viernes, 30 de junio de 2017

LA ABUELA

LA ABUELA

No es como todas las abuelas, al menos no en su aspecto. Si bien su pelo es blanco, lacio y muy largo, es demasiado abundante  para su edad, le crece tanto  y tan rápido como en sus primeros años.


Ella se levanta muy temprano todos los días, para ella no hay un día de descanso, ni siquiera una hora o un minuto. Es de esas personas en continuo movimiento, incansable, inmensa, tan inmensa que parece eterna. Tiene más de setenta años, y aunque su andar es un tanto oscilante, para nada es lento, de hecho, es demasiado rápido. Sus acumulados años llenos de experiencias, de sabiduría, de recuerdos, parecen no pesarle, muy al contrario; son como el motor que la impulsa a seguir adelante.



Su cuerpo delgado, parece haberse fortalecido con los años, “fuerte como un roble”, es una expresión común para este tipo de personas,  y ella lo encarna a la perfección. No, para nada es frágil, en ningún aspecto, ni física, ni emocionalmente. Hace todo tipo de tareas y ninguna de ella parece agotarla, ¿de dónde le sale tanta energía? Si está trabajando desde antes de salir el sol. Va de aquí para allá, encargándose de todo, de la casa, de la comida, de las plantas, de la cosecha, de la venta de frutas. Y para ella, todo esto, no es un simple trabajo, es su vida y aprecia tanto el poder hacerlo.



Cuando alguno de sus nietos llega a visitarla, en la mañana o en la tarde, ella está siempre detrás del fogón haciendo tortillas y café. Y es parte de su naturaleza, invitar a todos a tomar un café, con bolillo o un taco de tortilla con sal. Tortilla recién hecha, caliente, saliendo del comal. En una cocina vacía de lujos, donde lo que importa es la utilidad de las cosas, todo es rústico. Y la pared se ha ennegrecido por el humo de la leña, pero el calor del fuego que inunda el ambiente, es un calor que compite con el que desprende su amor y cuidado con el que trata a sus descendientes.



Ella ahí, detrás de su metate, cocinando, sonriente, tranquila,  generosa, al lado del fuego. Sus nietos lo saben, llegada la hora, un poco antes de que oscurezca, ella está ahí, y ellos, llegan a verla, a escuchar sus historias de cuando ella era niña. A todos les cuenta de aquéllos años, de miseria y de guerra, de hambre y de huidas, de muerte y heridas. Ella celebra esta vida, una vida de rutinas, de ciclos naturales, de tiempos que se cumplen sin interrupciones violentas, una vida de estabilidad, de sembrar y cosechar, una vida de hacer, de construir, una vida de disfrutar el vivir.



Ella no es vieja, llena de achaques y de quejas, nunca lo ha sido y nunca lo será.  Celebra la vida cada día, con sus nietos a quienes tanto aprecia. Cuando el campo está rozagante, de un verdor espléndido que inunda cada rincón y el agua escurre en pequeños riachuelos por las cañadas de los cerros, ella aprovecha para cosechar lo que la naturaleza pródiga regala. Entonces, con sus nietos se prepara a una ida al campo, toma sus cestos, sus bolsas que llenará de pipizcas (una pequeña planta comestible), de guayabas, de hongos, de quelites, de verdolagas, y de flores que también son comestibles.



Ella es delgada y muy ágil, a pesar de su edad,  se trepa con gran destreza en los árboles para alcanzar los frutos. Sorprende su habilidad, su equilibrio y precisión con que se desplaza de rama en rama, no parece ser una persona de setenta años. Y después, cuando llega a casa continúa incansable con las tareas cotidianas, prepara la comida con lo que ha traído del campo. Una comida especial, las verduras frescas, los hongos asados en comal, o bien, al igual que las flores preparados en tamales. El sabor es exquisito, todo está en su punto, y sin duda alguna, el ingrediente principal, es la paciencia y el amor con que la cocina.



Y mientras todos comen, cuenta sus historias de la revolución, de sus huidas, de sus pérdidas, de la muerte, del dolor. Cuenta sus historias una y otra vez, a todos sus nietos, pero no sufre por ello. En su voz, no se percibe dolor, ni se quiebra con el llanto. Aquél pasado quedó muy atrás, muy lejos, es un pasado que ya no puede alcanzarla, es un pasado del que salió victoriosa y fuerte, es un pasado que puso a prueba su valor y carácter. Hoy, ese pasado es un continuo de historias, llenas de emociones intensas.  Que ella cuenta, para enseñar a sus hijos y nietos, la importancia de una vida tranquila, de cultivar la tierra, de tener una familia, de tener un hogar.  Por eso disfruta tanto de sus nietos, de sentarlos en su mesa y ofrecerles comida, comida hecha con amor. Ellos no morirán de hambre y de sed mientras huyen, ellos están ahí en su mesa, y ella está ahí para cuidarlos y verlos crecer.



