viernes, 30 de junio de 2017

SÍ, SOY PROLE¡




SI, SOY PROLE


Mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo y demás ancestros
Todos cultivaron la tierra con sus manos.
Mi cuerpo y mi alma se nutrieron del maíz
De la tortilla caliente, recién cocida en el tlecuil
Amasada por las manos fuertes de mi  madre
Calmaron el hambre de toda mi niñez

Mi abuela, mi madre, mis tías, mis hermanas
Aprendimos todas, el arte de amar y nutrir
De cocinar a fuego lento, con calor de amor
Trabajamos todos para hacer brotar de la tierra
El maíz, el jitomate, la calabaza, el frijol.
Recogimos siempre las mejores cosechas.

En el monte recolectamos plantas
Y frutas frescas, nutritivas, rozagantes
Nos nutrimos de plantas y animales silvestres
Corrimos y jugamos entre insectos y flores
Caminamos por valles y montañas
Y subimos cerros y trepamos árboles

Aprendimos el arte de disfrutar el campo
De cuidar la tierra, las plantas, el agua
De gozar el viento, el sol, la lluvia
Nuestros días fueron intensos y bellos
Llenos de paisajes cambiantes
De trabajos arduos y enormes logros.

Aprendimos el valor del trabajo,
del esfuerzo puntual y constante
Mi linaje, es de gente campesina
de hombres y mujeres fuertes
que empiezan la labor del día,
cuando el sol, aún no sale.

Por mis venas, corre sangre indígena
de la gente nativa de esta tierra
y soy heredera de su fuerza y coraje
y soy heredera de su cultura y entereza
Mi linaje es de hombres y mujeres guerreros
de trabajadores y constructores incansables.

Y la gente pudiente, nos llama prole
Con desprecio y soberbia, nos miran de menos,
a campesinos, empleados,  vendedores y obreros
muertos de hambre, nos dicen por pobres,
sin ver que nuestro trabajo y esfuerzo,
crea y construye, este hermoso México.

Y quiero decirlo a todos los vientos
Que sí,  soy prole, me enorgullezco de ello,
de ser gente honesta, que sólo come
Lo que su trabajo puede pagarle
De ser productora y creadora
De mi propio trabajo y sueños.

Sí,  soy prole y es una gran proeza
salir adelante en díficiles condiciones,
sin lujos y sin cuantiosas herencias.
Salir cada día al trabajo, al campo,
sorteando el calor, la lluvia, el frío o el viento
A obtener con mi actividad, mi sustento

 México, cuenta conmigo, lo quiero decir
Con la fuerza de mis brazos y piernas
Para crear, construir y  producir
Con mi mente para encontrar soluciones
Con mis sueños y empeño, para crecer.
No para saquear, vender o robar a mi país.

Sí soy prole, lo pueden ver en mis manos
Desgastadas por el trabajo arduo.
He cultivado la tierra y cosechado sus frutos
Amo  a mi nación y a su gente
Quiero ver crecer y brillar este pueblo
De millones de gentes, de millones de proles

Un México libre de los saqueadores
Un México libre de gente corrupta
Un México libre de falsos reyes y laydis
Mi México requiere más gente  que lo ame
Mi México requiere a su prole, que luche
Y requiere un gobierno, que ame a su prole.





miércoles, 31 de mayo de 2017

DESENCUENTROS





I.Rosita

         -- ¡Adios Rosita!

Escucho la voz fuerte de una mujer que va dentro de un coche que avanza por la calle a mi izquierda, detrás de la ventana me mira y me sonríe, al mismo tiempo, agita su mano en señal de adiós.

Sigo caminando, y me río por la insistencia de esta mujer. Cada vez que me encuentra me saluda muy efusivamente llamándome Rosita, así fue desde la primera vez que me la topé, justo en frente de la escuela secundaria. Aquél día yo caminaba tranquilamente, cuando ella me interceptó y poniendo su mano sobre mi hombro me dijo:

         -- ¿Cómo estás Rosita?

Yo la miré sin responder, la situación era muy simple, yo no era, y no soy Rosita. Ante mi silencio,  volvió a insistir.

        -- ¿Ya no te acuerdas de mí, Rosita?
        -- Yo no soy Rosita.

Se lo dije entonces y se lo he dicho cada una de las veces que la he vuelto a encontrar y a pesar de ello, sigue llamándome Rosita. Ella simplemente ignora mi respuesta, no duda ni siquiera un segundo de lo que dice, es incapaz de considerar que me confunde con otra persona.

        -- Claro que sí, Rosita. Yo fui tu maestra en la secundaria, fui tu maestra de cocina, ¡acuérdate!   Vaya insistencia,  ¿cómo puedo acordarme de algo que nunca sucedió?
        --Yo nunca tomé clases de cocina en la secundaria. De hecho no he tomado clases de cocina nunca. Pero mis respuestas parecen no importarle en absoluto.
        -- Sí claro, tú eres Rosita, me acuerdo perfectamente de ti.

Comprendo que no hay manera de hacerle entender que yo no soy Rosita. No sé quién es Rosita, ni lo que significa para ella, que insiste tanto en otorgarme esa personalidad. Sin duda, esta es la clase de personas que no aceptan un no por respuesta, y que son incapaces de escuchar al otro. Y ya que no hay manera de que ella acepte que no soy Rosita, me alegro de que la persona con quien me confunde, no fuera alguien a quien aborreciera y quisiera estrangular.

        -- Bueno Rosita, cuídate mucho- me dice a modo de despedida, y comienza a caminar sobre la acera en sentido contrario a donde yo voy.



II. La llamada

Suena el timbre del teléfono celular, de manera automática lo tomo y miro un número desconocido en la pantalla, acepto la llamada y respondo.

        -- Hola
        -- ¿Quién habla? – escucho la voz de una mujer muy alterada.
        -- ¿Con quién quiere hablar? – le digo sin darle mi nombre-. No acostumbro dar detalles a personas desconocidas.
        -- ¿Quién habla? – vuelve a decir, usando un tono altisonante y autoritario.
        -- ¿Con quién quiere hablar? – vuelvo a repetirle calmada-mente, sólo para confirmar que esta persona no me conoce, ni yo a ella, pero lo que trata de saber es quien soy.
        -- ¡Usted identifíquese primero! – me dice en un tono más enojado y más fuerte.

