Escucho la voz fuerte
de una mujer que va dentro de un coche que avanza por la calle a mi izquierda,
detrás de la ventana me mira y me sonríe, al mismo tiempo, agita su mano en
señal de adiós.
Sigo caminando, y me
río por la insistencia de esta mujer. Cada vez que me encuentra me saluda muy
efusivamente llamándome Rosita, así fue desde la primera vez que me la topé,
justo en frente de la escuela secundaria. Aquél día yo
caminaba tranquilamente, cuando ella me interceptó y poniendo su mano sobre mi
hombro me dijo:
-- ¿Cómo estás Rosita?
Yo la miré sin
responder, la situación era muy simple, yo no era, y no soy Rosita. Ante mi
silencio, volvió a insistir.
-- ¿Ya no te acuerdas de mí, Rosita?
-- Yo no soy Rosita.
Se lo dije entonces y
se lo he dicho cada una de las veces que la he vuelto a encontrar y a pesar de
ello, sigue llamándome Rosita. Ella simplemente ignora mi respuesta, no duda ni
siquiera un segundo de lo que dice, es incapaz de considerar que me confunde
con otra persona.
-- Claro que sí,
Rosita. Yo fui tu maestra en la secundaria, fui tu maestra de cocina,
¡acuérdate! Vaya insistencia, ¿cómo puedo acordarme de algo que nunca
sucedió?
--Yo nunca tomé clases
de cocina en la secundaria. De hecho no he tomado clases de cocina nunca. Pero
mis respuestas parecen no importarle en absoluto.
-- Sí claro, tú eres
Rosita, me acuerdo perfectamente de ti.
Comprendo que no hay
manera de hacerle entender que yo no soy Rosita. No sé quién es Rosita, ni lo
que significa para ella, que insiste tanto en otorgarme esa personalidad. Sin
duda, esta es la clase de personas que no aceptan un no por respuesta, y que
son incapaces de escuchar al otro. Y ya que no hay manera de que ella acepte
que no soy Rosita, me alegro de que la persona con quien me confunde, no fuera
alguien a quien aborreciera y quisiera estrangular.
-- Bueno Rosita, cuídate
mucho- me dice a modo de despedida, y comienza a caminar sobre la acera en
sentido contrario a donde yo voy.
II. La llamada
Suena el timbre del
teléfono celular, de manera automática lo tomo y miro un número desconocido en
la pantalla, acepto la llamada y respondo.
-- Hola
-- ¿Quién habla? –
escucho la voz de una mujer muy alterada.
-- ¿Con quién quiere
hablar? – le digo sin darle mi nombre-. No acostumbro dar detalles a personas
desconocidas.
-- ¿Quién habla? –
vuelve a decir, usando un tono altisonante y autoritario.
-- ¿Con quién quiere
hablar? – vuelvo a repetirle calmada-mente, sólo para confirmar que esta persona
no me conoce, ni yo a ella, pero lo que trata de saber es quien soy.
-- ¡Usted identifíquese
primero! – me dice en un tono más enojado y más fuerte.
Por supuesto no tengo
porque darle mi nombre a alguien desconocido y menos aún si me grita por
teléfono. No tengo la mínima idea de dónde ha tomado mi número, pero por la
forma en que me habla, me hace pensar en una mujer celosa. Con toda calma
vuelvo a decirle.
-- ¿Con quién quiere
hablar? - Ante mi respuesta y la
imposibilidad de obtener ninguna información de mí y sobre mí, cuelga el
teléfono muy enojada. No volvió a llamarme nunca más.
III. El rancho
Es un día tranquilo a
media semana, salgo a comprar algunos
materiales a la papelería. En la calle sobre la banqueta, a punto de llegar a
la tienda, pasa a mi lado en sentido
contrario ,una pareja. Yo sigo avanzando, pero de pronto, el señor se regresa y
me habla.
-- Hola, ¿te acuerdas de
mí? – me dice, en tanto su pareja se acerca también y me mira con mucha
atención.
Yo los miro también y
no conozco a ninguno de los dos, de eso estoy segura. Ellos me miran
detenidamente de arriba abajo y de abajo hacia arriba. Él vuelve a insistir.
-- Sí, sí eres tú.
Acuérdate, nosotros –dice mientras mira a su pareja, esperando que ella lo
confirme- fuimos al rancho de tu padre.
-- Oh, no. Yo no soy esa
persona- les digo, mientras niego con un movimiento de cabeza, para reafirmar
mi respuesta.
-- Pero sí, sí eres tú,
yo me acuerdo de ti. Estuvimos en el rancho de tu papá aquélla vez- vuelve a
decir esperando que la mujer lo corrobore- ¿verdad que sí?, estuvimos allí.
-- Sí, pero no es ella –
le dice la mujer mirándome fijamente-. No, no es ella.
-- Sí es ella – insiste
él, débilmente y con cara de incredulidad.
-- No, no es ella –
vuelve a decir la mujer mientras lo jala de un brazo- déjala, no es ella.
Ellos se van, pero él
sigue insistiendo en que yo soy aquélla persona, los escucho hablando de lo
mismo hasta que dan la vuelta en la esquina. Y no, no soy ella, la que él dice,
mi padre no tiene, ni jamás ha tenido un rancho.
IV. Vicente
Ring, ring, es el
sonido del teléfono de la casa. Levanto
la bocina para responder
-- ¿Está Vicente?.
Del otro lado de la
línea, sin saludar y sin identificarse, me pregunta una voz de mujer.
-- Perdón, pero aquí no
hay ningún Vicente.
-- ¿No es este el número
3005928?
-- Sí este es.
-- Este es el número que
me dio Vicente.
-- Pero aquí no hay
ningún Vicente.
-- Pero, este es el
número.
-- Sí, pero no hay
ningún Vicente.
-- ¡Oh, Está bien¡ – me
dice con un tono de desilusión y cuelga-.
