, en donde el hombre pudiera tener contacto con los dioses y su sabiduría.  Cada uno de estos lugares, estaba custodiado por el Dios del Tiempo. Y a través de ellos, el hombre podía pedir al Gran Dios todo cuanto necesitara, y le era concedido, si la petición era hecha por un corazón limpio y lleno de fe. Uno de esos lugares mágicos y sagrados, estaba en el pueblo antes mencionado.

Y por ser uno de los lugares con un portal a otros mundos. En él se crearon todos los elementos necesarios, para despertar la sensibilidad del hombre y encender su chispa divina. En él se hallaban toda clase de riquezas, que cualquier ser mortal puede anhelar. Así que los dioses se esmeraron en cada una de sus creaciones. El Dios del Viento, se dio a la tarea de levantar las montañas más altas en los alrededores. Para ello buscó hermosos peñascos, donde el hombre pudiera escalar, para fortalecer su cuerpo y su espíritu. Las montañas fueron hechas de todos los materiales posibles. Las había gigantes e imponentes, o de suaves pendientes. Y las grandes planicies fueron pensadas, para que desde ellas, el hombre pudiera admirar toda la majestuosidad que el Gran Dios  le había puesto enfrente.

 El Dios de las Plantas, seleccionó hermosos y variados árboles, para que en ellos los pájaros construyeran sus nidos. Se crearon majestuosos árboles que se incrustaban en las rocas y sus raíces se extendían en un largo abrazo sobre la pared de la montaña, aferrándose a la vida y desafiando al vacío. Otros árboles más, fueron puestos a la orilla de arroyuelos, para que los hombres pudieran descansar bajo su sombra, cuando se detenían a beber agua. Y todos los árboles traían otro regalo dentro de sí: deliciosos y nutritivos frutos. También había especies de árboles que, con algunas especies de plantas, servían para curar las dolencias y enfermedades. Pero no sólo eso, los campos fueron ornamentados con las más hermosas y aromáticas flores, de las cuales las abejas colectaban la deliciosa miel, que por cierto, era la mejor de la que el hombre pueda tener memoria.

¿Y qué decir de los animales? El Gran Dios creó la vida animal en múltiples expresiones. Los había de todos, desde los más feroces, hasta los más delicados pájaros de vistosos plumajes y melodiosos cantos. Y no podían faltar, las delicadas mariposas multicolores. Además, de miles de insectos de esplendentes diseños, que en las noches,  brillaban bajo la luz de la luna, cual preciosos diamantes.
El Dios del fuego por su parte, se encargaba de que un enorme sol enviara a la tierra su calor día con día, en la medida exacta para que todas las especies de plantas pudieran desarrollarse como debían. Y con la cantidad de luz necesaria para alumbrar el día y descansar en la noche. Y colocó en el firmamento una luna, que iluminara la noche como un enorme faro, pero con una luz tenue que apenas disipara la oscuridad.

El Dios de la Lluvia, se encargaba de que puntualmente el agua bañara los campos e hiciera renacer todo. En los lechos de las rocas, se tallaron caminos por los que el agua escurría en enormes cascadas, en donde podía escucharse el rugir de la montaña. Se creó un hermoso y enorme lago, donde las aves pudieran acudir para deleitar con su canto a todos los seres vivientes. Pero además, y esto era lo extraordinario; el Gran Dios puso en este lugar preciosos y delicados pájaros, que serían los mensajeros entre él y los hombres. Estos pájaros que no existían en ningún otro lado, se comunicaban en un lenguaje, que sólo podía ser escuchado por un corazón limpio y libre de temor. Un lenguaje que el ser humano, sólo podía aprender desde la profundidad de  su ser y su amor al Gran Dios.

Durante el verano, después de copiosas y abundantes lluvias, el lago era tan grande que al medio día, cuando no había viento, reflejaba con gran claridad las grandes montañas. Se convertía en el espejo más grande que se pudiera imaginar. Se veía un mundo arriba y otro abajo. Y así era en realidad, porque ahí exactamente, estaba la puerta por la que los hombres de corazón íntegro, podían viajar a cualquier mundo de cualquier dimensión, con solo desearlo con el corazón. Así que el Dios del Tiempo inventó un mecanismo, para darle al hombre una pista de lo que en realidad significaba ese lugar. Sólo permitía que el espejo del lago existiera por breves días al año, es decir; sólo cuando llovía intensamente. Entonces, sobre la superficie se reflejaba todo lo externo. Su propósito, era mostrarle al hombre que lo que veía delante de sí, sólo era un reflejo, y que podía esfumarse rápidamente lo mismo que el lago, quedando sólo un lugar seco y agrietado. Y esto lo hacía el Gran Dios solamente, para mostrarle al hombre que las cosas realmente vitales podían desaparecerse en un instante, lo mismo que el agua. Y que cuando eso sucede, del hombre no queda nada, ni siquiera el reflejo. Esto sucedía año con año, para recordarle lo verdaderamente importante en su vida.