Por supuesto no tengo porque darle mi nombre a alguien desconocido y menos aún si me grita por teléfono. No tengo la mínima idea de dónde ha tomado mi número, pero por la forma en que me habla, me hace pensar en una mujer celosa. Con toda calma vuelvo a decirle.

        -- ¿Con quién quiere hablar? - Ante mi respuesta  y la imposibilidad de obtener ninguna información de mí y sobre mí, cuelga el teléfono muy enojada. No volvió a llamarme nunca más.



III. El  rancho

Es un día tranquilo a media semana,  salgo a comprar algunos materiales a la papelería. En la calle sobre la banqueta, a punto de llegar a la tienda,  pasa a mi lado en sentido contrario ,una pareja. Yo sigo avanzando, pero de pronto, el señor se regresa y me habla.

        -- Hola, ¿te acuerdas de mí? – me dice, en tanto su pareja se acerca también y me mira con mucha atención.

Yo los miro también y no conozco a ninguno de los dos, de eso estoy segura. Ellos me miran detenidamente de arriba abajo y de abajo hacia arriba. Él vuelve a insistir.

        -- Sí, sí eres tú. Acuérdate, nosotros –dice mientras mira a su pareja, esperando que ella lo confirme- fuimos al rancho de tu padre.
        -- Oh, no. Yo no soy esa persona- les digo, mientras niego con un movimiento de cabeza, para reafirmar mi respuesta.
        -- Pero sí, sí eres tú, yo me acuerdo de ti. Estuvimos en el rancho de tu papá aquélla vez- vuelve a decir esperando que la mujer lo corrobore- ¿verdad que sí?, estuvimos allí.
        -- Sí, pero no es ella – le dice la mujer mirándome fijamente-. No, no es ella.
        -- Sí es ella – insiste él, débilmente y con cara de incredulidad.
        -- No, no es ella – vuelve a decir la mujer mientras lo jala de un brazo- déjala, no es ella.

Ellos se van, pero él sigue insistiendo en que yo soy aquélla persona, los escucho hablando de lo mismo hasta que dan la vuelta en la esquina. Y no, no soy ella, la que él dice, mi padre no tiene, ni jamás ha tenido un rancho.



IV. Vicente


Ring, ring, es el sonido del  teléfono de la casa. Levanto la bocina para responder

        -- ¿Está Vicente?.

Del otro lado de la línea, sin saludar y sin identificarse, me pregunta una voz de mujer.
  
        -- Perdón, pero aquí no hay ningún Vicente.
        -- ¿No es este el número 3005928?
        -- Sí este es.
        -- Este es el número que me dio Vicente.
        -- Pero aquí no hay ningún Vicente.
        -- Pero, este es el número.
        -- Sí, pero no hay ningún Vicente.
        -- ¡Oh, Está bien¡ – me dice con un tono de desilusión y cuelga-.

Continúo haciendo lo que la llamada interrumpió, después de unos pocos minutos, vuelve a sonar el teléfono. Levanto la bocina para escuchar la voz de la misma mujer.

        -- ¿Está Vicente?
        -- Señora, ya le dije que aquí no hay ningún Vicente –le contesto con cierto tono de fastidio.
        -- Pero es que yo necesito hablar con Vicente y él me dio este teléfono.
        -- Le repito que aquí no vive ningún Vicente.
        -- Es que yo necesito hablar con mi hija, se fue con él y no ha regresado- me insiste en un tono desesperado y de súplica.
        -- Lo siento señora, si le dieron este teléfono que es mío, pero yo no puedo ayudarla porque aquí no hay ningún Vicente, ni yo conozco a nadie llamado Vicente.
        -- Es que él me dio este número –me repite con decepción- entonces, ¿no está ahí Vicente?
        -- No señora, lo lamento. Este es mi número y no hay ningún Vicente.
        -- Disculpe, es que no sé a donde buscar a mi hija.
        -- Lo lamento señora.
        -- Disculpe –vuelve a repetir y cuelga la bocina



 V. El  desconocido


Son las cinco de la tarde, camino por la acera para llegar a la biblioteca, casi a punto de llegar, hay una casa en remodelación. Algunos materiales y escombros se encuentran dispersos en la calle obstruyendo el paso. Me detengo  y miro hacia los dos lados de la calle buscando el espacio para poder pasar, pues es un lugar muy transitado por carros. En ese momento un joven que trabaja en la construcción me saluda.

        -- Hola – al ver que no le respondo insiste.
        -- Hola, ¿no te acuerdas de mi?

Entonces me doy cuenta que se está dirigiendo a mi. Volteo hacia los lados y confirmo que no hay nadie aparte de mi. Lo miro y me doy cuenta que no lo conozco y le respondo.

        -- No, yo no te conozco.
        -- Sí, si te conozco, tu te llamas...- hace una pausa pretendiendo que está tratando de recordar mi nombre y esperando que yo se lo diga.

Pero yo no le digo mi nombre, algo en sus gestos me indica que está tratando de obtener información de mi y a través de mi. Entonces solo me quedo viéndolo, el finge no poder recordar mi nombre y repite.
               
         --Tú te llamas…tú te llamas –dice, a modo de ganar tiempo- ¡ay!, no me acuerdo, pero nos conocimos allá en la fiesta.
         -- No te conozco –le digo completamente segura.
         -- Sí, nos conocimos en la fiesta –dice sin darme ningún dato de cuándo y dónde fue la fiesta a la que alude- ahí, ahí en la fiesta.

De cualquier forma, no hay modo de que lo conozca, yo no soy de ese lugar, ni he asistido a ninguna fiesta. Él insiste en conocerme, pero yo estoy completamente segura de que sólo trata de establecer un diálogo conmigo para saber quién soy.


         -- No te conozco –le digo una vez más- y sigo mi camino.

martes, 30 de mayo de 2017

LA NOCHE Y EL UNIVERSO



Se cae la noche en pequeños fragmentos
Fragmentos de lunas flotantes y danzarinas.
Las estrellas fugaces huyendo de la noche
Persiguen el sol en una veloz carrera.