Continúo haciendo lo
que la llamada interrumpió, después de unos pocos minutos, vuelve a sonar el teléfono.
Levanto la bocina para escuchar la voz de la misma mujer.
-- ¿Está Vicente?
-- Señora, ya le dije
que aquí no hay ningún Vicente –le contesto con cierto tono de fastidio.
-- Pero es que yo
necesito hablar con Vicente y él me dio este teléfono.
-- Le repito que aquí no
vive ningún Vicente.
-- Es que yo necesito
hablar con mi hija, se fue con él y no ha regresado- me insiste en un tono
desesperado y de súplica.
-- Lo siento señora, si
le dieron este teléfono que es mío, pero yo no puedo ayudarla porque aquí no
hay ningún Vicente, ni yo conozco a nadie llamado Vicente.
-- Es que él me dio este
número –me repite con decepción- entonces, ¿no está ahí Vicente?
-- No señora, lo
lamento. Este es mi número y no hay ningún Vicente.
-- Disculpe, es que no
sé a donde buscar a mi hija.
-- Lo lamento señora.
-- Disculpe –vuelve a
repetir y cuelga la bocina
V. El desconocido
Son las cinco de la
tarde, camino por la acera para llegar a la biblioteca, casi a punto de llegar,
hay una casa en remodelación. Algunos materiales y escombros se encuentran
dispersos en la calle obstruyendo el paso. Me detengo y miro hacia los dos lados de la calle
buscando el espacio para poder pasar, pues es un lugar muy transitado por
carros. En ese momento un joven que trabaja en la construcción me saluda.
-- Hola – al ver que no
le respondo insiste.
-- Hola, ¿no te acuerdas
de mi?
Entonces me doy cuenta
que se está dirigiendo a mi. Volteo hacia los lados y confirmo que no hay nadie
aparte de mi. Lo miro y me doy cuenta que no lo conozco y le respondo.
-- No, yo no te conozco.
-- Sí, si te conozco, tu
te llamas...- hace una pausa pretendiendo que está tratando de recordar mi
nombre y esperando que yo se lo diga.
Pero yo no le digo mi
nombre, algo en sus gestos me indica que está tratando de obtener información
de mi y a través de mi. Entonces solo me quedo viéndolo, el finge no poder
recordar mi nombre y repite.
--Tú te llamas…tú te
llamas –dice, a modo de ganar tiempo- ¡ay!, no me acuerdo, pero nos conocimos
allá en la fiesta.
-- No te conozco –le
digo completamente segura.
-- Sí, nos conocimos en
la fiesta –dice sin darme ningún dato de cuándo y dónde fue la fiesta a la que
alude- ahí, ahí en la fiesta.
De cualquier forma, no
hay modo de que lo conozca, yo no soy de ese lugar, ni he asistido a ninguna
fiesta. Él insiste en conocerme, pero yo estoy completamente segura de que sólo
trata de establecer un diálogo conmigo para saber quién soy.
-- No te conozco –le
digo una vez más- y sigo mi camino.
Corro desesperada mente, no
hay a dónde ir, sólo corro, corro tratando de escapar de este infierno. En el
cielo sobrevuelan varios aviones que bombardean la ciudad, se oye el estallido
de las bombas, una tras otra, es interminable. Disparos, hay muchos disparos desde
arriba y desde abajo, disparos de armas muy potentes. No sé qué tipo de armas
son, yo sólo escucho los estallidos, los gritos desgarradores de la gente que
cae herida de muerte, los gritos de las madres que recogen a sus pequeños hijos
destrozados, sangrantes.
Hoy 23 de abril, es día de la misericordia, así me lo dijo una señora que
constantemente trata de convencerme de ir a misa los domingos: “con sólo ir a
misa, todos tus pecados quedan perdonados”, puntualiza una vez más tratando de
que yo vaya a misa. Pero a mi no me preocupan mis pecados. No discuto con ella,
es inútil, ha sido adoctrinada por años para creer ciertas ideas, que traen al
mundo de cabeza, así sucede en todas las religiones.
Algunos mueren
instantáneamente, alcanzados por los disparos de las armas o de las bombas,
caen desmembrados. Las madres los reconocen porque los traían corriendo de la
mano hace un instante, antes de que sus cuerpos se convirtieran en una masa
sanguinolenta. Si no fuera porque los
traían cargando o de la mano, no podrían reconocerlos.Todo sucede tan rápido,
todos quedamos tan aturdidos por el fuerte ruido, tirados en el suelo, la bomba
cayó tan cerca, destruyó las casas, todo lo que había. Los que sobrevivimos,
tratamos de recuperarnos.
Desde hace meses, en medio oriente se vive la guerra, paises han sido
bombardeados inmisericordemente. Bombardeadas poblaciones llenas de civiles,
mujeres y niños masacrados impunemente. Privados de todos sus derechos, aún de
los más elementales, protección, salud, educación, expuestos a diario a la
violencia que va en aumento y al ataque de armas explosivas. Los niños,
obligados a convertirse en soldados, a trabajar para sus familias, o a sobrevivir
por su cuenta. Muchos de ellos se han quedado sin familia, niños sin hogar, sin
nada, huyendo a otros países, en continuo peligro,tratando sólo de sobrevivir.
Yo me levanto, miro a mi
alrededor, todo es destrucción y hay que correr, yo lo sé, tengo que correr,
todos corremos cuando empiezan los bombardeos. Tengo miedo, mucho miedo, no veo
a nadie conocido, no sé dónde está mi familia, ni siquiera recuerdo si tengo
familia, pero corro, corro en medio del bombardeo. Corro tratando de escapar de
esta pesadilla. Por todos lados veo fuego, humo, destrucción y gritos, muchos
gritos. Voces desesperadas que piden ayuda. Pero ¿quién puede ayudar en medio
de este infierno?