Su memoria es prodigiosa, recuerda tantos detalles, y sus nietos y bisnietos ya son demasiados, pero ella no se confunde, sabe el nombre de cada uno, sabe quién es hijo de quién. Nunca imaginó tener tantos descendientes y en su corazón hay amor para todos, aún para los muertos. Para aquéllos que perdió tempranamente en medio de la revuelta, entre huidas y enfermedades, entre hambre y miseria, a ellos los honra también con amor.



Cuando se llega el día de esperar a los muertos, ella lo hace con gran devoción. Cuando pone su ofrenda en su altar,  nombra a cada uno de los familiares que  espera, por cada uno enciende una vela. Pone algunos retratos, muy pocos, pues no tiene de todos sus familiares. No tiene de sus hermanos que nacieron y murieron en los años de guerra. Con mucho cuidado y paciencia coloca las frutas, las flores, la comida, los trastes y los juguetes, todos nuevos. Su ofrenda es muy grande, pues muchos son sus muertos, a todos los recuerda con cariño.



Tiene especial cuidado en preparar la comida, quiere que esta sea abundante, pues no olvida que algunos murieron de hambre. Pues en la guerra no había, simplemente, no había comida, entonces de sus ojos grises resbala una lágrima, sólo una. Y ahí está ella, para calmar el hambre de sus almas, ellos no volverán a sentir hambre, no mientras ella viva. Por eso, no falta la comida preferida de su madre, de su padre, de sus hermanos, ni las bebidas propias de los festejos, ni los juguetes para los niños.



Todo un día le lleva preparar su ofrenda, tan grande, tan abundante, tan colorida, decorada con papel de china picado, llena de colores intensos, de flores frescas, de abundantes frutas, de todo lo que sus hermanitos, no tuvieron en su infancia. Lo preparó con mucho esmero, mes tras mes ahorraba dinero para poder comprar todo. Platos, tazas, cazuelas, jarras, juguetes todo nuevo. Y tampoco puede faltar, la comida. Una comida digna de reyes, propia de festejos, el mole, los tamales, el atole, frutas cocinadas en dulce. Y los aromas se mezclan en el aire, creando un ambiente de fiesta, de celebración. Y eso es, ese día, el día de los muertos, el día en que los ancestros visitan a los vivos y conviven con ellos. Es el día, en que los vivos honran su linaje, en que recuerdan y agradecen su herencia de vida.



Y al llegar la noche, después de un trajinado día, ella enciende una fogata en el patio, y hace un camino de flores alumbrado por veladoras,  que va desde la entrada de la casa hasta el altar donde está la ofrenda. Un camino, para guiar a los muertos, para evitar que se pierdan en la oscuridad. Y después, simplemente espera sentada al calor de la fogata,  recordando a todos, mientras mira el camino de flores, mientras atiza el fuego para mantenerlo ardiendo toda la noche. Ella está segura que vienen, ese día es especial, pues las almas se reúnen por breve tiempo, vienen a ver a sus familiares. Y la abuela, más que siempre los recuerda. No es un día de tristeza, es un día de alegría, de fiesta, y los invitados, los ancestros.

Al otro día, vienen sus nietos a pedir su muerto, es la forma en que en cada casa, las personas pueden llegar a pedir que  les sea regalado algo que está en la ofrenda.  Se cree que en la noche, los muertos han comido, ellos se alimentan del olor de la comida, por lo que los vivos, deben comer la comida de la ofrenda, en un acto de compartir con ellos.  La abuela no se olvida de nada, para sus pequeñas nietas ha comprado cazuelitas, platitos y tazas de barro, a todos les regala un traste y una fruta o pan. Para los niños chifladores de barro o dulces. Para los mayores fruta, pan o comida.



Y los nietos y bisnietos se levantan muy temprano, dos horas antes del amanecer, impacientes por ir con la abuela, por recoger su regalo. Ella los espera sonriente para mirar sus caras alegres mientras reciben su juguete. Siempre tiene para darles a todos, a cada uno de ellos, creo que este es uno de sus mayores placeres. Y los nietos buscan todos los días a su abuela, llegan en la tarde o en la mañana para compartir con ella el café caliente.