Polvo, polvo de estrellas destellantes
Bañan el firmamento y y caen sobre las nubes
Los planetas giran azarosa y gozosamente
Tratando unos a otros alcanzarse

Pero por mas que traten de escaparse
De su órbita son presos, son sus redes
No huyan, no huyan de los grandes cielos
No huyan de los grandes soles y los dioses


Que ellos los miran de muy alto y muy lejos
Los dejaran ir  y venir como en un campo
Pero no los dejaran irse jamás de sus ojos
No, que tienen que formar el universo

Un universo grande, brillante, hermoso
Musical, interminable, sorprendente, misterioso
Con millones y millones de laberintos y recovecos
Tantos que jamás puedan acabarse.


domingo, 30 de abril de 2017

EL DIA DE LA MISERICORDIA



DIA DE LA MISERICORDIA



Corro desesperada mente, no hay a dónde ir, sólo corro, corro tratando de escapar de este infierno. En el cielo sobrevuelan varios aviones que bombardean la ciudad, se oye el estallido de las bombas, una tras otra, es interminable. Disparos, hay muchos disparos desde arriba y desde abajo, disparos de armas muy potentes. No sé qué tipo de armas son, yo sólo escucho los estallidos, los gritos desgarradores de la gente que cae herida de muerte, los gritos de las madres que recogen a sus pequeños hijos destrozados, sangrantes.

Hoy 23 de abril, es día de la misericordia, así me lo dijo una señora que constantemente trata de convencerme de ir a misa los domingos: “con sólo ir a misa, todos tus pecados quedan perdonados”, puntualiza una vez más tratando de que yo vaya a misa. Pero a mi no me preocupan mis pecados. No discuto con ella, es inútil, ha sido adoctrinada por años para creer ciertas ideas, que traen al mundo de cabeza, así sucede en todas las religiones.

Algunos mueren instantáneamente, alcanzados por los disparos de las armas o de las bombas, caen desmembrados. Las madres los reconocen porque los traían corriendo de la mano hace un instante, antes de que sus cuerpos se convirtieran en una masa sanguinolenta. Si no fuera porque  los traían cargando o de la mano, no podrían reconocerlos.Todo sucede tan rápido, todos quedamos tan aturdidos por el fuerte ruido, tirados en el suelo, la bomba cayó tan cerca, destruyó las casas, todo lo que había. Los que sobrevivimos, tratamos de recuperarnos.



Desde hace meses, en medio oriente se vive la guerra, paises han sido bombardeados inmisericordemente. Bombardeadas poblaciones llenas de civiles, mujeres y niños masacrados impunemente. Privados de todos sus derechos, aún de los más elementales, protección, salud, educación, expuestos a diario a la violencia que va en aumento y al ataque de armas explosivas. Los niños, obligados a convertirse en soldados, a trabajar para sus familias, o a sobrevivir por su cuenta. Muchos de ellos se han quedado sin familia, niños sin hogar, sin nada, huyendo a otros países, en continuo peligro,tratando sólo de sobrevivir.

Yo me levanto, miro a mi alrededor, todo es destrucción y hay que correr, yo lo sé, tengo que correr, todos corremos cuando empiezan los bombardeos. Tengo miedo, mucho miedo, no veo a nadie conocido, no sé dónde está mi familia, ni siquiera recuerdo si tengo familia, pero corro, corro en medio del bombardeo. Corro tratando de escapar de esta pesadilla. Por todos lados veo fuego, humo, destrucción y gritos, muchos gritos. Voces desesperadas que piden ayuda. Pero ¿quién puede ayudar en medio de este infierno?



Desde el año pasado ya habían sido bombardeados hospitales, escuelas, lugares públicos, la población civil, pero este mes la  barbarie llegó a un nivel, que se pensó nunca más debía suceder. Desde que se usaron armas biológicas durante la primera guerra mundial y se miraron las devastadoras consecuencias, se prohibió su uso en cualquier guerra, se tomaron acuerdos, se hicieron leyes. Pero muchos de los acuerdos tomados, son violados continuamente, al momento de invadir países, en nombre de no sé qué absurdo. ¿Dónde están los líderes de los países que tomaron el acuerdo?,¿ cuáles son sus acciones ante este tipo de atrocidades perpetradas sobre niños y mujeres totalmente indefensos?, ¿quién es responsable de todo esto?


Yo no sé de dónde vengo, ni sé a donde voy, sólo trato de escapar de los bombardeos de la muerte. No sé cómo puedo correr tanto. Es una cuestión de suerte lograr sobrevivir en medio del estallido continuo de bombas. Sólo sé que tengo que correr, correr y correr, evitando los proyectiles. Lo único que recuerdo, es que he estado corriendo, aunque no sé desde cuándo, no siento el cansancio, no siento el cuerpo. No sé de dónde me viene esta fuerza para correr, como un impulso interno, algo que me mueve más allá de mi voluntad. Estoy muy delgado y no he comido, no sé cuándo fue la última vez que comí. Me miro a mí mismo y me resulto extraño, no recuerdo nada, no sé dónde está mi familia.

Hoy podemos mirar la guerra cuando está sucediendo, videos de los ataques circulan por las redes sociales, y la barbarie y la destrucción, empiezan a convertirse en algo normal, cuando nadie hace nada, ante lo que sucede, cuando todos guardan silencio. Pero en el capítulo V, versículo 32 del corán, Alá decreta: “cuando muere un hombre inocente, la humanidad completa sufre la misma suerte de ese hombre y muere con él”. El exterminio con gas letal y bombas de fósforo en Siria, es una denigración para toda la humanidad. En otros tiempos fueron los indígenas americanos, los judíos y distintos grupos étnicos de varios países, ahora es Siria, ¿quién será el próximo, y cuándo?, ¿los países subdesarrollados, los que no tienen armas y ejércitos para defenderse, los que en sus territorios poseen riquezas y por ello son codiciados?

El bombardeo no se acaba, corro, corro y corro, tratando de esconderme, pero no hay en dónde hacerlo. En esta tierra desértica, puedo mirar muy lejos hacia todos lados, sólo hay destrucción, fuego,  escombros y muerte. Me tiro en el suelo, tal vez no me miren, soy un niño pequeño, no lo sé con exactitud, pero creo que tengo como seis años, estoy desnudo de la cintura para arriba, mi única vestimenta es un pantalón roto, sucio, ensangrentado, lleno de arena.



Todo es posible en un mundo donde reina la indiferencia, dónde los líderes no son cuestionados por sus acciones, dónde no se fincan responsabilidades por acciones atroces de exterminio, de tortura, de desaparición, de abuso, de discriminación de seres humanos. Los avances y logros de la humanidad han sido posible por las acciones de hombres y mujeres con el poder para decidir, para actuar, pero el exterminio de seres humanos indefensos, definitivamente no es un avance.