Desde el año pasado ya habían sido bombardeados hospitales, escuelas,
lugares públicos, la población civil, pero este mes la barbarie llegó a un nivel, que se pensó nunca
más debía suceder. Desde que se usaron armas biológicas durante la primera
guerra mundial y se miraron las devastadoras consecuencias, se prohibió su uso
en cualquier guerra, se tomaron acuerdos, se hicieron leyes. Pero muchos de los
acuerdos tomados, son violados continuamente, al momento de invadir países, en
nombre de no sé qué absurdo. ¿Dónde están los líderes de los países que tomaron
el acuerdo?,¿ cuáles son sus acciones ante este tipo de atrocidades perpetradas
sobre niños y mujeres totalmente indefensos?, ¿quién es responsable de todo
esto?
Yo no sé de dónde vengo, ni
sé a donde voy, sólo trato de escapar de los bombardeos de la muerte. No sé
cómo puedo correr tanto. Es una cuestión de suerte lograr sobrevivir en medio
del estallido continuo de bombas. Sólo sé que tengo que correr, correr y
correr, evitando los proyectiles. Lo único que recuerdo, es que he estado corriendo,
aunque no sé desde cuándo, no siento el cansancio, no siento el cuerpo. No sé
de dónde me viene esta fuerza para correr, como un impulso interno, algo que me
mueve más allá de mi voluntad. Estoy muy delgado y no he comido, no sé cuándo
fue la última vez que comí. Me miro a mí mismo y me resulto extraño, no
recuerdo nada, no sé dónde está mi familia.
Hoy podemos mirar la guerra cuando está sucediendo, videos de los ataques
circulan por las redes sociales, y la barbarie y la destrucción, empiezan a
convertirse en algo normal, cuando nadie hace nada, ante lo que sucede, cuando
todos guardan silencio. Pero en el capítulo V, versículo 32 del corán, Alá
decreta: “cuando muere un hombre inocente, la humanidad completa sufre la misma
suerte de ese hombre y muere con él”. El exterminio con gas letal y bombas de
fósforo en Siria, es una denigración para toda la humanidad. En otros tiempos
fueron los indígenas americanos, los judíos y distintos grupos étnicos de
varios países, ahora es Siria, ¿quién será el próximo, y cuándo?, ¿los países
subdesarrollados, los que no tienen armas y ejércitos para defenderse, los que
en sus territorios poseen riquezas y por ello son codiciados?
El bombardeo no se acaba,
corro, corro y corro, tratando de esconderme, pero no hay en dónde hacerlo. En
esta tierra desértica, puedo mirar muy lejos hacia todos lados, sólo hay
destrucción, fuego, escombros y muerte.
Me tiro en el suelo, tal vez no me miren, soy un niño pequeño, no lo sé con
exactitud, pero creo que tengo como seis años, estoy desnudo de la cintura para
arriba, mi única vestimenta es un pantalón roto, sucio, ensangrentado, lleno de
arena.
Todo es posible en un mundo donde reina la indiferencia, dónde los líderes
no son cuestionados por sus acciones, dónde no se fincan responsabilidades por
acciones atroces de exterminio, de tortura, de desaparición, de abuso, de
discriminación de seres humanos. Los avances y logros de la humanidad han sido
posible por las acciones de hombres y mujeres con el poder para decidir, para
actuar, pero el exterminio de seres humanos indefensos, definitivamente no es
un avance.
He corrido demasiado, siento
que no puedo más, ahora que me detengo un poco, me doy cuenta de cómo tiembla
mi cuerpo, tiembla todo, incontrolablemente, me arrastro hasta una montaña de
escombros, no sé si ahí estaré a salvo, pero es el único lugar que encontré
para guarecerme. La gente sigue corriendo, tratando de escapar, muchos cuerpos
quedan tirados en el campo. Yo quisiera seguir, pero no puedo más.
Reza el credo católico: “yo confieso que he pecado mucho de pensamiento,
palabra, obra y omisión, por mi culpa, por mi culpa, por mi grande culpa…”
muchos católicos hoy fueron e irán a misa, y se liberarán para sí mismos de los
pecados que han cometido con sus acciones, con sus pensamientos, y que con sus
palabras, pero se olvidan de los pecados de omisión. En realidad nadie los toma
en cuenta, piensan que lo que no se hace, lo que no existe cómo acción, no
existe cómo pecado. Pero la falta de acción ante situaciones atroces, es parte
de la complicidad. La indiferencia del mundo y de los líderes que tienen en su
poder, el realizar acciones para evitar este tipo situaciones y simplemente
callan, es lo que denigra a toda la humanidad.
Siguen los estallidos, el
tiroteo, los gritos. Encontré un hueco entre las varillas retorcidas, me escondo en
lo más profundo. Me acuesto de lado, encojo las piernas, me tapo los oídos, me
quedo quieto, tan quieto como puedo, pero los estallidos de las bombas me
sobresaltan continuamente. Después de un rato, me vence el cansancio, los ojos
se me cierran, no puedo tenerlos abiertos, trato de mantenerme despierto, pero
no puedo.
En acciones masivas y atroces sobre una población indefensa, hay muchos
responsables. Desde los países “democráticos” y “defensores de la libertad”,
“defensores de la paz”, y últimamente “defensores de la seguridad mundial” ,
que invaden otros países vulnerables para apropiarse de sus territorios o sus
riquezas, haciendo uso de su superioridad en armas, hasta los ciudadanos que
eligen líderes y gobiernos que provocan guerras para activar su economía.
Ciudadanos que no protestan cuando sus líderes toman decisiones de destrucción
y guerra, de discriminación y exterminio, de abuso y explotación. Y por
supuesto quienes ordenan este tipo de acciones y quienes las ejecutan, sin
cuestionarse por un segundo.
Me despierto en medio del
llanto y lo quejidos. No sé cómo llegué aquí, estoy recostado sobre el piso, de
la frente me escurre sangre, alrededor mío hay mucha gente herida, gente
quemada. de todas las edades. Niños pequeños mueren en los brazos de sus madres
impotentes. Estoy en una sala muy grande, algunos lloran, otros gritan, otros
piden auxilio y algunos tratan de ayudarlos.