Café – abuela, dos palabras que parecen ir siempre juntas, sus nietos así la recuerdan. Un café basta para hacerla presente, para sentir su calor, para recordar su amor y su generosidad, para sentir en el corazón que ella aún vive.  

SÍ, SOY PROLE¡




SI, SOY PROLE


Mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo y demás ancestros
Todos cultivaron la tierra con sus manos.
Mi cuerpo y mi alma se nutrieron del maíz
De la tortilla caliente, recién cocida en el tlecuil
Amasada por las manos fuertes de mi  madre
Calmaron el hambre de toda mi niñez

Mi abuela, mi madre, mis tías, mis hermanas
Aprendimos todas, el arte de amar y nutrir
De cocinar a fuego lento, con calor de amor
Trabajamos todos para hacer brotar de la tierra
El maíz, el jitomate, la calabaza, el frijol.
Recogimos siempre las mejores cosechas.

En el monte recolectamos plantas
Y frutas frescas, nutritivas, rozagantes
Nos nutrimos de plantas y animales silvestres
Corrimos y jugamos entre insectos y flores
Caminamos por valles y montañas
Y subimos cerros y trepamos árboles

Aprendimos el arte de disfrutar el campo
De cuidar la tierra, las plantas, el agua
De gozar el viento, el sol, la lluvia
Nuestros días fueron intensos y bellos
Llenos de paisajes cambiantes
De trabajos arduos y enormes logros.

Aprendimos el valor del trabajo,
del esfuerzo puntual y constante
Mi linaje, es de gente campesina
de hombres y mujeres fuertes
que empiezan la labor del día,
cuando el sol, aún no sale.

Por mis venas, corre sangre indígena
de la gente nativa de esta tierra
y soy heredera de su fuerza y coraje
y soy heredera de su cultura y entereza
Mi linaje es de hombres y mujeres guerreros
de trabajadores y constructores incansables.

Y la gente pudiente, nos llama prole
Con desprecio y soberbia, nos miran de menos,
a campesinos, empleados,  vendedores y obreros
muertos de hambre, nos dicen por pobres,
sin ver que nuestro trabajo y esfuerzo,
crea y construye, este hermoso México.

Y quiero decirlo a todos los vientos
Que sí,  soy prole, me enorgullezco de ello,
de ser gente honesta, que sólo come
Lo que su trabajo puede pagarle
De ser productora y creadora
De mi propio trabajo y sueños.

Sí,  soy prole y es una gran proeza
salir adelante en díficiles condiciones,
sin lujos y sin cuantiosas herencias.
Salir cada día al trabajo, al campo,
sorteando el calor, la lluvia, el frío o el viento
A obtener con mi actividad, mi sustento

 México, cuenta conmigo, lo quiero decir
Con la fuerza de mis brazos y piernas
Para crear, construir y  producir
Con mi mente para encontrar soluciones
Con mis sueños y empeño, para crecer.
No para saquear, vender o robar a mi país.

Sí soy prole, lo pueden ver en mis manos
Desgastadas por el trabajo arduo.
He cultivado la tierra y cosechado sus frutos
Amo  a mi nación y a su gente
Quiero ver crecer y brillar este pueblo
De millones de gentes, de millones de proles

Un México libre de los saqueadores
Un México libre de gente corrupta
Un México libre de falsos reyes y laydis
Mi México requiere más gente  que lo ame
Mi México requiere a su prole, que luche
Y requiere un gobierno, que ame a su prole.





miércoles, 31 de mayo de 2017

DESENCUENTROS





I.Rosita

         -- ¡Adios Rosita!

Escucho la voz fuerte de una mujer que va dentro de un coche que avanza por la calle a mi izquierda, detrás de la ventana me mira y me sonríe, al mismo tiempo, agita su mano en señal de adiós.

Sigo caminando, y me río por la insistencia de esta mujer. Cada vez que me encuentra me saluda muy efusivamente llamándome Rosita, así fue desde la primera vez que me la topé, justo en frente de la escuela secundaria. Aquél día yo caminaba tranquilamente, cuando ella me interceptó y poniendo su mano sobre mi hombro me dijo:

         -- ¿Cómo estás Rosita?

Yo la miré sin responder, la situación era muy simple, yo no era, y no soy Rosita. Ante mi silencio,  volvió a insistir.

        -- ¿Ya no te acuerdas de mí, Rosita?
        -- Yo no soy Rosita.

Se lo dije entonces y se lo he dicho cada una de las veces que la he vuelto a encontrar y a pesar de ello, sigue llamándome Rosita. Ella simplemente ignora mi respuesta, no duda ni siquiera un segundo de lo que dice, es incapaz de considerar que me confunde con otra persona.