He corrido demasiado, siento que no puedo más, ahora que me detengo un poco, me doy cuenta de cómo tiembla mi cuerpo, tiembla todo, incontrolablemente, me arrastro hasta una montaña de escombros, no sé si ahí estaré a salvo, pero es el único lugar que encontré para guarecerme. La gente sigue corriendo, tratando de escapar, muchos cuerpos quedan tirados en el campo. Yo quisiera seguir, pero no puedo más.

Reza el credo católico: “yo confieso que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión, por mi culpa, por mi culpa, por mi grande culpa…” muchos católicos hoy fueron e irán a misa, y se liberarán para sí mismos de los pecados que han cometido con sus acciones, con sus pensamientos, y que con sus palabras, pero se olvidan de los pecados de omisión. En realidad nadie los toma en cuenta, piensan que lo que no se hace, lo que no existe cómo acción, no existe cómo pecado. Pero la falta de acción ante situaciones atroces, es parte de la complicidad. La indiferencia del mundo y de los líderes que tienen en su poder, el realizar acciones para evitar este tipo situaciones y simplemente callan, es lo que denigra a toda la humanidad.



Siguen los estallidos, el tiroteo, los gritos. Encontré un hueco entre las varillas retorcidas, me escondo en lo más profundo. Me acuesto de lado, encojo las piernas, me tapo los oídos, me quedo quieto, tan quieto como puedo, pero los estallidos de las bombas me sobresaltan continuamente. Después de un rato, me vence el cansancio, los ojos se me cierran, no puedo tenerlos abiertos, trato de mantenerme despierto, pero no puedo.

En acciones masivas y atroces sobre una población indefensa, hay muchos responsables. Desde los países “democráticos” y “defensores de la libertad”, “defensores de la paz”, y últimamente “defensores de la seguridad mundial” , que invaden otros países vulnerables para apropiarse de sus territorios o sus riquezas, haciendo uso de su superioridad en armas, hasta los ciudadanos que eligen líderes y gobiernos que provocan guerras para activar su economía. Ciudadanos que no protestan cuando sus líderes toman decisiones de destrucción y guerra, de discriminación y exterminio, de abuso y explotación. Y por supuesto quienes ordenan este tipo de acciones y quienes las ejecutan, sin cuestionarse por un segundo.



Me despierto en medio del llanto y lo quejidos. No sé cómo llegué aquí, estoy recostado sobre el piso, de la frente me escurre sangre, alrededor mío hay mucha gente herida, gente quemada. de todas las edades. Niños pequeños mueren en los brazos de sus madres impotentes. Estoy en una sala muy grande, algunos lloran, otros gritan, otros piden auxilio y algunos tratan de ayudarlos. 

Ciudadanos que callan y con su silencio apoyan las decisiones de sus gobernantes que cuando invaden países y les hacen la guerra, lo consideran su derecho. Y cuando los países invadidos se defienden, los países invasores dicen ser atacados en su soberanía, seguridad o lo que sea que se hayan inventado para justificar su invasión. Hace quinientos años américa, fue invadida y masacrada, la historia oficial lo llamó elegantemente, “conquista”, “encuentro de dos mundos”, ¿cómo le llamarán dentro de quinientos años a esto que se hace ahora en Siria?, ¿qué nombre elegante puede ponerse a fumigar con gas letal a toda una población, mientras duerme?

Muchas madres lloran, lloran inconsolablemente y en medio del llanto relatan su tragedia, que es la tragedia de muchos. Madres que han visto morir a sus hijos hechos pedazos. Otros tienen tantas quemaduras en el cuerpo, su dolor es terrible, son sobrevivientes de las bombas de fósforo, ni ellos saben cómo han escapado, vieron a otros quemarse vivos. Es terrible, ni el agua puede apagar el fuego. Los gritos de dolor de la gente quemándose son espeluznantes, quien los escuchó no puede olvidarlos.



Hitler, uno de los exterminadores más reconocidos del siglo pasado, lo habría llamado limpieza racial, limpieza étnica, la construcción del hombre perfecto. La historia dice que Hitler murió, pero lamentablemente sus ideales, están demasiado vigentes. Se fumigan a seres humanos como si fueran bichos ponzoñosos sin derecho a existir, se discrimina a seres humanos por todo tipo de cosas, por ser morenos, negros, latinos, musulmanes, centroaméricanos, mexicanos, indígenas, mujeres, etcétera.

Se escucha el bombardeo, está muy cerca, el ruido tan fuerte y la vibración rompen los cristales, me arrastro al lado  de una escalera y me acurruco en un intento de protegerme, se oye  que la gente grita y corre. ¡Auxilio!, ¡auxilio! Es  la palabra que con más desesperación  se oye.



Cuántos católicos, que tuvieron alguna responsabilidad en los ataques a Siria, fueron hoy a misa a recibir la misericordia por sus pecados. Y cuántos más, desde otras religiones, desde sus ideologías políticas de expansión justifican sus ataques o sus omisiones. Cuántos desde la comodidad de su hogar, miran estos ataques a Siria como algo lejano, como algo que a ellos nunca les sucederá. Pero la tecnología que hace  posible la creación de armas de destrucción masiva, incluyendo la biológica, hace que ningún país sea demasiado lejos.

El bombardeo es cada vez más cerca, gente llega corriendo tratando de guarecerse dentro del hospital, pero este no parece ser un lugar seguro, este es un lugar de muerte. El piso se cimbra y el ruido nos ensordece, tengo miedo mucho miedo, esto tiembla demasiado y empieza a caerse. Tengo que irme, tengo que correr, tengo que correr, tengo que correr, es la única idea que pasa por mi mente.

Hoy es día de la misericordia, vuelvo a recordarlo, los católicos asisten a sus iglesias para recibir misericordia por sus pecados. Y, la misericordia para las víctimas, para los niños y mujeres, ¿cuál es la misericordia para ellos? Es que el hombre sólo espera recibir misericordia de su creador, mientras mira en silencio como son exterminados seres inocentes. El hombre sólo espera recibir  sin dar. En verdad, ¿seremos mejores por recibir la misericordia mientras ignoramos el exterminio de seres humanos? La misericordia, ¿es algo que se tiene que recibir? O, ¿es algo que también debemos tener hacia los demás?