Ciudadanos que callan y con su silencio apoyan las decisiones de sus
gobernantes que cuando invaden países y les hacen la guerra, loconsideran su derecho. Y cuando los
países invadidos se defienden, los países invasores dicen ser atacados en su
soberanía, seguridad o lo que sea que se hayan inventado para justificar su
invasión. Hace quinientos años américa, fue invadida y masacrada, la historia
oficial lo llamó elegantemente, “conquista”, “encuentro de dos mundos”, ¿cómo
le llamarán dentro de quinientos años a esto que se hace ahora en Siria?, ¿qué
nombre elegante puede ponerse a fumigar con gas letal a toda una población,
mientras duerme?
Muchas madres lloran, lloran
inconsolablemente y en medio del llanto relatan su tragedia, que es la tragedia
de muchos. Madres que han visto morir a sus hijos hechos pedazos. Otros tienen
tantas quemaduras en el cuerpo, su dolor es terrible, son sobrevivientes de las
bombas de fósforo, ni ellos saben cómo han escapado, vieron a otros quemarse
vivos. Es terrible, ni el agua puede apagar el fuego. Los gritos de dolor de la
gente quemándose son espeluznantes, quien los escuchó no puede olvidarlos.
Hitler, uno de los exterminadores más reconocidos del siglo pasado, lo
habría llamado limpieza racial, limpieza étnica, la construcción del hombre
perfecto. La historia dice que Hitler murió, pero lamentablemente sus ideales,
están demasiado vigentes. Se fumigan a seres humanos como si fueran bichos
ponzoñosos sin derecho a existir, se discrimina a seres humanos por todo tipo
de cosas, por ser morenos, negros, latinos, musulmanes, centroaméricanos,
mexicanos, indígenas, mujeres, etcétera.
Se escucha el bombardeo, está
muy cerca, el ruido tan fuerte y la vibración rompen los cristales, me arrastro
al lado de una escalera y me acurruco en
un intento de protegerme, se oye que la
gente grita y corre. ¡Auxilio!, ¡auxilio! Es
la palabra que con más desesperación
se oye.
Cuántos católicos, que tuvieron alguna responsabilidad en los ataques a
Siria, fueron hoy a misa a recibir la misericordia por sus pecados. Y cuántos
más, desde otras religiones, desde sus ideologías políticas de expansión
justifican sus ataques o sus omisiones. Cuántos desde la comodidad de su hogar,
miran estos ataques a Siria como algo lejano, como algo que a ellos nunca les
sucederá. Pero la tecnología que hace
posible la creación de armas de destrucción masiva, incluyendo la
biológica, hace que ningún país sea demasiado lejos.
El bombardeo es cada vez más
cerca, gente llega corriendo tratando de guarecerse dentro del hospital, pero
este no parece ser un lugar seguro, este es un lugar de muerte. El piso se
cimbra y el ruido nos ensordece, tengo miedo mucho miedo, esto tiembla
demasiado y empieza a caerse. Tengo que irme, tengo que correr, tengo que
correr, tengo que correr, es la única idea que pasa por mi mente.
Hoy es día de la misericordia, vuelvo a recordarlo, los católicos asisten a
sus iglesias para recibir misericordia por sus pecados. Y, la misericordia para
las víctimas, para los niños y mujeres, ¿cuál es la misericordia para ellos? Es
que el hombre sólo espera recibir misericordia de su creador, mientras mira en
silencio como son exterminados seres inocentes. El hombre sólo espera
recibir sin dar. En verdad, ¿seremos
mejores por recibir la misericordia mientras ignoramos el exterminio de seres
humanos? La misericordia, ¿es algo que se tiene que recibir? O, ¿es algo que
también debemos tener hacia los demás?
Salgo corriendo, sólo corro,
como todos corro, tengo que correr,
tratar de escapar, aunque no tengo a dónde ir, no hay ningún lugar
seguro. Por un segundo miro hacia atrás, este era el último hospital, ahora no
hay nada, los que podíamos correr, corrimos, muchos no pudieron hacerlo.
Las ideas de exclusión y separación, el enjuiciamiento, la intolerancia, es
lo que promueve y justifica acciones de ataque, de exterminio, de persecución.
Sólo corro, desde hace mucho
que corro tratando de escapar. Trato de recordar si alguna vez no fue así, pero
todo lo que recuerdo es que siempre he estado huyendo. Y mi familia, ¿dónde
está?,¿ acaso la perdí en medio de la huida? No lo puedo recordar. Y si están
vivos, ¿dónde están?, ¿podré encontrarlos algun día?
El ataque a Siria nos demuestra que somos una sociedad con gran desarrollo
tecnológico, capaces de extraordinarios inventos, pero que nuestra conciencia
como seres humanos, no se ha desarrollado a la par. Mientras el hombre
permanezca impasible ante la tragedia de los demás, preocupándose sólo de sí
mismo, enfocado en lograr un beneficio particular, sin importar si tiene que
masacrar un pueblo, una nación, quemar un bosque, derribar una montaña o
destruir todo el planeta, la tecnología se convertirá en nuestra peor enemiga.
Tecnología creada y usada para el exterminio o sumisión de los pueblos,
para la explotación irracional de los recursos naturales, y una sociedad sin
conciencia humana, liderada por los hombres más codiciosos, es la fórmula
perfecta para la autodestrucción.
Escribo esto como un
testimonio de lo que ocurrió, no sé si alguna vez alguien lo leerá, no sé si
tendré el tiempo suficiente para terminarlo, pero quiero hacerlo, quiero
intentarlo, quiero que esto pueda ser leído por alguien, leído a tiempo.