        -- Claro que sí, Rosita. Yo fui tu maestra en la secundaria, fui tu maestra de cocina, ¡acuérdate!   Vaya insistencia,  ¿cómo puedo acordarme de algo que nunca sucedió?
        --Yo nunca tomé clases de cocina en la secundaria. De hecho no he tomado clases de cocina nunca. Pero mis respuestas parecen no importarle en absoluto.
        -- Sí claro, tú eres Rosita, me acuerdo perfectamente de ti.

Comprendo que no hay manera de hacerle entender que yo no soy Rosita. No sé quién es Rosita, ni lo que significa para ella, que insiste tanto en otorgarme esa personalidad. Sin duda, esta es la clase de personas que no aceptan un no por respuesta, y que son incapaces de escuchar al otro. Y ya que no hay manera de que ella acepte que no soy Rosita, me alegro de que la persona con quien me confunde, no fuera alguien a quien aborreciera y quisiera estrangular.

        -- Bueno Rosita, cuídate mucho- me dice a modo de despedida, y comienza a caminar sobre la acera en sentido contrario a donde yo voy.



II. La llamada

Suena el timbre del teléfono celular, de manera automática lo tomo y miro un número desconocido en la pantalla, acepto la llamada y respondo.

        -- Hola
        -- ¿Quién habla? – escucho la voz de una mujer muy alterada.
        -- ¿Con quién quiere hablar? – le digo sin darle mi nombre-. No acostumbro dar detalles a personas desconocidas.
        -- ¿Quién habla? – vuelve a decir, usando un tono altisonante y autoritario.
        -- ¿Con quién quiere hablar? – vuelvo a repetirle calmada-mente, sólo para confirmar que esta persona no me conoce, ni yo a ella, pero lo que trata de saber es quien soy.
        -- ¡Usted identifíquese primero! – me dice en un tono más enojado y más fuerte.

Por supuesto no tengo porque darle mi nombre a alguien desconocido y menos aún si me grita por teléfono. No tengo la mínima idea de dónde ha tomado mi número, pero por la forma en que me habla, me hace pensar en una mujer celosa. Con toda calma vuelvo a decirle.

        -- ¿Con quién quiere hablar? - Ante mi respuesta  y la imposibilidad de obtener ninguna información de mí y sobre mí, cuelga el teléfono muy enojada. No volvió a llamarme nunca más.



III. El  rancho

Es un día tranquilo a media semana,  salgo a comprar algunos materiales a la papelería. En la calle sobre la banqueta, a punto de llegar a la tienda,  pasa a mi lado en sentido contrario ,una pareja. Yo sigo avanzando, pero de pronto, el señor se regresa y me habla.

        -- Hola, ¿te acuerdas de mí? – me dice, en tanto su pareja se acerca también y me mira con mucha atención.

Yo los miro también y no conozco a ninguno de los dos, de eso estoy segura. Ellos me miran detenidamente de arriba abajo y de abajo hacia arriba. Él vuelve a insistir.

        -- Sí, sí eres tú. Acuérdate, nosotros –dice mientras mira a su pareja, esperando que ella lo confirme- fuimos al rancho de tu padre.
        -- Oh, no. Yo no soy esa persona- les digo, mientras niego con un movimiento de cabeza, para reafirmar mi respuesta.
        -- Pero sí, sí eres tú, yo me acuerdo de ti. Estuvimos en el rancho de tu papá aquélla vez- vuelve a decir esperando que la mujer lo corrobore- ¿verdad que sí?, estuvimos allí.
        -- Sí, pero no es ella – le dice la mujer mirándome fijamente-. No, no es ella.
        -- Sí es ella – insiste él, débilmente y con cara de incredulidad.
        -- No, no es ella – vuelve a decir la mujer mientras lo jala de un brazo- déjala, no es ella.

Ellos se van, pero él sigue insistiendo en que yo soy aquélla persona, los escucho hablando de lo mismo hasta que dan la vuelta en la esquina. Y no, no soy ella, la que él dice, mi padre no tiene, ni jamás ha tenido un rancho.



IV. Vicente


Ring, ring, es el sonido del  teléfono de la casa. Levanto la bocina para responder

        -- ¿Está Vicente?.

Del otro lado de la línea, sin saludar y sin identificarse, me pregunta una voz de mujer.
  