Salgo corriendo, sólo corro, como todos corro, tengo que correr,  tratar de escapar, aunque no tengo a dónde ir, no hay ningún lugar seguro. Por un segundo miro hacia atrás, este era el último hospital, ahora no hay nada, los que podíamos correr, corrimos, muchos no pudieron hacerlo.

Las ideas de exclusión y separación, el enjuiciamiento, la intolerancia, es lo que promueve y justifica acciones de ataque, de exterminio, de persecución.

Sólo corro, desde hace mucho que corro tratando de escapar. Trato de recordar si alguna vez no fue así, pero todo lo que recuerdo es que siempre he estado huyendo. Y mi familia, ¿dónde está?,¿ acaso la perdí en medio de la huida? No lo puedo recordar. Y si están vivos, ¿dónde están?, ¿podré encontrarlos algun día?



El ataque a Siria nos demuestra que somos una sociedad con gran desarrollo tecnológico, capaces de extraordinarios inventos, pero que nuestra conciencia como seres humanos, no se ha desarrollado a la par. Mientras el hombre permanezca impasible ante la tragedia de los demás, preocupándose sólo de sí mismo, enfocado en lograr un beneficio particular, sin importar si tiene que masacrar un pueblo, una nación, quemar un bosque, derribar una montaña o destruir todo el planeta, la tecnología se convertirá en nuestra peor enemiga.

Tecnología creada y usada para el exterminio o sumisión de los pueblos, para la explotación irracional de los recursos naturales, y una sociedad sin conciencia humana, liderada por los hombres más codiciosos, es la fórmula perfecta para la autodestrucción.    








viernes, 31 de marzo de 2017

TENGO QUE HUIR


TENGO QUE HUIR

 Escribo esto como un testimonio de lo que ocurrió, no sé si alguna vez alguien lo leerá, no sé si tendré el tiempo suficiente para terminarlo, pero quiero hacerlo, quiero intentarlo, quiero que esto pueda ser leído por alguien, leído a tiempo.

No es la primera vez, que ocurre, pero no lo sabíamos. Cómo podíamos haberlo sabido, siempre habíamos vivido en lo más profundo, en lo más alejado de la selva. Nuestra vida había sido tranquila, armónica, creímos que siempre sería así, creímos que teníamos el control de todo. Pero un día todo cambió. Nuestros ancestros tenían una leyenda que nos transmitieron de padres a hijos,  por muchos años. Dijeron que teníamos que estar siempre en lo más profundo de la selva, que eso era importante para nuestra tribu, que debíamos tener cuidado con lo extraño, con lo que viniera de fuera. Pero estábamos tan alejados que por muchos años, no hubo nada nuevo. Teníamos contacto con otra tribu, y aunque eramos diferentes y habíamos tenido algunas guerras, después hicimos la paz, concertando matrimonios, creando lazos familiares. Todo parecía ir bien.

Pero no quiero detenerme en esto, pues no acabaría de explicarlo, es demasiado complejo para escribirlo, y no tengo mucho tiempo. Ahora estoy en un lugar secreto, logre guarecerme, logré ocultarme, esconderme lo mejor posible . Sí, tal vez pueda ocultarme y sobrevivir por un tiempo, estoy preparado para ello. Puedo cazar para alimentarme, conozco plantas comestibles pero no tengo agua, el agua es muy poca. He intentado usar la menor cantidad posible, pero aún así es demasiado poca. Encontré un goteadero, eso es muy raro, de ahí obtengo el vital líquido, pero si alguien más lo encuentra, tal vez, no pueda beber de ahí mas. Ya sucedió anteriormente, él me lo había dicho, a su vez, él lo había escuchado.  Sucedió en otras tribus, eso le dijeron, en lugares lejanos. ¿Cómo lo supo? No lo sé, pero de algún modo él sabía que esto podía pasarnos.

Pero nosotros no teníamos la mínima idea que esto podía ocurrir, estábamos tan alejados de lo que llaman civilización, sabíamos de esas grandes ciudades, alguna vez, alguien de mi tribu viajó y vivió en la gran ciudad, sólo por un breve tiempo, esa clase de vida, no era vida para él. Los hombres civilizados querían educarlo, querían enseñarle cosas, muchas cosas de su forma de vida. Pero esa vida era tan distinta a la nuestra. Él intentó aprender, de verdad lo intentó, con todo su corazón quiso entender esa forma de vida, adaptarse a ella, pues decían que eso era el progreso, que eso era la mejor forma de vida. Así se lo hicieron creer a todos, el gobierno y los hombres poderosos, los que controlaban el mundo querían que todos creyeran eso.

Pero él no pudo, no pudo soportarlo por mucho tiempo. Mientras viajaba hacia la ciudad, en una gran máquina de metal, vio cosas que no imaginó jamás. Todos parecían enloquecidos. En una enorme montaña, muchos muchos árboles, tantos como arenas tiene el mar, eran derribados, derribados sin piedad. Sin pedir permiso a la madre tierra, sin pedir perdón al árbol por tomar su vida y peor aún sin saber para qué se tenía que derribar. Oh sí, en la gran ciudad los hombres parecían estar locos, derribaban árboles que no necesitaban derribar. En la tribu sólo se derriba un árbol para hacer una casa, se toman los árboles secos para el fuego, para hacer herramientas, vasijas, muebles, pero no mucho, sólo los necesarios. Es suficiente una taza y un plato para cada persona.

Pero en la gran ciudad nada parecía suficiente, todo tenía que ser en exceso, no sólo las casas, los utensilios, la ropa. Qué absurdo, tenían más ropa de la que podían usar. Muebles llenos de ropa de distintos colores, algunas la usaban ocasionalmente, sólo en sus fiestas, algunas sólo una vez, y algunas nunca . Y que diferencia con las fiestas de ellos y las nuestras.Hacían fiestas sólo para exhibir sus ropas, sus riquezas, sus joyas. No eran fiestas dónde lo principal fuera compartir, o para agradecer al dios por la lluvia, por las abundantes cosechas, para agradecer a la madre tierra por los alimentos, para venerar al abuelo fuego, para alimentar al gran sol, no, lo más importante para ellos era alardear de todo cuanto poseyeran. Se rodeaban de gente a quién no  amaban, pero que poseían riquezas, oh sí.Se decían dueños de la tierra, de las montañas y de todo lo que en ella hubiera, incluidas las personas.