No es la primera vez,
que ocurre, pero no lo sabíamos. Cómo podíamos haberlo sabido, siempre habíamos
vivido en lo más profundo, en lo más alejado de la selva. Nuestra vida había
sido tranquila, armónica, creímos que siempre sería así, creímos que teníamos
el control de todo. Pero un día todo cambió. Nuestros ancestros tenían una
leyenda que nos transmitieron de padres a hijos,
por muchos años. Dijeron que teníamos que estar siempre en lo más
profundo de la selva, que eso era importante para nuestra tribu, que debíamos
tener cuidado con lo extraño, con lo que viniera de fuera. Pero estábamos tan
alejados que por muchos años, no hubo nada nuevo. Teníamos contacto con otra
tribu, y aunque eramos diferentes y habíamos tenido algunas guerras, después
hicimos la paz, concertando matrimonios, creando lazos familiares. Todo parecía
ir bien.
Pero no quiero
detenerme en esto, pues no acabaría de explicarlo, es demasiado complejo para
escribirlo, y no tengo mucho tiempo. Ahora estoy en un lugar secreto, logre
guarecerme, logré ocultarme, esconderme lo mejor posible . Sí, tal vez pueda
ocultarme y sobrevivir por un tiempo, estoy preparado para ello. Puedo cazar
para alimentarme, conozco plantas comestibles pero no tengo agua, el agua es
muy poca. He intentado usar la menor cantidad posible, pero aún así es demasiado
poca. Encontré un goteadero, eso es muy raro, de ahí obtengo el vital líquido,
pero si alguien más lo encuentra, tal vez, no pueda beber de ahí mas. Ya sucedió
anteriormente, él me lo había dicho, a su vez, él lo había escuchado. Sucedió en otras tribus, eso le dijeron, en
lugares lejanos. ¿Cómo lo supo? No lo sé, pero de algún modo él sabía que esto
podía pasarnos.
Pero nosotros no
teníamos la mínima idea que esto podía ocurrir, estábamos tan alejados de lo
que llaman civilización, sabíamos de esas grandes ciudades, alguna vez, alguien
de mi tribu viajó y vivió en la gran ciudad, sólo por un breve tiempo, esa
clase de vida, no era vida para él. Los hombres civilizados querían educarlo,
querían enseñarle cosas, muchas cosas de su forma de vida. Pero esa vida era tan
distinta a la nuestra. Él intentó aprender, de verdad lo intentó, con todo su
corazón quiso entender esa forma de vida, adaptarse a ella, pues decían que eso
era el progreso, que eso era la mejor forma de vida. Así se lo hicieron creer a
todos, el gobierno y los hombres poderosos, los que controlaban el mundo
querían que todos creyeran eso.
Pero él no pudo, no
pudo soportarlo por mucho tiempo. Mientras viajaba hacia la ciudad, en una gran
máquina de metal, vio cosas que no imaginó jamás. Todos parecían enloquecidos.
En una enorme montaña, muchos muchos árboles, tantos como arenas tiene el mar,
eran derribados, derribados sin piedad. Sin pedir permiso a la madre tierra,
sin pedir perdón al árbol por tomar su vida y peor aún sin saber para qué se
tenía que derribar. Oh sí, en la gran ciudad los hombres parecían estar locos,
derribaban árboles que no necesitaban derribar. En la tribu sólo se derriba un
árbol para hacer una casa, se toman los árboles secos para el fuego, para hacer
herramientas, vasijas, muebles, pero no mucho, sólo los necesarios. Es
suficiente una taza y un plato para cada persona.
Pero en la gran ciudad
nada parecía suficiente, todo tenía que ser en exceso, no sólo las casas, los
utensilios, la ropa. Qué absurdo, tenían más ropa de la que podían usar. Muebles
llenos de ropa de distintos colores, algunas la usaban ocasionalmente, sólo en
sus fiestas, algunas sólo una vez, y algunas nunca . Y que diferencia con las
fiestas de ellos y las nuestras.Hacían fiestas sólo para exhibir sus ropas, sus
riquezas, sus joyas. No eran fiestas dónde lo principal fuera compartir, o para
agradecer al dios por la lluvia, por las abundantes cosechas, para agradecer a
la madre tierra por los alimentos, para venerar al abuelo fuego, para alimentar
al gran sol, no, lo más importante para ellos era alardear de todo cuanto
poseyeran. Se rodeaban de gente a quién no
amaban, pero que poseían riquezas, oh sí.Se decían dueños de la tierra,
de las montañas y de todo lo que en ella hubiera, incluidas las personas.
Pero,¿ cómo puede ser un solo hombre dueño de
la tierra?, la tierra que fue creada por el gran dios, creada con la ayuda del
gran espíritu, creada para todos su hijos, para todos los hombres y mujeres que
habitan este mundo. En la tribu, desde niños nos enseñaron que no éramos dueños
de nada, que no necesitábamos poseer nada, pues nuestra estancia en esta vida
es pasajera. En cambio, ellos habían matado a otros hombres para obligarlos a
renunciar a sus derechos naturales sobre la tierra que habían habitado por
generaciones.Ahora los hombres blancos eran los dueños y se sentían superiores
por ser los dueños, por arrebatar a otros hombres la tierra donde nacieron que heredaron de sus ancestros.
Y aquél hombre de mi tribu que fue a la gran
ciudad, pudo darse cuenta que esos dueños nuevos, los que arrebataron las
tierras a los nativos, lo hicieron no sólo en esas ciudades, sino también en
lugares muy lejanos. No, no fue suficiente lo que ya tenían, enviaron a
emisarios a otros países, hombres miserables, codiciosos, ávidos de riquezas,
que con la promesa de tener también grandes extensiones de tierra, fueron a
esas naciones y masacraron a los nativos de esos naciones. Tenían un solo propósito: arrebatar sus tierras y
todas sus riquezas.