        -- Perdón, pero aquí no hay ningún Vicente.
        -- ¿No es este el número 3005928?
        -- Sí este es.
        -- Este es el número que me dio Vicente.
        -- Pero aquí no hay ningún Vicente.
        -- Pero, este es el número.
        -- Sí, pero no hay ningún Vicente.
        -- ¡Oh, Está bien¡ – me dice con un tono de desilusión y cuelga-.

Continúo haciendo lo que la llamada interrumpió, después de unos pocos minutos, vuelve a sonar el teléfono. Levanto la bocina para escuchar la voz de la misma mujer.

        -- ¿Está Vicente?
        -- Señora, ya le dije que aquí no hay ningún Vicente –le contesto con cierto tono de fastidio.
        -- Pero es que yo necesito hablar con Vicente y él me dio este teléfono.
        -- Le repito que aquí no vive ningún Vicente.
        -- Es que yo necesito hablar con mi hija, se fue con él y no ha regresado- me insiste en un tono desesperado y de súplica.
        -- Lo siento señora, si le dieron este teléfono que es mío, pero yo no puedo ayudarla porque aquí no hay ningún Vicente, ni yo conozco a nadie llamado Vicente.
        -- Es que él me dio este número –me repite con decepción- entonces, ¿no está ahí Vicente?
        -- No señora, lo lamento. Este es mi número y no hay ningún Vicente.
        -- Disculpe, es que no sé a donde buscar a mi hija.
        -- Lo lamento señora.
        -- Disculpe –vuelve a repetir y cuelga la bocina



 V. El  desconocido


Son las cinco de la tarde, camino por la acera para llegar a la biblioteca, casi a punto de llegar, hay una casa en remodelación. Algunos materiales y escombros se encuentran dispersos en la calle obstruyendo el paso. Me detengo  y miro hacia los dos lados de la calle buscando el espacio para poder pasar, pues es un lugar muy transitado por carros. En ese momento un joven que trabaja en la construcción me saluda.

        -- Hola – al ver que no le respondo insiste.
        -- Hola, ¿no te acuerdas de mi?

Entonces me doy cuenta que se está dirigiendo a mi. Volteo hacia los lados y confirmo que no hay nadie aparte de mi. Lo miro y me doy cuenta que no lo conozco y le respondo.

        -- No, yo no te conozco.
        -- Sí, si te conozco, tu te llamas...- hace una pausa pretendiendo que está tratando de recordar mi nombre y esperando que yo se lo diga.

Pero yo no le digo mi nombre, algo en sus gestos me indica que está tratando de obtener información de mi y a través de mi. Entonces solo me quedo viéndolo, el finge no poder recordar mi nombre y repite.
               
         --Tú te llamas…tú te llamas –dice, a modo de ganar tiempo- ¡ay!, no me acuerdo, pero nos conocimos allá en la fiesta.
         -- No te conozco –le digo completamente segura.
         -- Sí, nos conocimos en la fiesta –dice sin darme ningún dato de cuándo y dónde fue la fiesta a la que alude- ahí, ahí en la fiesta.

De cualquier forma, no hay modo de que lo conozca, yo no soy de ese lugar, ni he asistido a ninguna fiesta. Él insiste en conocerme, pero yo estoy completamente segura de que sólo trata de establecer un diálogo conmigo para saber quién soy.


         -- No te conozco –le digo una vez más- y sigo mi camino.

martes, 30 de mayo de 2017

LA NOCHE Y EL UNIVERSO



Se cae la noche en pequeños fragmentos
Fragmentos de lunas flotantes y danzarinas.
Las estrellas fugaces huyendo de la noche
Persiguen el sol en una veloz carrera.

Polvo, polvo de estrellas destellantes
Bañan el firmamento y y caen sobre las nubes
Los planetas giran azarosa y gozosamente
Tratando unos a otros alcanzarse

Pero por mas que traten de escaparse
De su órbita son presos, son sus redes
No huyan, no huyan de los grandes cielos
No huyan de los grandes soles y los dioses


Que ellos los miran de muy alto y muy lejos
Los dejaran ir  y venir como en un campo
Pero no los dejaran irse jamás de sus ojos
No, que tienen que formar el universo

Un universo grande, brillante, hermoso
Musical, interminable, sorprendente, misterioso
Con millones y millones de laberintos y recovecos
Tantos que jamás puedan acabarse.


domingo, 30 de abril de 2017

EL DIA DE LA MISERICORDIA



DIA DE LA MISERICORDIA



Corro desesperada mente, no hay a dónde ir, sólo corro, corro tratando de escapar de este infierno. En el cielo sobrevuelan varios aviones que bombardean la ciudad, se oye el estallido de las bombas, una tras otra, es interminable. Disparos, hay muchos disparos desde arriba y desde abajo, disparos de armas muy potentes. No sé qué tipo de armas son, yo sólo escucho los estallidos, los gritos desgarradores de la gente que cae herida de muerte, los gritos de las madres que recogen a sus pequeños hijos destrozados, sangrantes.