A los primeros hombres que poblaron este lugar, les enseño a comunicarse con él, por medio de un ritual, cuyo significado el hombre había ido perdiendo con el paso del tiempo, en la medida que daba más importancia a las cosas materiales. En las cuevas sagradas donde se realizaba ésta ceremonia, el hombre mantenía contacto con los seres divinos y con los guardianes que se encargaban de cuidar el equilibrio entre todos los seres vivos, de manera tan natural, que parecía que su relación había existido desde siempre. Ahí, los hombres le llevaban regalos al Gran Dios, año tras año, para agradecerle sus bendiciones, y solicitarle que lloviera suficiente y de buena manera, para que todas las plantas volvieran a florecer, y tuvieran buenas cosechas y frutos, en los campos y las montañas. El Gran Dios estaba complacido, de que los hombres no se olvidaran de que todo les había sido dado, y, de que fueran agradecidos con él. Entonces les enviaba lluvias abundantes y suaves vientos. Y los frutos crecían grandes y hermosos. Los bendijo por muchos años, con hijos sanos y fuertes.

Pasaron muchos años llenos de felicidad, todos los hombres se ayudaban entre sí a cultivar sus campos. Y gente de lugares lejanos escuchaba las maravillas de este pueblo y venían y admiraban la belleza de los campos y los pájaros. Todos percibían una gran   armonía en este lugar, y eran felices conviviendo con los pobladores. No existía la envidia, ni la codicia. Nadie pretendía acaparar nada, pues todos sabían desde siempre y porque así se los enseñaron sus padres, y los padres de sus padres; que nunca les faltaría nada, mientras todos se ayudaran. Hasta que un oscuro día, un rey muy rico supo de este lugar, y vestido de campesino abandonó su castillo, para ver con sus propios ojos, lo que otros le habían contado. Llegó y se hizo amigo de los pobladores. Pudo comprobar por sí mismo, que todo lo que le habían dicho; era verdad. Y tuvo envidia de la felicidad y armonía que ahí reinaba, porque ni con todas sus riquezas, él tenía nada igual. Y se  sintió tan miserable y furioso, que decidió pensar en la manera de quedarse con el lago, creyendo que con poseerlo, sería tan feliz como los pobladores. Haría lo que fuera, con tal de ser el dueño del lugar.  Conoció a toda la gente del pueblo, y a algunas personas les habló de las grandes riquezas que podrían tener, les dijo que eso los haría mejor que la demás gente, la mayoría lo ignoró, porque eran felices con lo que eran. Pero entre ellos, encontró a un hombre viejo, lleno de codicia que pretendía ser más de lo que era. Habló con él y le ofreció una gran cantidad de oro, para que lo ayudara a quedarse con el lago. Y entre los dos inventaron mil trampas y mentiras para robarle al pueblo lo que siempre le había pertenecido. Los pobres campesinos que se opusieron al despojo fueron torturados, encarcelados o muertos. Pronto, no hubo quién pudiera oponerse a la codicia del rey...

El poderoso  y rico rey, hizo construir un enorme castillo, rodeado de fosos con cocodrilos en la orilla del lago. Y puso guardias armados para alejar a cualquier persona que quisiera acercarse. Y ese, era su sitio preferido para celebrar grandes fiestas con sus amigos y con el hombre que le había ayudado a quedarse con ese lugar. La música duraba hasta la madrugada y toda clase de excesos se cometían en el castillo. La quietud del lago desapareció para siempre y las aves fueron ahuyentadas por el ruido. Poco a poco se instalaba un paisaje seco y desolado. Ya no se escuchaban más los trinos. Y el rey estaba muy molesto, porque la belleza y armonía que había pretendido comprar, había desaparecido. Cada vez, hacía más fiestas con más ruido para desquitar su coraje. Al principio, se había sentido el hombre más poderoso del planeta, por haber conseguido el lago que ningún otro podía tener, pero después… ya no estuvo tan seguro.