El mayor exterminio de
toda la humanidad ocurrió, más de veinte millones de nativos masacrados. No
hubo piedad, ni misericordia. Los nativos fueron perseguidos con feroces
perros, perseguidos y destrozados hasta morir. Los codiciosos invasores le
llamaron conquista, pero no hubo tal, fue una invasión, fue la peor masacre que
el “hombre civilizado” haya hecho.
Los nativos
sobrevivientes de algunas tribus que lograron escapar, los que pudieron huir y
refugiarse en enormes y lejanas
montañas, aún lo recuerdan. Recuerdan la ferocidad con que fue atacada su
nación. Recuerdan a aquéllos bárbaros salvajes que llegaron con poderosas armas,
jamás vistas. Se apoderaron de todo con violencia, con mentiras, no tenían honor,
no conocían el respeto. Saquearon las naciones, grandes cargamentos de joyas y
vasijas de oro fueron robadas de los templos, llevadas al otro lado del mar de
donde provenían, con la riqueza extraída de esas grandes naciones, construyeron
lujosas ciudades en las lejanas tierras
de donde vinieron, mientras en las tierras invadidas dejaban exterminio,
muerte, enfermedad.
Al hombre civilizado no le basta una porción
de tierra para vivir, siempre quiere tener más, más de lo que puede habitar,
mucho más de lo que necesita. Y yo también tuve que escapar, no quería hacerlo,
estaba desesperado, yo también, buscaba a mi familia, pero no la hallé. Tarde
meses buscando, pero no sé dónde están. No sé si ellos me buscan, no sé si aún
viven. Yo quería combatir, defender a mi pueblo, defender mi tierra, pero él me
dijo que no, que alguien tenía que salvar lo más valioso que teníamos, que yo
debía hacerlo. Llevar nuestros tesoros, los que nos heredaron nuestros
ancestros, lo que más importaba en todo esto. Él me dijo que me fuera, que el
exterminio era inevitable, él hombre más sabio de la tribu lo había visto,los
grandes dioses se lo habían mostrado, nuestra civilización perdería mucho de su
conocimiento, pues estos hombres blancos desconocían su conexión con la madre
tierra, desconocían el poder de la naturaleza, desconocían la importancia de
los seres que habitan este mundo, desconocían que hay vida aún en cosas que no
lo parecen.
Esos hombres parecían
no tener raíces, no haber heredado ningún conocimiento de sus ancestros,
actuaban salvajemente, destruyendo todo, sólo con un propósito acumular
riquezas.
El sabio de la tribu
los llamó los hombres separados, pues no comprenden que son una unidad con el
todo, no comprenden que el daño que hacen a la naturaleza es un daño a todo el
universo y a todos los hombres. Se miran a sí mismos distintos, se miran
superiores. No comprenden quienes son. No se dan cuenta de su ignorancia. Este
mundo sufrirá por su ignorancia y su codicia, tal vez, este mundo llegue a
morir por el saqueo que ellos hacen. Ya ha ocurrido, esta registrado en los
textos sagrados, el fin de mundos pasados.
Aquél hombre de mi
tribu se dio cuenta cómo funcionaba el mundo civilizado, y no quiso estar ahí,
un lugar donde se da más valor a las cosas que a las personas, un lugar dónde
es aceptable pisotear a los propios hermanos, donde es aceptable arrebatar hasta lo
más mínimo necesario para su sobrevivencia. Me lo dijo alguna vez, cuando había
regresado de esa gran ciudad civilizada. Dijo que ya había pasado una vez, hace
mucho tiempo, mucho más tiempo del que le hombre puede recordar. Los más
fuertes y feroces habían exterminado a
tribus y naciones completas, sólo por el territorio y las riquezas. El no
quería volver a esa civilización, dijo que era terrible, porque habían
desarrollado muchas máquinas, máquinas que en la tribu eran desconocidas. Y
cada día desarrollaban más tecnología, artefactos que parecían tener vida
propia, que recorrían grandes distancias. Parecía cosa de
magia o de brujería. Eran capaces de
crear tantas cosas para la destrucción de sus propios hermanos, de la
naturaleza, de todas las formas de vida.
Ellos parecían ignorar
esta verdad espiritual que en la tribu nos es transmitida por nuestros ancestros
desde tiempos inmemoriales: somos hermanos, todos somos parte de un todo, todos
somos hijos de Dios. Y tienen libros donde esta escrita ésta verdad, pero ellos la ignoran, todo el tiempo
la ignoran, no la toman en cuenta. Parece como si la palabra escrita, que fue
hablada por su propio dios, fuera letra muerta, hubiera perdido su esencia, dejo
de ser transmitida desde el corazón. Aunque
los hombres blancos acuden a sus templos a alabar a su dios, no aplican sus
enseñanzas. Escrito en un gran libro, se dice que se debe amar al prójimo como
a sí mismo, pero es una enseñanza que se
guarda, como algo ajeno, sólo como una bonita lección.
Todos están convencidos
que lo más importante en la vida de cada ser humano es poseer la mayor cantidad de cosas y todos sus esfuerzos están
encaminados a ello. En las grandes ciudades son pocos los hombres que se han
adueñado de las riquezas de las naciones, poseen tanta que en su propia vida y
la de sus hijos y la de los hijos de sus hijos no terminarán de gastarla. Pero
no importa cuánto posean; jamás es
suficiente. A él también quisieron convencerlo de acumular riquezas. Sabían que
él era el curandero de la tribu, creían que él conocía todos los secretos de la
tribu y de la selva. Querían saber en dónde estaban los metales y piedras
preciosas. Le prometieron que si les decía en donde hallarlos, lo harían su
socio, le ayudarían a explotar los yacimientos. Ellos tenían mucho dinero para
hacerlo, podían traer toda la maquinaria que hiciera falta, y si era necesario
perforarían la montaña o la derribarían.
Para ellos, no había nada imposible, eso dijeron, y a él lo convertirían en un
hombre muy rico y poderoso.