Hoy 23 de abril, es día de la misericordia, así me lo dijo una señora que constantemente trata de convencerme de ir a misa los domingos: “con sólo ir a misa, todos tus pecados quedan perdonados”, puntualiza una vez más tratando de que yo vaya a misa. Pero a mi no me preocupan mis pecados. No discuto con ella, es inútil, ha sido adoctrinada por años para creer ciertas ideas, que traen al mundo de cabeza, así sucede en todas las religiones.

Algunos mueren instantáneamente, alcanzados por los disparos de las armas o de las bombas, caen desmembrados. Las madres los reconocen porque los traían corriendo de la mano hace un instante, antes de que sus cuerpos se convirtieran en una masa sanguinolenta. Si no fuera porque  los traían cargando o de la mano, no podrían reconocerlos.Todo sucede tan rápido, todos quedamos tan aturdidos por el fuerte ruido, tirados en el suelo, la bomba cayó tan cerca, destruyó las casas, todo lo que había. Los que sobrevivimos, tratamos de recuperarnos.



Desde hace meses, en medio oriente se vive la guerra, paises han sido bombardeados inmisericordemente. Bombardeadas poblaciones llenas de civiles, mujeres y niños masacrados impunemente. Privados de todos sus derechos, aún de los más elementales, protección, salud, educación, expuestos a diario a la violencia que va en aumento y al ataque de armas explosivas. Los niños, obligados a convertirse en soldados, a trabajar para sus familias, o a sobrevivir por su cuenta. Muchos de ellos se han quedado sin familia, niños sin hogar, sin nada, huyendo a otros países, en continuo peligro,tratando sólo de sobrevivir.

Yo me levanto, miro a mi alrededor, todo es destrucción y hay que correr, yo lo sé, tengo que correr, todos corremos cuando empiezan los bombardeos. Tengo miedo, mucho miedo, no veo a nadie conocido, no sé dónde está mi familia, ni siquiera recuerdo si tengo familia, pero corro, corro en medio del bombardeo. Corro tratando de escapar de esta pesadilla. Por todos lados veo fuego, humo, destrucción y gritos, muchos gritos. Voces desesperadas que piden ayuda. Pero ¿quién puede ayudar en medio de este infierno?



Desde el año pasado ya habían sido bombardeados hospitales, escuelas, lugares públicos, la población civil, pero este mes la  barbarie llegó a un nivel, que se pensó nunca más debía suceder. Desde que se usaron armas biológicas durante la primera guerra mundial y se miraron las devastadoras consecuencias, se prohibió su uso en cualquier guerra, se tomaron acuerdos, se hicieron leyes. Pero muchos de los acuerdos tomados, son violados continuamente, al momento de invadir países, en nombre de no sé qué absurdo. ¿Dónde están los líderes de los países que tomaron el acuerdo?,¿ cuáles son sus acciones ante este tipo de atrocidades perpetradas sobre niños y mujeres totalmente indefensos?, ¿quién es responsable de todo esto?


Yo no sé de dónde vengo, ni sé a donde voy, sólo trato de escapar de los bombardeos de la muerte. No sé cómo puedo correr tanto. Es una cuestión de suerte lograr sobrevivir en medio del estallido continuo de bombas. Sólo sé que tengo que correr, correr y correr, evitando los proyectiles. Lo único que recuerdo, es que he estado corriendo, aunque no sé desde cuándo, no siento el cansancio, no siento el cuerpo. No sé de dónde me viene esta fuerza para correr, como un impulso interno, algo que me mueve más allá de mi voluntad. Estoy muy delgado y no he comido, no sé cuándo fue la última vez que comí. Me miro a mí mismo y me resulto extraño, no recuerdo nada, no sé dónde está mi familia.

Hoy podemos mirar la guerra cuando está sucediendo, videos de los ataques circulan por las redes sociales, y la barbarie y la destrucción, empiezan a convertirse en algo normal, cuando nadie hace nada, ante lo que sucede, cuando todos guardan silencio. Pero en el capítulo V, versículo 32 del corán, Alá decreta: “cuando muere un hombre inocente, la humanidad completa sufre la misma suerte de ese hombre y muere con él”. El exterminio con gas letal y bombas de fósforo en Siria, es una denigración para toda la humanidad. En otros tiempos fueron los indígenas americanos, los judíos y distintos grupos étnicos de varios países, ahora es Siria, ¿quién será el próximo, y cuándo?, ¿los países subdesarrollados, los que no tienen armas y ejércitos para defenderse, los que en sus territorios poseen riquezas y por ello son codiciados?