Los pobladores veían marchitarse poco a poco la belleza de su pueblo. Los cientos de aves que alguna vez entonaron sus cantos en los árboles, fueron desapareciendo. Los árboles ya no daban más frutos y las flores que un día adornaron los campos no existían más. Ya no había manera de cultivar la miel, que por mucho tiempo había sido la mejor de todos los reinos. Se olvidaron de llevar las ofrendas a los dioses en las cuevas. Pensaron que no había ya nada que agradecer. En el campo amanecían animales muertos, y los manantiales de agua comenzaron a secarse. Mucha gente comenzó a irse de su pueblo. Las casas estaban abandonadas y los campos ya no eran cultivados por nadie. Y los pocos pobladores que se quedaban, vivían cada vez en mayor miseria. Habían perdido la fe y la esperanza. Y así, pasaron muchos años.

Un  día un anciano, le contó a su nieta, que su pueblo había sido el más hermoso de los lugares que alguna vez existió. Con impresionantes cascadas y hermosos pájaros, e incluso, imitó para ella el canto de las aves que él tanto había escuchado cuando era niño. Le dijo que los pobladores eran felices y cultivaban la tierra con amor, y había una gran abundancia. Pero que eso había ocurrido mucho tiempo atrás, cuando los hombres se comunicaban con el Gran Dios, que los escuchaba a través de los guardianes de las cuevas. Ella le pidió que le mostrara las cuevas sagradas, y él con sus lentos y cansados pasos la llevó a cada una. En la noche, la niña tuvo un sueño, donde un anciano con una barba muy blanca, le pedía que le llevara agua y comida a las cuevas. Le dijo que tenía mucha hambre y sed, que los hombres se habían olvidado del él desde hace mucho tiempo. Muy temprano la niña se levantó y antes de que saliera el sol, tomó la comida que tenía en casa, llenó una vasija de agua y la llevó a la cueva más grande que su abuelo le había enseñado. Con gran fervor, pidió perdón al Gran Dios porque su pueblo se había olvidado de él, y por  no haber podido cuidar el paraíso que les había sido dado. Le suplicó su ayuda para que el pueblo no desapareciera, y todo volviera a ser como antes de que les robaran el lago. El Gran Dios miró el profundo dolor dentro del corazón de la  niña, así que decidió encargarse del asunto.

Un día, en que el rey celebraba otra gran fiesta, acompañado por los hombres más poderosos del mundo, el Gran Dios hizo caer la lluvia más intensa de la que el hombre tenga memoria. El lago se llenó rápidamente de agua, mientras el rey y sus amigos, perdidos de borrachos no se daban cuenta. Un trueno muy fuerte se escuchó cimbrar la tierra, su luz fue tan intensa, que toda oscuridad desapareció por unos segundos. En el fondo del lago se abrió un enorme pozo, que en un instante se tragó toda el agua y con ella, el enorme castillo con todos sus ocupantes. En medio de fuertes truenos, relámpagos, y feroces vientos; nadie escuchó los gritos de auxilio, en tanto el castillo se derrumbaba y era arrastrado por la corriente al precipicio que se abrió en el fondo. Continúo lloviendo por tres días seguidos.

Al cuarto día, cuando la tormenta hubo terminado. Muy de mañana, donde alguna vez estuvo el castillo, unos enormes marranos blancos rascaban sobre el lodo, buscando restos de comida. Nadie sabe de donde vinieron los marranos, ni cómo ó a dónde se fueron. Algunos dicen haber visto, que devoraban alguna mano, un pie o algún pescado. Cuando el sol llegó a lo alto del cielo; todo estaba limpio y silencioso. Desde  lejos, los hombres podían mirar el enorme y profundo foso. Nadie se acercaba, todos temían ser devorados. Al paso de los días y con la quietud del lago, las aves comenzaron a acercarse poco a poco, y con ellas; la vida comenzó a renacer lentamente.

Desde entonces, esa niña siempre recordaba llevar ofrendas a las cuevas y agradecer por todas sus bendiciones al Gran Dios. Y así se lo enseñó a sus hijos, y a los hijos de sus hijos y ellos lo siguen haciendo y lo harán por siempre… aunque hoy nadie esté seguro, de que la historia del lago sea cierta. No obstante, durante la época de lluvias, el hombre todavía puede mirar en ese enorme espejo; su reflejo. Y cuando el lago está seco, aún puede mirarse el pozo que ya no es tan profundo, pero que algún día devoró un castillo. Y quizás alguna vez, el Gran Dios vuelva a demostrarnos, que nadie puede quedarse con nada que no sea suyo… ni siquiera los hombres que se creen, los más poderosos de la tierra.