 Pero,¿ cómo puede ser un solo hombre dueño de la tierra?, la tierra que fue creada por el gran dios, creada con la ayuda del gran espíritu, creada para todos su hijos, para todos los hombres y mujeres que habitan este mundo. En la tribu, desde niños nos enseñaron que no éramos dueños de nada, que no necesitábamos poseer nada, pues nuestra estancia en esta vida es pasajera. En cambio, ellos habían matado a otros hombres para obligarlos a renunciar a sus derechos naturales sobre la tierra que habían habitado por generaciones.Ahora los hombres blancos eran los dueños y se sentían superiores por ser los dueños, por arrebatar a otros hombres la tierra donde nacieron  que heredaron de sus ancestros.

 Y aquél hombre de mi tribu que fue a la gran ciudad, pudo darse cuenta que esos dueños nuevos, los que arrebataron las tierras a los nativos, lo hicieron no sólo en esas ciudades, sino también en lugares muy lejanos. No, no fue suficiente lo que ya tenían, enviaron a emisarios a otros países, hombres miserables, codiciosos, ávidos de riquezas, que con la promesa de tener también grandes extensiones de tierra, fueron a esas naciones y masacraron a los nativos de esos naciones. Tenían  un solo propósito: arrebatar sus tierras y todas sus riquezas.

El mayor exterminio de toda la humanidad ocurrió, más de veinte millones de nativos masacrados. No hubo piedad, ni misericordia. Los nativos fueron perseguidos con feroces perros, perseguidos y destrozados hasta morir. Los codiciosos invasores le llamaron conquista, pero no hubo tal, fue una invasión, fue la peor masacre que el “hombre civilizado” haya hecho.




Los nativos sobrevivientes de algunas tribus que lograron escapar, los que pudieron huir y refugiarse en enormes  y lejanas montañas, aún lo recuerdan. Recuerdan la ferocidad con que fue atacada su nación. Recuerdan a aquéllos bárbaros salvajes que llegaron con poderosas armas, jamás vistas. Se apoderaron de todo con violencia, con mentiras, no tenían honor, no conocían el respeto. Saquearon las naciones, grandes cargamentos de joyas y vasijas de oro fueron robadas de los templos, llevadas al otro lado del mar de donde provenían, con la riqueza extraída de esas grandes naciones, construyeron  lujosas ciudades en las lejanas tierras de donde vinieron, mientras en las tierras invadidas dejaban exterminio, muerte, enfermedad.

 Al hombre civilizado no le basta una porción de tierra para vivir, siempre quiere tener más, más de lo que puede habitar, mucho más de lo que necesita. Y yo también tuve que escapar, no quería hacerlo, estaba desesperado, yo también, buscaba a mi familia, pero no la hallé. Tarde meses buscando, pero no sé dónde están. No sé si ellos me buscan, no sé si aún viven. Yo quería combatir, defender a mi pueblo, defender mi tierra, pero él me dijo que no, que alguien tenía que salvar lo más valioso que teníamos, que yo debía hacerlo. Llevar nuestros tesoros, los que nos heredaron nuestros ancestros, lo que más importaba en todo esto. Él me dijo que me fuera, que el exterminio era inevitable, él hombre más sabio de la tribu lo había visto,los grandes dioses se lo habían mostrado, nuestra civilización perdería mucho de su conocimiento, pues estos hombres blancos desconocían su conexión con la madre tierra, desconocían el poder de la naturaleza, desconocían la importancia de los seres que habitan este mundo, desconocían que hay vida aún en cosas que no lo parecen.

Esos hombres parecían no tener raíces, no haber heredado ningún conocimiento de sus ancestros, actuaban salvajemente, destruyendo todo, sólo con un propósito acumular riquezas.




El sabio de la tribu los llamó los hombres separados, pues no comprenden que son una unidad con el todo, no comprenden que el daño que hacen a la naturaleza es un daño a todo el universo y a todos los hombres. Se miran a sí mismos distintos, se miran superiores. No comprenden quienes son. No se dan cuenta de su ignorancia. Este mundo sufrirá por su ignorancia y su codicia, tal vez, este mundo llegue a morir por el saqueo que ellos hacen. Ya ha ocurrido, esta registrado en los textos sagrados, el fin de mundos pasados.

Aquél hombre de mi tribu se dio cuenta cómo funcionaba el mundo civilizado, y no quiso estar ahí, un lugar donde se da más valor a las cosas que a las personas, un lugar dónde es aceptable pisotear a los propios hermanos, donde es aceptable arrebatar hasta lo más mínimo necesario para su sobrevivencia. Me lo dijo alguna vez, cuando había regresado de esa gran ciudad civilizada. Dijo que ya había pasado una vez, hace mucho tiempo, mucho más tiempo del que le hombre puede recordar. Los más fuertes  y feroces habían exterminado a tribus y naciones completas, sólo por el territorio y las riquezas. El no quería volver a esa civilización, dijo que era terrible, porque habían desarrollado muchas máquinas, máquinas que en la tribu eran desconocidas. Y cada día desarrollaban más tecnología, artefactos que parecían tener vida propia, que recorrían grandes distancias. Parecía cosa de magia  o de brujería. Eran capaces de crear tantas cosas para la destrucción de sus propios hermanos, de la naturaleza, de todas las formas de vida.

Ellos parecían ignorar esta verdad espiritual que en la tribu nos es transmitida por nuestros ancestros desde tiempos inmemoriales: somos hermanos, todos somos parte de un todo, todos somos hijos de Dios. Y tienen libros donde esta escrita ésta  verdad, pero ellos la ignoran, todo el tiempo la ignoran, no la toman en cuenta. Parece como si la palabra escrita, que fue hablada por su propio dios, fuera letra muerta, hubiera perdido su esencia, dejo de ser transmitida desde el corazón.  Aunque los hombres blancos acuden a sus templos a alabar a su dios, no aplican sus enseñanzas. Escrito en un gran libro, se dice que se debe amar al prójimo como a sí mismo, pero es una enseñanza que se  guarda, como algo ajeno, sólo como una bonita lección.