El bombardeo no se acaba, corro, corro y corro, tratando de esconderme, pero no hay en dónde hacerlo. En esta tierra desértica, puedo mirar muy lejos hacia todos lados, sólo hay destrucción, fuego,  escombros y muerte. Me tiro en el suelo, tal vez no me miren, soy un niño pequeño, no lo sé con exactitud, pero creo que tengo como seis años, estoy desnudo de la cintura para arriba, mi única vestimenta es un pantalón roto, sucio, ensangrentado, lleno de arena.



Todo es posible en un mundo donde reina la indiferencia, dónde los líderes no son cuestionados por sus acciones, dónde no se fincan responsabilidades por acciones atroces de exterminio, de tortura, de desaparición, de abuso, de discriminación de seres humanos. Los avances y logros de la humanidad han sido posible por las acciones de hombres y mujeres con el poder para decidir, para actuar, pero el exterminio de seres humanos indefensos, definitivamente no es un avance.

He corrido demasiado, siento que no puedo más, ahora que me detengo un poco, me doy cuenta de cómo tiembla mi cuerpo, tiembla todo, incontrolablemente, me arrastro hasta una montaña de escombros, no sé si ahí estaré a salvo, pero es el único lugar que encontré para guarecerme. La gente sigue corriendo, tratando de escapar, muchos cuerpos quedan tirados en el campo. Yo quisiera seguir, pero no puedo más.

Reza el credo católico: “yo confieso que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión, por mi culpa, por mi culpa, por mi grande culpa…” muchos católicos hoy fueron e irán a misa, y se liberarán para sí mismos de los pecados que han cometido con sus acciones, con sus pensamientos, y que con sus palabras, pero se olvidan de los pecados de omisión. En realidad nadie los toma en cuenta, piensan que lo que no se hace, lo que no existe cómo acción, no existe cómo pecado. Pero la falta de acción ante situaciones atroces, es parte de la complicidad. La indiferencia del mundo y de los líderes que tienen en su poder, el realizar acciones para evitar este tipo situaciones y simplemente callan, es lo que denigra a toda la humanidad.



Siguen los estallidos, el tiroteo, los gritos. Encontré un hueco entre las varillas retorcidas, me escondo en lo más profundo. Me acuesto de lado, encojo las piernas, me tapo los oídos, me quedo quieto, tan quieto como puedo, pero los estallidos de las bombas me sobresaltan continuamente. Después de un rato, me vence el cansancio, los ojos se me cierran, no puedo tenerlos abiertos, trato de mantenerme despierto, pero no puedo.

En acciones masivas y atroces sobre una población indefensa, hay muchos responsables. Desde los países “democráticos” y “defensores de la libertad”, “defensores de la paz”, y últimamente “defensores de la seguridad mundial” , que invaden otros países vulnerables para apropiarse de sus territorios o sus riquezas, haciendo uso de su superioridad en armas, hasta los ciudadanos que eligen líderes y gobiernos que provocan guerras para activar su economía. Ciudadanos que no protestan cuando sus líderes toman decisiones de destrucción y guerra, de discriminación y exterminio, de abuso y explotación. Y por supuesto quienes ordenan este tipo de acciones y quienes las ejecutan, sin cuestionarse por un segundo.



Me despierto en medio del llanto y lo quejidos. No sé cómo llegué aquí, estoy recostado sobre el piso, de la frente me escurre sangre, alrededor mío hay mucha gente herida, gente quemada. de todas las edades. Niños pequeños mueren en los brazos de sus madres impotentes. Estoy en una sala muy grande, algunos lloran, otros gritan, otros piden auxilio y algunos tratan de ayudarlos. 

Ciudadanos que callan y con su silencio apoyan las decisiones de sus gobernantes que cuando invaden países y les hacen la guerra, lo consideran su derecho. Y cuando los países invadidos se defienden, los países invasores dicen ser atacados en su soberanía, seguridad o lo que sea que se hayan inventado para justificar su invasión. Hace quinientos años américa, fue invadida y masacrada, la historia oficial lo llamó elegantemente, “conquista”, “encuentro de dos mundos”, ¿cómo le llamarán dentro de quinientos años a esto que se hace ahora en Siria?, ¿qué nombre elegante puede ponerse a fumigar con gas letal a toda una población, mientras duerme?