LA INVENCIÓN DEL GARROTE



LA INVENCION DEL GARROTE.
                                                                                                      
Hace miles años, cuando el hombre aún no sabía que era hombre, se comportaba como todos los seres salvajes del planeta. Su vida consistía en hacer solamente lo que hacen todos los animales: comer, dormir, sobrevivir y reproducirse. No era consciente de su existencia, no se preguntaba por el sentido de la vida, ni por su origen. Todas sus acciones estaban guiadas por el instinto. La meta de cada día, era solamente: llegar vivo al siguiente día.

Y esto hoy parecería algo ridículo y hasta de risa, pero en aquél tiempo, la tierra estaba habitada por enormes depredadores salvajes, y el hombre  era uno de sus platillos  favoritos. Y él no tenía ningún medio para enfrentarlos o defenderse de ellos. Así que, cuando el anochecer se acercaba, los hombres se apresuraban a buscar refugio en las cuevas de la montaña y en las más altas ramas de los árboles. Y en uno de esos días en que el hombre estaba encaramado sobre un árbol muy alto, debajo de él pasó una manada de grandes felinos dientes de sable. Justo en ese momento, una rama del árbol se desprendió para caer sobre la cabeza de uno de ellos. Al instante el animal cayó muerto sobre el suelo, con la cabeza sangrante. La manada se detuvo, lo olfateo, y cuando comprobó que no se levantaría más, se fue.

El hombre asustado miraba al enorme tigre, temiendo que aún pudiera pararse. Después de algunas horas de esperar cautelosamente, decidió bajar. Con gran detenimiento  observó al felino derribado, miró su cabeza rota, y sobre ella la rama. De súbito comprendió que la rama era un objeto que podía matar con un certero golpe. Comprendió el alcance de su descubrimiento. Tomó la rama y volvió a azotarla sobre la cabeza del tigre comprobando que nuevamente se le rompía. Saltó de gusto, al tiempo que comenzaba a golpear con la rama el tronco del árbol y comprobaba su resistencia.

Más tarde, se escondió detrás de unas rocas, acechando el paso de un ciervo que vio venir a lo lejos. Cuando  pasó a su lado, descargó sobre él, un fuerte golpe con la rama del árbol. Al momento cayó el ciervo muerto a sus pies.


Y así, fue la historia del primer cazador, que inventó el uso del garrote como primer arma.  

viernes, 18 de mayo de 2012

CHICO GRANDE



CHICOGRANDE

Es una película en donde se retrata con exactitud la lealtad que la gente del pueblo tenía hacia uno de los caudillos revolucionarios más importantes de nuestro país: Pancho Villa. La trama se desarrolla en un poblado donde el ejército estadounidense pone su cuartel, desde donde trata de averiguar el lugar en que Pancho Villa está escondido. Su propósito es capturarlo o terminar con su vida, después de que el caudillo hiciera una incursión a Columbus, ciudad que fue atacada. Afrenta que por supuesto dicho país no puede pasar por alto. Sin embargo sus tropas no pueden lograr su objetivo ante la voluntad inquebrantable de la gente más allegada a Villa,(Chicogrande, representado por Damián Álcazar) a quién no le importa ser torturada hasta la muerte, antes que traicionar al hombre que lucha por los pobres.

Es un filme con unas locaciones que logra trasladarnos a la época revolucionaria. Un paisaje desolado y yermo. La pobreza se refleja en las casas de adobe en ruinas. Sin embargo, el hambre no doblega la conciencia de clase de los luchadores, que con astucia logran engañar al enemigo y burlarlo para que el único médico que ellos traen entre sus tropas, sea llevado para curar a Pancho Villa que se encuentra gravemente herido en la sierra.

Si bien Villa sobrevive gracias al apoyo incondicional de su gente. El  final, deja un sabor amargo, al evidenciar el precio que paga el pueblo por apoyar a sus caudillos: el dolor y la muerte.

Chicogrande 

Director: Felipe Cazals. 
Guión: Felipe Cazals y Ricardo Garibay.  
Intérpretes: Damián Alcázar, Daniel Martínez, 
Juan Manuel Bernal, Iván Rafael González, 
Jorge Zárate, Patricia Reyes Spíndola, 
Bruno Bichir, Tenoch Huerta, 
Alejandro Calva, Lisa OWEN 
México:2010

EL DOLOR



EL DOLOR.