Todos están convencidos que lo más importante en la vida de cada ser humano es poseer la mayor  cantidad de cosas y todos sus esfuerzos están encaminados a ello. En las grandes ciudades son pocos los hombres que se han adueñado de las riquezas de las naciones, poseen tanta que en su propia vida y la de sus hijos y la de los hijos de sus hijos no terminarán de gastarla. Pero no importa cuánto posean;  jamás es suficiente. A él también quisieron convencerlo de acumular riquezas. Sabían que él era el curandero de la tribu, creían que él conocía todos los secretos de la tribu y de la selva. Querían saber en dónde estaban los metales y piedras preciosas. Le prometieron que si les decía en donde hallarlos, lo harían su socio, le ayudarían a explotar los yacimientos. Ellos tenían mucho dinero para hacerlo, podían traer toda la maquinaria que hiciera falta, y si era necesario perforarían la  montaña o la derribarían. Para ellos, no había nada imposible, eso dijeron, y a él lo convertirían en un hombre muy rico y poderoso.

Pero él no quiso, ¿cómo podría traicionar a la selva y a la montaña? La madre tierra que lo había alimentado siempre, que había alimentado a la tribu y que había alimentado a todos sus ancestros, a todos, aún a los que jamás había conocido.¿ Cómo podría herir a la montaña que lo protegía?, con la que hablaba en sus largas caminatas, el hogar de tantos animales y plantas que  daban vida a todo cuanto le rodeaba. ¿Cómo podría derribar a los árboles que refrescaban el aire?, que lo bañaban con el rocío de sus hojas en las tardes calurosas, que lo guarecían del sol con su sombra. ¿Qué le heredaría a sus hijos y a los hijos de sus hijos, si todo esto se destruyera?

Él y todos en la tribu lo sabían, dañar a ellos era dañarse a él mismo, lo sabía muy bien, lo había sabido desde muy pequeño. Su abuelo se lo explicó tantas veces. El hombre y la naturaleza son parte de lo mismo, están inter-relacionados, aunque  a veces, la naturaleza puede ser superior y muy violenta. La naturaleza ha existido y puede seguir existiendo sin el hombre, pero el hombre no puede existir sin la naturaleza. La naturaleza debe cuidarse, debe protegerse, tomar solamente lo que se necesita.

Pero el hombre blanco de las grandes ciudades ignora por completo esta verdad, toma sin control y derrocha, derrocha de todo. Toma lo que no necesita, sólo para acumular, toma y destruye las montañas, bosques, plantas, animales. Toma y contamina el agua, sin importar la vida de los mismos hombres.    

El hombre más sabio de la tribu, el que habla con los dioses, me lo había  dicho, que el hombre blanco destruiría mi tribu, destruiría estas montañas, buscaría el oro, destruiría los arboles, ensuciaría el agua, la enfermaría y los hombres morirán de enfermedades antes desconocidas, enfermedades que no tendrían cura con nuestras plantas, enfermedades que brotarían desde dentro del cuerpo por beber el agua sucia. Ellos no comprenden, son ignorantes, son bárbaros con poder y armas. Ellos se miran a sí mismos diferentes a los otros hombres, se miran superiores por sus riquezas, se miran superiores por el color de su piel, pero son ignorantes, muy ignorantes.

Ese día llegó, vinieron a destruir a mi tribu.Por eso debo huir, salvar el conocimiento, resguardarlo, y cuando sea el momento adecuado, usarlo de manera apropiada, para beneficio de todos los hombres. Aprenderé a hablar con los dioses, ellos me indicarán qué hacer. Hablaré con la montaña ella me resguardará, ella ocultará lo que deba ocultarse, hablaré con las plantas ellas me alimentarán, hablaré con los animales ellos me darán las señales precisas. Y cuando yo deba irme, enseñaré a alguien más este conocimiento y lo que deba hacerse, porque pasarán muchos años antes de que el hombre blanco tome conciencia de su ignorancia.

Muchas tribus y naciones sufrirán por su ignorancia y su codicia, muchos hombres, mujeres y niños morirán por su afán de riquezas, muchos sufrirán por haber nacido en donde se encuentran las riquezas que ellos quieren. Trataran de engañarlos para comprar territorios a precios demasiado baratos y si no pueden convencerlos, si no aceptan ceder sus tierras, los aniquilarán. Así lo han hecho impunemente, así desaparecieron a muchas tribus, así se hicieron dueños de grandes territorios. Así han desaparecido mi tribu.

Ahora tengo que huir, ahora debo esconderme, cuando sea el momento propicio, y encuentre el lugar adecuado,  volveré a la vida común, me integraré a alguna tribu. Muchos han huido, yo hubiera querido pelear, defender mi tribu, mi familia, pero me asignaron otra misión. Otros también han huido, algunos lo han hecho por miedo, otros porque deben hacerlo. Otras tribus también resguardarán sus conocimientos, los hombres sabios de las tribus se comunicaron entre sí. Sabían que el exterminio era inevitable. Han hecho lo único que podía hacerse y los hombres encargados de ello nos encontraremos en algún momento,  pero para ello tendrá que pasar mucho tiempo.


He puesto ha resguardo lo que se me ha encomendado, ahora debo sobrevivir hasta poder pasar este conocimiento a alguien. He visto como mataban a mi gente, he visto cómo le quemaban los pies al jefe para obligarlo a entregar las riquezas, lo vi a través del gran espejo humeante. Por eso tuve que huir, debo hacerlo. Ellos me buscarán creyendo que llevo oro, pero lo que yo custodio es mucho más valioso, ellos no pueden entenderlo. Si me encuentran me matarán porque no podré entregarles lo que quieren. Debo sobrevivir para salvar el conocimiento de mi nación, algún día, el gran mundo va a necesitarlo.  

LOS SAQUEADORES

LOS SAQUEADORES


  
El oro es un símbolo de riqueza y ostentación desde hace muchos siglos en distintas culturas. El oro y el territorio de américa latina fue la razón principal de su invasión hace cinco siglos. Por el oro fueron impuestos a los pueblos nativos terribles tributos. Hombres y mujeres eran obligados a extraer y lavar oro para los señores. Más allá del mar, desde África, esclavos negros fueron traídos a américa para trabajar hasta morir dentro de las minas.