Muchas madres lloran, lloran inconsolablemente y en medio del llanto relatan su tragedia, que es la tragedia de muchos. Madres que han visto morir a sus hijos hechos pedazos. Otros tienen tantas quemaduras en el cuerpo, su dolor es terrible, son sobrevivientes de las bombas de fósforo, ni ellos saben cómo han escapado, vieron a otros quemarse vivos. Es terrible, ni el agua puede apagar el fuego. Los gritos de dolor de la gente quemándose son espeluznantes, quien los escuchó no puede olvidarlos.



Hitler, uno de los exterminadores más reconocidos del siglo pasado, lo habría llamado limpieza racial, limpieza étnica, la construcción del hombre perfecto. La historia dice que Hitler murió, pero lamentablemente sus ideales, están demasiado vigentes. Se fumigan a seres humanos como si fueran bichos ponzoñosos sin derecho a existir, se discrimina a seres humanos por todo tipo de cosas, por ser morenos, negros, latinos, musulmanes, centroaméricanos, mexicanos, indígenas, mujeres, etcétera.

Se escucha el bombardeo, está muy cerca, el ruido tan fuerte y la vibración rompen los cristales, me arrastro al lado  de una escalera y me acurruco en un intento de protegerme, se oye  que la gente grita y corre. ¡Auxilio!, ¡auxilio! Es  la palabra que con más desesperación  se oye.



Cuántos católicos, que tuvieron alguna responsabilidad en los ataques a Siria, fueron hoy a misa a recibir la misericordia por sus pecados. Y cuántos más, desde otras religiones, desde sus ideologías políticas de expansión justifican sus ataques o sus omisiones. Cuántos desde la comodidad de su hogar, miran estos ataques a Siria como algo lejano, como algo que a ellos nunca les sucederá. Pero la tecnología que hace  posible la creación de armas de destrucción masiva, incluyendo la biológica, hace que ningún país sea demasiado lejos.

El bombardeo es cada vez más cerca, gente llega corriendo tratando de guarecerse dentro del hospital, pero este no parece ser un lugar seguro, este es un lugar de muerte. El piso se cimbra y el ruido nos ensordece, tengo miedo mucho miedo, esto tiembla demasiado y empieza a caerse. Tengo que irme, tengo que correr, tengo que correr, tengo que correr, es la única idea que pasa por mi mente.

Hoy es día de la misericordia, vuelvo a recordarlo, los católicos asisten a sus iglesias para recibir misericordia por sus pecados. Y, la misericordia para las víctimas, para los niños y mujeres, ¿cuál es la misericordia para ellos? Es que el hombre sólo espera recibir misericordia de su creador, mientras mira en silencio como son exterminados seres inocentes. El hombre sólo espera recibir  sin dar. En verdad, ¿seremos mejores por recibir la misericordia mientras ignoramos el exterminio de seres humanos? La misericordia, ¿es algo que se tiene que recibir? O, ¿es algo que también debemos tener hacia los demás?



Salgo corriendo, sólo corro, como todos corro, tengo que correr,  tratar de escapar, aunque no tengo a dónde ir, no hay ningún lugar seguro. Por un segundo miro hacia atrás, este era el último hospital, ahora no hay nada, los que podíamos correr, corrimos, muchos no pudieron hacerlo.

Las ideas de exclusión y separación, el enjuiciamiento, la intolerancia, es lo que promueve y justifica acciones de ataque, de exterminio, de persecución.

Sólo corro, desde hace mucho que corro tratando de escapar. Trato de recordar si alguna vez no fue así, pero todo lo que recuerdo es que siempre he estado huyendo. Y mi familia, ¿dónde está?,¿ acaso la perdí en medio de la huida? No lo puedo recordar. Y si están vivos, ¿dónde están?, ¿podré encontrarlos algun día?



El ataque a Siria nos demuestra que somos una sociedad con gran desarrollo tecnológico, capaces de extraordinarios inventos, pero que nuestra conciencia como seres humanos, no se ha desarrollado a la par. Mientras el hombre permanezca impasible ante la tragedia de los demás, preocupándose sólo de sí mismo, enfocado en lograr un beneficio particular, sin importar si tiene que masacrar un pueblo, una nación, quemar un bosque, derribar una montaña o destruir todo el planeta, la tecnología se convertirá en nuestra peor enemiga.

Tecnología creada y usada para el exterminio o sumisión de los pueblos, para la explotación irracional de los recursos naturales, y una sociedad sin conciencia humana, liderada por los hombres más codiciosos, es la fórmula perfecta para la autodestrucción.