Era muy pequeña, solo tenía 5 años. Un día desperté en una sala de recuperación de un hospital. Me habían hecho una cirugía de columna. Me abrieron toda la espalda. Desperté y la luz intensa lastimó mis ojos. Entonces me di cuenta, que no podía moverme. Me sentí impotente. Todo el cuerpo me dolía con el más leve movimiento. Sentía la opresión dura y fría de un chaleco de yeso que me cubría el cuerpo. Temblaba incontrolablemente, mientras me ponían una bolsa de hielo en la cabeza y los pies para bajarme la fiebre. Me dolía absolutamente todo y la sensación se hacía más intensa tan sólo con respirar. Quise llorar y me di cuenta que los sollozos solo lastimaban más mi cuerpo. Me sentí tan vulnerable y desprotegida. Entonces tuve que guardar mi llanto para otro día. Los días pasaron más lentos que nunca. Hubo muchos  días como éste. Antes de que el dolor se fuera…

SUEÑOS DE UN HADA



Sueños de una hada.

Quiero caminar sobre las nubes, y sentir como el viento puede llevarme velozmente a recorrer el mundo. Quiero que mi cuerpo se disuelva en gotas diminutas de agua. Ser parte de la brisa que se forma cuando las olas del mar se estrellan en la playa.
Quiero ser tan ligera como un ave, que las corrientes de aire puedan elevarme fácilmente sobre el horizonte, ahí donde el azul del mar se confunde con el cielo, donde lo divino y lo terrenal coexisten, en ese breve espacio donde dos mundos distintos se unen.
Quiero ser esa niña que se quedó dormida dentro de mis sueños. Que en las noches de rayos y tormentas tiene miedo, pero que le es suficiente un abrazo y un te quiero para enfrentar la vida. Que todas las mañanas saluda al sol con alegría y una sonrisa.
Quiero que mis piernas suban y bajen una vez y otra, los enormes cerros hasta que ya no puedan. Quiero inhalar con fuerza el aire del campo y que mis pulmones se llenen de oxígeno tanto, que pueda sentir como la vida renace a cada instante.
Quiero cantar muy fuerte como lo hacen los pájaros que celebran la vida siempre. Quiero escuchar las voces armoniosas de la naturaleza. Ver los distintos trajes con que se visten las montañas. Disfrutar los exquisitos aromas de las flores y el olor a leche de un bebé.
Quiero ver jugar a los niños con las olas del mar y enterrarme en la arena. Quiero una noche bailar vestida como un hada y con una varita mágica transformar en risas las tristezas. Hacer que el amor estalle en todos los seres de este planeta y se derrame al universo.
Solo quiero que el corazón hable y cante con todos los lenguajes de mi cuerpo. Correr como la vida en la sangre de mis venas. Correr liviana, sin dolor, sin miedo, como una niña nueva, cada vez más fuerte, cada vez más lejos. Si es posible más allá de las estrellas.


¿TE ACUERDAS?



¿TE ACUERDAS?