Pero él no quiso, ¿cómo
podría traicionar a la selva y a la montaña? La madre tierra que lo había
alimentado siempre, que había alimentado a la tribu y que había alimentado a
todos sus ancestros, a todos, aún a los que jamás había conocido.¿ Cómo podría
herir a la montaña que lo protegía?, con la que hablaba en sus largas
caminatas, el hogar de tantos animales y plantas que daban vida a todo cuanto le rodeaba. ¿Cómo
podría derribar a los árboles que refrescaban el aire?, que lo bañaban con el
rocío de sus hojas en las tardes calurosas, que lo guarecían del sol con su
sombra. ¿Qué le heredaría a sus hijos y a los hijos de sus hijos, si todo esto
se destruyera?
Él y todos en la tribu
lo sabían, dañar a ellos era dañarse a él mismo, lo sabía muy bien, lo
había sabido desde muy pequeño. Su abuelo se lo explicó tantas veces. El hombre
y la naturaleza son parte de lo mismo, están inter-relacionados, aunque a veces, la naturaleza puede ser superior y
muy violenta. La naturaleza ha existido y puede seguir existiendo sin el
hombre, pero el hombre no puede existir sin la naturaleza. La naturaleza debe
cuidarse, debe protegerse, tomar solamente lo que se necesita.
Pero el hombre blanco
de las grandes ciudades ignora por completo esta verdad, toma sin control y derrocha, derrocha de todo. Toma lo que no necesita, sólo para acumular, toma
y destruye las montañas, bosques, plantas, animales. Toma y contamina el agua,
sin importar la vida de los mismos hombres.
El hombre más sabio de
la tribu, el que habla con los dioses, me lo había dicho, que el hombre blanco destruiría mi
tribu, destruiría estas montañas, buscaría el oro, destruiría los arboles,
ensuciaría el agua, la enfermaría y los hombres morirán de enfermedades antes
desconocidas, enfermedades que no tendrían cura con nuestras plantas,
enfermedades que brotarían desde dentro del cuerpo por beber el agua sucia.
Ellos no comprenden, son ignorantes, son bárbaros con poder y armas. Ellos se
miran a sí mismos diferentes a los otros hombres, se miran superiores por sus
riquezas, se miran superiores por el color de su piel, pero son ignorantes, muy
ignorantes.
Ese día llegó,
vinieron a destruir a mi tribu.Por eso debo huir, salvar el conocimiento,
resguardarlo, y cuando sea el momento adecuado, usarlo de manera apropiada,
para beneficio de todos los hombres. Aprenderé a hablar con los dioses, ellos
me indicarán qué hacer. Hablaré con la montaña ella me resguardará, ella
ocultará lo que deba ocultarse, hablaré con las plantas ellas me alimentarán,
hablaré con los animales ellos me darán las señales precisas. Y cuando yo deba
irme, enseñaré a alguien más este conocimiento y lo que deba hacerse, porque
pasarán muchos años antes de que el hombre blanco tome conciencia de su
ignorancia.
Muchas tribus y naciones
sufrirán por su ignorancia y su codicia, muchos hombres, mujeres y niños
morirán por su afán de riquezas, muchos sufrirán por haber nacido en donde se
encuentran las riquezas que ellos quieren. Trataran de engañarlos para comprar
territorios a precios demasiado baratos y si no pueden convencerlos, si no
aceptan ceder sus tierras, los aniquilarán. Así lo han hecho impunemente, así
desaparecieron a muchas tribus, así se hicieron dueños de grandes territorios.
Así han desaparecido mi tribu.
Ahora tengo que huir,
ahora debo esconderme, cuando sea el momento propicio, y encuentre el lugar
adecuado, volveré a la vida común, me
integraré a alguna tribu. Muchos han huido, yo hubiera querido pelear, defender
mi tribu, mi familia, pero me asignaron otra misión. Otros también han huido,
algunos lo han hecho por miedo, otros porque deben hacerlo. Otras tribus
también resguardarán sus conocimientos, los hombres sabios de las tribus se
comunicaron entre sí. Sabían que el exterminio era inevitable. Han hecho lo
único que podía hacerse y los hombres encargados de ello nos encontraremos en
algún momento, pero para ello tendrá que
pasar mucho tiempo.
He puesto ha resguardo
lo que se me ha encomendado, ahora debo sobrevivir hasta poder pasar este
conocimiento a alguien. He visto como mataban a mi gente, he visto cómo le
quemaban los pies al jefe para obligarlo a entregar las riquezas, lo vi a
través del gran espejo humeante. Por eso tuve que huir, debo hacerlo. Ellos me
buscarán creyendo que llevo oro, pero lo que yo custodio es mucho más valioso,
ellos no pueden entenderlo. Si me encuentran me matarán porque no podré
entregarles lo que quieren. Debo sobrevivir para salvar el conocimiento de mi
nación, algún día, el gran mundo va a necesitarlo.
El oro es un símbolo de riqueza y ostentación desde hace muchos siglos en
distintas culturas. El oro y el territorio de américa latina fue la razón
principal de su invasión hace cinco siglos. Por el oro fueron impuestos a los
pueblos nativos terribles tributos. Hombres y mujeres eran obligados a extraer
y lavar oro para los señores. Más allá del mar, desde África, esclavos negros
fueron traídos a américa para trabajar hasta morir dentro de las minas.
En este milenio, el oro sigue siendo la razón principal de expropiar o
arrebatar territorios a los pueblos indígenas. Con la complicidad de codiciosos
y corruptos gobernantes se concede la explotación de los metales preciosos a
empresas extranjeras, quienes aprovechando la mano de obra barata, las
legislaciones laborales permisivas, sin obligaciones tributarias, ni
restricciones medioambientales, usan las formas de extracción menos costosas,
pero más contaminantes y destructivas para el ambiente, la flora, la fauna y
los seres humanos.
De acuerdo a lo que muestra el documental “El Oro o La Vida” realizado por
Caracol Producciones (Guatemala, 2017) el oro ha sido y aún es, una maldición
para los indígenas que han nacido en territorios en donde se encuentra este
metal.