En este milenio, el oro sigue siendo la razón principal de expropiar o arrebatar territorios a los pueblos indígenas. Con la complicidad de codiciosos y corruptos gobernantes se concede la explotación de los metales preciosos a empresas extranjeras, quienes aprovechando la mano de obra barata, las legislaciones laborales permisivas, sin obligaciones tributarias, ni restricciones medioambientales, usan las formas de extracción menos costosas, pero más contaminantes y destructivas para el ambiente, la flora, la fauna y los seres humanos.

De acuerdo a lo que muestra el documental “El Oro o La Vida” realizado por Caracol Producciones (Guatemala, 2017) el oro ha sido y aún es, una maldición para los indígenas que han nacido en territorios en donde se encuentra este metal.

En el caso de Guatemala, la empresa canadiense Gold Corp, inició la explotación de la mina Marlin, en el año 2006. La extracción se realizó al aire libre, para lo que se requirió una gran cantidad de agua, doscientos cincuenta mil litros por hora. Mismos litros que después del proceso de lixiviación terminaron altamente contaminados con metales pesados, como el plomo y las cuarenta mil toneladas de cianuro. Toda el agua residual, fue vertida en el río, del cual la comunidad más cercana tomaba agua desde tiempos ancestrales para beber, lavar y bañarse.



En poco tiempo los habitantes de las comunidades de San Miguel Ixtahuacan y Aldea Siete Platos se vieron severamente afectadas con problemas de la piel, que van desde irritaciones que causan prurito  y mayor vulnerabilidad para el crecimiento de hongos y bacterias que en condiciones normales no prosperarían. Además de la leucodermia, que es la despigmentación de la piel, todo ocasionado por la contaminación del agua.  




Pero los problemas de la piel no son los únicos, el tomar el agua contaminada ocasiona dolor de estómago, el ganado y otros animales también mueren. Las mujeres embarazadas han tenido abortos espontáneos frecuentes, y algunos niños que han nacido presentan deformidades en los pies y problemas en las articulaciones, lo cual les impide caminar, además de que se presentan problemas de cáncer.



En sólo cuatro años, la empresa minera con los costos de producción más bajos del mercado se enriqueció tanto, que se convirtió en una de las más grandes del mundo, sus activos superaron el producto interno bruto de Guatemala en seis millones de dólares americanos. De la riqueza obtenida Guatemala sólo recibió el 1% en regalías.

La explotación tradicional del túneles subterránea ha sido reemplazada por la minería a cielo abierto y cada vez los yacimientos de oro son más escasos. El muchos lugares el oro se encuentra disperso a lo largo y ancho de grandes montañas, por lo que la extracción es todavía más agresiva y violenta. Obtener el oro implica destruir el paisaje, dinamitar las montañas, contaminar los ríos y bosques cercanos por la exposición de residuos tóxicos que se diseminan a través del aire una vez que se han convertido en polvo. La mina Marlin que inició su proceso de cierre después de una dura batalla por parte de las comunidades indígenas, dejó treinta millones de toneladas de desechos tóxicos al aire libre, mismos que contaminarán el ambiente por millones de años.




Todo esto ha sucedido en  Guatemala, Salvador, Honduras, México y otros países. América Latina sigue siendo saqueado por los poderosos empresarios extranjeros. Los pobladores de comunidades cercanas a las minas de extracción, pagan el precio del enriquecimiento de otros, con la vida, las enfermedades, la pérdida de sus casas, que terminan cayéndose despues de sufrir cuarteaduras por las ondas de choque de las explosiones. La destrucción de los ríos, bosques, montañas, la muerte de flora y fauna, hacen de la vida humana en esos sitios miserable, y en muchos casos,  imposible.



Las empresas mineras niegan rotundamente las consecuencias del proceso de extracción del oro, niegan la contaminación del agua a pesar de la muerte de animales y las enfermedades evidentes en los humanos. El estado no les exige indemnizar a los afectados. Las comunidades se organizan, realizan marchas y protestan en defensa de la vida, de sus territorios, de sus montañas y ríos que son destruidos. Protestan porque el valor de la persona, de la vida humana está por debajo del valor del dinero, del lucro, de la ganancia.

Hombres y mujeres enfrentan valientemente a los gobiernos, a las empresas y en algunos casos al ejército que es utilizado para custodiar las minas, para proteger los intereses privados de las empresas. Sufren amenazas, tortura y muerte. Sobrevivientes que han sido baleados en sus propias casas por atreverse a hablar y protestar tampoco han sido indemnizados por los daños y lesiones sufridas, no se responsabiliza a nadie de los ataques a su persona.

Los empresarios hablan de la falta de entendimiento de las comunidades sobre los beneficios de la minería. Beneficios, ¿para quién? Para producir un anillo de oro de diez gramos se requiere dinamitar veinte toneladas de roca, destruir las montañas con todo lo que hay en ella. Los empresarios se llevan el metal precioso, dejan destrucción, enfermedad, miseria y muerte.




América Latina sigue siendo saqueada de metales preciosos, a más de quinientos años de la invasión, los pueblos indígenas siguen sufriendo por habitar territorios llenos de riquezas. La colusión de los gobiernos es descarada, se valen de varias tácticas dilatorias para no cumplir con las recomendaciones de la Comisión Interaméricana de Derechos Humanos, aprueban reformas y modificaciones a la Constitución política de los países que permitan todas las ventajas a las empresas mineras, niegan a los pueblos indígenas su derecho a recibir información fidedigna y dar o negar el consentimiento sobre los proyectos que afecten sus territorios.




El único derecho aceptable para los gobiernos es el que permite el dinero, siguen haciendo concesiones mineras en varios países, a cambio de sobornos, a cambio de aumentar sus cuentas personales. Los pueblos siguen luchando ante el abuso de un estado racista y colonial. Desde el año 2000 cientos de hombres y mujeres han muerto en los distintos países, siendo Guatemala el país con mayor número de muertos por esta causa.  

EL HOMBRE EN LA MONTAÑA

                                                          EL HOMBRE EN LA MONTAÑA


Un hombre se sentó en la cima de una enorme montaña, miró tan lejos una estrella donde había otra montaña. En esa montaña un hombre sentado miraba a lo lejos, pero no vio nada.

El primer hombre, miró la estrella,  la montaña, al otro hombre sentado en la montaña y sonrió. Comprendió que dios los había creado a todos a su semejanza.

El segundo hombre no miró nada, se sintió sólo, abandonado y triste. Se sentó a esperar su muerte.