¿Te acuerdas cuando fuimos caminando por la vía del tren? Aquélla vez, era de noche y la luna llena iluminaba el sendero. Nos gustaban los ruidos del bosque. Se olía a tierra mojada y a pino. Se escuchaba el suave canto de los grillos. Por momentos nos poníamos a cantar, cada uno tenía que decir una parte de la canción por turnos. Muchas veces, improvisábamos la letra, componiendo frases chuscas, nos moríamos de risa con las cosas que decíamos. Después jugábamos a crear poemas que inventábamos en el momento. Fuimos inseparables por mucho tiempo. Las cosas más locas salían de nuestra cabeza. Todos nuestros encuentros eran garantía de felicidad total. 
Pero tú y yo habíamos hecho equipo últimamente. Nos hicimos pareja para competir en voleibol con nuestros otros dos amigos y siempre les ganábamos. Nos empeñábamos en dejarles el marcador en cero y lo conseguimos. Tú y yo un equipo sin igual. Cuando estábamos en la feria, también competíamos contra ellos, en los futbolitos, no les ganábamos siempre, pero sí la mayoría de las veces. ¿Y que decir en el dominó? También nos aliábamos para acabar con ellos. Y nos divertíamos haciéndoles bromas. ¿Te acuerdas de aquél día en la playa, que les íbamos ganando en futbol? De pronto uno de sus bloqueos rebotó en una anciana que tomaba el sol recostada sobre una silla. ¡Ups!, la señora se enfureció y nuestras disculpas no lograron calmarla. Tuvimos que suspender el juego. Y nos sentimos como niños regañados que se habían portado mal. Pero pronto nos olvidamos del momento, y buscamos otra cosa en que divertirnos.
Fueron días inolvidables, porque nos atrevíamos a jugar como niños. El corazón rebosaba de alegría cuando estábamos juntos. De pronto todo se acabo. Un día llegaron a la casa otros amigos tuyos vestidos de negro. Tan solo verlos y el corazón supo de inmediato que algo te había sucedido. Las palabras solo confirmaron el presentimiento. Habías tenido un accidente, queríamos escuchar que estabas herido, pero que estarías bien. No fue así. Un pesado silencio confirmó lo que no queríamos oír: que habías muerto.
Mi mente no podía aceptar esa verdad tan dolorosa. Fuimos a tu casa y ahí estaba tu cuerpo, guardado dentro de un ataúd de madera. Te miré y sentí un frío en el corazón. Te miré una vez y otra vez, buscando en ese rostro pálido tu voz y tu risa. No encontré nada tuyo en ese cuerpo. Ahí no había nada de lo que tú eras. Y me pregunté dónde estaba el brillo de tus ojos, el calor de tu alma. Tenía ganas de abrazarte y sólo pude pasar mi mano sobre el vidrio de la caja. Solo había un cuerpo inmóvil, definitivamente eso no eras tú. Se hizo un vacío enorme dentro de mí, mientras lágrimas incontenibles caían de mis ojos y trataba de entender que nunca más estarías con nosotros.
Me dolía tanto perderte. Sentía tu brazo en mi hombro, como la última vez que estuvimos juntos. A la mañana siguiente te enterramos, una parte de mí se quedó contigo. Después, hubo muchos días de llanto y cada que me reunía con nuestros amigos, te extrañábamos. Entonces  yo solía dirigirme a ti, como si estuvieras sentado a nuestro lado. Tenía la certeza de que así era, aunque no pudiera verte. Estaba segura que nos extrañabas tanto como nosotros y que por algunos días, te quedarías a nuestro lado antes de irte para siempre. Te agradecí por esos bellos momentos que pasamos juntos, por haber sido un magnifico amigo, por la alegría que compartimos.
Un día fuimos al cerro y nos sentamos a descansar en la cima, hacía mucho sol y te grité muy fuerte: ¡Néstoooor¡ tu que estás allá arriba, no seas flojo, empuja una nube sobre nuestras cabezas, que tenemos mucho calor. Entonces la nube se movió y se colocó sobre nosotros. Te di las gracias y todos nos reímos como no habíamos reído en mucho tiempo desde que te fuiste. Estoy segura que en donde estás, tienes todo el tiempo de la eternidad y que tal vez, algunas veces vienes a vernos y te sientas a nuestro lado y sigues haciendo tus bromas aunque no te escuchamos. Pero en nuestro corazón hay siempre un lugar para ti.
Además me muero de risa sólo de imaginar la cara que hubieras puesto de haber visto el video que todos tus amigos hicimos de ti. Lo proyectamos el día que iba a ser tu siguiente cumpleaños. A ti no te gustaba tomarte fotos y solías agacharte o voltear hacia otro lado cuando te dabas cuenta que te tomaban una foto. ¿Pero como ves?, Que entre todos reunimos las pocas fotos tuyas, contamos anécdotas, pusimos tus poemas y tus dibujos y yo te escribí un poema. A tu madre y a tu hermana menor le encantó y tu padre (fíjate hasta ese día pude conocerlo) no daba crédito a todo el cariño que te teníamos. Creo que hasta entonces él se enteró de la gran sensibilidad de su hijo y de que no era el vago que él creía. Nos dio las gracias  y ya no era el padre arrogante que tú conociste. Créeme que se sintió orgulloso de ti.
Hay tantas cosas que nos hubiera gustado hacer en tu compañía, pero te has ido. Desde entonces han pasado 10 años. No te hemos olvidado y nunca lo haremos. Hoy, todos los que fuimos tus amigos estamos casados y tenemos hijos. Nuestra vida ha cambiado y somos muy felices a pesar de que no estás con nosotros. Algún día sin duda, volveremos a encontrarnos, guárdanos un lugar a tu lado. Te veremos pronto.