En el caso de Guatemala, la empresa canadiense Gold Corp, inició la
explotación de la mina Marlin, en el año 2006. La extracción se realizó al aire
libre, para lo que se requirió una gran cantidad de agua, doscientos cincuenta
mil litros por hora. Mismos litros que después del proceso de lixiviación
terminaron altamente contaminados con metales pesados, como el plomo y las
cuarenta mil toneladas de cianuro. Toda el agua residual, fue vertida en el río,
del cual la comunidad más cercana tomaba agua desde tiempos ancestrales para
beber, lavar y bañarse.
En poco tiempo los habitantes de las comunidades de San Miguel Ixtahuacan y
Aldea Siete Platos se vieron severamente afectadas con problemas de la piel,
que van desde irritaciones que causan prurito
y mayor vulnerabilidad para el crecimiento de hongos y bacterias que en
condiciones normales no prosperarían. Además de la leucodermia, que es la despigmentación
de la piel, todo ocasionado por la contaminación del agua.
Pero los problemas de la piel no son los
únicos, el tomar el agua contaminada ocasiona dolor de estómago, el ganado y
otros animales también mueren. Las mujeres embarazadas han tenido abortos
espontáneos frecuentes, y algunos niños que han nacido presentan deformidades
en los pies y problemas en las articulaciones, lo cual les impide caminar,
además de que se presentan problemas de cáncer.
En sólo cuatro años, la empresa minera con los costos de producción más
bajos del mercado se enriqueció tanto, que se convirtió en una de las más
grandes del mundo, sus activos superaron el producto interno bruto de Guatemala
en seis millones de dólares americanos. De la riqueza obtenida Guatemala sólo
recibió el 1% en regalías.
La explotación tradicional del túneles subterránea ha sido reemplazada por
la minería a cielo abierto y cada vez los yacimientos de oro son más escasos.
El muchos lugares el oro se encuentra disperso a lo largo y ancho de grandes
montañas, por lo que la extracción es todavía más agresiva y violenta. Obtener
el oro implica destruir el paisaje, dinamitar las montañas, contaminar los ríos
y bosques cercanos por la exposición de residuos tóxicos que se diseminan a
través del aire una vez que se han convertido en polvo. La mina Marlin que
inició su proceso de cierre después de una dura batalla por parte de las
comunidades indígenas, dejó treinta millones de toneladas de desechos tóxicos
al aire libre, mismos que contaminarán el ambiente por millones de años.
Todo esto ha sucedido en Guatemala,
Salvador, Honduras, México y otros países. América Latina sigue siendo saqueado
por los poderosos empresarios extranjeros. Los pobladores de comunidades
cercanas a las minas de extracción, pagan el precio del enriquecimiento de
otros, con la vida, las enfermedades, la pérdida de sus casas, que terminan
cayéndose despues de sufrir cuarteaduras por las ondas de choque de las
explosiones. La destrucción de los ríos, bosques, montañas, la muerte de flora
y fauna, hacen de la vida humana en esos sitios miserable, y en muchos casos, imposible.
Las empresas mineras niegan rotundamente las consecuencias del proceso de
extracción del oro, niegan la contaminación del agua a pesar de la muerte de
animales y las enfermedades evidentes en los humanos. El estado no les exige
indemnizar a los afectados. Las comunidades se organizan, realizan marchas y
protestan en defensa de la vida, de sus territorios, de sus montañas y ríos que
son destruidos. Protestan porque el valor de la persona, de la vida humana está
por debajo del valor del dinero, del lucro, de la ganancia.
Hombres y mujeres enfrentan valientemente a los gobiernos, a las empresas y
en algunos casos al ejército que es utilizado para custodiar las minas, para
proteger los intereses privados de las empresas. Sufren amenazas, tortura y
muerte. Sobrevivientes que han sido baleados en sus propias casas por atreverse
a hablar y protestar tampoco han sido indemnizados por los daños y lesiones
sufridas, no se responsabiliza a nadie de los ataques a su persona.
Los empresarios hablan de la falta de entendimiento de las comunidades
sobre los beneficios de la minería. Beneficios, ¿para quién? Para producir un
anillo de oro de diez gramos se requiere dinamitar veinte toneladas de roca, destruir
las montañas con todo lo que hay en ella. Los empresarios se llevan el metal
precioso, dejan destrucción, enfermedad, miseria y muerte.
América Latina sigue siendo saqueada de metales preciosos, a más de
quinientos años de la invasión, los pueblos indígenas siguen sufriendo por
habitar territorios llenos de riquezas. La colusión de los gobiernos es
descarada, se valen de varias tácticas dilatorias para no cumplir con las
recomendaciones de la Comisión Interaméricana de Derechos Humanos, aprueban reformas
y modificaciones a la Constitución política de los países que permitan todas
las ventajas a las empresas mineras, niegan a los pueblos indígenas su derecho
a recibir información fidedigna y dar o negar el consentimiento sobre los
proyectos que afecten sus territorios.
El único derecho aceptable para los gobiernos es el que permite el dinero, siguen haciendo concesiones mineras en varios
países, a cambio de sobornos, a cambio de aumentar sus cuentas personales. Los
pueblos siguen luchando ante el abuso de un estado racista y colonial. Desde el
año 2000 cientos de hombres y mujeres han muerto en los distintos países,
siendo Guatemala el país con mayor número de muertos por esta causa.
Un hombre se sentó en la cima de una enorme montaña, miró tan lejos una
estrella donde había otra montaña. En esa montaña un hombre sentado miraba a lo
lejos, pero no vio nada.
El primer hombre, miró la estrella,
la montaña, al otro hombre sentado en la montaña y
sonrió. Comprendió que dios los había creado a todos a su semejanza.
El segundo hombre no miró nada, se sintió sólo, abandonado y triste. Se
sentó a esperar su muerte.